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Author Correction: Genomic deletion of malic enzyme 2 confers collateral lethality in pancreatic cancer
Nature, Published online: 17 September 2026; doi:10.1038/s41586-026-11134-x
Author Correction: Genomic deletion of malic enzyme 2 confers collateral lethality in pancreatic cancerMercury is shrinking with age — faster than thought
Nature, Published online: 17 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02898-3
Impacts by space objects have obscured some of the evidence of the planet’s contraction over the past 4.5 billion years.Schoolhouse meals serve up an income bump
Nature, Published online: 17 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02896-5
Modelling shows a link between feeding programmes and higher potential earning in five African nations.How fast are you ageing? Ask AI
Nature, Published online: 17 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02913-7
A new system will help scientists to refine large language models for longevity research and clarify ‘biological’ age.Exclusive: New evidence for hidden chambers beyond Tutankhamun’s tomb
Nature, Published online: 17 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02621-2
Geophysical survey yields ‘tantalizing’ data that could point to Nefertiti’s burial place — but it’s too early to draw definitive conclusions.Take a risk or play it safe? Neuronal tug-of-war helps the brain decide
Nature, Published online: 17 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02911-9
Using a video game involving bombs and treasure chests, researchers show how neural activity flickers between two regions of the frontal cortex when the brain weighs up a tricky decision.How a team of AIs discovered a promising lung-cancer drug
Nature, Published online: 17 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02954-y
Researchers developed a ‘virtual biotech’ made up of as many as 37,000 agents reporting to an 'chief scientist'.Who gets credit in the AI era? OpenAI maths bombshell sparks debate
Nature, Published online: 17 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02910-w
Controversy around OpenAI’s claim to have solved the Navier–Stokes problem highlights how researchers could be inadvertently sharing — and absorbing— ideas through chatbots.How, Exactly, Could A.I. Kill Us?
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- Más horas en el aula no bastan: cómo mejorar las prácticas de los futuros maestros
Más horas en el aula no bastan: cómo mejorar las prácticas de los futuros maestros

La primera vez que un estudiante del Grado en Educación Primaria o de Educación Infantil se pone delante de una clase descubre algo que ningún manual teórico puede reproducir por completo: explicar un contenido es sólo una mínima parte del trabajo como docente. También hay que saber interpretar silencios, sostener la atención, responder a ritmos distintos y personalizar el aprendizaje, resolver conflictos y modificar sobre la marcha una actividad que no funciona.
Este aprendizaje “situado” es la razón de ser del prácticum (o prácticas formativas) que forma parte de la formación de los futuros maestros. Es un periodo en el que los universitarios entran en centros educativos y aprenden la profesión acompañados por docentes en ejercicio y por tutores de la universidad.
No es un paréntesis entre asignaturas ni una prueba final para comprobar si alguien sirve o no sirve para enseñar: está concebido como el eje que conecta los conocimientos académicos aprendidos en la universidad con las decisiones reales del día a día del aula.
El ‘prácticum’ hoy
En España, los grados de Educación Infantil y Primaria tienen 240 créditos. Las normas que regulan Educación Infantil y Educación Primaria reservan 50 créditos al prácticum, incluido el trabajo de fin de grado. Las prácticas son presenciales, se realizan en centros reconocidos mediante convenios y cuentan con una doble tutoría: un tutor del centro educativo y un profesor universitario.
Los periodos de prácticas pueden repartirse entre varios cursos o concentrarse en los últimos; suelen incluir varias fases, desde la observación del centro y del aula hasta el diseño, desarrollo y evaluación de intervenciones didácticas. El estudiante participa en reuniones, conoce la relación con las familias, atiende la diversidad y elabora memorias, diarios o portafolios para analizar su experiencia.
Sobre el papel, el modelo reúne los elementos esenciales. El problema aparece cuando la estancia se reduce a acumular horas, imitar al tutor o producir una memoria desconectada de lo vivido. También cuando la universidad y la escuela apenas intercambian información o los tutores carecen de tiempo y reconocimiento para acompañar.
La calidad importa más que la duración
Un estudio reciente con participantes de Educación Infantil y Primaria confirma que el prácticum ayuda, especialmente, a aprender a gestionar el aula y atender las diferencias individuales. Pero también detecta una concepción demasiado centrada en aplicar técnicas, que deja en segundo plano la reflexión crítica, la responsabilidad profesional y la capacidad de comprender por qué una decisión funciona en un contexto y no en otro.
Por eso, ampliar las prácticas puede ser útil, pero no basta. La mejora exige al menos cuatro cambios.
1. Comenzar desde primero
Desde los primeros cursos deberían alternarse experiencias breves de observación y colaboración con periodos posteriores de mayor responsabilidad. Así, las preguntas que nacen en la escuela regresan a la universidad, y la teoría vuelve al aula convertida en una hipótesis que puede probarse y revisarse.
2. Profesionalizar la mentoría
El segundo es profesionalizar la mentoría. No todo buen maestro sabe automáticamente formar a otro. Los mentores necesitan selección, preparación específica, tiempo para observar y conversar, criterios compartidos y reconocimiento profesional. La investigación sobre supervisión reclama precisamente modelos colaborativos y una retroalimentación sistemática.
Leer más: ¿Cuáles son las ventajas de la mentoría para docentes?
3. Una alianza también formativa
El tercero es sustituir la relación administrativa entre instituciones por una alianza formativa. La universidad y la escuela han de acordar qué debe aprender el estudiante, qué responsabilidades asumirá y cómo se evaluará su progreso.
Visitas conjuntas, seminarios con las tres partes y rúbricas comunes evitarían que el tutor escolar y el estudiante transmitieran expectativas contradictorias.
4. Actuaciones reales
El cuarto es evaluar actuaciones reales, no solo documentos finales. Planificar una secuencia, enseñarla, recoger evidencias, recibir observaciones y volver a intentarlo genera más aprendizaje que describir retrospectivamente lo sucedido. El vídeo, el portafolio y el análisis de incidentes críticos pueden ayudar, siempre con garantías de privacidad y una finalidad formativa.
Una responsabilidad compartida
El debate en España ya se mueve en esta dirección. El nuevo Libro Blanco de Educación Primaria y el Libro Blanco de Educación Infantil plantean prácticas progresivas, redes de centros acreditados y una mentoría más profesionalizada. Convertir esas ideas en realidad requerirá financiación, coordinación y tiempo reconocido para quienes tutorizan.
Leer más: Cómo frenar el abandono docente con redes de acompañamiento
El prácticum será eficaz cuando deje de depender de la suerte de encontrar un buen centro o un mentor especialmente generoso. Aprender a enseñar exige practicar, pero sobre todo practicar acompañado, recibir retroalimentación y pensar críticamente sobre la propia acción.
La cuestión no es cuántos días pasa un futuro maestro en una escuela o las horas que habla con el profesor de la universidad, sino qué aprende allí, cómo lo aprende y quién asume la responsabilidad de ayudarle a aprenderlo.
Carles Perea Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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- ¿Se acaba la migraña cuando termina el dolor? La psicología del miedo entre una crisis y otra
¿Se acaba la migraña cuando termina el dolor? La psicología del miedo entre una crisis y otra

Una persona con migraña recibe una invitación para cenar el sábado. Le apetece ir, pero aparece una duda: “¿Y si ese día me da una crisis?”. Llega el sábado y se encuentra bien. Horas antes de salir nota una ligera presión en la cabeza. Quizá no sea nada, pero empieza a observarla: “¿Está aumentando? ¿Será el principio? ¿Y si voy y tengo que volverme?”. Finalmente, cancela.
Aunque la crisis no llega, su sábado ya ha cambiado.
Lo que ocurre entre crisis y crisis
La migraña es una enfermedad neurológica, pero convivir con su imprevisibilidad también puede influir en lo que pensamos, sentimos y hacemos cuando no la sufrimos. Solemos medirla contando los días de dolor, un número que no siempre refleja todo su impacto.
Se denomina carga interictal al potencial impacto que sufre una persona entre una crisis y la siguiente. Concretamente, la literatura científica señala que la ansiedad ante la posibilidad de un nuevo ataque puede reducir la actividad cotidiana y la calidad de vida. Aceptar un viaje, quedar lejos de casa o comprometerse con un plan futuro puede resultar más difícil cuando no sabemos cómo nos encontraremos ese día.
Por eso, además de preguntarnos qué hay que hacer cuando la migraña se manifiesta, podemos plantear otra cuestión: ¿qué se ha dejado de hacer por miedo a tenerla?
Un radar encendido
Ese temor no es absurdo. Tiene una función protectora: nos ayuda a anticiparnos a aquello que podría hacernos daño. Precisamente por eso buscamos reducir la incertidumbre, y una forma intuitiva de llevarlo a cabo es intentar detectar la crisis antes de que llegue.
El problema puede aparecer cuando, para sentirnos más seguros, empezamos a buscar continuamente señales que nos permitan anticiparla. Una ligera presión en la cabeza que otro día quizá habría pasado inadvertida ahora plantea una duda: ¿estará empezando un ataque?
Comprobamos. Volvemos a comprobar. Nuestro cuerpo se convierte en una especie de radar que busca señales de lo que podría ocurrir.
También cabe compararlo con un detector de humo demasiado sensible: necesitamos que nos avise cuando hay fuego, pero si suena cuando hacemos una tostada, terminamos atentos a la alarma aunque no haya ningún incendio. Algo parecido puede ocurrir con la hipervigilancia: conocer nuestro cuerpo no es lo mismo que vivir pendientes de él.
Al final, vigilar tampoco nos da la certeza que buscamos, porque seguimos sin saber si la crisis llegará. Entonces podemos recurrir a otra estrategia: evitar.
Dejar de hacer cosas “por si acaso”
Cuando aparece la incertidumbre, evitar tiene una ventaja inmediata: “mejor no voy”, “mejor no viajo”, “mejor no hago planes”… Al cancelar, sentimos alivio. Y nuestro cerebro aprende de aquello que reduce el malestar: si eludir una situación me hace sentir más seguro ahora, será más fácil volver a esquivarla la próxima vez. No es una respuesta absurda, ya que funciona a corto plazo.
El problema surge cuando ese “por si acaso” empieza a extenderse. Primero puede ser una cena; después, un viaje, y más adelante, quizá dejemos de hacer determinados planes con antelación.
Con estas conductas de evitación, el círculo empieza a completarse: miedo → vigilancia → interpretación de amenaza → evitación → alivio. Y aparece una paradoja: intentamos evitar que la migraña nos quite un día y podemos terminar cediéndole días en los que ni siquiera apareció.
Cuidarse o evitar
Pero ¿significa esto que una persona con migraña debería dejar de cancelar planes o ignorar las señales de su cuerpo? No, porque vivir con este trastorno también exige adaptarse. Descansar durante una crisis, modificar una actividad o cancelar algo cuando realmente no podemos hacerlo puede ser una forma adecuada de cuidarnos.
Pensemos en dos decisiones:
“Hoy no voy porque tengo una crisis y necesito descansar”.
“No voy a organizar nada para el próximo sábado porque podría darme una crisis”.
En ambos casos podemos acabar en casa, pero psicológicamente no está ocurriendo lo mismo. Mientras que en el primer supuesto respondemos a una necesidad presente, en el segundo intentamos protegernos de una posibilidad futura.
La diferencia no siempre será sencilla, pero podemos hacernos una pregunta: ¿responde esta decisión a lo que necesito ahora o principalmente a lo que temo que pueda pasar?
Recuperar la capacidad de elección
Entonces, si no podemos eliminar la incertidumbre y tampoco se trata de ignorar nuestro cuerpo, ¿qué aporta la psicología? No puede garantizar que no llegue otra crisis ni pretende eliminar el miedo, pero sí puede ayudarnos a responder de otra manera cuando aparece.
Las intervenciones psicológicas forman parte del abordaje complementario de la migraña. Incluyen, por ejemplo, técnicas de relajación y regulación de la activación, atención plena (mindfulness), estrategias para trabajar con pensamientos y emociones difíciles o intervenciones conductuales dirigidas a reducir la evitación y recuperar actividades importantes.
El objetivo es aprender a reconocer cuándo el miedo está intentando protegernos y cuándo esa protección empieza a limitarnos. Esto no significa afirmar que la migraña es una alteración psicológica, porque, como ya apuntamos más arriba, se trata de una enfermedad neurológica. No se trata de vivir sin miedo a la próxima migraña, sino algo más realista: que, cuando ese miedo aparezca, no siempre sea él quien decida.
Vanesa Pérez Bencomo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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- Los populistas afirman hablar en nombre de “el pueblo”, pero ¿a quiénes se refieren realmente?
Los populistas afirman hablar en nombre de “el pueblo”, pero ¿a quiénes se refieren realmente?

A medida que crece el apoyo a los movimientos populistas en todo el mundo, el término se ha convertido en una especie de palabra de moda. Se utiliza para describir movimientos y figuras públicas muy diferentes en contextos políticos muy distintos. Estos abarcan desde figuras de la derecha, como Jair Bolsonaro en Brasil y Narendra Modi en la India, hasta figuras de la izquierda, como el estadounidense Bernie Sanders, el español Pablo Iglesias y el sudafricano Julius Malema.
Para complicar aún más esta cuestión, los estudiosos tienden a utilizar diferentes definiciones de populismo. Algunos lo consideran una ideología, otros un tipo de discurso, o incluso una forma de gobierno. A pesar de estas diferencias, la mayoría de las definiciones coinciden en una idea fundamental. El populismo divide a la sociedad en dos grupos opuestos: el “pueblo puro” y las “élites corruptas”.
El concepto de “el pueblo” es la piedra angular del populismo, pero aún sabemos relativamente poco sobre lo que realmente significa para sus seguidores verse a sí mismos como parte de este grupo. Gran parte de la investigación se ha centrado en los propios partidos y líderes populistas, incluyendo cómo presentan su versión de “el pueblo” como moralmente superior a las élites corruptas. Mi propia investigación analiza el otro lado, para averiguar qué significa para los seguidores que votan por ellos para que lleguen al poder.
Un concepto infinitamente flexible
Algunos expertos han argumentado que la vaguedad sobre quiénes se consideran “el pueblo” es, en realidad, un elemento clave del fuerte atractivo del populismo. Al tratarse de un concepto amplio y flexible, puede traspasar fronteras e ideologías políticas, lo que permite a diferentes grupos de votantes identificarse con él e imaginarse a sí mismos como parte de una misma comunidad más amplia.
Esto no solo ocurre con “el pueblo”, sino también con términos como “establishment” o “élites” que se utilizan con un efecto similar para identificar de manera general a quienes no forman parte de “el pueblo”.
Esta flexibilidad implica que los miembros de ese grupo pueden variar considerablemente. Los políticos pueden utilizar el término para referirse a quienes comparten una identidad cultural concreta, como hace la populista de derechas francesa Marine Le Pen cuando lo invoca para promover políticas que dan prioridad a los ciudadanos franceses.
Del mismo modo, otros lo consideran directamente superpuesto a las agrupaciones nacionales. Vox, por ejemplo, suele afirmar que habla en nombre de “el pueblo español”.
Sin embargo, otros, como la populista alemana Sahra Wagenknech –cuya posición política combina elementos de la extrema izquierda y la extrema derecha–, utilizan el término para referirse a grupos económicamente desfavorecidos, por ejemplo, defendiendo a aquellos que han sido “olvidados durante años por los políticos”, para promover salarios más altos y prestaciones sociales más sólidas.
Leer más: ¿De qué hablamos cuando hablamos de populismo?
Aunque los miembros de este grupo imaginario pueden ser completamente diferentes, los populistas de todo el espectro político presentan a “el pueblo” como un colectivo unificado y moralmente bueno cuyos intereses están siendo ignorados o traicionados por élites corruptas. Las figuras y los partidos populistas se presentan a sí mismos como la solución, una fuerza que es la única capaz de comprender y servir a un electorado oprimido y desatendido.
Es tan importante prestar atención a quiénes incluyen los políticos en esta comunidad imaginaria como a quiénes excluyen. En la derecha, esto suele seguir líneas culturales o raciales, mientras que la izquierda suele excluir a las clases sociales más ricas.
Los políticos populistas pueden llegar incluso a sugerir que cualquiera que no esté de acuerdo con ellos no pertenece en realidad a “el pueblo”. El británico artífice del Brexit Nigel Farage lo expresó en los términos más literales cuando dijo: “Nosotros somos el pueblo. El Partido del Brexit es el pueblo”.
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Los seguidores populistas
Investigaciones anteriores han medido el grado de identificación de los votantes individuales con “el pueblo”. Sin embargo, para comprender mejor qué significa pertenecer a este grupo, también debemos dar un paso atrás y analizar las interpretaciones, emociones y experiencias que los simpatizantes asocian a esta comunidad imaginada.
Una forma de hacerlo es hablar con miembros de diferentes movimientos populistas, con el fin de comprender su visión. Otra forma puede ser analizar la comunicación entre ellos en comunidades en línea. Estos espacios ofrecen un entorno sin límites geográficos para interpretar conjuntamente los mensajes políticos, desarrollar un sentido compartido de identidad y pertenencia, y negociar quién está incluido –y quién excluido– en “el pueblo”.
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Mi propia investigación ha seguido estas dos líneas. En un estudio reciente, analicé 6 000 interacciones en comunidades en línea, así como 33 entrevistas en profundidad con simpatizantes populistas de derecha e izquierda. El análisis reveló que se identificaban con “el pueblo” de tres maneras: a través de cómo imaginan al grupo, cómo se sienten respecto a él y cómo experimentan el hecho de formar parte de él.
Tal y como sugieren investigaciones anteriores, los seguidores suelen imaginar a “el pueblo” como trabajador, merecedor y moralmente legítimo. Los partidarios de la derecha vinculan esta identidad con la pertenencia cultural, mientras que los de la izquierda hacen hincapié en la identidad de la clase trabajadora.
Sin embargo, esta identificación también es profundamente emocional. Los seguidores expresan un gran afecto y lealtad hacia sus políticos populistas preferidos, al tiempo que muestran ira y miedo hacia las élites, los oponentes y los grupos que consideran una amenaza para la comunidad. También expresan un profundo amor y comprensión hacia los demás miembros de “el pueblo”, tanto si esta comunidad es más abstracta como si está formada por personas concretas con las que están en contacto, ya sea en línea o en el mundo físico.
Asimismo, experimentan el grupo a través de las relaciones y la participación política. La interacción con otras personas que perciben como miembros genera un sentimiento de pertenencia, validación y propósito, mientras que la actividad política –ya sea en persona, en mítines y manifestaciones, o en línea– puede reforzar este sentido de comunidad y fomentar una mayor participación.
En conjunto, esto sugiere que el apoyo populista no se reduce únicamente a ideas o políticas concretas. La identificación con “el pueblo” funciona porque la flexibilidad del término permite a los políticos enmarcarlo de formas convincentes, y porque las interpretaciones de los simpatizantes coinciden con esos mensajes políticos.
Pero también es una fuente de aspiración, ya que ofrece un sentido de comunidad y pertenencia a quienes llegan a verse a sí mismos como parte de este grupo. Ayuda a los seguidores a sentir que pertenecen a algo, que los demás los comprenden y que están conectados a un propósito común.
Clara Juarez Miro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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- Los récords del turismo comprometen el agua cuando y donde más escasea en España
Los récords del turismo comprometen el agua cuando y donde más escasea en España

Cada año, España bate su récord de turistas. Los 58,1 millones de visitantes hasta julio –otro récord pulverizado– apuntan a que en 2026 rebasará los 100 millones de turistas. Son buenas noticias para las grandes cifras macroeconómicas. Más turistas implica un mayor crecimiento del PIB y del empleo. El sector turístico es un motor de la economía española. Se estima que ha supuesto en el año 2024 un 12,6 % del PIB, una cifra superior en un 109 % a la de 2021, y generó más de 2,7 millones de puestos de trabajo, el 12,3 % del empleo total.
Pero todos esos logros a escala de país no siempre coinciden con la percepción ciudadana. Cuando se orientan cada vez más hacia la demanda turística, los centros urbanos se transforman, perjudicando a la población local. Los barrios pierden su alma al mismo ritmo que las ciudades de todo el mundo adquieren un extraño parecido entre sí.
La presión turística puede terminar desplazando a los propios habitantes. Los precios de la vivienda –que también baten récords– aumentan y cada vez más inmuebles se destinan al alojamiento turístico. Cambia la vida cotidiana: desaparecen comercios de proximidad, sustituidos por negocios orientados al visitante; el ruido y la actividad constante dificultan el descanso y los espacios de encuentro y convivencia se convierten progresivamente en escenarios para el consumo turístico. El descontento ha llegado al extremo de alimentar movimientos contra el turismo masivo y de extender el término turismofobia.
Mayor consumo de agua cuando más escasea
En el plano medioambiental, esta presión turística se traduce, entre otros impactos, en desertificación y, más específicamente, en el deterioro y declive de los recursos hídricos de las zonas áridas. El grueso de turistas visita España en el peor momento del año hidrológico y se siente especialmente atraído por las zonas áridas, es decir, aquellas en las que menos llueve y más agua se evapora, con lo que su balance hídrico es muy pobre.
Pasado el mes de junio, las reservas hídricas van menguando y es entonces cuando se llenan miles de piscinas y la población de muchos municipios aumenta considerablemente.
No se trata de un consumo de agua extraordinario si lo miramos a escala de país. El turismo apenas representa una pequeña fracción del abastecimiento urbano –alrededor de 130 hm³ al año, aunque este dato no considera las viviendas de uso turístico–, que a su vez representa el 17 % del consumo de agua (frente al 77 % del uso agrario, unos 22 000 hm³ al año). Sin embargo, al concentrarse en el momento y en los territorios más desfavorables desde el punto de vista hídrico, su incidencia a escala local puede ser mucho mayor de lo que refleja su peso en el consumo total de agua del país.
Las áreas más afectadas
El turismo se concentra principalmente en el litoral mediterráneo, Andalucía atlántica, Canarias y las grandes urbes de Madrid y Barcelona. Estos territorios forman parte de las zonas con un estrés hídrico extremadamente alto, que ocupan un 43 % del país. Este índice representa la ratio entre el total de agua utilizada y el total de recursos renovables y fluctúa entre 1 (poco estrés) y 5 (máximo estrés) de acuerdo al porcentaje de agua extraída anualmente.
Así, en los territorios con estrés hídrico 5 (supone extraer más del 80 % del agua renovable disponible), y durante cualquier período mínimo de sequía, el aumento repentino del consumo (como el causado por turismo) o alteración en la calidad del agua se traduce directamente en una crisis severa de desabastecimiento.
Algunos datos hablan por sí mismos de la presión a la que están sometidos territorios donde no sobra el agua. El 63 % de los municipios con más de un millón de pernoctaciones se encuentran en zonas con un estrés hídrico alto o extremadamente alto, y otro 35 % en zonas con estrés medio-alto. Además, el 69 % de las pernoctaciones entre junio y septiembre –el período más vulnerable desde el punto de vista del suministro de agua– tiene lugar en estas zonas sometidas a mayor estrés hídrico.
Si comparamos la población de los municipios (dato de 2020) con la media anual de turistas que reciben (período 2020-2025), nos encontramos con cifras difíciles de creer. Por ejemplo, Jávea (Alicante), con 20 016 habitantes, recibe una media de 283 590 turistas al año; Ciutadella (Menorca) recibe 15,8 veces más turistas que habitantes (30 588 frente a 485 069) y Roses (Girona), 16,8 veces más (19 807 frente a 332 793).
Leer más: Mallorca se revuelve contra el turismo que despoja al habitante de su territorio
Sin duda, esta avalancha de personas contribuye a la economía local, pero también conlleva impactos ambientales que, en muchas ocasiones, pueden ser irreversibles.
A ello se añade la apuesta por un modelo urbano disperso en muchos destinos turísticos, asociado a la búsqueda de una supuesta mayor calidad de la oferta, pero que implica un mayor consumo de recursos naturales, especialmente suelo y agua. En un adosado o un chalet, el consumo de agua puede multiplicar por cuatro o cinco el de un modelo de ciudad compacta.
También hay que considerar la proliferación de piscinas individuales, con ratios inferiores a 20 habitantes por piscina en muchas provincias del litoral mediterráneo, muy por debajo de la media nacional.
Dunas, lagunas y ríos alterados
Además de añadir presión a unos recursos hídricos ya de por sí raquíticos, estas cifras del turismo han ido acompañadas del deterioro de buena parte de la franja litoral. Bajo el cemento, las urbanizaciones, los alojamientos turísticos, los campos de golf y las infraestructuras han quedado sepultados ecosistemas dunares y lagunas costeras desde los años sesenta del pasado siglo, al tiempo que se han alterado los desagües naturales del territorio.
Ramblas, rieras y torrentes reaparecen con fuerza durante los temporales de otoño e invierno, con su dinámica torrencial, poniendo de manifiesto las consecuencias de una ocupación poco ordenada del territorio.
La orientación del turismo hacia zonas áridas coincide, en realidad, con los lugares que la población general también ha elegido para vivir. Una gran parte de la población española y el grueso de los turistas que nos visitan se concentran en las zonas dotadas con mejores infraestructuras de todo tipo, las cuales están, en general, en zonas áridas.
Aunque en el imaginario colectivo las zonas áridas se tienen por territorios pobres y despoblados, en los que el viento arrastra salicornios como en las películas del Oeste, lo cierto es que el 80 % de la población española vive en zonas áridas, una tendencia que se ha ido reforzando con el paso de los años.
Madrid y Barcelona, por ejemplo, se asientan en zonas áridas, como ocurre con otras grandes capitales y con buena parte del litoral mediterráneo. No debe sorprendernos si tenemos en cuenta que el 67 % de España es árido.
La desertificación –y, en este caso, el turismo masivo– debe abordarse desde la planificación territorial, mediante un conjunto de medidas que permitan ajustar las demandas a los recursos disponibles y utilizarlos de manera eficiente, sin olvidar que una parte de esos recursos debe quedar reservada para el sostener las funciones vitales de la naturaleza, imprescindible para nuestra supervivencia y bienestar.
Jaime Martínez Valderrama ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)
Javier Martí Talavera ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)
Jorge Olcina Cantos ha recibido fondos del proyecto ATLAS de la Desertificación en España, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)
Juanma Cintas recibe fondos del proyecto ATLAS de la Desertificación en España, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)
Fernando Gallardo Olmedo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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- Cómo el partido de extrema derecha alemán AfD está tratando de ganarse el voto de aquellos a quienes promete deportar
Cómo el partido de extrema derecha alemán AfD está tratando de ganarse el voto de aquellos a quienes promete deportar
El 6 de septiembre, el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD) obtuvo el 43,8 % de los votos en Sajonia-Anhalt, más del doble del 17,2 % de la CDU (Unión Demócrata Cristiana de Alemania). La participación fue del 77,8 %, la más alta en la historia de las elecciones libres del estado. El partido basó su campaña en un programa que incluía una campaña de deportación y remigración, así como el recurso a “todas las vías legales” para limitar la expresión islámica.
Sajonia-Anhalt es un estado alemán mayoritariamente rural, con una población inmigrante muy reducida y escasos incentivos para dirigir la campaña a este colectivo. Si bien el resultado récord de la AfD en esta región tuvo poco que ver con el voto de los inmigrantes, la situación será muy diferente cuando Berlín acuda a las urnas el 20 de septiembre.
Una encuesta de opinión publicada el 10 de septiembre sitúa a la AfD en camino de obtener el 18 % de los votos de la capital, el doble de su resultado del 9,1 % de 2023. Esto situaría al partido a tres puntos del líder en una carrera muy reñida, en una ciudad donde el 42,3 % de los residentes es inmigrante.
Aunque la AfD logró ganar en Sajonia-Anhalt sin el voto de los extranjeros, no puede permitirse ignorarlos en Berlín.
A la caza del voto inmigrante
La AfD lleva años tratando de captar el voto de los inmigrantes, con contenidos en TikTok y en turco dirigidos principalmente a personas de origen ruso y turco. Se trata de comunidades de inmigrantes establecidas desde hace tiempo, muchas de las cuales son ciudadanos alemanes con derecho a voto.
La formación se dirige a ellas con un mensaje que algunos expertos han calificado de tranquilizador: vosotros, las comunidades ya establecidas, no sois el problema; los recién llegados sí lo son.
Sin embargo, la campaña en turco de la AfD no se está traduciendo en votos. Un análisis de julio de 2026 del Centro Alemán de Investigación sobre Integración y Migración (DeZIM) reveló que los votantes de origen inmigrante consideraban a este partido como el que tenía menos posibilidades de ser elegido de entre todos los grupos.
Otro informe del DeZIM ha puesto de relieve la caída de la participación electoral entre los votantes de origen turco, de Oriente Medio y del norte de África, lo que se interpreta como una posible señal de alerta de un distanciamiento a largo plazo del sistema de partidos en su conjunto.
Un estudio de 2025 sobre las preferencias de voto de los inmigrantes en toda Alemania situaba a la AfD en un 19 %, en tercer lugar, por detrás de la CDU y el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania). Sin embargo, era el partido más fuerte entre los votantes de origen polaco y entre los repatriados de etnia alemana. Así pues, la agrupación sí que consigue votos de los inmigrantes, pero no, por el momento, entre los turcos alemanes a los que está cortejando este mes.
No obstante, estos votantes arrastran un agravio que la corriente dominante no ha abordado. Los directores de DeZIM han documentado lo que denominan “competencia por el reconocimiento”: la forma en que los grupos tratados como de segunda clase acaban comparándose y enfrentándose entre sí, y no contra quienes los clasifican así.
El politólogo Özgür Özvatan ha analizado esta dinámica en el contexto de la pertenencia turco-alemana, donde a menudo se persigue y se logra el avance, pero este no siempre se traduce en una aceptación generalizada y duradera por parte de la sociedad mayoritaria.
Recompensar el buen comportamiento
Hay algo estructural detrás de esto, y no se limita a Alemania.
La extrema derecha tradicional definía la pertenencia por descendencia, lo que conlleva un límite inherente. Su electorado potencial era fijo y se reducía con cada naturalización, mientras que cada inmigrante era un adversario permanente.
Lo que se ha extendido por todo el continente desde 2015 es un diseño político diferente, en el que la pertenencia se gana a través de la conducta. El discurso actual de la extrema derecha no siempre es étnico o cultural; ahora el mensaje es: trabaja duro, adáptate, sigue las normas y podrás pertenecer. Cualquiera, sea migrante o no, puede cruzar esta frontera gracias a su comportamiento.
El territorio francés de ultramar de Mayotte ilustra este modelo con mayor claridad. Mayotte, un territorio insular del océano Índico, es musulmán en un 95 %, pero en 2022 otorgó a la candidata de extrema derecha Marine Le Pen su mejor resultado en el país, con un 42,89 % de los votos en la primera vuelta, frente al 2,77 % de 2012.
Los investigadores del proyecto MIGRAF interpretan esto como un intento deliberado del partido de Le Pen, el Rassemblement National (RN), de eliminar la cuestión racial de su mensaje en ultramar: en la isla, el RN no ataca al islam, sino a los migrantes procedentes de las cercanas islas Comoras.
Que los musulmanes franceses voten a Le Pen en contra de los migrantes musulmanes podría parecer impensable. Sin embargo, tiene sentido si se tiene en cuenta cómo ha cambiado la frontera de la pertenencia. La cuestión no es quién eres, sino en qué lado de una frontera burocrática te encuentras.
La extrema derecha española toca una melodía similar, pero en una clave diferente. En un discurso pronunciado en Gran Canaria en 2018, el líder del partido de extrema derecha Vox, Santiago Abascal, estableció una distinción entre diferentes tipos de inmigrantes: los procedentes de América Latina, que comparten gran parte del idioma, la religión y la visión del mundo de España, y los procedentes de países islámicos.
Vox construyó un proyecto internacional en torno a esta excepción, bautizado como la “Iberosfera”. Los analistas lo han interpretado como una forma de “hispanismo étnico”.
Suecia es quizás el país que más lejos ha llegado en este sentido, con su decisión de dar mayor importancia jurídica a la conducta o al modo de vida de los migrantes. La Ley de Extranjería sueca, que entró en vigor el 13 de julio de 2026, permite a la Agencia Sueca de Migración denegar o revocar los permisos de residencia por motivos de “conducta deficiente”: un comportamiento que no infringe ninguna ley, pero que contraviene las normas que la sociedad desea defender.
Los expertos en derecho han señalado que este criterio es demasiado vago para aplicarse de forma predecible o equitativa.
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La aceptación es voluble
Una propuesta política de este tipo depende de que los votantes y miembros de un partido de extrema derecha acepten una excepción a sus principios. El apoyo a una idea así es difícil de mantener y, en España, ha provocado una profunda división en la base de Vox.
En agosto de 2019, una patronal pidió que se contrataran trabajadores en el extranjero, preferiblemente de América Latina. Un diputado de Vox por Málaga respondió tuiteando que le daba igual si el relevo demográfico “venía vestido con chilabas o portando machetes”, y posteriormente borró la publicación.
La polémica se prolongó en el partido durante años, pero en enero de 2026, Vox eliminó discretamente “Latinos por Abascal” de su página web, una campaña lanzada tres años antes para captar a los votantes hispanos de España.
La pertenencia condicional tiene una vida útil corta. Funciona como mecanismo de captación, pero cuando la base se radicaliza más allá de ella, las personas que en su día fueron bienvenidas vuelven a ser clasificadas como lo que eran antes. España lleva dos años de ventaja a Alemania en este ciclo.
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La AfD se deja el mismo margen de maniobra, aunque, tal y como están las cosas actualmente, su posición no está clara. Su programa para Sajonia-Anhalt sitúa la “remigración” en el centro, pero el partido insiste en que el término abarca únicamente el retorno legal de extranjeros sin derecho a permanecer en el país, rechazando la deportación de ciudadanos alemanes de origen inmigrante por considerarla inconstitucional.
Sin embargo, los juristas constitucionales que analizan el texto de Sajonia-Anhalt ven una política de expulsión basada en una concepción étnica del pueblo. A ninguno de los votantes a los que se busca este mes –ya sea en Sajonia-Anhalt o en Berlín– se le ha explicado claramente qué definición se aplicará.
Cuando Berlín acuda a las urnas, algunos votantes de origen inmigrante decidirán que la advertencia no va dirigida a ellos, sino a otra persona. Como mínimo, provocar esa decisión es precisamente el objetivo de la estrategia de la AfD.
Deniz Torcu no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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Volar más no implica volar mejor: qué hace eficientes a las aerolíneas europeas

La aviación europea ha dejado atrás buena parte del desplome provocado por la pandemia. En 2025, la Organización Europea para la Seguridad de la Navegación Aérea (Eurocontrol) registró 11,12 millones de vuelos, un 4 % más que el año anterior.
Pero recuperar vuelos, pasajeros e ingresos plantea otra pregunta: ¿están las aerolíneas utilizando mejor sus recursos?
Para responderla, un estudio publicado en Research in Transportation Economics analiza 70 aerolíneas europeas entre 2022 y 2025. La comparación tiene en cuenta el número de empleados y aviones, los ingresos, los vuelos y los pasajeros. También incluye las emisiones de CO₂.
¿Qué significa que una aerolínea sea eficiente?
Una compañía puede transportar millones de pasajeros y facturar miles de millones de euros sin aprovechar sus recursos mejor que sus competidores. Del mismo modo, una aerolínea pequeña no tiene por qué estar en desventaja.
Lo importante es comparar los recursos que utilizan con los resultados que obtienen.
Para realizar esta comparación utilizamos DEA (Data Envelopment Analysis), una metodología que permite evaluar aerolíneas de tamaños y modelos de negocio muy diferentes. El método analiza cómo cada compañía transforma sus recursos en vuelos, pasajeros e ingresos, teniendo también en cuenta las emisiones que genera. Así, identifica las aerolíneas con mejor desempeño relativo, que sirven como referencia para comparar al resto.
Esta forma de comparar permite evitar conclusiones simples basadas únicamente en el tamaño. Una aerolínea puede transportar más pasajeros que otra y, aun así, utilizar peor sus recursos. El interés está en observar conjuntamente lo que emplea, lo que obtiene y el impacto ambiental asociado.
Dicho de otro modo: con una plantilla y una flota determinadas, ¿qué compañías consiguen transportar más pasajeros, realizar más vuelos y generar más ingresos sin olvidar su impacto ambiental?
El análisis no determina cuál es “la mejor aerolínea” en todos los sentidos. No estudia la puntualidad, los precios de los billetes, la comodidad o la satisfacción de los pasajeros. Se centra en cómo utiliza cada compañía los recursos de que dispone.
No existe un único modelo de aerolínea eficiente
Los resultados muestran una evolución favorable. En 2022, 20 de las 70 compañías analizadas formaban parte del grupo de referencia. En 2023 fueron 22. En 2024, 28, y en 2025, 27.
Además, 17 aerolíneas permanecieron entre las más eficientes durante los cuatro años. Entre ellas encontramos compañías muy diferentes, como Ryanair, Iberia, KLM, Turkish Airlines, easyJet, Wizz Air, Binter Canarias o La Compagnie.
La diversidad de esta lista es importante. No existe un único tamaño ni un único modelo de negocio que garantice la eficiencia.
Una gran aerolínea de bajo coste puede destacar, pero también puede hacerlo una pequeña compañía especializada. Cada una puede llegar a buenos resultados mediante una combinación diferente de empleados, aviones, vuelos, pasajeros e ingresos.
El análisis también permite comparar a las compañías que obtienen los mejores resultados. Ryanair ocupó la primera posición en 2022, mientras que La Compagnie encabezó la clasificación entre 2023 y 2025. Iberia y Turkish Airlines también aparecieron de forma habitual entre las primeras posiciones.
Mejorar no siempre significa estar entre las mejores
También estudiamos cómo evolucionó cada compañía entre 2022 y 2025.
El resultado es llamativo: 50 de las 70 aerolíneas, el 71,4 %, mejoraron su posición. Otras 18 terminaron el periodo prácticamente en la misma situación y solo dos empeoraron.
Sin embargo, mejorar no implica necesariamente llegar al grupo de las compañías más eficientes. Algunas redujeron mucho la distancia que las separaba de sus mejores referencias, pero todavía tenían margen de mejora en 2025.
Norse Atlantic Airways ofrece uno de los ejemplos más claros. En 2022 era la compañía que mostraba la mayor distancia respecto a las mejores de la muestra. Dos años después logró situarse entre ellas y mantuvo esa posición en 2025.
British Airways, Enter Air, TUI Airways y Air Nostrum también pasaron de tener margen de mejora en 2022 a situarse entre las compañías de referencia en 2025.
El CO₂ también cambia la fotografía
No basta con observar ingresos, vuelos o pasajeros. La actividad aérea también tiene un impacto ambiental.
La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que la aviación internacional fue, en 2023, la segunda mayor fuente de gases de efecto invernadero del transporte en la Unión Europea, solo por detrás del tráfico por carretera. Por esta razón, nuestro análisis incluye las emisiones de CO₂.
Esto no significa que la clasificación indique qué aerolínea es “más verde”. Una compañía puede emitir mucho CO₂ en términos absolutos y, al mismo tiempo, utilizar de forma eficiente sus recursos en relación con el volumen de actividad que desarrolla.
Además, comprobamos que, cuando eliminábamos las emisiones del análisis, la clasificación de las aerolíneas cambiaba de forma apreciable. Por tanto, ignorar el CO₂ ofrece una visión diferente de su rendimiento.
La presión para reducir estas emisiones también está aumentando. Desde 2025, la normativa europea ReFuelEU Aviation exige que al menos un 2 % del combustible suministrado en los aeropuertos de la UE sea sostenible. Ese porcentaje aumentará progresivamente durante las próximas décadas.
Más que una clasificación de ganadores y perdedores
El objetivo de este tipo de análisis no es construir una lista de aerolíneas “buenas” y “malas”. Su principal utilidad es descubrir por qué unas compañías aprovechan mejor sus recursos que otras.
Dos aerolíneas pueden encontrarse a una distancia parecida de las mejores y tener problemas completamente distintos. Una puede utilizar demasiados recursos para su nivel de actividad. Otra puede generar menos ingresos o transportar menos pasajeros. Y otra puede presentar una mayor diferencia en emisiones respecto a compañías similares.
Por eso, observar qué hacen las aerolíneas de referencia puede ayudar a detectar dónde existe margen de mejora.
Para las propias compañías, este tipo de comparación puede servir como herramienta de diagnóstico. No ofrece recetas automáticas, pero sí permite detectar si el principal margen de mejora está en el uso de la flota, los recursos humanos, la generación de ingresos, la actividad operativa o las emisiones.
En una industria donde crecer suele identificarse con el éxito, los resultados introducen un matiz importante. No importa solo cuántos aviones tiene una compañía, cuánto factura o cuántos pasajeros transporta. También importa lo que consigue con los recursos que utiliza y el impacto ambiental asociado a su actividad.
Volar más, en definitiva, no significa necesariamente ser mas eficiente.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Gloria Steinem: el eco de la historia

Como otras muchas mujeres a lo largo de la historia, Gloria Steinem llegó al feminismo al preguntarse el porqué de las situaciones que veía a su alrededor.
Ya Christine de Pizan, en los albores del siglo XV, inició el debate conocido históricamente como “La querella de las mujeres” al escribir su La ciudad de las damas (1405). En el libro, Pizan construye una ciudad regida por las mujeres, siguiendo a nombres femeninos ilustres. Así demostraba que estas eran perfectamente capaces de participar en cualquier aspecto público y social si los hombres dejaban de obstaculizar con argumentos misóginos el acceso de las mujeres a la educación y al pensamiento activo.
Vinieron luego otros intentos, como la Declaración de Seneca Falls en 1848, que buscaba analizar el estado de los derechos de las mujeres, y, medio siglo después, el sufragismo. Hubo también mujeres que, individualmente, consiguieron hacerse oír en medio de la reacción del discurso dominante masculino.
Leer más: ¿Quiénes fueron realmente las ‘suffragettes’?
Mary Wollstonecraft escribió en 1792 La vindicación de los derechos de la mujer, en la misma línea que Pizan cuatro siglos antes. Y, en pleno siglo XX, Virginia Woolf se preguntó por qué las mujeres no podían estudiar, trabajar y ser independientes económicamente, lo que les hubiera permitido tener una habitación propia donde sentarse a pensar.
Así mismo, Simone de Beauvoir escribió El segundo sexo (1949) como reflexión histórica sobre la falta de nombres femeninos en la historia y en la filosofía.
El derecho a la palabra
Todas estas voces tuvieron eco en muchas mujeres que dejaron su voz inscrita en numerosas aportaciones artísticas y científicas, si bien fueron ignoradas por quienes ostentaban el poder de decidir qué debía llegar a oídos de la gente. Y aunque es lógico pensar que el desarrollo de las revoluciones occidentales (ciudadanía, industrialización, democracia, tecnología) habrían de propiciar un entorno favorable a la la igualdad, lo cierto es que en décadas tan recientes como los años 60 y 70, Gloria Steinem prueba, con su lucha y su palabra, que no es así.
Steinem se pronunció, junto con otras feministas, a favor de lo obvio: el derecho a la propia palabra, al propio cuerpo y a no ser usadas y cosificadas por el deseo masculino, entre otras cuestiones esenciales.
En 1972, fundó la revista Ms.. Su objetivo era que las periodistas dejaran de ser una anécdota en las publicaciones “para mujeres”, dedicadas a promocionar productos de belleza y artilugios para el hogar, y pudieran expresar opiniones y juicios de valor, con el consiguiente cambio en la manera de pensar de las lectoras.
Ella misma escribió artículos fundamentales para denunciar las desigualdades sociales y jurídicas en temas cruciales como el matrimonio, la contracepción o la sexualidad. De esa forma, consiguió que muchas mujeres la escucharan, despertaran del sueño del amor romántico y de la mística de la feminidad a la que estaban sometidas y salieran a la calle a luchar por sus derechos.
Steinem fue cofundadora de varias asociaciones de mujeres, junto con otras feministas notables como Betty Friedan, Robin Morgan y Kate Millett. Ya en 1971 pronunció un llamamiento en el que se refirió abiertamente al sexismo y la misoginia, pero también al racismo y a las desigualdades sociales evidentes. En este manifiesto encontramos la muy citada frase “Esto no es una simple reforma. Esto es realmente una revolución”.
El poder de nombrar
Ningún tema le fue ajeno a Gloria Steinem cuando se trataba de exponer desigualdades manifiestas y abusos de poder de todo tipo. Y no escatimó tiempo ni palabras para exigir derechos fundamentales y el cambio de la legislación pertinente para defenderlos. Trató amplia y públicamente, hace medio siglo, temas entonces tabú como todo lo referente al cuerpo de las mujeres, su uso y abuso, la reproducción, el aborto, la transexualidad o la mutilación genital. También la necesidad de que las mujeres desarrollaran su capacidad intelectual y profesional al máximo, lo que exigía corresponsabilidad absoluta en las tareas de casa y familia.
En seis décadas de trabajo incesante, escribiendo, dando charlas, viajando continuamente y hablando abiertamente, Steinem no hizo sino actualizar las reivindicaciones históricas de las mujeres, que no son otras que nombrar lo que aún es invisible y revisar las definiciones obsoletas. Porque el lenguaje, que está en continuo desarrollo, es testigo directo de los cambios sociales y se amplía con ellos.
En su artículo “Las palabras y el cambio” (1979) deja una de sus frases icónicas: “las palabras son importantes porque tienen el poder de excluir”. Esta sentencia, por sí sola, cambiaría el mundo si paráramos a pensar sobre ella.
Gloria Steinem ha dejado amplia constancia en sus escritos de que la libertad para desarrollar las capacidades personales solo puede repercutir en beneficio de la humanidad, pues no se perdería el potencial individual y habría menos ansiedad, menos miedo y menos tensiones sociales.
Y aunque no hay razones para un optimismo radical, tampoco debemos entregarnos a un pesimismo paralizante. Porque el mundo necesita que activemos el pensamiento de Gloria Steinem.
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María Socorro Suárez Lafuente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
¿Cuánto pesa un microbio?

Si hubiera que seleccionar dos adjetivos para describir a los microbios me quedaría con alucinantes y necesarios. Saber que representan entre el 50 % y el 90 % de la biomasa de los océanos nos da una idea de su ubicuidad. La masa de las células microbianas de las aguas del planeta iguala al peso de 240 mil millones de elefantes africanos. Un gramo de suelo superficial puede contener más de mil millones de células de bacterias y de arqueas, billones de virus, decenas de miles de protozoos y microalgas y 200 metros de hifas fúngicas.
A pesar de la mala fama y de que la opinión pública acostumbra a vincular a los microorganismos con amenazas biológicas e infecciones graves, la mayoría de ellos o bien son beneficiosos o nunca han roto un plato. De las más de un billón de especies estimadas, solo algo más de 1 400 especies, incluyendo bacterias, virus, hongos, protozoos y helmintos, son patógenas para el ser humano. Esta cifra representa menos del 1 % del total de las especies de microorganismos conocidas y es una fracción insignificante de la biodiversidad microbiana planetaria.
Si seguimos analizando las cifras resulta que, en la escala biológica humana, el cuerpo funciona como un ecosistema complejo donde habitan cerca de 40 billones de bacterias, cifra que supera a los 30 billones de células propias del organismo. Esta convivencia armónica resulta vital para digerir fibra, sintetizar vitaminas o adiestrar al sistema inmune, entre otras muchas cuestiones.
Esenciales pero menospreciados
Si nos centramos en el terreno de la medicina y la farmacología, los microbios constituyen una fuente primordial de moléculas terapéuticas. El estudio del microbioma intestinal abre perspectivas innovadoras en la lucha contra afecciones inflamatorias crónicas, desórdenes metabólicos y diferentes tipos de cáncer. Además, el uso de virus capaces de destruir bacterias de forma selectiva resurge como una herramienta médica prometedora ante la proliferación de cepas patógenas resistentes a los antibióticos.
Los microorganismos también nos dan de comer. Por un lado, porque la producción alimentaria y el desarrollo agrícola dependen de la actividad microbiana del suelo. Por otro lado, son indispensables para elaborar pan, quesos, bebidas fermentadas, yogur, vitaminas, enzimas, bioplásticos, biocombustibles y un sinfín de productos más.
En cuanto a la salud del planeta, los microorganismos son aliados clave tanto en la mitigación del cambio climático como en la economía circular, que busca reducir el desperdicio y maximizar el uso eficiente de los recursos.
El animálculo
Si todo lo que los humanos necesitamos para sobrevivir está íntimamente ligado a la actividad de los microbios, parece lógico que les dediquemos una fecha especial en el calendario. El 17 de septiembre de cada año celebramos el Día Internacional de los Microorganismos (International Microorganism Day), una iniciativa global que persigue cambiar la percepción pública desmitificando la idea de que los microorganismos son únicamente patógenos causantes de enfermedades, concienciar sobre su función crítica en el medio ambiente, destacar sus aplicaciones industriales y biotecnológicas, promover la educación y la vocación científica y rendirles un necesario homenaje histórico.
La fecha conmemora un hito fundamental en la historia de la ciencia: el día en el que el comerciante holandés Antonie van Leeuwenhoek envió una célebre carta a la Royal Society de Londres en la que describía por primera vez un organismo unicelular, que llamó animálculo, observado a través de microscopios rudimentarios diseñados y creados por él mismo.
Van Leeuwenhoek fue un pionero, un científico del más alto nivel que en una de sus cartas, fechada el 12 de junio de 1716, escribió:
“Mi trabajo, al que me he dedicado durante mucho tiempo, no fue impulsado por el aplauso que ahora disfruto, sino principalmente por una sed de conocimiento que, según percibo, reside en mí más que en la mayoría de los hombres”
Reconocer la labor incesante y el valor extraordinario de los microorganismos permite cambiar una percepción fundamentada en el temor por una mirada de respeto hacia quienes sostienen la vida en la Tierra y el bienestar de los seres vivos.
Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
O olhar mais aguçado das pesquisas qualitativas
Por décadas, a pesquisa qualitativa foi vista com desconfiança pela comunidade científica, ficando em segundo plano por ser considerada excessivamente subjetiva. Na última década, porém, as abordagens desse tipo têm passado por um processo de refinamento metodológico, tornando-se ferramentas importantes para buscar respostas a perguntas complexas. Em uma nova fronteira desse processo estão os métodos mistos, cada vez mais sofisticados, que buscam integrar abordagens qualitativas e quantitativas.
Esse modelo tem se mostrado útil para pesquisadores que investigam questões tão diversas como a experiência subjetiva de pacientes de esquizofrenia durante um tratamento de longo prazo, a redução da vacinação infantil ligada à desinformação, as transições socioambientais produzidas por iniciativas de desenvolvimento sustentável na Amazônia ou os diversos fatores associados à saúde mental de estudantes universitários.
Os métodos da pesquisa qualitativa, que envolvem abordagens como entrevistas aprofundadas ou grupos focais (ou seja, o acompanhamento das conversas sobre um tema que acontecem entre os membros de um grupo pequeno de pessoas), buscam investigar aspectos que não são fáceis de transformar em números. Eles ajudam a entender a percepção subjetiva das pessoas e os significados que elas atribuem aos fenômenos.
O avanço da abordagem é particularmente evidente na área da saúde. Nas últimas décadas, seu emprego cresceu em publicações de revistas científicas biomédicas, de saúde pública e das diversas profissões clínicas. Na plataforma PubMed, o número de artigos passou de pouco mais de 2.000 em 1980 para mais de 26 mil em 2000. Em 2020, já eram mais de 230 mil, e o número quase dobrou de lá para cá, chegando a 425 mil em 2026.
Para o psiquiatra Egberto Ribeiro Turato, professor da Faculdade de Ciências Médicas da Universidade Estadual de Campinas (Unicamp), essa explosão está associada ao crescente interesse pela humanização das atividades clínicas, que passaram a exigir a compreensão das dimensões emocionais e sociais.
“Na área de saúde, os métodos quantitativos sempre foram muito valorizados, porque os resultados estatísticos explicam os nexos causais entre os fenômenos do adoecimento e dos cuidados. Mas cada vez mais a comunidade científica sentia necessidade de métodos capazes de responder como pacientes, familiares e os próprios profissionais clínicos vivenciam os fenômenos humanos”, afirma Turato.
O método clínico-qualitativo (MCQ) aplica recursos das ciências humanas à saúde, buscando compreender significados, sentimentos e valores envolvidos nos processos de saúde e doença
Humanas na saúde
Conhecido como criador do método clínico-qualitativo, difundido em cursos de pós-graduação em todo o país nos últimos 30 anos, Turato define a pesquisa qualitativa em saúde como “a investigação das ciências humanas, ou simbólicas, aplicada às áreas da clínica e da saúde coletiva”. Segundo ele, em vez das relações de causa e efeito, a abordagem busca nexos simbólicos, impulsionada por referências teóricas psicanalíticas, antropológicas e de escolas filosóficas.
“Quando um médico ou enfermeiro pesquisa por que o paciente não faz uso correto da medicação, a abordagem quantitativa seria capaz de mostrar o percentual dos que esquecem de tomar. Mas a razão que o leva a esquecer é de ordem subjetiva e exige outro tipo de avaliação. A pesquisa qualitativa vai mudar a relação emocional e cultural do profissional de saúde com o paciente”, explica Turato.
Em uma de suas pesquisas mais recentes, ele orientou uma pesquisa sobre a experiência de pacientes com esquizofrenia no ambulatório especializado em psiquiatria da FCM-Unicamp. Eles participam de um protocolo de tratamento com clozapina (antipsicótico de alta eficácia para casos de esquizofrenia resistente a outras drogas). Mas o medicamento tem entre seus efeitos colaterais a alteração na produção de sangue na medula óssea, com a diminuição de glóbulos brancos e vermelhos, o que demanda um protocolo rígido.
“É preciso coletar sangue para um hemograma semanalmente, por 14 semanas. Nosso objetivo não era saber se o tratamento estava funcionando, mas sim o que sente o paciente ao ir à Unicamp com tanta frequência, já que isso poderia gerar impressões negativas, talvez prejudicando o tratamento. Foram feitas entrevistas abertas em profundidade, exploradas com um método de análise de conteúdo clínico-qualitativa”, explica Turato.
Ariel Severino/Revista Pesquisa FAPESP
A conclusão foi que o tratamento não levava a simbolizações negativas – as visitas semanais faziam os pacientes se sentirem mais acolhidos. “Concluímos que o protocolo promove a percepção de segurança e favorece a adesão ao tratamento, além de mitigar o isolamento dos pacientes”, resume ele. O trabalho gerou um artigo que foi publicado na revista Brain and Behavior, com apoio da FAPESP nas modalidades de Bolsa de Iniciação Científica e Publicações de Artigos.
Em sua tese de doutorado, concluída em 1988, com bolsa da FAPESP, Turato conduziu uma pesquisa inteiramente quantitativa. “Nem utilizávamos esse termo, porque o uso da estatística era simplesmente algo óbvio”, recorda. Na década de 1990, o professor integrou, na Unicamp, a disciplina de psicologia médica, campo inaugurado na década de 1950 pelo húngaro Michael Balint, autor de “O médico, seu paciente e a doença”. “Eu ensinava a disciplina e comecei a usar intuitivamente entrevistas com pacientes”, conta. Em 1993, orientou o primeiro artigo publicado usando o método clínico-psicológico qualitativo na Unicamp.
A partir daí, Turato se aprofundou na abordagem e teve contato com a autora da primeira obra de pesquisa qualitativa em saúde no Brasil, “O Desafio do Conhecimento: Pesquisa Qualitativa em Saúde”, de Cecília Minayo, da Fiocruz. Em 2003, ele publicou o “Tratado da Metodologia da Pesquisa Clínico-Qualitativa”, que também se tornou referência no Brasil.
Em 2016, a resolução nº 510 do Conselho Nacional de Saúde estabeleceu as regras éticas para pesquisas em ciências humanas e sociais, e hoje as revistas científicas mais exigentes já estabeleceram checklists para garantir a qualidade metodológica e evitar análises superficiais dos dados. Mas o professor argumenta que, para manter o rigor necessário, as abordagens mistas podem trazer confusões conceituais e epistemológicas.
“As definições dos métodos qualitativos e quantitativos são rigorosas, e há uma grande diferença entre seus elementos constitutivos, como amostragens, instrumentos de coletas e análises. Por isso, acho que, para fazer pesquisa ‘quali-quanti’, é preciso ter o dobro de conhecimento metodológico, mas também o dobro de tempo, de dinheiro e de energia mental.”
425 mil artigos qualitativos publicados em 2026 — eram pouco mais de 2 mil em 1980
TEMAS EM PESQUISA QUALITATIVA HOJE
• Saúde mental de universitários
• Desinformação sobre vacinas
• Transição socioambiental na Amazônia
• Adesão a tratamento na esquizofrenia
Outra visão da saúde mental
Os métodos mistos, porém, são amplamente utilizados em outros tipos de pesquisa. Um exemplo é o trabalho da psicanalista Kelly Cristina Brandão da Silva, também da FCM-Unicamp. Ao contrário de Turato, ela teve sua carreira científica fundamentada em estudos qualitativos, mas decidiu agregar uma etapa quantitativa ao seu projeto de pesquisa sobre saúde mental e sofrimento psíquico dos alunos na universidade.
Iniciado em julho de 2024, com apoio da FAPESP na modalidade Auxílio à Pesquisa – Regular, o projeto nasceu apenas com abordagem qualitativa, baseada em grupos focais. “A abordagem qualitativa predomina entre os psicanalistas, mas cada vez entendemos mais que os dados brutos de uma etapa quantitativa ajudam a melhorar as nossas perguntas. As abordagens se iluminam de forma recíproca”, diz ela.
A pesquisadora explica que a inclusão da etapa quantitativa exigiu mais recursos humanos – e para isso foram obtidas sete bolsas no âmbito do auxílio da FAPESP. Essa fase incluiu um questionário online, com 118 perguntas, que cobriu diversos dados sociodemográficos, com informações sobre permanência estudantil, questões de racismo, gênero, assédio na universidade e expectativas sobre o futuro profissional.
“Os dados mostraram que a universidade mudou muito. A Unicamp introduziu cotas para pessoas trans e com deficiências muito recentemente, e o perfil dos alunos é muito diferente. A grande maioria tem renda familiar entre 1 e 3 salários mínimos. As demandas estudantis também se transformaram. Houve uma inflação de diagnósticos psiquiátricos, e aumentou a demanda por assistência à saúde mental”, afirma.
Segundo ela, esses dados refinaram as perguntas da etapa qualitativa. Os resultados apontaram que, apesar da ampliação das formas de ingresso na universidade, há uma percepção de que as políticas de permanência são insuficientes. “Os grupos focais também detectaram um conflito de pertencimento: alunos pretos, pardos e indígenas começam a reivindicar uma mudança nas bibliografias, alheias a seus saberes e cosmovisões. Há um sofrimento específico dessa nova população universitária, com destaque para os refugiados.”
Entre 2019 e 2021, as narrativas antivacina no Telegram cresceram 689 vezes com base em 80 milhões de posts analisados em 1.785 grupos no Telegram.
Nesse mesmo cenário, a vacinação infantil no Brasil caiu de mais de 90% menos de 68% das crianças de até 12 meses vacinadas (2013–2020)
A temática do estudo nasceu em 2021, durante a pandemia de Covid-19, quando a pesquisadora verificou um aumento de ideação suicida entre os alunos do curso de fonoaudiologia, no qual leciona. A pesquisa foi inserida em um estudo multicêntrico, que já resultou na publicação de cinco artigos, um capítulo de livro e do “Guia para o bem-viver na universidade: psicanálise, saúde mental e políticas de cuidado”, lançado em 2025.
O objetivo da pesquisa era fazer um “diagnóstico clínico-político” sobre o sofrimento psíquico de estudantes, que poderá ajudar a Unicamp a aperfeiçoar suas políticas. A perspectiva clínico-política leva em conta que o sofrimento mental não é um problema puramente individual ou biológico, mas um produto das dinâmicas institucionais no contexto do neoliberalismo.
A metodologia mista permitiu identificar, por exemplo, o sofrimento produzido por uma ideia de que todos precisam ser empreendedores, ou pelas dificuldades de conciliação entre trabalho doméstico, maternidade e universidade.
A inclusão de uma abordagem quantitativa foi uma inovação para os psicanalistas da Unicamp, mas, em outros campos do conhecimento, como a área ambiental, há uma tendência ao pluralismo metodológico, e a abordagem mista é predominante. É o caso do Projeto Duramaz 3, que busca compreender como as mudanças produzidas em nível local por projetos de desenvolvimento sustentável podem impulsionar transformações socioambientais de grande escala na Amazônia. Parte de um programa internacional iniciado em 2007, que envolve diversas universidades do Brasil e da França, o projeto está entrando em sua terceira fase.
“A iniciativa examina as transições socioambientais em 15 regiões da Amazônia. A ideia é compreender por que alguns territórios adotam uma trajetória de desenvolvimento sustentável e outros a de degradação”, explica Carla Morsello, professora da Escola de Artes, Ciências e Humanidades da Universidade de São Paulo (EACH-USP). A terceira fase do projeto, iniciada em março, teve apoio da FAPESP na modalidade Auxílio à Pesquisa – Temático, contando com Morsello como pesquisadora responsável.
Ariel Severino/Revista Pesquisa FAPESP
“Nas duas primeiras fases foram levantados dados para a produção de indicadores de diferentes áreas. Na terceira, o objetivo é incluir mais indicadores qualitativos, ao mesmo tempo em que vamos refinar e sintetizar nosso conjunto de indicadores para que eles sejam relevantes principalmente para as populações locais”, explica.
O método qualitativo empregado prevê o desenvolvimento de “jogos sérios” (que têm um componente lúdico, mas sem propósito de entretenimento) que servirão como ferramentas para processos participativos na definição de cenários. A criação do jogo será a parte central do trabalho da equipe brasileira do projeto.
“A ideia é que seja jogado com as comunidades locais e os gestores públicos. Os indicadores serão utilizados no jogo, para que os participantes entendam os resultados de suas tomadas de decisão”, detalha Morsello. “Quando estudamos esse processo, seria possível fazer um estudo de observação direta e descobrir que decisões foram tomadas. Mas não basta para compreender as razões por trás das escolhas. Os jogos nos ajudam nisso”, explica a cientista ambiental. Além disso, os métodos qualitativos são importantes em estudos que buscam investigar o conhecimento tradicional.
Segundo Mário Aquino Alves, professor do Departamento de Gestão Pública da FGV que tem se dedicado aos estudos qualitativos nas últimas três décadas, ainda há preconceito contra esse tipo de abordagem por um suposto excesso de subjetividade. “O que tem mudado de muitas maneiras é a sofisticação cada vez maior dos desenhos de pesquisa, da formalização dos procedimentos e da interpretação de dados. Temos protocolos muito mais específicos para todas as fases da pesquisa.”
Todo trabalho científico tem um grau de subjetividade, segundo ele, já que envolve escolhas: que perguntas fazer, qual modelo será usado, como será montada a base de dados. Na pesquisa qualitativa, porém, isso é mais visível porque há necessidade de interpretar as evidências. “Só que interpretar não significa que haja arbitrariedade. Há um rigor em tornar o processo transparente”, explica.
Ariel Severino/Revista Pesquisa FAPESP
Teias da desinformação
Um exemplo desse rigor é o estudo atualmente conduzido por Alves sobre a associação entre a desinformação sobre vacinas e a redução da cobertura vacinal nos últimos anos no Brasil. Parte de uma pesquisa feito pelo Laboratório de Estudos sobre Desordem Informacional e Políticas Públicas da FGV, com apoio do CNPq, o projeto também teve apoio da FAPESP na modalidade Auxílio à Pesquisa – Pesquisador Visitante Internacional, para garantir a participação do psicólogo social Lupicínio Iniguez Reda, da Universidade Autônoma de Barcelona, que é especialista em análise do discurso.
“Montamos o projeto para tentar entender como emergem esses discursos antivacina em grupos de teorias conspiratórias, com dados obtidos no Telegram. Esse aplicativo tem uma característica interessante, a presença de grupos abertos públicos, totalmente rastreáveis”, diz o pesquisador. O grupo desenvolveu um mecanismo capaz de rastrear as comunidades e identificar conteúdos antivacina. “Uma análise quantitativa pode mostrar que tipo de discurso está crescendo, mas a qualitativa nos ajuda a entender por que essas narrativas se tornam convincentes”, explica Alves.
Emprego da IA também facilita a pesquisa qualitativa ao permitir trabalho com volume maior de textos, vídeos e áudios
A pandemia de Covid-19 foi acompanhada de uma queda drástica da vacinação infantil, que só começou a ser revertida a partir de 2024. Mas, mesmo antes da pandemia, entre 2013 e 2020, o percentual de bebês brasileiros de até 12 meses vacinados caiu de mais de 90% para menos de 68%. Esse fenômeno também foi acompanhado de um aumento da desinformação. Só entre 2019 e 2021, os posts com narrativas antivacina aumentaram 689 vezes, de acordo com os estudos dos pesquisadores da FGV que analisaram mais de 80 milhões de postagens feitas em 1.785 grupos no Telegram.
O estudo atual também busca entender o efeito dessas narrativas sobre pessoas em situação vulnerável. Para isso foram montados dois grupos de controle: um em Guapiruvu, bairro rural do município paulista de Sete Barras, no Vale do Ribeira, e o outro numa comunidade em situação vulnerável na Zona Sul da cidade de São Paulo. “No grupo de Guapiruvu, todos têm celular, mas não têm acesso à internet, porque não há cobertura. Já o grupo da Zona Sul tem total conectividade”, conta Alves. Com a ajuda do professor da Universidade de Barcelona, os pesquisadores usam a análise do discurso para interpretar qualitativamente os conteúdos que circulam.
“O que tem mudado de muitas maneiras é a sofisticação cada vez maior dos desenhos de pesquisa, da formalização dos procedimentos e da interpretação de dados” – Mário Aquino Alves, professor do Departamento de Gestão Pública da Fundação Getulio Vargas (FGV)
“A cobertura vacinal em Guapiruvu é muito alta. Em uma área com fortes laços comunitários, por ser muito dependente de políticas públicas, o discurso de descrença no Estado parece que não faz sucesso. Já na Zona Sul, apesar da situação vulnerável, há menos laços comunitários, e as teorias conspiratórias tendem a penetrar mais”, explica Alves.
“Outro achado é que os interesses em jogo por trás da desinformação não são necessariamente homogêneos. Há interesses econômicos, conexões religiosas ou ideológicas. Não há um único elemento que seja preponderante”, diz o pesquisador, que também faz parte do núcleo de Cidades do Centro de Pesquisa, Inovação e Difusão (CEPID) da FAPESP sobre Governança de Mudanças Ambientais Globais.
“Quando estudamos esse processo, seria possível fazer um estudo de observação direta e descobrir que decisões foram tomadas. Mas não basta para compreender as razões” – Carla Morsello, professora da Escola de Artes, Ciências e Humanidades da Universidade de São Paulo (EACH-USP)
Para Alves, nem toda pesquisa precisa de métodos qualitativos ou mistos, mas eles têm permitido que os pesquisadores trabalhem com perguntas mais complexas que há poucos anos nem poderiam ser propostas. Segundo ele, mais recentemente, os pesquisadores têm integrado a inteligência artificial (IA) a essas abordagens.
“A IA está mudando muito a pesquisa qualitativa, e para melhor. Hoje conseguimos trabalhar não apenas com volumes de texto imensos, mas com vários tipos de documentos e outras formas de interação digital, incluindo vídeo e áudio, cuja análise seria totalmente impossível há cinco anos.”
What to Know About Mail-In Voting for the 2026 Midterms

This week, the Supreme Court rejected the Trump administration’s plans to impose new rules for mail-in voting for the midterm elections in November.
In a March executive order, President Donald Trump had instructed the U.S. Postal Service to create rules for election officials sending mail-in ballots to voters. If a state didn’t comply with the new rules, the Postal Service wouldn’t deliver the ballots to voters. State officials said it would have been impossible to comply in time, and two federal judges blocked the rule for the November elections. Lawyers for the Trump administration asked the Supreme Court to intervene.
In a brief, unsigned order on Monday, the court’s majority denied the administration’s request, writing that the “Government is unlikely to succeed on the merits of its challenge.” Justice Samuel Alito wrote an eight-page dissent, joined by Justice Clarence Thomas, saying he would have allowed the rules to go into effect. The court has not yet decided whether the rules can move forward after the November election.
Trump criticized the Supreme Court’s order in a Truth Social post on Tuesday, calling it “a big loss for Republicans, and America itself.”
The result of the Supreme Court order is that nothing has changed for states.
“State and local election administrators all across the country will continue to do what they always do, which is run safe, secure and transparent elections,” said Barbara Smith Warner, a senior adviser for the Institute for Responsive Government, a think tank working on election issues. “Everyone can and should be sure that they can vote in this election.”
We’ve been reporting for months on the Trump administration’s efforts to issue new regulations on mail-in voting, gather state voter data and investigate voter eligibility ahead of the November elections. We spoke with experts on mail-in voting to answer practical questions about voting by mail.
Why is Trump trying to restrict mail-in voting?
Mail-in voting has become more common over the decades. Roughly a third of Americans cast their ballots through the mail nowadays, according to the Brookings Institute. Trump himself voted by mail twice this year. But mail-in voting varies dramatically from state to state. While more than 95% of voters cast their ballots by mail in Oregon and Washington state, which have all-mail elections, less than 3% of voters vote by mail in West Virginia and Tennessee.
Trump has attacked mail-in voting for years, calling it “cheating” and “corrupt.” And as Trump has tried to exert more federal control over elections, he’s also sought to impose new restrictions on mail-in voting and voter eligibility. The president has claimed, without evidence, that voting by noncitizens is rampant. He’s pushed Congress to create stricter voter identification requirements, and with legislation stalled on Capitol Hill, he set out to regulate mail-in voting through an executive order.
White House spokesperson Olivia Wales said in a statement that the president wants “commonsense exceptions” for Americans to vote by mail because of an illness, a disability, travel or service in the military. And she said Trump’s use of mail-in ballots to participate in Florida elections while living in the White House “is a nonstory.” But “universal mail-in voting should not be allowed because it’s highly susceptible to fraud,” she added.
Studies have consistently found voter fraud is exceedingly rare.
What did the USPS rule say?
Trump’s order instructed the Postal Service to set criteria for mail-in ballots. The USPS finalized the rule in August. If it went into effect, the Postal Service wouldn’t mail ballots for states that failed to comply.
The USPS rule set design standards that required envelopes for mail-in ballots to include the official election mail logo and a unique bar code. States were required to upload lists of their eligible voters’ names and mailing addresses to a portal that’s still being built. (On Sept. 1, the Postal Service said the portal would be available soon.) The bar codes on the envelopes needed to match the voter information in the lists states uploaded to the portal. If the ballot envelope failed to fit the criteria, USPS would reject and return the mail to election officials.
In August, an anonymous federal employee filed a whistleblower disclosure with U.S. Sen. Richard Blumenthal, a Connecticut Democrat, calling the Postal Service’s new system untested and error-prone. The employee described the process as “secretive, rushed, chaotic, and fundamentally flawed.”
According to a September audit by the agency’s Office of Inspector General, some Postal Service facilities failed to properly handle ballots during this year’s primary elections. (In a response included with the findings of the audit, USPS wrote that “overall ballot mail performance is strong,” while acknowledging “we can always reinforce and amplify our internal processes and procedures.”) As ProPublica’s Jen Fifield reported, top USPS officials expressed concerns in meetings about how the new rules could delay or block ballots from reaching large swaths of eligible voters.
The rule change would’ve affected the people who rely on mail-in voting the most: older people, people with certain disabilities, and people who live in remote or rural areas, said Richard Hasen, a UCLA law professor and director of the school’s Safeguarding Democracy Project, in an interview before the Supreme Court order. On Sept. 3, a bipartisan group of 99 current and former state and local election officials said in a court brief that it would have been impossible for states to comply with the rules ahead of the midterms.
The Trump administration said in its filing to the Supreme Court that the Postal Service rule “imposes only modest envelope-design and addressee-information requirements” on mail-in ballots.
A spokesperson for the U.S. Postal Service did not respond to a request for comment. In a previous statement, a spokesperson said the agency had spent months developing its system, in a manner consistent with federal court orders. The spokesperson added that the agency’s goal is to ensure “that Americans can have confidence that their election mail will be handled securely and delivered reliably.” In response to concerns raised by the whistleblower, Postmaster General David Steiner said in a statement that the agency “takes these concerns seriously” but added that “our standards for quality, security, and system integrity were not compromised.”
In a concurring opinion with this week’s decision blocking the new mail-in ballot rules, Justice Brett Kavanaugh acknowledged that state and local election officials didn’t have enough time to implement the Postal Service changes before the November midterms. But Kavanaugh added that the rules may fall within the Postal Service’s authority, not ruling out that they could be implemented for future elections.
Can I vote by mail?
State laws vary on who can vote by mail, and when. Your eligibility depends on the law in your state.
Every state offers some version of voting by mail, but your state may require you to have a reason to vote absentee, such as an illness, a disability or travel out of state.
Check the rules for mail-in voting in your state. Take note of whether your state requires you to request a mail-in ballot ahead of the election and what the deadlines are for those requests, as well as when ballots must be returned in order to count. Before you request a mail-in ballot, make sure you’re registered to vote and the local election office has your address.
Eight states and the District of Columbia proactively mail ballots to every registered voter. In 29 states, voters can request a mail-in ballot without providing a reason. The other 13 states require voters to provide an eligible excuse when they ask for an absentee ballot.
How do I make sure my mail-in ballot counts?
We asked experts what voters should know if they plan to vote by mail. Keep in mind that the rules for mail-in voting depend on where you live.
Read the directions carefully, Smith Warner said. Make sure you fill out the ballot completely and don’t leave any stray marks.
Sign the ballot with your typical signature. Use the same signature you have on other government documents, such as your driver’s license, experts say. That signature is printed on your license, and you can pull it out to refresh your memory.
Don’t miss the deadline to turn in your ballot. Deadlines for turning in absentee ballots vary by state. The U.S. Postal Service recommends voters mail their completed ballot at least a week before their state’s deadline to ensure it arrives in time.
The Postal Service’s routes may have changed, so delivery of your mail-in ballot may take longer, said Tammy Patrick, the chief programs officer at the Election Center. “So, make sure you get your ballot back as early as possible,” she said.
Consider dropping off your ballot at a local election office. Election experts we spoke to recommend voters return their completed ballots to a ballot drop box or their local election office. Drop boxes are often found at city halls, libraries and schools. Check with your local election office to find locations near you.
Track your ballot. State and local election officials often have online portals where you can check to see whether your ballot has been received, approved or rejected.
What if I change my mind and prefer to vote in person?
It’s not unusual for people to vote at the polls after requesting a mail-in ballot, said David Becker, the executive director of the Center for Election Innovation & Research, a nonpartisan nonprofit based in Washington that works with election officials and conducts research to build trust in the voting process. States have systems in place to prevent people from voting twice.
Some states allow voters to bring completed mail-in ballots to polling places, but check with your local election office before relying on that method. If you decide you want to vote in person instead, experts recommend you bring your mail ballot and envelope so the poll workers can cancel or spoil it (mark it or rip it up).
We also asked experts what to do if a voter has already sent in their mail-in ballot but wants to make changes. Experts said to avoid this if possible. Depending on where you live, if the mail-in ballot hasn’t yet been accepted and cast by election officials, voters may be able to change their mind and vote in person, Patrick said.
“As long as it hasn’t gotten back to the elections office and it hasn’t been accepted,” she said, “then the voter can usually still be provided another ballot.”
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