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Published — 3 September 2026 the conversation - Investigaciones y Noticias

El mundo rural, de vestigio del pasado a laboratorio de futuro

El municipio de Aras de los Olmos, en Valencia, es un ejemplo de cómo el mundo rural puede ser fuente de innovación. Ecomuseo Aras/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El 80 % de la superficie habitable del planeta es territorio rural. En él se produce la mayor parte de los alimentos que nos sustentan, se custodian los ecosistemas que regulan el clima y se preserva una diversidad cultural que no podemos permitirnos perder.

Sin embargo, durante demasiado tiempo, especialmente en España, los territorios rurales han sido vistos como espacios atrasados, cuando no estancados, en regresión u olvidados. Pero en la actualidad podemos decir que no siempre es así.

En muchos casos, los municipios rurales se están poniendo a la vanguardia de los procesos de desarrollo sostenible. Es más, lo rural ha pasado a ser un laboratorio vivo de innovación social y democrática.

Gobierno abierto y en red

Los modelos burocráticos y gerenciales del siglo XX han dejado paso, en el presente, a nuevas formas de gobernanza democrática basadas en el gobierno abierto, participado, en red, multinivel.

El objetivo de las políticas que se emprenden ya no es el mero crecimiento económico, sino el desarrollo sostenible. Y ese objetivo no puede alcanzarse con recetas universales, sino desde cada territorio particular, a través de políticas bottom-up (de abajo a arriba) que movilicen los recursos locales y que siempre requieren participación y diálogo social.

La Agenda 2030 de Naciones Unidas lo consagra expresamente: el Objetivo de Desarrollo Sostenible 16 exige instituciones eficaces y transparentes, y el 17 reclama alianzas entre gobiernos, sociedad civil y sector privado. La gobernanza democrática, en la actualidad, no es un adorno, sino una condición estructural del desarrollo.

Los desafíos del mundo rural

La participación ciudadana va mucho más allá del voto cada cuatro años: abarca el acceso a la información, la valoración crítica de las políticas, el control de los decisores y sus decisiones, la propuesta normativa, la consulta vinculante y, en última instancia, el empoderamiento real de la comunidad sobre sus propios asuntos.

La innovación pública, por su parte, no se reduce a introducir tecnología en los procesos habituales: consiste en encontrar soluciones nuevas a los problemas colectivos. Soluciones que nacen de la propia comunidad, generan valor social y fortalecen vínculos.

Ambos conceptos, participación e innovación, se revelan especialmente críticos en los territorios rurales despoblados, donde las administraciones locales son muy cercanas a la ciudadanía, pero deben hacer frente a enormes desafíos con recursos muy escasos.

¿Cuáles son esos desafíos en España? Jorge Hermosilla, profesor de la Universidad de Valencia, ha caracterizado a estos territorios rurales como simultáneamente problemáticos (despoblados, con dificultades de accesibilidad y déficit de servicios), contradictorios (ofrecen alta calidad ambiental y fuerte sentido de pertenencia, pero grave precariedad en sanidad, educación o conectividad), dependientes (subsidiarios del sistema urbano, con escaso emprendimiento y liderazgo) y vulnerables (la marcha de una sola familia, o el cierre de un bar o una escuela pueden cambiar el equilibrio de todo el pueblo).

En muchos municipios de menos de quinientos habitantes no existe sociedad civil organizada ni iniciativa privada: el Ayuntamiento es el único prestador de servicios con capacidad de generar economía. Esa es la magnitud del reto, pero también, como subraya el autor, la magnitud de la oportunidad.

Ejemplos de innovación social en pequeños municipios

Por suerte, la innovación social funciona y lo hace con contrastados rendimientos. Contamos en España con numerosos ejemplos inspiradores.

La comarca de Pinares (Burgos-Soria), mediante un laboratorio rural vecinal, ha generado soluciones sencillas y eficaces a problemas de la vida ordinaria de sus vecinas y vecinos. En Álava, el espacio Garaion transformó un caserío en ruinas en un centro cultural participativo generador de dinamismo económico y social. En Asturias, el Ecomuseo La Ponte es gestionado directamente por la comunidad local, convirtiendo el patrimonio en motor económico.

En Burgos, la plataforma Burgos Rural Market conecta pequeñas tiendas con consumidores de todo el territorio. Y, por poner otro ejemplo, los biodistritos agroecológicos de Andalucía y la Comunitat Valenciana muestran cómo agricultores, consumidores y ayuntamientos pueden diseñar juntos sistemas de producción sostenible.

Un caso especialmente revelador por su coherencia y por sus resultados medibles es el de Aras de los Olmos, municipio de menos de cuatrocientos habitantes de la provincia de Valencia, enclavado en la Serranía del Turia. Hace tres lustros, sus vecinos constituyeron una entidad de naturaleza mixta, público-privada, la Fundación El Olmo, como instrumento institucional de desarrollo compartido para su territorio.

Hoy, ese municipio, hasta aquel momento condenado según muchos al declive o la desaparición, es proveedor de servicios energéticos (en unos días, primer municipio de España totalmente autoabastecido por energías renovables), de servicios digitales (Centro de Innovación Territorial RuralTec), de servicios sociales (Centro de Mayores), formativos y de investigación científica (Centro Big History de divulgación científica y medioambiental) y de servicios editoriales (libros y revistas de carácter científico divulgativo).

Un edificio de tres plantas con balcones en el que pone 'BIG HISTORY' rodeador por árboles y setos
Centro Big History, en Aras de Olmos (Valencia). Centro Big History

La pirámide demográfica se ha invertido, saneándose desde la base, las inversiones se han quintuplicado en quince años y el emprendimiento privado se ha recuperado. Lo que hace posible este milagro no es la ayuda externa, sino la planificación estratégica participada, la institucionalización de la cooperación y la movilización emocional de todos los recursos humanos disponibles, incluyendo a migrantes que mantienen su vínculo afectivo con el pueblo.

Condiciones para transformar un territorio rural

A partir de estos casos y otros muchos, podemos individualizar cuatro condiciones imprescindibles para que la participación y la innovación transformen un territorio rural:

  • Institucionalizar la cooperación más allá de los cauces tradicionales con los que los ayuntamientos la han venido impulsando en sus políticas sectoriales.

  • Romper estereotipos anclados en visiones administrativas del pasado e incrementar los recursos humanos al servicio del desarrollo, movilizando especialmente a las personas migrantes que mantienen el vínculo emocional con su pueblo de origen.

  • Tejer redes y alianzas con universidades, diputaciones, entidades civiles y municipios vecinos.

  • Crear una planificación estratégica participada con horizonte de largo plazo que dé sentido a la acción colectiva más allá de los tiempos que marca cada ciclo electoral, focalizando esfuerzos en objetivos, no de interés particular, sino de interés común.

No podemos dejar que lo rural siga siendo un receptor pasivo de políticas diseñadas desde fuera. Al contrario, lo rural debe ser productor de innovación democrática. El futuro de los territorios no se decide solo en los parlamentos central o autonómicos, tampoco en los plenos municipales: se decide –sobre todo– en las plazas y ágoras de los pueblos, en la capacidad de sus habitantes para imaginar juntos su futuro, para planificar de la mano las estrategias a emprender y, de esta forma, protagonizar de forma colaborativa su propio porvenir.

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Joaquín Martín Cubas es miembro de Partido Socialista Obrero Español y vicepresidente de la Fundación El Olmo.

Todavía no sabemos por qué una IA actúa como actúa

Treecha/Shutterstock

En julio de este año, unos modelos de IA de la empresa OpenAI que estaban siendo evaluados en una prueba de ciberseguridad consiguieron salir del entorno simulado y acceder de manera autónoma a la infraestructura de Hugging Face, una popular plataforma y comunidad de código abierto de inteligencia artificial y aprendizaje automático. Los modelos estaban programados para encontrar y aprovechar vulnerabilidades, y aplicaron esa capacidad fuera del entorno de la prueba.

Se trata de un incidente sin precedentes. El caso generó una gran repercusión, sobre todo por la dificultad de entender qué significa este comportamiento en una IA y cómo podemos interpretar sus acciones.

Similitudes con el cerebro animal

Lo descrito revela una conducta de los modelos que deberíamos poder explicar a partir de sus estados internos, es decir, del conjunto de toda la información que el sistema procesa en un momento dado. De lo contrario, será difícil anticipar y controlar comportamientos no deseados del sistema.

En esencia, esta dificultad recuerda mucho a un problema que la neurociencia lleva décadas intentando resolver. Cuando buscamos explicar el comportamiento animal como la toma de decisiones, la agresividad o el miedo, intentamos relacionarlo con la actividad de los circuitos cerebrales subyacentes.

Interpretar una red artificial y entender un circuito cerebral no son problemas equivalentes, aunque sí comparten una frontera epistemológica: cómo pasar de observar la actividad de un sistema a explicar el mecanismo que genera un comportamiento.

Por ejemplo, podemos registrar la actividad de cientos o miles de neuronas mientras un animal explora el entorno. Algunas neuronas estarán relacionadas con la información visual, otras con la posición o la memoria del lugar, otras con el valor o la relevancia de determinados estímulos. Pero ¿cómo explicar la decisión de acercarse a un lugar o evitar otro?

Durante años, los neurocientíficos hemos intentado explicar esas funciones preguntando qué hacían las neuronas individuales de diferentes regiones del cerebro. El registro simultáneo de poblaciones de neuronas cada vez mayores ha cambiado parcialmente la pregunta: la información puede no residir en una concreta, sino en la organización de la actividad conjunta de muchas neuronas y regiones. La interpretabilidad de las redes artificiales está empezando a enfrentarse a una cuestión muy parecida.

Por ejemplo, si una red de IA acaba siguiendo una estrategia dirigida a salir de un entorno de simulación, cabe preguntarse si podemos identificar en sus estados internos patrones relacionados con esa estrategia y seguir cómo cambian a medida que toma decisiones. De manera análoga, si un ratón intenta escapar de una zona iluminada, podemos buscar patrones de actividad neuronal relacionados con el lugar en el que se encuentra, la amenaza que percibe o la decisión de abandonar esa zona.

Para entender estos comportamientos, se registra la actividad neuronal de las regiones cerebrales implicadas: la corteza visual que capta los estímulos, la corteza parietal que integra información relevante para la acción, el hipocampo que contribuye a representar el espacio y la memoria o la amígdala que participa en asignar relevancia emocional a determinados contextos. La conducta emerge de la interacción entre estas representaciones distribuidas. El observable será el escape de la zona iluminada para el ratón, como el de la red IA fue salir del entorno simulado.

Y aquí aparece precisamente una dificultad común para la IA y la conducta animal: podemos describir con bastante detalle qué hizo el sistema, pero no disponemos necesariamente de una explicación equivalente de qué representaciones internas fueron relevantes y cómo se transformaron hasta producir ese comportamiento.

Observar, predecir, comprender

En los modelos de lenguaje, las activaciones internas forman espacios de miles de dimensiones, en los que se han comenzado a identificar patrones geométricos: determinados modelos de IA, por ejemplo, representan variables cíclicas como los días de la semana o los meses mediante estructuras circulares en su espacio de actividad.

Estas estructuras de baja dimensionalidad (manifolds) resultan familiares para la neurociencia de sistemas, donde se utilizan para describir cómo grandes poblaciones neuronales organizan variables como el espacio, el movimiento o la decisión. La coincidencia es sugerente: dos campos muy diferentes están recurriendo a herramientas matemáticas similares para intentar encontrar una estructura inteligible dentro de redes de enorme complejidad.

Ambos campos utilizan métodos matemáticos similares y propios con el objetivo común de ir más allá de la correlación: identificar qué representaciones existen, cómo se transforman y cuáles son causalmente necesarias para producir una determinada conducta.

Quizá por eso la interpretabilidad de la inteligencia artificial esté empezando a encontrarse con una frontera que la neurociencia conoce desde hace tiempo: la diferencia entre observar, predecir y comprender.

¿Por qué se produce una conducta?

En neurociencia podemos registrar miles de neuronas de varias regiones, reconstruir a partir de su actividad dónde se encuentra un animal o qué decisión está a punto de tomar, y aun así seguir sin saber qué parte de esa actividad es realmente necesaria para generar la conducta. La llegada de sistemas artificiales cada vez más autónomos da ahora una dimensión inesperadamente práctica a esas preguntas básicas.

Entender cómo una red representa un contexto, evalúa alternativas o transforma información hasta producir una acción ya no es solo un problema fundamental sobre cómo funcionan los sistemas inteligentes. Puede determinar también nuestra capacidad para anticipar y controlar su comportamiento.

Durante décadas, la neurociencia ha intentado responder a estas preguntas para comprender cómo el cerebro transforma actividad neuronal en percepción, memoria o conducta. La aparición de nuevas formas de inteligencia muestra que aquellas preguntas básicas iban mucho más allá del cerebro: nos obligan a precisar qué significa, en realidad, comprender una red.

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Liset Menéndez de la Prida recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación, para el estudio del cerebro

Callar también comunica: el silencio de las empresas no es neutral

Cans Creative/Shutterstock

Hoy en día, se espera que las empresas declaren abiertamente sus compromisos. Esto sucede en espacios públicos donde se debaten asuntos controvertidos, como la sostenibilidad, los derechos de género o los conflictos raciales, pero también cuando existe una preocupación general sobre cómo operan las empresas. En ese tipo de situaciones, es frecuente que diversos agentes participen en debates sobre cuáles son, o deberían ser, los compromisos de una o varias empresas.

Muchos estudios sobre responsabilidad social corporativa han explorado cómo las empresas gestionan su discurso público sobre sus compromisos. Un grupo amplio de esos trabajos argumentan que el discurso corporativo compromete a la organización que lo enuncia a actuar de una cierta manera (enfoque aspiracional), en la medida en que genera presiones hacia la empresa desde sus partes interesadas o stakeholders (empleados, clientes, proveedores y la propia sociedad) para que sus acciones estén a la altura de sus palabras.

Sin embargo, al centrarse solo en los elementos verbales de la comunicación, estas investigaciones tienden a ignorar un hecho frecuente: las empresas a menudo guardan silencio sobre sus compromisos con la finalidad de evitar el escrutinio y la presión de sus stakeholders. Es lo que se conoce como silencio estratégico.

Ambas perspectivas (el enfoque aspiracional y el silencio estratégico) parten de una misma premisa: el discurso corporativo compromete, mientras que el silencio (como ausencia de discurso) no. Pero también el silencio puede generar dinámicas de compromiso: cuando los stakeholders esperan que una empresa declare su posición sobre un asunto, su silencio puede convertirse en objeto de controversia.

Este tipo de silencio puede darse como un acto deliberado (una empresa decide no hablar sobre sus compromisos en relación a un asunto) o involuntario (la organización simplemente no habla, sin que haya mediado para ello ninguna decisión consciente). No obstante, la fuerza comunicativa de este silencio no depende de la intención que tenía la empresa, sino de las operaciones de resignificación que los stakeholders hagan sobre ese silencio.

El silencio corporativo (ya sea voluntario o inconsciente) no funciona como una ausencia neutral de mensaje, sino como un signo que otros pueden interpretar de diversas maneras para construir narrativas divergentes sobre los compromisos de la empresa.

Cuando el silencio opera contra la empresa

En diciembre de 2023, Zara retiraba una campaña publicitaria de su página web y su aplicación. Las imágenes mostraban a una modelo vistiendo prendas de la marca entre maniquíes sin extremidades, estatuas envueltas en telas blancas y escombros. Miles de personas vieron en esas imágenes una alusión a los cuerpos amortajados de Gaza, y el boicot a la marca se viralizó de inmediato. La empresa eliminó la campaña y respondió con un breve comunicado en Instagram en el que lamentaba el malentendido y explicaba que algunas personas habían visto en esas imágenes algo muy alejado de lo que se pretendía.

Llamar a eso un malentendido presupone que había un sentido correcto que muchas personas no supieron leer. Pero otra interpretación es posible: nadie leyó mal esa campaña. Simplemente, ante la falta de una comunicación inequívoca, los que vieron esas imágenes les dieron el significado que les pareció más plausible.

Tres lecturas de un mismo silencio

Inditex retiró las imágenes pero no se pronunció sobre el conflicto de Gaza. Si para algunos ese silencio implicaba complicidad, desde el sector de la comunicación corporativa se le dio una lectura muy distinta: una empresa que está presente en decenas de mercados corre el riesgo de dañar la confianza de sus stakeholders si toma una clara posición sobre ciertas controversias, por lo que el silencio puede ser la alternativa más razonable. Otros, en cambio, solo vieron cálculo comercial: no perder clientes en ninguno de los bandos implicados.

Ninguna de esas lecturas procede de la empresa. Las tres toman su silencio como un signo para hablar en su nombre y explicar qué la motiva.

Silencios que comprometen

El caso de Zara no es una excepción. Cada vez más empresas llegan a la conclusión de que, ante un asunto socialmente controvertido, lo prudente es guardar silencio. El razonamiento parece sólido: si hablar puede llegar a comprometer y el silencio es lo contrario de hablar, quien calla no puede ser acusado de incumplir nada. Pero ese razonamiento descansa sobre una premisa que debemos examinar: da por hecho que el silencio es un espacio vacío, donde no hay ni ocurre nada. Y eso ignora un fenómeno muy frecuente en la comunicación: los silencios también tienen significado.

El silencio y el habla suelen definirse en relación mutua, como polos opuestos: el habla goza de primacía en esta dicotomía, mientras que el silencio se percibe negativamente, como una ausencia que nada significa.

Llegamos así a una conclusión contraintuitiva. Cuando una empresa habla, pone un conjunto de signos a disposición de otros: unas palabras concretas que acotan las interpretaciones posibles. Pero el silencio no pone nada sobre la mesa y sin nada materializado, el abanico de lecturas se abre más allá de lo que cualquier empresa puede gestionar.

Así, una falta de declaraciones puede pasar inadvertida o puede leerse con significados diferentes, que generen presiones en direcciones opuestas. Es lo que en un estudio reciente he llamado “silencio comisivo corporativo”.

Callar no implica quedarse fuera de la conversación

Esta dinámica afecta a todo tipo de controversias organizativas. Tras el apagón ibérico del 28 de abril de 2025, Red Eléctrica pasó semanas sin ofrecer una explicación concluyente. Ese intervalo, sin embargo, no quedó vacío. Se llenó de hipótesis incompatibles entre sí: ciberataque, exceso de renovables, incumplimiento de las eléctricas privadas, fallo del operador… En este caso, un operador técnico, sin causa política que defender, atravesó el mismo proceso de resignificaciones que una empresa de moda.

En el contexto europeo, el endurecimiento de la normativa sobre alegaciones ambientales ha llevado a muchas empresas a dejar de comunicar sus avances en sostenibilidad por temor a que sean leídos como greenwashing. Pero ese silencio tampoco queda sin consecuencias. En muchas ocasiones, consumidores, inversores y entidades no empresariales lo han llenado con la interpretación más disponible: la de que esas empresas han abandonado sus compromisos con la sostenibilidad.

La lección no es que las empresas deban hablar siempre, con la máxima claridad y sobre todos los asuntos. Ninguna puede hacerlo, y la mayoría de sus silencios no les generan problema alguno. La lección es otra: callar no equivale siempre a quedarse fuera de la conversación. A menudo significa entrar en ella cediendo a otros un espacio semiótico para que hablen en su nombre.

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José María López de Pedro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Migraciones de África a Europa: de demografía, desarrollo económico y responsabilidad histórica

Inmigrantes subsaharianos en Ceuta el pasado 2 de agosto. RTVE.es

La crisis migratoria que quedó en evidencia a finales de julio pasado con la entrada masiva a Ceuta de miles de personas no es un problema español o marroquí sino afroeuropeo. Tampoco se resuelve con medidas coyunturales, muros, medidas de contención o expulsiones. Muchos de quienes no regresaron voluntariamente a Marruecos proceden del centro de África, del Sahel y otras zonas en conflicto, como Sudán.

La responsabilidad histórica de Europa con África y el problema de fondo no está suficientemente explicado. Ese desconocimiento genera incomprensión y temor, lo que da lugar al rechazo y la aceptación de propuestas de coyuntura, inmediatistas, xenófobas, insolidarias y populistas, insostenibles en el mediano y largo plazo.

La responsabilidad histórica de Europa

En el siglo XIX, las potencias europeas se distribuyeron amplias zonas de África de acuerdo con sus intereses políticos y económicos. La Conferencia de Berlín (1884-1885), en la que participaron 12 países europeos, el Imperio otomano y EE. UU., oficializó las reglas del reparto sin la presencia de ningún líder africano.

¿Con qué derecho se repartieron el continente o establecieron los llamados eufemísticamente protectorados? En un lapso de tres décadas, casi el 90 % de África quedó bajo un dominio europeo que, en algunos casos, duró hasta la segunda mitad del siglo XX.

Durante ese tiempo se construyeron ferrocarriles, carreteras, puertos y escuelas, pero no se crearon economías africanas integradas y autónomas ni instituciones políticas y capacidades públicas, ya que el objetivo era hacer funcional un esquema de dominio colonial.

Pese a las buenas intenciones de los organismos internacionales, la descolonización e independencia fue una ruptura apresurada y desordenada. En muchos casos, mediante guerras y represión política y económica, con países africanos como escenario de la Guerra Fría, la aparición de nuevos Estados con nuevos nombres y fronteras establecidas desde Europa, gobiernos precarios, corrupción y economías poco preparadas para un desarrollo autónomo. Mientras tanto, las antiguas metrópolis conservaron influencia y relaciones económicas, militares y políticas, mientras hacían la vista gorda frente a las dictaduras, las persecuciones políticas y la corrupción.

La cooperación compensatoria

Los programas de cooperación al desarrollo, empleados durante décadas como una forma de compensación, han aportado recursos importantes pero insuficientes en volumen y mal enfocados. A la vista está que no han servido para transformar las estructuras que generan desigualdad y falta de oportunidades. Las relaciones comerciales asimétricas dificultan el éxito de los programas de ayuda de la Organización Mundial del Comercio (WTO Aid for Trade), y la cooperación ha sido frecuentemente fragmentada, paliativa y diseñada según categorías europeas.

En los últimos años, a la inversa de lo que se requiere, una parte de las ayudas europeas se han ido vinculado a la gestión migratoria y al control fronterizo, como revelan un informe y una Resolución del Parlamento Europeo de 2025.

Lo que explica la pulsión migratoria de África

Con estos antecedentes, hemos llegado a una situación cuyo fondo radica tanto en el reto demográfico (que África y Europa enfrentan con realidades diferentes), como en la asimetría en el desarrollo y, por lo tanto, en las oportunidades de futuro para la población.

África supera en número de habitantes a la UE 3,5 veces, en 2040 serán 4,7 veces y en 2050, 5,5. En cambio, las proyecciones indican que en 2050 la Unión tendrá 7 millones de habitantes menos que en 2026.

Población de la Unión Europea y África en millones de habitantes (*estimación, **proyecciones). Fuente: elaboración propia a partir de datos de Eurostat, EUROPOP25, ONU (World Population Prospects 2024).

En cuanto a niveles de desarrollo económico, las diferencias son enormes. El PIB per cápita de la UE supera en más de 7 veces al de África en su conjunto y en casi 12 veces el de África subsahariana.

Nota: los dólares internacionales corrientes son una unidad monetaria hipotética. Sirven para comparar el valor económico, el PIB o los niveles de vida entre diferentes países en un año específico. Fuente: elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial, World Development Indicators 2024.

En cuanto al índice de desarrollo humano (IDH) 2025 del PNUD (con datos de 2023), que mide la esperanza de vida, la escolaridad y los ingresos per cápita, el IDH de la UE llega casi a duplicar al del continente africano.

Índice de Desarrollo Humano (IDH) 2025. Fuente: elaboración propia a partir del informe sobre Desarrollo Humano 2025 (datos de 2023) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Claridad estratégica o ruptura

La UE, tratando de mantener un statu quo imposible, puede seguir invirtiendo en contener con muros, paliativos y directivas las consecuencias migratorias de la falta de desarrollo africano. O puede demostrar claridad prospectiva y estratégica, y trabajar por el desarrollo y crecimiento de África. Todavía hay una ventana de oportunidad de quince años (2026-2040) antes de que el peso de la realidad demográfica y de desarrollo humano de ambos continentes conduzcan a un escenario de ruptura.

La edad media de la población del conjunto de África en 2026 es de 19,5 años –tendencia que previsiblemente se mantendrá en los próximos años–, que ve al otro lado del Mediterráneo oportunidades, futuro y calidad de vida. Ya se ha comprobado que ningún muro ni frontera militarizada podrá contener posibles avalanchas masivas de jóvenes dispuestos a todo.

La violencia en tal caso, es una posibilidad cierta. Como una muestra de lo que podría llegar a ocurrir más adelante, ya se están produciendo enfrentamientos y episodios de violencia entre la población local y los inmigrantes ilegales que continúan en la ciudad.

En definitiva, la sociedad europea y sus líderes enfrentan a futuro un riesgo casi existencial. Deben comprender que la mejor política migratoria y de seguridad es una política de desarrollo euroafricana-afroeuropea sólida y consistente.

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Héctor Casanueva Ojeda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Los puntitos rojos descubiertos por el telescopio James Webb y el origen de los agujeros negros supermasivos

Los puntitos rojos (Little Red Dots, LRDs) son uno de los descubrimientos más importantes del telescopio espacial James Webb (JWST), y podrían representar una nueva fase crucial de la evolución de los cuásares en núcleos galácticos: el nacimiento de los primeros agujeros negros supermasivos.

pequeños puntos rojos en el espacio
Algunos ejemplos de imágenes de los pequeños puntos rojos descubiertos por el Telescopio Espacial James Webb. NASA, ESA, CSA, STScI, Dale Kocevski (Colby College)., CC BY

El descubrimiento de los cuásares

Cuando el astrónomo neerlandés Maarten Schmidt descubrió los cuásares en el año 1963, el universo conocido se engrandeció de repente: eran los objetos más lejanos detectados hasta entonces. Se trata de fuentes de luz puntuales situadas a gran distancia, e implican una luminosidad enorme de hasta 100 veces la de toda la Vía Láctea.

La hipótesis que pronto fue propuesta para estos objetos capaces de emitir tanta luz desde un espacio tan compacto es que son agujeros negros supermasivos que atrapan material de su entorno, formando un disco de plasma calentado hasta temperaturas mucho más altas que las de cualquier estrella.

Antes de caer inexorablemente tras el horizonte del agujero negro y desaparecer para siempre, la materia puede convertir una gran parte de su masa en reposo en la energía de la intensa luz que vemos (entre un 5 % y un 40 %, mucho más eficiente que la fusión nuclear que alimenta las estrellas).

Esta explicación se vio confirmada por los chorros de radio superlumínicos, que son plasma expulsado desde los polos de rotación del agujero negro a velocidades de hasta el 99 % de la de la luz.

La formación de los agujeros negros

¿Cómo se pueden formar estos agujeros negros tan masivos, de hasta miles de millones de masas solares en los casos más extremos, en el núcleo de una galaxia? Es una de las grandes incógnitas que plantean los cuásares.

La idea más simple es que se formaran a partir de las primeras estrellas masivas del universo, que colapsaron a agujeros negros al final de su breve vida. Estos primeros agujeros negros, según hemos descubierto a través de las ondas gravitacionales detectadas por LIGO y Virgo, podían alcanzar ya hasta unas 50 masas solares.

Continuando la hipótesis, estos agujeros negros estelares se concentrarían en los núcleos galácticos, donde podrían crecer acretando materia del entorno y fusionándose entre ellos hasta alcanzar las masas de los agujeros negros nucleares responsables de los cuásares.

Esta idea conlleva una posible dificultad: si los cuásares crecen acretando materia de un disco, su luminosidad se ve limitada por un máximo valor posible para que la materia pueda seguir acretando, llamada la luminosidad de Eddington, y un correspondiente ritmo máximo de acreción del disco, que implica que son necesarios unos 30 millones de años para duplicar la masa del agujero negro.

Pero los cuásares más luminosos han sido descubiertos a distancias muy grandes, donde los vemos cuando el universo era aún muy joven, con solo unos 600 millones de años de edad (la edad actual del universo es de 13 800 millones de años).

Algo no encajaba. Según la teoría actual de la formación de galaxias, denominada teoría de la materia oscura fría, las primeras estrellas se formaron cuando el universo tenía unos 300 millones de años. Con otros 300 millones de años de tiempo no basta para hacer crecer los agujeros negros (diez duplicaciones de la masa nos dan un crecimiento de un factor 2¹⁰, o un factor 1000 aproximadamente, insuficiente para crecer desde la masa de un agujero negro estelar hasta uno de un cuásar).

Los modelos indican también que es difícil producir tantas fusiones como serían necesarias para aumentar la masa más rápidamente.

El modelo de la ‘estrella de agujero negro’

Otras ideas más exóticas han invocado la posibilidad de agujeros negros primordiales, formados ya desde el primer segundo de vida del universo. Pero hay una solución menos radical: si a un agujero negro le “echamos” una gran cantidad de materia, la densidad del gas puede ser tan alta que la luz emitida no pueda escapar y termine cayendo también en el hoyo.

Así se puede producir una acreción super-Eddington –un proceso en el que un agujero negro absorbe gas y materia a un ritmo mayor de lo esperado debido a una reducción de la eficiencia con que se emite luz– y un crecimiento más rápido del agujero negro. La alta densidad del gas que le rodea puede dar lugar a un capullo, una estructura opaca que lo envuelve y absorbe el cuásar central, creando una atmósfera gigante parecida a la de una estrella. Así fue como este modelo fue bautizado como “estrella de agujero negro”.

Los puntitos rojos: ¿la solución?

Entramos ahora en el nuevo descubrimiento del telescopio espacial JWST, que observa el universo en luz infrarroja desde el año 2022: los puntitos rojos.

Son nuevas fuentes muy compactas de luz roja que comparten algunas características de los cuásares: líneas de emisión que indican ionización y grandes velocidades cerca del agujero negro, además de gran luminosidad surgiendo de una región muy compacta. Sin embargo, son muy distintos en otros aspectos: no vemos ni rayos X ni radio, la luz es más roja y su espectro muestra la discontinuidad de Balmer (un salto o caída repentina en la intensidad del espectro continuo de una estrella debido a absorción por hidrógeno), que es característica de las atmósferas estelares.

Aunque al principio algunos cosmólogos interpretaron esto último como la evidencia de que los puntitos rojos son luz de estrellas jóvenes sin relación con los cuásares, varias observaciones recientes muestran características de sus líneas de emisión indicativas de grandes densidades de plasma y de la atmósfera gigante esperadas en el modelo de la estrella agujero negro, que explican la discontinuidad de Balmer y otros detalles de los puntitos rojos.

Esto ha decantado la evidencia a favor del capullo que oculta un cuásar en el proceso de formación, con el agujero negro como motor principal de la luz que vemos, pero oculto para esconder su aspecto habitual en los cuásares ya plenamente formados.

Será necesario seguir indagando en esta idea con más observaciones que aclaren la naturaleza de los puntitos rojos.

Llegaron antes que los cuásares

De momento, los datos ya confirman que los puntitos rojos tuvieron su pico de máxima actividad antes que los cuásares. Su abundancia bajó rápidamente cuando el universo tenía unos 3 000 millones de años, cuando los cuásares justo empezaban su descenso hasta el universo actual, en el que son ya una rareza en comparación con su época de esplendor.

Las observaciones apoyan la idea de que los puntitos rojos son cuásares en formación, donde el agujero negro crece con rapidez en el núcleo de una galaxia joven. El gas denso que alimenta este crecimiento forma un capullo que oculta y nos impide ver el cuásar con toda su majestuosidad hasta unos cuantos millones de años más tarde.

The Conversation

Jordi Miralda recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación. Trabajé en plazas postdoctorales y tambien como profesor con algunas de las personas citadas, como Sir Martin J. Rees, y en mi propio artículo con Jaiyul Yoo.

Kazushi Iwasawa recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación. Trabajé unas veces con Kohei Inayoshi citado en este artículo.

Volver a 1066: el Tapiz de Bayeux llega al British Museum

Escena 19 del Tapiz de Bayeux: los soldados de Guillermo, duque de Normandía, atacan el castillo de Dinan. Conan II, duque de Bretaña se rinde y entrega las llaves de Dinan con una lanza. Myrabella/Wikimedia Commons

La leyenda atribuye a la reina Matilde de Flandes la laboriosa tarea de bordar un tapiz que narraba la historia de la conquista del reino anglosajón en 1066 por parte de su marido, Guillermo I. Aunque las fuentes han descartado esta autoría, es cierto que Matilde, como participante de la historia, se habría sorprendido al saber que el tejido iba a acabar expuesto, casi un milenio después de su realización, en Londinium.

Pero así es, el Tapiz de Bayeux cruzará el mar y se exhibirá en el British Museum de la capital británica entre el 10 de septiembre de este año y el 11 de julio de 2027. Hablamos de una tela de unos 68 metros de largo realizada a partir de nueve piezas de medio metro de altura de lino fino. Narrados como si fuesen una inmensa historieta, la pieza recoge, como decía, los hechos acontecidos en torno a la conquista normanda de Inglaterra.

La narración de una victoria

El relato comienza en 1064 cuando el rey Eduardo de Inglaterra, sin heredero, envía a su cuñado Harold el Sajón al continente para que le ofrezca la sucesión a su primo, Guillermo de Normandía.

Harold jura fidelidad a Guillermo, pero a su regreso a la isla se autoproclama rey tras la muerte de Eduardo. El normando, desairado, prepara un gran ejército y desembarca en Sussex, donde derrota a Harold y sus tropas en la Batalla de Hastings el 14 de octubre de 1066. Se cree que, tras capturar esta victoria, las siguientes imágenes en el tapiz representaban la coronación de Guillermo. Pero la ausencia o desaparición de los fragmentos finales hacen que esto sea todavía un misterio.

Escenas 55 y 56 del Tapiz de Bayeux en las que el duque Guillermo se levanta el yelmo para que lo reconozcan en el campo de batalla de Hastings. Eustaquio II, conde de Boulogne, lo señala con el dedo.
Escenas 55 y 56 del Tapiz de Bayeux en las que el duque Guillermo se levanta el yelmo para que lo reconozcan en el campo de batalla de Hastings. Myrabella/Wikimedia Commons

Los cuatro colores de lana y ocho tonalidades del bordado y pespunte de las imágenes nos retrotraen a una sociedad guerrera de la segunda mitad del siglo XI. Gracias a sus detalladas representaciones de barcos, armamento y combatientes, así como coloristas escenas cotidianas, se pueden reconstruir con precisión diversos aspectos de aquella época. Se ve el incendio de un poblado y a una mujer huir con su hijo, o cómo se preparaban la vestimenta para el campo de batalla con las cotas de malla. Incluso se representa el paso del cometa Halley, interpretado como el presagio de la victoria normanda.

El obispo de Bayeux, Odón, hermanastro de Guillermo, fue probablemente el impulsor de la fabricación del tapiz. El objetivo parece haber sido que este sirviese de ornamento visual a la catedral de Bayeux el día de su consagración, en julio de 1077, en una operación de exaltación del acontecimiento y de su dinastía.

Desde la primera vez que se documenta su existencia, en el siglo XIV, el tapiz ha vivido numerosas vicisitudes y viajes desde su localización original a nuevos destinos. Por ejemplo, en 1803, en plena preparación de la proyectada invasión de Inglaterra, Napoleón Bonaparte ordenó trasladarlo a París. Allí fue expuesto en la Galería de Apolo del Louvre entre diciembre de ese año y febrero de 1804. Su exhibición respondía a una finalidad propagandística: el relato de la conquista de 1066 ofrecía un precedente histórico particularmente apropiado para legitimar y estimular el proyecto napoleónico de una nueva invasión de las islas británicas

Afortunadamente, ser considerado un tesoro de Francia lo ha protegido en numerosos conflictos bélicos. Tras su restauración en 1982, se decidió exponerlo en el antiguo seminario de Bayeux, acondicionado para la ocasión.

Una historia compleja

No cabe duda que el cierre temporal de ese Musée de la Tapisserie de Bayeux por reformas ha propiciado que el tapiz regrese a casa. Y decimos casa porque la mayor parte de los expertos están de acuerdo en que la tela fue elaborada en Inglaterra, en los talleres de Canterbury, Winchester o Kent (c. 1066-1082).

El tapiz de Bayeux está colgado a la altura de los ojos, detrás de un cristal por el que se puede pasar.
El tapiz de Bayeux, expuesto en el Musée de la Tapisserie de Bayeux. Beat Ruest/Wikimedia Commons, CC BY-SA

En julio de 2025, cuando Emmanuel Macron anunció la autorización para el traslado del tapiz, volvió a cobrar protagonismo la historia medieval de Normandía. El territorio había constituido un ducado vinculado a los llamados “hombres procedentes del norte” –los normandos o vikingos–, asentados en la región desde finales del siglo VIII y organizados políticamente bajo el liderazgo de Rollón, cuyo reconocimiento como duque de Normandía se produjo en 911. Su estirpe logró consolidar una dinastía y un gobierno que recayó en Guillermo, duque normando desde 1035 y a la postre rey de Inglaterra.

Las relaciones entre ambas orillas del “mare Anglicum” (lo de “canal de la Mancha” se generalizaría avanzada la Edad Moderna) fueron a partir de entonces… intensas. Sin embargo, se hicieron especialmente complejas tras el matrimonio de Enrique II de Inglaterra con Leonor de Aquitania en 1152. La alianza supuso la ampliación de los dominios continentales de la monarquía inglesa y reforzó su rivalidad con la corona francesa, hasta que Felipe II Augusto conquistó Normandía a comienzos del siglo XIII.

Posteriormente, la Guerra de los Cien Años (1337-1453) convirtió de nuevo al ducado en uno de los principales escenarios del enfrentamiento entre Francia e Inglaterra, hasta su recuperación definitiva por la monarquía francesa en 1450.

El tapiz en Londres

La exhibición no ha estado exenta de polémica. Algunos restauradores expresaron su rechazo al traslado del lienzo dada la fragilidad de la pieza milenaria. En el British Museum, el tapiz estará acompañado por distintos objetos relacionados con la conquista como manuscritos, armamento, monedas, etc., poniendo en valor otra vez más la importancia de la Historia y el conocimiento de lo que nos precedió.

Unos tiempos que no son meros relatos envueltos en halo de leyenda. Como una iniciativa de diplomacia cultural, la cesión de estos metros de tejido historiado nos sitúa, dentro de la complejidad de las relaciones internacionales actuales, ante el refuerzo de un vínculo entre países próximos.


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Julia Pavón Benito dirige un proyecto de investigación en la Universidad de Navarra financiado por el Ministerio de Ciencia. Innovación y Universidades

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