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Published — 13 September 2026 the conversation - Investigaciones y Noticias

Nuestros próximos compañeros de trabajo, ¿serán personas o agentes de IA?

Taris Tonsa/Shutterstock

Desde los inicios de la Revolución Industrial, la relación entre el ser humano y la tecnología ha sido de dominio y operación. Durante décadas, la arquitectura empresarial se basó en equipos de personas que manejaban máquinas pasivas: herramientas que sin la instrucción directa y constante del ser humano carecían de propósito.

Ahora nos encontramos en un punto de inflexión: el nacimiento de las empresas frontera (frontier firms), organizaciones que no usan la IA operada de forma directa por humanos, sino que la han adoptado como una fuerza laboral central.

De la ‘era máquina’ a la ‘era agéntica’

La diferencia fundamental entre la automatización en las empresas tradicionales y en las empresas frontera está en la autonomía de decisión. En las primeras, el humano le dice a la tecnología exactamente qué hacer. En las frontera, la IA opera como un compañero de trabajo digital, con capacidad para interpretar contextos y ejecutar procesos de extremo a extremo.

Esto supone un cambio radical: ya no son máquinas tontas a la espera de que les pidan cosas, sino que actúan de forma totalmente independiente. Un ejemplo: los sistemas de búsqueda de la financiera Wells Fargo, que reducen los tiempos de 10 minutos a 30 segundos haciendo el flujo de valor productivo más rápido y eficiente.

En esta etapa avanzada el humano establece la dirección estratégica, pero es el agente de IA quien orquesta, ejecuta y optimiza el camino hacia los resultados.

Un nuevo liderazgo

Este cambio redefine el concepto de trabajo en equipo y, por ende, el liderazgo. Surge la figura del líder de agentes (agent leader), un rol centrado en la orquestación de equipos híbridos humano-agente IA. El desafío de coordinación es enorme: el líder debe decidir qué inteligencia (humana o artificial) es aplicable a cada problema, diseñando la interacción entre ambos y gestionando los conflictos que surjan en esta red de trabajo.

En este contexto, los líderes deben evaluar el ratio de colaboración humano-agente y la efectividad de esa sinergia. Liderar en la era agéntica implica orquestar recursos cognitivos humanos y artificiales, donde los agentes de IA tienen identidad propia, correos electrónicos corporativos e incluso convocan y participan en reuniones de equipo.

Consecuencias éticas: motivación, empleo y el valor humano

La integración de agentes autónomos trae consigo dilemas morales profundos. Uno de los puntos más críticos es la sustitución laboral. Se prevé que la IA asuma las funciones de aquellos trabajadores cuyas tareas no aporten un valor añadido creativo o crítico. Desde el año 2023 las estimaciones de la OCDE ya reflejaban esta tensión: en sectores como el financiero y la manufactura, dos de cada cinco trabajadores podrían ver reducidos sus salarios o perder sus empleos por la automatización.

Además, existe el riesgo de la “deshumanización del trabajo” y el aumento de la presión por la monitorización constante. Además de la preocupación por la privacidad, está la posibilidad de que los algoritmos tomen decisiones sesgadas, por ejemplo, en procesos de contratación o despido. En este contexto, la IA explicable (que permite entender por qué un agente toma una decisión determinada) se vuelve una herramienta imprescindible y un pilar ético para mantener la confianza y la efectividad en los equipos híbridos.

La adaptación humana: el profesional del Renacimiento

Ante la autonomía de las máquinas, el ser humano puede aportar lo que la IA no puede replicar: el juicio ético, la empatía, el pensamiento crítico y el pensamiento sistémico, que permite tener una visión general de los procesos.

En la mayoría de las profesiones ya no será suficiente ser un “bárbaro especialista” (hipercapacitado en su área e ignorante en el resto de asuntos, tal y como lo describía el filósofo español José Ortega y Gasset). Los profesionales del futuro se asemejarán a “personas del Renacimiento”, capaces de conectar campos de especialización diversos guiados por un propósito ético y humano.

La formación constante es la herramienta principal para esta transición. Aquellos trabajadores que reciben capacitación específica en IA no solo mejoran sus condiciones laborales, sino que se sienten más empoderados para actuar como los “pilotos” de la tecnología y no como sus pasajeros. Una empresa frontera exitosa es aquella que entiende que la IA no elimina el juicio humano, sino que lo acelera y lo hace más informado.

The Conversation

Pablo Atela, Ph.D. ha recibido fondos para investigación y consultoría de varios organismos públicos y privados de España, México, Chile, Colombia, Guatemala y Panamá y es consultor en Shackleton Innovation.

Los mercados financieros europeos castigan a las empresas contaminantes, aunque a unas más que a otras

Quarta/Shutterstock

Cada año, grandes empresas europeas reciben sanciones por incumplir la normativa ambiental: vertidos, emisiones ilegales o fallos en la gestión de residuos acaban en multas.

Estas sanciones buscan castigar y disuadir, de ahí que la Unión Europea haya endurecido su regulación ambiental: el Pacto Verde Europeo, los objetivos de neutralidad climática para 2050 y mayores exigencias de información han cambiado las reglas del juego.

El coste reputacional del incumplimiento es hoy más alto para las empresas. Ya no basta con declarar compromisos sostenibles. Los mercados financieros observan, comparan y reaccionan. Pero surge una pregunta clave: ¿realmente se está castigando a aquellas que incumplen? Y aun más importante, ¿todas reciben el mismo castigo?

Cuando contaminar sale caro

La protección al inversor, la libertad de prensa y la presión social hacen que en Europa la reputación empresarial pese mucho. De ahí que las sanciones ambientales no sean solo un problema de imagen: también tienen efectos económicos.

Cuando una empresa recibe una sanción paga una cantidad como multa. Pero, además, envía una señal negativa al mercado. Esa señal refleja mayor riesgo (por fallos en el control interno o decisiones de corto plazo) y tiene una consecuencia clara: sube el coste de su deuda y la empresa paga intereses más altos para financiarse.

El papel invisible de las conexiones políticas

En muchas grandes empresas europeas hay consejeros que antes ocuparon cargos políticos. Estas conexiones, las puertas giratorias, facilitan acceso a información, redes e interlocución institucional. Desde el punto de vista financiero, estas empresas suelen obtener mejores condiciones de financiación. Los prestamistas pueden percibir cierto respaldo implícito o menor riesgo.

La cuestión es ¿qué ocurre cuando una empresa con conexiones políticas recibe una multa ambiental? Los estudios muestran que, en general, las sanciones aumentan el coste de la deuda.

Pero ese aumento es menor cuando existen consejeros con vínculos políticos. El mercado penaliza, pero penaliza menos a las empresas políticamente conectadas.

¿Se debilita el efecto disuasorio?

Las multas buscan disuadir comportamientos dañinos. Si a la sanción se suma un encarecimiento de la financiación, el coste total del incumplimiento aumenta. Eso refuerza el objetivo a cumplir.

Si algunas empresas amortiguan parte de ese impacto gracias a sus conexiones, el incentivo ya no es el mismo. Esto no implica necesariamente corrupción ni trato de favor. A veces se trata de percepciones de menor riesgo por parte de los prestamistas. El resultado, sin embargo, es claro: la penalización financiera es menos severa.

Y esto plantea una pregunta para los reguladores europeos: ¿está enviando el mercado señales distintas según la cercanía al poder político?

Transparencia y credibilidad institucional

Europa cuenta con un entorno institucional sólido, protección legal, sistemas judiciales independientes y medios que amplifican las controversias ambientales. Por eso, que las conexiones políticas moderen el impacto financiero de las multas es especialmente relevante.

Si Europa quiere liderar la transición ecológica, la credibilidad es clave. De ahí la necesidad de que las reglas se apliquen en igualdad de condiciones para todos. También es importante que el mercado no perciba redes de seguridad implícitas. Reforzar la transparencia sobre los vínculos políticos en los consejos y mejorar la supervisión puede ayudar a preservar esa credibilidad.

El mensaje para empresas e inversores

Para las empresas, el mensaje es claro: el desempeño ambiental tiene consecuencias financieras reales. Una multa puede encarecer la financiación y afectar al largo plazo.

Para inversores y prestamistas, el reto es valorar correctamente el riesgo ambiental. Si las conexiones políticas hacen que algunas empresas parezcan menos arriesgadas pese a haber sido sancionadas, el mercado puede terminar castigando menos ciertos incumplimientos ambientales.

La cuestión es más delicada para los responsables públicos. Si la política climática quiere ser eficaz, las sanciones deben generar señales claras y homogéneas. No puede haber consecuencias distintas ante incumplimientos similares.

The Conversation

Gema del Carmen Fleitas Castillo recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Devora Esther Peña Martel recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Domingo Javier Santana Martín recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación.

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