Normal view

Published — 16 September 2026 the conversation - Investigaciones y Noticias

Volar más no implica volar mejor: qué hace eficientes a las aerolíneas europeas

Fabian Montano Hernandez/Shutterstock

La aviación europea ha dejado atrás buena parte del desplome provocado por la pandemia. En 2025, la Organización Europea para la Seguridad de la Navegación Aérea (Eurocontrol) registró 11,12 millones de vuelos, un 4 % más que el año anterior.

Pero recuperar vuelos, pasajeros e ingresos plantea otra pregunta: ¿están las aerolíneas utilizando mejor sus recursos?

Para responderla, un estudio publicado en Research in Transportation Economics analiza 70 aerolíneas europeas entre 2022 y 2025. La comparación tiene en cuenta el número de empleados y aviones, los ingresos, los vuelos y los pasajeros. También incluye las emisiones de CO₂.

¿Qué significa que una aerolínea sea eficiente?

Una compañía puede transportar millones de pasajeros y facturar miles de millones de euros sin aprovechar sus recursos mejor que sus competidores. Del mismo modo, una aerolínea pequeña no tiene por qué estar en desventaja.

Lo importante es comparar los recursos que utilizan con los resultados que obtienen.

Para realizar esta comparación utilizamos DEA (Data Envelopment Analysis), una metodología que permite evaluar aerolíneas de tamaños y modelos de negocio muy diferentes. El método analiza cómo cada compañía transforma sus recursos en vuelos, pasajeros e ingresos, teniendo también en cuenta las emisiones que genera. Así, identifica las aerolíneas con mejor desempeño relativo, que sirven como referencia para comparar al resto.

Esta forma de comparar permite evitar conclusiones simples basadas únicamente en el tamaño. Una aerolínea puede transportar más pasajeros que otra y, aun así, utilizar peor sus recursos. El interés está en observar conjuntamente lo que emplea, lo que obtiene y el impacto ambiental asociado.

Dicho de otro modo: con una plantilla y una flota determinadas, ¿qué compañías consiguen transportar más pasajeros, realizar más vuelos y generar más ingresos sin olvidar su impacto ambiental?

El análisis no determina cuál es “la mejor aerolínea” en todos los sentidos. No estudia la puntualidad, los precios de los billetes, la comodidad o la satisfacción de los pasajeros. Se centra en cómo utiliza cada compañía los recursos de que dispone.

No existe un único modelo de aerolínea eficiente

Los resultados muestran una evolución favorable. En 2022, 20 de las 70 compañías analizadas formaban parte del grupo de referencia. En 2023 fueron 22. En 2024, 28, y en 2025, 27.

Además, 17 aerolíneas permanecieron entre las más eficientes durante los cuatro años. Entre ellas encontramos compañías muy diferentes, como Ryanair, Iberia, KLM, Turkish Airlines, easyJet, Wizz Air, Binter Canarias o La Compagnie.

La diversidad de esta lista es importante. No existe un único tamaño ni un único modelo de negocio que garantice la eficiencia.

Una gran aerolínea de bajo coste puede destacar, pero también puede hacerlo una pequeña compañía especializada. Cada una puede llegar a buenos resultados mediante una combinación diferente de empleados, aviones, vuelos, pasajeros e ingresos.

El análisis también permite comparar a las compañías que obtienen los mejores resultados. Ryanair ocupó la primera posición en 2022, mientras que La Compagnie encabezó la clasificación entre 2023 y 2025. Iberia y Turkish Airlines también aparecieron de forma habitual entre las primeras posiciones.

Mejorar no siempre significa estar entre las mejores

También estudiamos cómo evolucionó cada compañía entre 2022 y 2025.

El resultado es llamativo: 50 de las 70 aerolíneas, el 71,4 %, mejoraron su posición. Otras 18 terminaron el periodo prácticamente en la misma situación y solo dos empeoraron.

Sin embargo, mejorar no implica necesariamente llegar al grupo de las compañías más eficientes. Algunas redujeron mucho la distancia que las separaba de sus mejores referencias, pero todavía tenían margen de mejora en 2025.

Norse Atlantic Airways ofrece uno de los ejemplos más claros. En 2022 era la compañía que mostraba la mayor distancia respecto a las mejores de la muestra. Dos años después logró situarse entre ellas y mantuvo esa posición en 2025.

British Airways, Enter Air, TUI Airways y Air Nostrum también pasaron de tener margen de mejora en 2022 a situarse entre las compañías de referencia en 2025.

El CO₂ también cambia la fotografía

No basta con observar ingresos, vuelos o pasajeros. La actividad aérea también tiene un impacto ambiental.

La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que la aviación internacional fue, en 2023, la segunda mayor fuente de gases de efecto invernadero del transporte en la Unión Europea, solo por detrás del tráfico por carretera. Por esta razón, nuestro análisis incluye las emisiones de CO₂.

Esto no significa que la clasificación indique qué aerolínea es “más verde”. Una compañía puede emitir mucho CO₂ en términos absolutos y, al mismo tiempo, utilizar de forma eficiente sus recursos en relación con el volumen de actividad que desarrolla.

Además, comprobamos que, cuando eliminábamos las emisiones del análisis, la clasificación de las aerolíneas cambiaba de forma apreciable. Por tanto, ignorar el CO₂ ofrece una visión diferente de su rendimiento.

La presión para reducir estas emisiones también está aumentando. Desde 2025, la normativa europea ReFuelEU Aviation exige que al menos un 2 % del combustible suministrado en los aeropuertos de la UE sea sostenible. Ese porcentaje aumentará progresivamente durante las próximas décadas.

Más que una clasificación de ganadores y perdedores

El objetivo de este tipo de análisis no es construir una lista de aerolíneas “buenas” y “malas”. Su principal utilidad es descubrir por qué unas compañías aprovechan mejor sus recursos que otras.

Dos aerolíneas pueden encontrarse a una distancia parecida de las mejores y tener problemas completamente distintos. Una puede utilizar demasiados recursos para su nivel de actividad. Otra puede generar menos ingresos o transportar menos pasajeros. Y otra puede presentar una mayor diferencia en emisiones respecto a compañías similares.

Por eso, observar qué hacen las aerolíneas de referencia puede ayudar a detectar dónde existe margen de mejora.

Para las propias compañías, este tipo de comparación puede servir como herramienta de diagnóstico. No ofrece recetas automáticas, pero sí permite detectar si el principal margen de mejora está en el uso de la flota, los recursos humanos, la generación de ingresos, la actividad operativa o las emisiones.

En una industria donde crecer suele identificarse con el éxito, los resultados introducen un matiz importante. No importa solo cuántos aviones tiene una compañía, cuánto factura o cuántos pasajeros transporta. También importa lo que consigue con los recursos que utiliza y el impacto ambiental asociado a su actividad.

Volar más, en definitiva, no significa necesariamente ser mas eficiente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Gloria Steinem: el eco de la historia

La escritora y activista por los derechos de las mujeres Gloria Steinem pronuncia un discurso en la Marcha de las Mujeres en Washington, el sábado 21 de enero de 2017. Michael Candelori / Shutterstock

Como otras muchas mujeres a lo largo de la historia, Gloria Steinem llegó al feminismo al preguntarse el porqué de las situaciones que veía a su alrededor.

Ya Christine de Pizan, en los albores del siglo XV, inició el debate conocido históricamente como “La querella de las mujeres” al escribir su La ciudad de las damas (1405). En el libro, Pizan construye una ciudad regida por las mujeres, siguiendo a nombres femeninos ilustres. Así demostraba que estas eran perfectamente capaces de participar en cualquier aspecto público y social si los hombres dejaban de obstaculizar con argumentos misóginos el acceso de las mujeres a la educación y al pensamiento activo.

Vinieron luego otros intentos, como la Declaración de Seneca Falls en 1848, que buscaba analizar el estado de los derechos de las mujeres, y, medio siglo después, el sufragismo. Hubo también mujeres que, individualmente, consiguieron hacerse oír en medio de la reacción del discurso dominante masculino.


Leer más: ¿Quiénes fueron realmente las ‘suffragettes’?


Mary Wollstonecraft escribió en 1792 La vindicación de los derechos de la mujer, en la misma línea que Pizan cuatro siglos antes. Y, en pleno siglo XX, Virginia Woolf se preguntó por qué las mujeres no podían estudiar, trabajar y ser independientes económicamente, lo que les hubiera permitido tener una habitación propia donde sentarse a pensar.

Así mismo, Simone de Beauvoir escribió El segundo sexo (1949) como reflexión histórica sobre la falta de nombres femeninos en la historia y en la filosofía.

El derecho a la palabra

Todas estas voces tuvieron eco en muchas mujeres que dejaron su voz inscrita en numerosas aportaciones artísticas y científicas, si bien fueron ignoradas por quienes ostentaban el poder de decidir qué debía llegar a oídos de la gente. Y aunque es lógico pensar que el desarrollo de las revoluciones occidentales (ciudadanía, industrialización, democracia, tecnología) habrían de propiciar un entorno favorable a la la igualdad, lo cierto es que en décadas tan recientes como los años 60 y 70, Gloria Steinem prueba, con su lucha y su palabra, que no es así.

Steinem se pronunció, junto con otras feministas, a favor de lo obvio: el derecho a la propia palabra, al propio cuerpo y a no ser usadas y cosificadas por el deseo masculino, entre otras cuestiones esenciales.

Portada de primavera de 1972 de _Ms._.
Portada de primavera de 1972 de Ms.. Ms. magazine/Liberty Media for Women, LLC, CC BY-SA

En 1972, fundó la revista Ms.. Su objetivo era que las periodistas dejaran de ser una anécdota en las publicaciones “para mujeres”, dedicadas a promocionar productos de belleza y artilugios para el hogar, y pudieran expresar opiniones y juicios de valor, con el consiguiente cambio en la manera de pensar de las lectoras.

Ella misma escribió artículos fundamentales para denunciar las desigualdades sociales y jurídicas en temas cruciales como el matrimonio, la contracepción o la sexualidad. De esa forma, consiguió que muchas mujeres la escucharan, despertaran del sueño del amor romántico y de la mística de la feminidad a la que estaban sometidas y salieran a la calle a luchar por sus derechos.

Steinem fue cofundadora de varias asociaciones de mujeres, junto con otras feministas notables como Betty Friedan, Robin Morgan y Kate Millett. Ya en 1971 pronunció un llamamiento en el que se refirió abiertamente al sexismo y la misoginia, pero también al racismo y a las desigualdades sociales evidentes. En este manifiesto encontramos la muy citada frase “Esto no es una simple reforma. Esto es realmente una revolución”.

El poder de nombrar

Ningún tema le fue ajeno a Gloria Steinem cuando se trataba de exponer desigualdades manifiestas y abusos de poder de todo tipo. Y no escatimó tiempo ni palabras para exigir derechos fundamentales y el cambio de la legislación pertinente para defenderlos. Trató amplia y públicamente, hace medio siglo, temas entonces tabú como todo lo referente al cuerpo de las mujeres, su uso y abuso, la reproducción, el aborto, la transexualidad o la mutilación genital. También la necesidad de que las mujeres desarrollaran su capacidad intelectual y profesional al máximo, lo que exigía corresponsabilidad absoluta en las tareas de casa y familia.

En seis décadas de trabajo incesante, escribiendo, dando charlas, viajando continuamente y hablando abiertamente, Steinem no hizo sino actualizar las reivindicaciones históricas de las mujeres, que no son otras que nombrar lo que aún es invisible y revisar las definiciones obsoletas. Porque el lenguaje, que está en continuo desarrollo, es testigo directo de los cambios sociales y se amplía con ellos.

En su artículo “Las palabras y el cambio” (1979) deja una de sus frases icónicas: “las palabras son importantes porque tienen el poder de excluir”. Esta sentencia, por sí sola, cambiaría el mundo si paráramos a pensar sobre ella.

Gloria Steinem ha dejado amplia constancia en sus escritos de que la libertad para desarrollar las capacidades personales solo puede repercutir en beneficio de la humanidad, pues no se perdería el potencial individual y habría menos ansiedad, menos miedo y menos tensiones sociales.

Y aunque no hay razones para un optimismo radical, tampoco debemos entregarnos a un pesimismo paralizante. Porque el mundo necesita que activemos el pensamiento de Gloria Steinem.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Arte + Humanidades Claudia Lorenzo.


The Conversation

María Socorro Suárez Lafuente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Edificios rehabilitados para el invierno, ¿trampas de calor en verano?

Sergieiev/Shutterstock

En España y en el resto de Europa se están rehabilitando miles de viviendas para que consuman menos energía. Esto es una buena noticia y va en la dirección correcta, pero conviene añadir un matiz: en climas cálidos esa mejora puede volverse en contra durante el verano y dejar las casas más calientes de lo que estaban antes. ¿La razón? Una vivienda preparada para mantener el calor en invierno no siempre es capaz de soltarlo en verano. Y lo que debería ser un refugio puede terminar convirtiéndose en una trampa.

Las casas de menor renta no disponen de aire acondicionado

Se estima que el 85 % del parque residencial español es energéticamente ineficiente. A esto se le suma otro dato: un 33 % de los hogares no consigue mantener su vivienda suficientemente fresca en verano, un porcentaje superior al de quienes no logran calentarlo en invierno. Dentro de casa ya pasamos más calor que frío.

El aire acondicionado, mientras tanto, está presente solo en alrededor de la mitad de los hogares españoles y escasea justo donde más falta haría, en los de menor renta. Muchas de estas viviendas no se climatizan a lo largo del día: se refrescan abriendo ventanas, bajando persianas y esperando a que caiga la noche. Funcionan, en definitiva, de manera pasiva.

Frente a esa realidad, la normativa europea y española de rehabilitación se construye sobre la eficiencia energética, sin poner el foco en el confort ni en lo que ocurre dentro de una casa que afronta sin aire acondicionado veranos cada vez más extremos.


Leer más: El cambio climático acentúa la pobreza energética de verano


El calor queda atrapado en las viviendas aisladas

En un reciente estudio, investigadores del grupo Sostenibilidad en Arquitectura, Tecnología y Patrimonio de la Universidad de Sevilla hemos comprobado este problema en un barrio de vivienda social construido en Valencia en 1962, un ejemplo urbano que se repite por toda España y Europa.

Hemos analizado cómo se han comportado térmicamente estos edificios desde su construcción y cómo lo harán en las próximas décadas bajo las proyecciones climáticas más adversas. Después hemos comparado las viviendas tal como están hoy con esas mismas viviendas rehabilitadas según lo que exige la normativa.

Edificio de viviendas envejecido
Viviendas sociales en el barrio de El Cabañal, Valencia. Los autores

Los resultados son rotundos. El invierno mejora mucho, hasta el punto de que, sin necesidad de calefacción, las horas de frío incómodo caen por debajo del 9 % del total anual. El verano, en cambio, no solo no mejora, sino que empeora. En el mes más caluroso, la vivienda pasa de estar en condiciones confortables durante un 38 % de las horas a solo un 18 % tras la rehabilitación, es decir, aumenta el equivalente a casi cinco horas más de calor incómodo cada día.

La explicación es el efecto “termo”: el aislamiento frena la entrada del calor durante el día, pero también impide que la casa se enfríe por la noche y, si además se ventila por costumbre y no por criterio, el calor entra, se queda y no encuentra por dónde salir.


Leer más: Veranos eternos en el Mediterráneo: ¿cómo prepararnos?


Una solución sencilla (y barata)

La buena noticia es que corregirlo sale barato. Ventilar en verano no consiste solo en abrir la ventana, sino en hacerlo cuando la temperatura exterior juega a favor: cerrar a partir de media mañana y volver a abrir cuando fuera empieza a hacer menos calor que dentro. Parece obvio, pero es lo que muchas veces no hacemos.

En invierno ocurre algo parecido: conviene ventilar poco rato y en las horas centrales del día, no necesariamente a primera hora de la mañana.

Es entendible que nadie quiera estar midiendo temperaturas a todas horas. Sin embargo, unos sensores domésticos baratos, conectados al móvil, bastarían para avisar del momento en que conviene abrir o cerrar.

El segundo elemento son los ventiladores, que consumen unas diez veces menos que un aire acondicionado y reducen la temperatura que percibimos, es decir, la sensación térmica. A la misma temperatura, el movimiento del aire nos permite estar cómodos hasta dos o tres grados por encima de lo que sería agradable sin movimiento de aire.

Con las dos medidas combinadas (sensores y ventiladores), el verano recupera horas confortables. En el mes más caluroso, aumenta hasta en un 45 % el tiempo en que la vivienda se encuentra en condiciones adecuadas. Y el año completo alcanza más del 90 % de horas en condiciones cómodas. Todo ello sin encender el aire acondicionado.

Doble tarea

España todavía está terminando de adaptar la directiva europea de eficiencia energética de los edificios y, al mismo tiempo, definiendo los nuevos planes de rehabilitación. Se está decidiendo ahora mismo qué se financia y con qué criterios, y quedan dos tareas por delante.

La primera es normativa: una regulación pensada para ahorrar energía no garantiza por sí sola que se viva mejor dentro de un hogar, así que es necesario que las normas se fijen también en el confort y que reconozcan lo que un edificio es capaz de conseguir con medidas pasivas.

La segunda tiene que ver con las personas. De poco sirve rehabilitar una vivienda si nadie explica después cómo aprovecharla: cuándo ventilar, cuándo cerrar, qué hacen realmente una persiana, un toldo o un ventilador.

Rehabilitar sigue siendo necesario y urgente. Solo hay que evitar que una casa reformada para pasar mejor el invierno acabe convertida en una trampa el verano siguiente.

The Conversation

Javier de Sola Caraballo recibe fondos y apoyo de los proyectos de investigación PID2021-124539OB- I00 y PID2024-155805OB-C21 financiados por el MICIU /AEI/ 10.13039/ 501100011033; y por “ERDF A way of making Europe". El MICIU /AEI/ 10.13039/501100011033 también ha financiado un contrato predoctoral (FPU21/02458).

Carlos Alberto Rivera Gómez recibe fondos Como Investigador Responsable del Proyecto Financiado: Intervenciones en el paisaje mediante Islas de Frescor Urbano: Modelización basada en datos para la gestión y adaptación climática de áreas urbanas vulnerables. Referencia: PID2024-155805OB-C21. Empresa/Organismo financiador/es: Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Gobierno de España. Y también Como Investigador Responsable del Proyecto Financiado: Indicadores técnicos y sociales en acciones de adaptación a los efectos de isla de calor urbana. Evaluación multi-escala aplicada a barriadas. Referencia: PID2021-124539OB-I00. Empresa/Organismo financiador/es: Ministerio de Ciencia e Innovación. Gobierno de España

Carmen Galán-Marín recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación, Plan Estatal 2024-2027 - Proyectos Investigación Orientada Referencia: PID2024-155805OB-C21 y PID2021-124539OB-I00 financiados por el MICIU /AEI/ 10.13039/ 501100011033; y por “ERDF A way of making Europe".

Eduardo Diz Mellado recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación, Plan Estatal 2024-2027 - Proyectos Investigación Orientada Referencia: PID2025-173404OB-I00, PID2024-155805OB-C21 y PID2021-124539OB-I00 financiados por el MICIU /AEI/ 10.13039/ 501100011033; y por “ERDF A way of making Europe". También MICIU/AEI /10.13039/501100011033 y ESF+ han financiado un contrato postdoctoral Juan de la Cierva JDC2023-050478-I.

Victoria Patricia López Cabeza recibe fondos de Ministerio de Ciencia e Innovación, Plan Estatal 2024-2027 - Proyectos Investigación Orientada Referencia: PID2025-173404OB-I00, PID2024-155805OB-C21 y PID2021-124539OB-I00 financiados por el MICIU /AEI/ 10.13039/ 501100011033; y por “ERDF A way of making Europe".

Ser taxista y mujer: entre la libertad y los desafíos del oficio

antoniodiaz/Shutterstock

En España, las mujeres representan alrededor del 5 % de quienes conducen taxis, según el Observatorio Mujer Taxista 2025. En Zaragoza, donde el sector reúne 1 777 licencias, se estimaban unas 60 mujeres taxistas en el momento de realizar este estudio, en 2025. Siguen siendo, por tanto una minoría en una profesión que, durante décadas, se ha asociado a los hombres.

Pero ¿qué ocurre cuando el taxi se observa desde la experiencia de quienes lo conducen siendo mujeres? Un estudio cualitativo realizado en Zaragoza, a partir de un grupo con cinco taxistas, o mujeres en proceso de incorporarse al sector, muestra que cuestiones aparentemente independientes, como la conciliación, la seguridad, la tecnología o el embarazo, están profundamente conectadas en el trabajo diario.

El objetivo de esta investigación no era obtener cifras representativas de todas las taxistas españolas, sino comprender con detalle cómo se vive y se organiza el trabajo en un contexto concreto. Precisamente por eso, los relatos permiten detenerse en aspectos del oficio que con frecuencia quedan fuera de las estadísticas.

La libertad tiene un precio

Una de las ventajas más valoradas del taxi es la posibilidad de organizar el propio horario. Para varias participantes, esa autonomía fue precisamente una razón para incorporarse o permanecer en la profesión.

La flexibilidad puede facilitar la atención a los hijos, al cuidado de familiares o a atender otras responsabilidades. Sin embargo, cuando el ingreso depende de alcanzar un determinado objetivo económico diario, la jornada puede prolongarse hasta conseguirlo.

Así, disponer de libertad para decidir cuándo trabajar no significa necesariamente trabajar menos. Puede implicar horarios largos, fragmentados o adaptados a los momentos de mayor demanda. La conciliación queda entonces en buena medida en manos de la propia trabajadora.

Este resultado ayuda a matizar una idea habitual: la flexibilidad laboral no es, por sí misma, ni una ventaja ni un inconveniente. Puede facilitar la conciliación y, al mismo tiempo, trasladar a la persona trabajadora la responsabilidad de gestionar los costes que esa flexibilidad implica.


Leer más: Cómo la flexibilidad laboral está transformando nuestras vidas


Cuando cae la noche

El trabajo nocturno concentra algunas de las horas más rentables, pero también algunos de los momentos que generan mayor desgaste. Las participantes hablaron de pasajeros ebrios, impagos, vómitos y comportamientos imprevisibles, especialmente durante determinadas franjas horarias y los fines de semana.

Para manejar esas situaciones, la seguridad no depende solo de la capacidad individual de la conductora. La radio, la localización mediante GPS y la coordinación con otros compañeros forman una red práctica de protección.

El taxi es, por tanto, mucho más que un vehículo destinado a transportar pasajeros. Para quien conduce profesionalmente, es también su lugar de trabajo, y la tecnología y la comunicación con otros taxistas forman parte de las estrategias cotidianas para reducir riesgos.


Leer más: A los hombres les estresan los parques y a las mujeres las calles estrechas: ¿qué emociones despierta la ciudad?


‘No conduce mal para ser mujer’

Las participantes perciben que la presencia femenina en el taxi se ha normalizado con el tiempo. No describen un entorno dominado por una hostilidad abierta y constante. Pero sí aparecieron comentarios que revelan que la competencia de una conductora todavía puede ser evaluada de forma distinta.

Una frase aparentemente inofensiva como “no conduces mal para ser mujer” funciona como ejemplo de esa situación. Puede presentarse como un cumplido pero parte de una premisa previa: que una mujer, por el hecho de serlo, debería conducir peor. Son pequeños comentarios y valoraciones que pueden parecer anecdóticos, pero revelan una diferencia importante: mientras que la capacidad de un hombre para desempeñar el trabajo suele darse por supuesta, una mujer puede sentirse obligada a demostrarla.

Al mismo tiempo, los testimonios no se reducen a experiencias negativas. También aparecen relaciones de compañerismo y redes de apoyo entre profesionales. Grupos de mensajería y encuentros entre mujeres taxistas funcionan como espacios para intercambiar información práctica, resolver dudas y compartir experiencias. No sustituyen a la prevención formal, pero constituyen un recurso profesional importante.


Leer más: Un buen clima laboral favorece el bienestar de las personas y la productividad de la empresa


Embarazo: cuando las condiciones del trabajo cambian

Uno de las puntos clave surgió al hablar del embarazo. Varias participantes recordaron las dificultades que encontraron para compatibilizar la gestación con unas condiciones de trabajo que resultaban imposibles de modificar.

Permanecer muchas horas sentada, las vibraciones del vehículo, el trabajo nocturno, la dificultad para acceder con regularidad a baños o zonas de descanso y la exposición a determinados pasajeros fueron algunos de los aspectos que aparecieron en sus relatos. Durante esta etapa, las condiciones habituales de su trabajo adquieren un nuevo cariz.


Leer más: Dolor lumbar y pélvico en el embarazo: qué tratamiento funciona mejor según la ciencia


La protección por riesgo durante la gestación existe también para las trabajadoras autónomas, pero su reconocimiento requiere valorar las circunstancias concretas de la actividad profesional. Por eso, la experiencia de las participantes plantea una cuestión que va más allá de la existencia de la norma: ¿cómo se evalúan y gestionan los riesgos laborales cuando el trabajo es móvil, se desarrolla en solitario y apenas permite modificar las condiciones de la actividad?

Lo que revelan estas experiencias

Este trabajo tiene una limitación importante: se basa en un único grupo con cinco mujeres de Zaragoza. Por eso no permite afirmar que todas las taxistas de España vivan estas situaciones de la misma manera. Su valor está en mostrar cómo se entrecruzan la organización del tiempo, la seguridad, las relaciones de género y la protección social en un oficio muy concreto.

A partir de estos relatos pueden plantearse líneas de mejora que deberían estudiarse y evaluarse: brindar formación inicial específica, incorporar estrategias de gestión de conflictos y prevención del acoso, apoyar la mentoría entre profesionales, revisar los sistemas de seguridad disponibles y clarificar la evaluación de riesgos durante el embarazo.


Leer más: Mentorías: un proceso fundamental para la supervivencia de las organizaciones


Por un sector más seguro y sostenible

La presencia de mujeres en el taxi sigue siendo minoritaria, pero su experiencia ayuda a mirar el oficio desde una perspectiva diferente. Y, al hacerlo, aparecen preguntas que van más allá de la propia situación de las conductoras: ¿quién asume el coste de la flexibilidad? ¿cómo se protege a una persona que trabaja sola dentro de un vehículo? ¿cómo pueden adaptarse las normas de protección laboral a formas de empleo autónomas, móviles y difíciles de modificar?

Responder a estas preguntas no solo puede contribuir a mejorar las condiciones de trabajo de las mujeres taxistas. También puede ayudar a construir un sector más seguro, sostenible y adaptado a la realidad de quienes trabajan en él y, en última instancia, a mejorar el servicio que recibe toda la ciudadanía.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

El ‘sesgo de la respuesta instantánea’: por qué los problemas complejos necesitan una reflexión lenta

PeopleImages.com/Shutterstock

El psicólogo Daniel Kahneman popularizó la distinción entre un pensamiento rápido, automático e intuitivo, y otro lento, deliberado y exigente. Ambos son necesarios para hacer frente a los distintos tipos de problemas a los que nos enfrentamos. Sin embargo, el uso desproporcionado de todo lo relacionado con el entorno digital podría estar inclinando la balanza hacia el predominio de la respuesta rápida, lo que mermaría nuestra capacidad de dar respuesta a problemas complejos.

Pensar despacio no es dedicar más minutos a una decisión, sino integrar información, considerar explicaciones alternativas y, si es necesario, reformular el problema. No parece que, de momento, vaya a desaparecer nuestra capacidad de pensar despacio, pero sí pueden reducirse las ocasiones y la paciencia para hacerlo.

Llamémoslo ‘sesgo de la respuesta instantánea’

En este artículo propongo una etiqueta divulgativa para reunir varios mecanismos conocidos: el sesgo de la respuesta instantánea. Ésta sería la tendencia a suponer que una respuesta rápida y plausible implica que ya hemos comprendido el problema y disponemos de una solución adecuada. No es un sesgo validado con ese nombre, sino una forma de agrupar tres errores: confundir acceso con comprensión, plausibilidad con corrección, y aplicar a los problemas complejos el proceso que resuelve los simples.

Nos hemos acostumbrado a escribir una pregunta, pulsar un botón y recibir una respuesta. La dificultad llega cuando esperamos que ciertas decisiones complejas, como definir una estrategia de retención de talento, realizar un diagnóstico médico o diseñar una política pública, se resuelvan también a golpe de clic.

No todos los problemas necesitan la misma velocidad

Consultar una fecha o corregir una errata son tareas simples. Preparar una previsión financiera o comparar proveedores son problemas complicados, pero analizables con conocimiento experto. En el ámbito de los recursos humanos, reducir la rotación, transformar una cultura empresarial o diseñar una política de selección entran también en la categoría de problemas complejos: contienen interdependencias, incertidumbre y efectos difíciles de anticipar. La trampa consiste en creer que una herramienta eficaz para el primer tipo de tareas, las simples, ofrece también el método adecuado para las segundas, las complejas.

Volviendo a Kahneman, este explicó junto al psicólogo Gary Klein que la intuición experta puede ser fiable cuando nos enfrentamos muchas veces a situaciones similares, reconocemos patrones y recibimos información clara sobre nuestros aciertos y errores. Un médico experimentado, por ejemplo, puede identificar rápidamente un cuadro clínico que ha visto cientos de veces. Pero, ante situaciones nuevas, cambiantes o poco predecibles, sentirnos seguros no significa necesariamente estar en lo cierto.

Pensar rápido funciona cuando realmente reconocemos el problema. Sin embargo, resulta más arriesgado cuando la cuestión solo nos parece conocida.

Cómo aprendimos a pensar con prisa

La inteligencia artificial no creó la cultura de la inmediatez. Se incorporó a un ecosistema de buscadores, redes sociales y notificaciones que lleva años acostumbrándonos a obtener respuestas casi instantáneas. Poco a poco puede instalarse una expectativa silenciosa: si casi cualquier pregunta se responde en segundos, casi cualquier problema debería poder resolverse con la misma rapidez.

La evidencia aconseja ser prudentes, no alarmistas. Un conocido estudio observó que las personas acostumbradas a alternar continuamente entre distintos medios digitales se distraían con mayor facilidad. Sin embargo, análisis posteriores encontraron que esa relación era débil. No podemos concluir, por tanto, que la multitarea digital esté destruyendo nuestra capacidad de concentración.

Sí existen indicios de que la conexión permanente puede restar espacio a los procesos que necesitan continuidad. En un experimento reciente, bloquear durante dos semanas el acceso a internet desde el móvil a los participantes –manteniendo las llamadas y los mensajes de texto– produjo una mejora modesta de la atención sostenida. Esto no demuestra que internet elimine el pensamiento profundo, pero sí que estar siempre conectados puede dificultar que mantengamos la atención durante más tiempo.

También está cambiando nuestra relación con el conocimiento. El efecto Google muestra que, cuando sabemos que podremos consultar posteriormente una información, tendemos a recordar mejor dónde encontrarla que su contenido. Además, buscar explicaciones en internet puede hacernos sentir que sabemos más de lo que realmente sabemos. El riesgo no es disponer de información al instante, sino confundir el conocimiento al que podemos acceder con el que verdaderamente hemos comprendido.

Cuando la urgencia se impone a la importancia

En las organizaciones, el pensamiento rápido encuentra un poderoso aliado: la sensación de urgencia. Una serie de experimentos mostró que tendemos a atender primero las tareas que parecen urgentes, aunque sean menos importantes y aporten un beneficio menor. Esta tendencia es aún más acusada cuando nos sentimos muy ocupados. Así, se entiende por qué dedicamos tanta energía a resolver lo que arde y dejamos para luego problemas estratégicos que pueden tener consecuencias mucho mas graves.

Lo urgente reclama nuestra atención, lo importante –en cambio– rara vez hace sonar las alarmas.

El verdadero valor de detenerse

A veces, la dificultad para encontrar una respuesta no es un defecto del proceso, sino una característica del problema. El pensamiento profundo exige dudar, revisar y reformular. Esa aparente lentitud ayuda a distinguir síntomas de causas y, en ocasiones, a descubrir que partíamos de la pregunta equivocada.

Y la evidencia respalda algunas de estas pausas: alejarse temporalmente de un problema puede favorecer su resolución, sobre todo cuando ya se ha trabajado en él. Combinar retroalimentación y reflexión mejora el desempeño. Así, por ejemplo, la reflexión guiada se ha relacionado con una mayor precisión diagnóstica en los médicos.

Pensemos, por ejemplo en una empresa cuya rotación sube del 12 % al 18 %. La respuesta instantánea lanza un plan general: revisar salarios, añadir beneficios, flexibilizar horarios. La pausa reflexiva empieza con otras preguntas: ¿quiénes se marchan?, ¿de qué unidades?, ¿afecta al talento crítico?

Al segmentar los datos, la empresa descubre que casi todo el incremento se concentra en incorporaciones recientes de un único centro: el problema no era la retención general, sino la acogida y la dirección de un responsable.

La respuesta rápida ofrecía soluciones razonables pero el pensamiento profundo evitó resolver con eficiencia el problema equivocado.

Una competencia profesional cada vez más valiosa

Ante un problema complejo, una pausa productiva puede comenzar con tres preguntas: ¿qué supuesto damos por cierto?, ¿qué explicación alternativa no hemos considerado?, ¿qué evidencia nos haría cambiar de diagnóstico?

Cuando cualquiera puede encontrar información y generar respuestas, la ventaja se desplaza: saber qué pregunta formular, qué respuesta no aceptar todavía y qué problema exige otra velocidad. El riesgo no es perder la capacidad de pensar despacio, sino dejar de encontrar el momento de hacerlo. La competencia profesional no consistirá en pensar despacio siempre, sino en evitar que la presión por responder rápido determine la profundidad con la que abordamos cada problema.

The Conversation

José Manuel de Haro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Los antiguos egipcios no estaban tan equivocados: pienso, luego tengo corazón

El pesaje del corazón era la prueba principal del Juicio de Osiris en la mitología egipcia para decidir si un alma entraba al mundo de los muertos con vida eterna. British Museum

Hace unos cuatro mil años, alguien debió cometer un pequeño error con el corazón del visir Ipi durante su proceso de momificación. Para los egipcios, el corazón no era un órgano más. Era el lugar donde residían la memoria, la inteligencia, los deseos y la identidad de cada persona.

El corazón de Ipi había sido cuidadosamente extraído del cuerpo, desecado y vendado para después volver a colocarlo en su interior antes del enterramiento. Sin embargo, y quizás por confusión, terminó dentro de una vasija que contenía restos del embalsamamiento y quedó fuera de la tumba, en el depósito de los embalsamadores, donde permaneció durante milenios.

Este hallazgo, realizado por el equipo del Middle Kingdom Theban Project (MKTP) de la Universidad de Alcalá, constituye una extraordinaria ventana al pensamiento de los antiguos egipcios para comprender cómo concebían ellos el cuerpo humano.

El órgano que guardaba la memoria

La civilización egipcia disponía de dos palabras para designar el corazón. Una era ib, que podía significar ‘corazón’, pero también ‘mente, inteligencia, comprensión, deseo’ o incluso ‘estado de ánimo’. Este término guardaba connotaciones asociadas a lo ‘oculto, interno’ o incluso ‘invisible’. La otra palabra era haty, igualmente relacionada con el ‘corazón’ y con el ‘pensamiento’, pero con connotaciones más habituales, es decir, designa el corazón como órgano físico, como músculo cardíaco que con su latido envía corriente sanguíneo a todo el cuerpo.

En nuestra era resulta natural asociar las funciones más mentales al cerebro. Para ellos, sin embargo, el corazón era el auténtico centro de la persona, y de ahí las decisiones que rodeaban el complejo proceso de momificación.

Según las creencias de los egipcios de aquel tiempo, la muerte suponía una ruptura temporal del individuo y, durante su viaje hacia el más allá, el difunto podía perder la memoria y la consciencia. Por eso era imprescindible devolverle el corazón, porque recuperar el corazón era recuperar la propia identidad.

Los Textos de los Ataúdes, redactados hace unos cuatro mil años, lo expresan de manera extraordinariamente bella:

“Yo coloco tu corazón dentro de tu cuerpo, para que recuerdes aquello que habías olvidado” (TdA 62).

¿Por qué conservar precisamente el corazón?

Durante la momificación se extraían la mayor parte de las vísceras para facilitar la conservación del cadáver. El cerebro era retirado a través de las fosas nasales y órganos como el hígado, el estómago, los pulmones o los intestinos se depositaban en unas vasijas conocidas como vasos canopos.

Cuatro vasijas con diferentes cabezas de animales y seres mitológicos.
Vasos canopos que forman parte de la colección del Louvre Abu Dhabi. Francesco Bini/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Pero el corazón seguía un camino diferente. Aunque solía extraerse temporalmente durante el proceso de desecación, debía regresar al cuerpo antes del enterramiento. Este procedimiento les ayudó a acumular conocimiento sobre este órgano, y los egipcios llegaron a comprender su anatomía básica de manera exhaustiva –aorta, cavas, ventrículos, venas pulmonares y orejuela–.

Se ve muy claro en el caso de Ipi, donde se pueden identificar todas las estructuras anatómicas de su corazón. El proceso aplicado a este órgano fue tan minucioso que la aorta recibió un trato particular: fue cuidadosamente envuelta por separado y taponada con un cilindro hecho de lino, lo que le hizo conservar su forma original. Lamentablemente, al confundirlo con otros restos del embalsamamiento, el corazón vendado del visir Ipi nunca volvió al lugar que le correspondía.

Resulta inevitable preguntarse qué habría pensado un sacerdote egipcio al descubrir aquel error y si Ipi, al no disponer de su corazón, estará todavía viviendo la condena de vagar sin consciencia ni recuerdo por los mundos del más allá.

El corazón vuelve a sorprendernos

Aunque hoy sabemos que la memoria y el pensamiento dependen del cerebro, la neurociencia contemporánea también está descubriendo que este no trabaja aislado del resto del organismo.

El corazón mantiene una comunicación constante con el sistema nervioso y sus latidos generan señales que llegan continuamente al cerebro, de modo que contribuyen al estado interno desde el que percibimos el mundo, dando en cierto sentido un poco de razón a los antiguos egipcios.

Además, el propio corazón posee un intrincado sistema nervioso caracterizado por redes neuronales complejas que regulan localmente su funcionamiento. Esto no significa que el corazón piense, pero sí que forma parte de un diálogo permanente entre el cuerpo y el cerebro, de modo que una variación en el ritmo cardiaco podría influir en el contexto fisiológico en el que el sistema nervioso interpreta la realidad.

Volver a respirar para volver a vivir

Otro de los rituales funerarios más importantes para los antiguos egipcios era la llamada “apertura de la boca”, mediante la cual el difunto recuperaba simbólicamente las funciones necesarias para relacionarse con el mundo y continuar viviendo en el más allá: hablar, ver, escuchar y respirar.

Maqueta de equipamiento para el 'ritual de la apertura de la boca' (Reino Antiguo, Dinastías V-VI, ca. 2465-2150 a.e.c.).
Maqueta de equipamiento para el ‘ritual de la apertura de la boca’ (Reino Antiguo, Dinastías V-VI, ca. 2465-2150 a.e.c.). Museo Metropolitano de Arte de Nueva York

Este ritual se celebraba al final de las ceremonias funerarias, generalmente ante la entrada de la tumba. Mientras recitaba fórmulas sagradas, un sacerdote tocaba los labios, los ojos y otras partes del rostro de la momia, o de una estatua que representaba al difunto, con instrumentos como una pequeña azuela y el cuchillo ritual peseshkef.

En relación con la recuperación simbólica de la capacidad de respirar, también aquí la neurociencia ofrece una coincidencia sugerente. La respiración no solo mantiene vivo al organismo. Su ritmo influye en la actividad cerebral y puede modular procesos relacionados con la atención, la memoria o las emociones.

Aunque los sacerdotes egipcios no conocían las neuronas, las sinapsis ni las oscilaciones cerebrales, sí que parece ser que entendían que recuperar la respiración significaba regresar a su relación con el mundo.

Un corazón que todavía nos habla

Durante todo el proceso de momificación, el momento culminante del viaje del difunto era cuando llegaba ante Osiris. Ahí, su corazón era colocado sobre uno de los platos de una balanza frente a la pluma de maat, símbolo de la verdad y de la justicia, pues ese órgano contenía alegóricamente toda su vida.

Si bien la neurociencia actual utiliza un lenguaje completamente diferente, como redes neuronales, interocepción y comunicación entre órganos y cerebro, también nos muestra que el cerebro no funciona completamente separado del cuerpo. Pensamos con el cerebro, sí, pero lo hacemos desde un organismo que late, respira y envía continuamente información al sistema nervioso.

Y quizá por eso el corazón perdido de Ipi sigue resultándonos tan fascinante, porque nos recuerda que comprender al ser humano se basa en la relación entre el cuerpo, la mente y aquello que nos convierte en quienes somos.

The Conversation

Luisa M. García González recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades: Programa 'Beatriz Galindo' (BG24/0004) y Proyectos de Generación del Conocimiento (PID2025-174908NB-100).

Antonio J. Morales Rondán recibe fondos de la Agencia de Investigación e Innovación de Castilla-La Mancha (SBPLY/24/180225/000170), del Ministerio de Cultura para proyectos arqueológicos en el Exterior (22CA), de la Fundación Gerda Henkel (AZ 54/V/25) y de la Fundación Palarq.

Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

❌