CRISPR therapy cuts cholesterol for at least 12 months
Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02740-w
Small trial targeted liver proteins that play a part in the regulation of lipid levels.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02740-w
Small trial targeted liver proteins that play a part in the regulation of lipid levels.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02756-2
Marvel at the month’s best science images. Plus, why timekeepers are rushing to get rid of the leap second and whether Meta’s legal settlement will make social media safer for kids.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/s41586-026-11071-9
Author Correction: Plasticity and language in the anaesthetized human hippocampusNature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02383-x
Astronomy that has long gripped people’s imagination, and a celebration of the health benefits of sunshine and the open air in this week’s pick from the Nature archive.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02734-8
Emissions linked to global warming are higher at sites where feral pigs disturb the soil.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02737-5
China’s regulatory innovation for new biomedical technologiesNature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02735-7
When AI does science, who is accountable for mistakes?Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02738-4
The global plastics treaty must account for conflict-driven energy insecurityNature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02736-6
Europe should adapt, not copy, China’s practical PhDNature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-01985-9
An experiment spots an energy flash similar to that of the long-sought weakly interacting massive particle, or WIMP.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02636-9
Initiatives to attract Indian researchers who are working abroad do not offer long-term income security, some scientists say.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02370-2
Academics worldwide are rethinking their assessment approaches — from developing exams that artificial-intelligence tools can’t pass to sneaking hidden AI prompts into tasks to catch cheating students.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02686-z
As generative AI becomes embedded in research and publishing, the deeper challenge is preserving accountability for scholarly work.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02342-6
Learning how to manage your feelings can help you to tackle some tricky situations at work, say organizational psychologists.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02609-y
Top artificial-intelligence models failed to predict the biological consequences of rewriting a virus's entire DNA code.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02119-x
Discovering, triaging and skimming papers before engaging deeply with the right ones has helped Shea Andrews to stay on top of the literature.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02743-7
US funding uncertainty was a key factor for several of the researchers heading to Canada. Observers predict more will follow.Nature, Published online: 01 September 2026; doi:10.1038/d41586-026-02682-3
Researchers worry that generative AI is homogenizing culture and cognition.
Cada tarde, millones de personas regresan a casa después de trabajar. Algunas llegan con energía para salir a pasear, hacer deporte o jugar con sus hijos. Otras, sólo desean tumbarse en el sofá y que nadie les hable.
¿Qué ha ocurrido durante esas ocho horas?
La explicación habitual suele ser sencilla: “Ha sido un día duro”. Pero la ciencia lleva tiempo sugiriendo que ocurre algo más profundo.
Las empresas no solo producen bienes y servicios. También generan experiencias. Y esas experiencias influyen en cómo pensamos, cómo nos relacionamos, cómo afrontamos los problemas y cómo responde nuestro organismo ante todo ello.
Al principio existía una creencia generalizada de que el compromiso de un empleado dependía principalmente del salario.
La psicología organizacional ha demostrado que, una vez cubiertas las necesidades económicas básicas, otros factores adquieren una importancia decisiva: sentirse respetado, disponer de autonomía, confiar en los compañeros, recibir reconocimiento y percibir que el propio trabajo tiene sentido.
Por eso dos personas con el mismo sueldo pueden vivir experiencias laborales completamente distintas. Una termina la jornada satisfecha y la otra cuenta los minutos para marcharse.
La diferencia muchas veces no está en el trabajo que realizan, sino en la organización para la que trabajan.
Ninguna organización deja a sus profesionales exactamente igual que cuando llegaron. Después de meses o años compartiendo una misma cultura, las personas cambian. Algunas ganan confianza para expresar sus ideas, asumen nuevos retos y desarrollan relaciones de colaboración que potencian su crecimiento. Otras, por el contrario, dejan de participar en las reuniones, evitan asumir riesgos y acaban limitándose a cumplir lo imprescindible. La experiencia laboral contribuye a moldear su identidad profesional.
Muchas veces es el contexto el que marca la diferencia.
Las investigaciones en el área de psicología organizacional muestran que la forma en que una organización lidera, reconoce el trabajo, gestiona los errores o resuelve los conflictos influye directamente sobre la motivación, el compromiso, el aprendizaje y el bienestar de quienes la integran.
La cultura organizativa no es un concepto abstracto: se manifiesta cada día en miles de pequeñas interacciones que terminan moldeando la experiencia de trabajar en un lugar.
Cuando hablamos del impacto de una empresa solemos fijarnos en indicadores como la rentabilidad, la productividad, la innovación o la cuota de mercado. Todos ellos son esenciales para conocer la salud de una organización.
Sin embargo, existe otro conjunto de indicadores que también habla de su desempeño y que no ocupa el mismo lugar en los informes de gestión.
La investigación ha estudiado por separado fenómenos como el compromiso (engagement), el desgaste profesional (burnout), la seguridad psicológica, la identificación organizacional o el bienestar laboral. Todos ellos responden, en realidad a una misma pregunta: ¿qué efecto produce una organización en las personas que trabajan en ella?
La respuesta deja una huella que, en ocasiones, resulta muy visible. Cuestiones como el absentismo, la rotación no deseada, las bajas por motivos de salud mental, el burnout o la dificultad para atraer y fidelizar talento constituyen, en realidad, una radiografía bastante precisa del tipo de organización que una empresa ha construido.
Existe, además, un matiz que suele pasar desapercibido. Cuando preguntamos a alguien por qué disfruta de su trabajo o por qué decidió permanecer en una empresa, la respuesta no siempre hace referencia a la organización. Muchas veces tiene nombre y apellidos.
Aunque solemos hablar de las organizaciones como si fueran entidades abstractas, la experiencia laboral muchas veces se construye a través de personas concretas. Hay personas que consiguen que la experiencia laboral sea mejor para quienes trabajan a su alrededor. Un responsable que inspira confianza, una compañera que siempre ayuda o un mentor que acompaña en los momentos difíciles pueden hacer que un empleado se sienta vinculado a su trabajo, incluso cuando no desarrolla un fuerte compromiso con la organización conjunta.
Nuestro cerebro evalúa constantemente el entorno en el que nos encontramos. Sin que apenas seamos conscientes, interpreta señales de confianza, reconocimiento, incertidumbre o amenaza y adapta nuestras respuestas psicológicas y fisiológicas a esas condiciones.
En las organizaciones se producen experiencias que aumentan o disminuyen la probabilidad de que se activen determinados sistemas biológicos, relacionados con el estrés, la motivación, la cooperación o la recompensa. En otras palabras, el cerebro responde menos al organigrama de la empresa que a la forma en que vivimos nuestro día a día dentro de ella.
Cuando predominan la confianza, el apoyo mutuo y el reconocimiento, resulta más fácil colaborar, aprender y comprometerse con los objetivos comunes. Por el contrario, cuando el miedo, la incertidumbre o el control excesivo forman parte de la rutina, el organismo permanece en un estado de alerta que termina afectando al bienestar, la creatividad y la capacidad para tomar buenas decisiones.
No es casualidad que las organizaciones más innovadoras del mundo dediquen grandes esfuerzos a construir culturas donde las personas se sienten seguras para preguntar, discrepar o reconocer un error. La profesora Amy Edmondson, de la Harvard Business School, denominó a este fenómeno seguridad psicológica y demostró que constituye uno de los mejores predictores del aprendizaje colectivo y del rendimiento de los equipos.
Del mismo modo, las investigaciones del neuroeconomista Paul Zak muestran que la confianza no es únicamente un valor ético, sino también un activo organizativo capaz de mejorar la cooperación, el compromiso y los resultados.
Es posible que haya llegado el momento de incorporar una nueva pregunta cuando evaluamos una organización. Una pregunta que no esté relacionada con cuánto factura, cuánto crece o cuánto innova nuestra organización, sino qué tipo de personas ayuda a construir.
Quizá la verdadera medida del éxito de una organización no sea únicamente lo que consigue, sino lo que deja. Porque todas las empresas producen resultados. Las mejores, además, producen personas que salen de ellas siendo mejores de lo que entraron.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.