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Rappler Recap: Ex-Sandiganbayan justice's testimony on SALN rules in Sara Duterte impeachment trial

Rappler multimedia reporter Dwight de Leon recaps Cabotaje-Tang's testimony on the 24th day of the impeachment trial.
Jean Smart Wins the Emmy for Outstanding Lead Actress in a Comedy Series for ‘Hacks’
Primetime Emmy Awards Reveal 2026 Winners (Updating Live)
Rappler Recap: Martin Romualdez jailed in Payatas a week after arrest

Romualdez’s detention comes only a week after his arrest because he was placed under hospital confinement.
Justice reporter Jairo Bolledo reports from Payatas, Quezon City.
🔴 DIRECTO | Rueda de prensa Borja Sémper (PP)

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ICYMI: Pre-shaded ballots, vote buying, violence in first BARMM elections | The wRap

- Watchdogs flag ballot violations, vote-buying as BARMM polls near end
- At least 4 killed, 19 injured in election-related incidents in Cotabato City
- Escudero sides with prosecution after defense tries to bar ex-Sandiganbayan justice
- Martin Romualdez ordered transferred from PGH to Payatas jail
- ‘Filipiñana’ selected as PH’s official entry to 2027 Oscars
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Economic Update: Activism in the U.S. Now

In this episode, Professor Wolff delivers updates on new research documenting market failure to meet the urgent, large need for childcare in the US, the selective morality of Ambassador Huckabee, the empty threats by corporations and the rich to leave jurisdictions that dare to tax them, and the significance of the debt passing milestone of $40 trillion. The second half of today’s show features an interview with long-time activist and organizer, David Cobb, on the resurgence and importance of activism in the U.S. today
We want to thank our devoted community of supporters who help make this show and the others we produce possible each week. We kindly ask you to also support the work we do by encouraging others to subscribe to our YouTube channel and website: www.democracyatwork.info
Professor Wolff's latest book, "Understanding Capitalism," is available now for purchase: https://linktr.ee/understandingcapitalism
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‘Wild Horse Nine’: How John Malkovich Nailed the Role of His Career
Director Xavier Tera and Producer Jeremy O. Harris Go Global with Venice Breakout ‘The Color of the Sun’
El Madring aprueba como evento, pero suspende como carrera

La organización del nuevo GP de España en Madrid estuvo muy por encima de lo que hemos visto en otros estrenos recientes aunque la carrera fue, directamente, un bodrio. Lo analiza el Podcast Técnica Fórmula 1
El primer Gran Premio de España en el Madring deja una sensación extraña. Por un lado, la organización estuvo muy por encima de lo que hemos visto en otros estrenos recientes de la Fórmula 1. Por otro, la carrera fue, directamente, un bodrio. El Podcast Técnica Fórmula 1 analiza lo bueno y lo malo, que un Gran Premio como este se lo merece.
Bueno y malo, un poco de todo
Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Conviene empezar por lo positivo, porque también hay que ser justos. El Gran Premio llegó preparado. Desde fuera, y siempre con la prudencia de quien no estuvo allí sufriendo accesos, gradas, transporte o colas, la sensación fue bastante buena.
No hubo esa imagen de improvisación que sí hemos visto en otros circuitos nuevos. No fue Las Vegas llegando a medio hacer, ni Bakú en sus primeros pasos, ni Jeddah con esa sensación de circuito metido a toda prisa donde cupiera. El Madring pareció un evento serio. El problema es que la carrera no acompañó.
Cero adelantamientos en pista
La carrera fue una prueba plana, bloqueada, sin ritmo competitivo real y sin el glamour que permite perdonarle casi todo a Mónaco. Porque Mónaco también puede ser un atasco, pero tiene historia, paisaje, tensión en cada muro y una liturgia propia. Madrid todavía no tiene nada de eso. Tiene que ganárselo.
La pregunta, por tanto, es evidente: ¿de quién fue la culpa? La respuesta fácil sería señalar sólo al circuito. Y algo hay. El trazado necesita cambios si quiere ofrecer carreras mejores.
Max Verstappen lo dijo con bastante claridad: hay zonas que pueden tocarse, curvas que pueden ajustarse y soluciones que ayudarían a generar más oportunidades. No tiene sentido negar lo evidente: si en un Gran Premio no se adelanta absolutamente nada, el circuito no puede salir ileso del análisis.
Tampoco sería justo cargarlo todo sobre el Madring. La Fórmula 1 de 2026 sigue teniendo problemas estructurales. Los coches no siempre pueden atacar como deberían. La gestión de energía condiciona demasiado las maniobras.
En Madrid, la Monumental podía haber sido una zona espectacular, pero los monoplazas no pudieron ir a fondo allí con la libertad que habría hecho falta para abrir más posibilidades. Entre la propia pista y una normativa que ya venía tocada, el resultado fue una carrera pobre.
Culpa compartida
Y quizá ahí esté también la parte esperanzadora. Porque si el problema fuera sólo de concepto, sería mucho más preocupante. Pero hay elementos corregibles. El circuito puede ajustarse. La reglamentación también tendrá parches. Y, sobre todo, a todos les interesa que esto funcione. La Fórmula 1 no ha firmado diez años para tener diez domingos de bostezo en Madrid.
El estreno fue malo como carrera, pero no necesariamente condena el proyecto. Ya hemos visto otros trazados crecer. Bakú, sin ir más lejos, empezó dejando más dudas que certezas y terminó regalando carreras espectaculares. Algunos circuitos necesitan tiempo, rodaje, cambios y también memoria. La primera edición no siempre define el futuro. Dicho eso, el domingo fue lo que fue.
La victoria volvió a ser para Andrea Kimi Antonelli, que sigue estando siempre donde tiene que estar. No tuvo el coche más rápido de carrera, pero aprovechó lo que había que aprovechar.
McLaren tenía la prueba en la mano con Lando Norris, claramente el piloto con más ritmo, pero la perdió con una estrategia mal ejecutada y una parada pésima. En una carrera sin adelantamientos, regalar posición desde el muro es casi regalar la victoria.
Norris lo sufrió de forma cruel
Tenía velocidad, tenía control y tenía una oportunidad clara. Pero el coche de seguridad virtual salió en el peor momento para él y McLaren terminó de complicarlo todo. El británico acabó tercero, por detrás de Antonelli y Verstappen, en una de esas carreras que duelen más por lo que se escapa que por el resultado en sí.
Verstappen hizo de Verstappen. Terminó segundo con un coche que, probablemente, no daba para tanto. Es lo de casi siempre: cuando Red Bull no está para ganar, él encuentra la forma de estar más arriba de lo razonable.
No cambia el campeonato, pero sí confirma que sigue siendo el piloto que más estira los límites de su material. La carrera dejó también algunas notas secundarias. Lawson terminó sexto y vuelve a alimentar preguntas incómodas en Red Bull. Colapinto fue séptimo y sumó otro resultado importante para Alpine. Lindblad y Hülkenberg volvieron a entrar en los puntos. Aston Martin sigue hundido, con Alonso muy lejos y Honda moviendo piezas en plena crisis de rendimiento y fiabilidad.
Pero nada de eso cambia la lectura principal: Madrid organizó bien, pero el Gran Premio, como carrera, suspendió. Ahora toca decidir si se quiere arreglar. Porque el Gran Premio tiene margen, público, interés y una década por delante. Lo que no tiene es permiso para repetir muchas veces un domingo como éste. La Fórmula 1 puede permitirse una primera carrera mala, lo que no puede permitirse es no aprender nada de ella.
🔴 DIRECTO | Pedro Sánchez en la presentaciónde la ampliación del ‘Plan Veo’

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Pedro Sánchez: "Nos hemos dado de aquí al final del año para arreglar la situación en Ceuta"

El presidente del Gobierno tacha de "bulo" que tema a Marruecos por el espionaje de Pegasus: "Está bien para una serie de Neftlix, otra cosa es la realidad; lo inteligente es tener buena relación con un país vecino si queremos el retorno de los migrantes"
24 horas con el mando único en Ceuta: “Vamos a aliviar El Trampolín, El Príncipe y Loma Colmenar en cuestión de días”
El Gobierno fija por primera vez un horizonte temporal para la resolución de la crisis de Ceuta. En una extrevista este lunes por la noche en laSexta, Pedro Sánchez ha asegurado que espera el procedimiento administrativo y el retorno de la mayoría de migrantes pueda completarse antes de acabar el año. “Hemos fijado el mando único hasta final de año, esperamos tener esa situación resuelta para entonces”, ha dicho el presidente.
Cuestionado por la falta de contundencia con Marruecos y si teme el espionaje con Pegasus, Sánchez ha sido tajante. “Eso está muy bien para una serie de Neftlix, otra cosa es la realidad. Pero lo inteligente, aunque sea desde un punto de vista pragmático, es tener una buena relación con Marruecos si además queremos el retorno de los migrantes que no tengan derecho a asilo”, ha dicho.
El presidente ha vuelto a negar que la información disponible que tenía el Gobierno antes del 30 de julio fuera suficiente para prever la magnitud de la crisis. “Los mensajes del CNI con la Delegación del Gobierno no son prueba de que hubiera una alerta, más bien al revés. Las alertas de este tipo en un país serio se trasladan al máximo nivel de manera formal”, ha asegurado.
Sánchez ha criticado, además, la decisión del Tribunal Supremo de suspender cautelarmente el derecho a voto de los familiares de exiliados recogido en la 'ley de nietos', tras los recursos de Vox y Iustitia Europea. “¿De verdad se puede suspender la ciudadanía, que es el derecho al voto, a 400.000 españoles?”, se ha preguntado, durante la entrevista en El Intermedio, en La Sexta.
El presidente del Gobierno ha dicho que “no puede haber ciudadanos de primera y de segunda y representantes de tercera”, en alusión a partidos como PP y Vox que en los últimos meses han asegurado que esa nacionalización recogida en la Ley de Memoria Democrática suponía una suerte de intento de 'pucherazo' por parte del Gobierno.
Sánchez ha defendido la “independencia” de la Justicia y de la mayoría de los jueces, aunque ha criticado abiertamente al juez Juan Carlos Peinado, que ha instruido la causa contra Begoña Gómez, por su actividad profesional. “Peinado ha hecho mucho daño a la Justicia”, ha concluido.
Colágeno sin suplementos: los distintos tipos que hay en tu cuerpo y cómo cuidarlos con lo que comes

Aunque los suplementos de colágeno se han hecho populares en los últimos años, no todo el que hay en tu cuerpo es igual ni responde a la dieta del mismo modo
Un neurólogo, sobre los suplementos de omega-3 para la memoria: “La prevención del deterioro cognitivo requiere un abordaje múltiple”
Si en tu supermercado hay suplementos de colágeno, no es casualidad. El mercado global de suplementos de colágeno superó los 4.500 millones de dólares en 2025 y sigue creciendo. La promesa varía según el producto que se venda: piel más firme, articulaciones sin dolor, músculos mejor recuperados tras el esfuerzo, huesos más densos. Parte de esa promesa tiene base científica, pero la relación entre comer colágeno y tener más colágeno en el cuerpo es más complicada de lo que parece.
Qué es el colágeno y dónde está
El colágeno es la proteína más abundante del organismo humano: representa entre el 25% y el 30% de la proteína total del cuerpo. Los investigadores han identificado 28 tipos distintos de colágeno, pero los más comunes son los tipos I al IV, siendo el tipo I el que constituye más del 90% del colágeno presente en el cuerpo humano.
Todos comparten una estructura característica: una triple hélice formada por tres cadenas de aminoácidos, en la que cada tercer aminoácido es glicina y en la que la prolina y la hidroxiprolina son especialmente abundantes. Es esta estructura en hélice la que hace la molécula resistente y por eso se emplea en el organismo como soporte de estructuras.
El colágeno sostiene el espacio extracelular del tejido conjuntivo, ya que su rigidez y resistencia al estiramiento lo hacen ideal como “andamio” para piel, tendones, huesos y ligamentos. Si no tenemos suficiente colágeno, los tejidos que dependen de él se desmoronan.
Estos son los tipos de colágeno más importantes:
- Colágeno tipo I: es el más abundante y está presente en huesos, tendones, ligamentos, piel y córneas. Proporciona resistencia a la tracción. Cuando se deteriora, aparece la fragilidad ósea, una cicatrización deficiente de las heridas y pérdida de firmeza cutánea. Algunas mutaciones congénitas en los genes de colágeno tipo I producen “huesos de cristal”, que se fracturan con facilidad.
- Colágeno tipo II: predomina en el cartílago articular, donde proporciona resistencia a la compresión. Es el que forma la matriz extracelular del cartílago que recubre las superficies articulares, como en el hombro, las rodillas y cualquier otra articulación del cuerpo. Cuando se degrada llega la artrosis. Sin suficiente colágeno tipo II, la articulación pierde sus amortiguadores y aparecen el dolor y la limitación del movimiento.
- Colágeno tipo III: aparece frecuentemente junto al tipo I, especialmente en tejidos que necesitan ser a la vez resistentes y elásticos. Es el colágeno de la piel, los vasos sanguíneos y el músculo. Es el primer colágeno que se sintetiza en la cicatrización de heridas. Si falta, la piel se vuelve hiperlaxа y hay mayor riesgo de rotura de los vasos sanguíneos.
La relación entre colágeno en la dieta y colágeno en el cuerpo
Comer alimentos con colágeno o suplementos no quiere decir que ese colágeno pase mágicamente a nuestra piel, huesos y tendones. El organismo no incorpora el colágeno dietético directamente a sus tejidos. La mayor parte del colágeno de la dieta (por ejemplo, el pollo con su piel o un buen caldo de huesos) se descompone en el intestino en sus aminoácidos componentes, principalmente glicina, prolina e hidroxiprolina.
Los aminoácidos pasan a la sangre y son usados como bloques de construcción por los fibroblastos, condrocitos y osteoblastos, las células que fabrican colágeno nuevo en nuestro organismo. Para que la síntesis funcione hacen falta otros ingredientes, principalmente los aminoácidos glicina, prolina y lisina, vitamina C y niveles suficientes de cobre y zinc. Estos tres últimos son cofactores necesarios para las reacciones de síntesis.
Sin embargo, no todo el colágeno se descompone. Una revisión publicada en Nutrients en 2022 encontró que algunos péptidos de colágeno hidrolizado (agrupaciones más pequeñas de aminoácidos) producen efectos beneficiosos en piel, cartílago y hueso, posiblemente porque pasan intactos a la sangre y a los tejidos diana. Estos resultados son los que justifican el auge de los suplementos de colágeno, pero lo cierto es que el efecto es muy pequeño y depende mucho de la condición de partida, es decir, de si la dieta contenía ya los ingredientes antes mencionados en cantidad suficiente.
En otras palabras, con una dieta nutricionalmente completa, es menos probable que tomar colágeno marque una diferencia, porque ya tenemos todo lo necesario. Sin embargo, si hay alguna carencia, puede mejorar la situación. Cada tipo de colágeno necesita estos nutrientes en una medida u otra:
- Alimentación para el colágeno tipo I (huesos, tendones y piel)
La prioridad es una ingesta suficiente de proteínas (1,2-1,6 g/kg/día en adultos activos) con fuentes ricas en glicina y prolina, que se encuentran especialmente en caldos de huesos, carnes con tejido conjuntivo, piel de pollo y pescado. La vitamina C también es imprescindible, con 75-90 mg diarios como mínimo, y más en personas con mayor demanda de síntesis, como las que hacen ejercicio intenso o están cicatrizando. El zinc se puede obtener de carnes, legumbres y semillas.
- Alimentación para el colágeno tipo II (cartílago)
Además de todo lo mencionado para el tipo I, el cartílago responde especialmente bien a la glucosamina y la condroitina, presentes de forma natural en caldos de huesos de animales y en mariscos con caparazón. Aunque no tiene que ver, el omega-3 del pescado azul y las semillas de lino previenen la inflamación, uno de los factores que degrada el cartílago de forma acelerada.
- Alimentación para el colágeno tipo III (piel, vasos, músculo)
Este tipo responde especialmente a los antioxidantes que protegen las fibras de colágeno del daño oxidativo. A la vitamina C se suman los polifenoles de frutas y verduras de colores intensos (frutos rojos, tomate, espinacas, berzas) que neutralizan los radicales libres que degradan las fibras de colágeno tipo III en la piel y los vasos. El magnesio, presente en frutos secos, legumbres y verduras de hoja verde, también interviene en la síntesis del colágeno vascular.
Hay que tener en cuenta que la síntesis de colágeno decrece naturalmente a partir de los 25-30 años, pero el declive es más rápido con el tabaco, el exceso de azúcar y la exposición solar sin protección. Ninguna dieta o suplemento puede compensar esos daños si no los prevenimos nosotros mismos.
Qué revelan las grabaciones secretas de John Coltrane sobre el gran transgresor del jazz

La estrella del saxo dio la espalda a la fama para abrazar el free jazz y unas grabaciones recién descubiertas ('The Tiberi Tapes'), captadas con una grabadora oculta en un abrigo, revelan cómo lo hizo
Pirate Queen, las bucaneras del metal: “Eres pirata si te atreves a serlo, aunque trabajes en un súper”
En agosto de 1965, en la cima de su fama, el saxofonista John Coltrane encabezó el cartel del festival de jazz DownBeat en Chicago. Al subir al escenario junto a un nuevo miembro de su banda —el joven músico experimental Archie Shepp al saxo tenor—, el cuarteto de Coltrane se lanzó a una serie de improvisaciones libres y abruptas; se alejaron de las composiciones estructuradas para, en su lugar, descargar torrentes de sonido tan fuertes y agresivos que, según se cuenta, provocaron que gran parte del público abandonara la sala. El propio crítico de DownBeat escribió más tarde: “Ofrecieron una exhibición de destreza musical de tan mal gusto como cualquiera que haya escuchado jamás... Shepp y Coltrane parecían más interesados en ver quién lograba emitir los graznidos, chillidos y balidos más estridentes que en tocar música”.
Aquella actuación de 1965 debería haber sido un momento triunfal, tras cinco años de ascenso meteórico de Coltrane. Desde que dejó el “primer gran quinteto” de Miles Davis —con el que había grabado el álbum de jazz más vendido de todos los tiempos, Kind of Blue (1959)—, Coltrane había creado un lenguaje armónico totalmente nuevo para el jazz con el lanzamiento en 1960 de su álbum en solitario Giant Steps, había logrado un éxito radiofónico con su versión de 1961 de My Favorite Things (de Sonrisas y lágrimas) y, en enero de 1965, había plasmado su propia visión espiritual del jazz en el álbum A Love Supreme, nominado al Grammy. Ya era un gigante del género y había aportado docenas de composiciones al repertorio estándar; sin embargo, dos años después, en 1967 y con tan solo 40 años, fallecería a causa de un cáncer de hígado.
“Arruinó su atractivo comercial al pasarse a la vanguardia”, afirma el escritor y biógrafo de Coltrane, Ben Ratliff. “No le interesaba provocar el enfado de la gente, pero quería asimilar nuevas influencias y colaborar con músicos más jóvenes para explorar lo desconocido. Siempre quiso seguir avanzando y escuchándose a sí mismo. Estaba en plena búsqueda, trabajando en pos de una especie de música infinita”.
Para conmemorar el centenario del nacimiento de Coltrane este mes, esa búsqueda está quedando documentada en una serie de grabaciones inéditas —auténticas joyas de valor incalculable— de sus experimentos en clubes nocturnos. Coltrane solía realizar residencias de cuatro a seis semanas en locales como el Jazz Gallery de Manhattan, el Showboat de Washington DC o el Pep’s Lounge de Filadelfia; allí interpretaba extensas sesiones de material nuevo que existía únicamente en el instante de su creación: espontáneo y desenfrenado.
Conocidas como The Tiberi Tapes (las cintas de Tiberi) —en honor a Frank Tiberi, el saxofonista que las realizó—, estas cintas de bobina abierta surgieron inicialmente como un recurso de estudio personal para el propio Tiberi. Llevaba un voluminoso magnetófono Magnavox TR-100 a los clubes, con el micrófono oculto en la manga de su abrigo, y grababa los conciertos, logrando cambiar las cintas en la oscuridad cada 30 minutos para capturar la mayor cantidad posible del virtuosismo de Coltrane. Siguiendo al cuarteto de Coltrane entre 1960 y 1964 —justo antes de la grabación de A Love Supreme—, Tiberi acumuló 80 bobinas y más de 60 horas de música que empezó a compartir con colegas y alumnos selectos: un mapa de la sinuosa trayectoria de Coltrane hacia una música infinita.
Era algo inspirador, porque ya se podía apreciar cómo interpretaba un mismo tema durante 35 minutos o más; se expandía realmente para seguir a la música y dejarse llevar adonde ella quisiera ir
Joe Lovano — Saxofonista
La leyenda del saxofón Joe Lovano tocó con Tiberi en la Woody Herman Big Band en 1976 y recuerda haber quedado maravillado con aquel material. “Frank venía, me ponía los auriculares y reproducía ciertas secciones para ilustrar cómo Coltrane trabajaba los cambios armónicos o las melodías”, comenta Lovano. “Era algo inspirador, porque ya se podía apreciar cómo interpretaba un mismo tema durante 35 minutos o más; se expandía realmente para seguir a la música y dejarse llevar adonde ella quisiera ir. Esa libertad, característica de su obra posterior, ya estaba presente en la forma en que trazaba su propio camino melódico y dejaba espacio para los demás”. Más tarde, Lovano tocó con McCoy Tyner —pianista de Coltrane entre 1960 y 1965—, quien le contó que “todos sabían que Frank estaba grabando, pero contaba con su beneplácito. La banda sabía que el objetivo era la educación y anteponer la música a todo lo demás”.
Tiberi, que ahora tiene 97 años y no pudo conceder entrevistas, ofreció recientemente las cintas a Impulse!, el último sello discográfico de Coltrane, como una forma de preservar su historia. La recopilación Tiberi Tapes, que condensa esas 26 horas de música en 11 composiciones recién remasterizadas, no oculta la calidad de audio —a menudo deficiente— de unas grabaciones improvisadas ni el ambiente bullicioso en el que se realizaron. Se puede escuchar al público charlando de fondo o gritando en respuesta a pasajes llenos de energía, mientras las líneas de saxofón de Coltrane se entretejen entre el siseo de la cinta para producir interpretaciones de una belleza asombrosa: una versión más lenta y melódica de Giant Steps, así como una extensión de 33 minutos de Resolution (parte de A Love Supreme). “La energía de estas grabaciones es importante porque captura la chispa creativa que alimentaba a Coltrane”, afirma el historiador de jazz Ashley Kahn. “Era música social; la gente charlaba o hacía ruido, pero si logras adentrarte en ella, te recompensa tanto como tú te involucras”.
Para Lovano, estas cintas son un testimonio de las relaciones que Coltrane mantenía con cada uno de los músicos de su banda. “Era legendaria la cantidad de tiempo que dedicaba a practicar y tocar: todo el día, todos los días. Y luego actuaba hasta las cuatro de la mañana antes de conducir hasta su casa para estar con sus hijos pequeños. Era simplemente un joven que luchaba por abrirse camino a sus treinta y tantos años, y transmitía esa energía inspiradora”, comenta. “Se nota cómo apreciaba a nuevos talentos como Archie Shepp, el batería Rashied Ali o el saxofonista Pharoah Sanders; se querían mutuamente y él permitía que cada uno se valiera por sí mismo. Siempre se pueden percibir los gérmenes de hacia dónde se dirigiría después”.
Lo que vino a continuación fue el álbum más intransigente de la carrera de Coltrane. Grabado en junio de 1965 (pocas semanas antes de la actuación en el festival DownBeat) y publicado al año siguiente, Ascension supuso la primera muestra grabada de esta música indómita y capaz de distanciar al oyente. Coltrane amplió su cuarteto incorporando a siete músicos adicionales provenientes de las vertientes experimentales del free jazz, entre ellos Sanders y John Tchicai, quienes llegarían a ser pioneros por mérito propio. La suite de 40 minutos se grabó sin ensayos y en dos tomas; suena como una big band que se desplaza en espiral a través de solos estridentes, los cuales luchan por mantener el equilibrio sobre las placas tectónicas de la melodía, que se desplazan constantemente. Por momentos, la cacofonía resulta tan abrumadora que da la sensación de estar escuchando siete conversaciones a la vez.
“El periodo posterior a 1965 marca un punto de inflexión decisivo y sigue siendo, para muchos, la etapa más desafiante de la carrera de Coltrane”, afirma Kahn. “Era algo tan novedoso y revolucionario que ni siquiera tenía nombre. ¿Se trataba de Energy Music? ¿De The New Thing? Fue tan radical que a la gente le costaba realmente comprender lo que estaba sucediendo”.
Para 1966, después de que Tiberi dejara de grabar y emprendiera su propia carrera, Coltrane había incorporado a su grupo a varios músicos nuevos y transgresores, entre ellos el saxofonista de free jazz Albert Ayler, famoso por interpretar versiones en vivo que se prolongaban hasta 40 minutos a partir de temas sencillos ejecutados con gran intensidad. Durante un concierto en el Lincoln Center de Nueva York, en febrero de aquel año —en el que participaron Ayler, dos baterías y la esposa de Coltrane, la pianista Alice—, una gran parte del público abandonó la sala en masa tras percibir la dirección explosiva y sin ataduras que estaba tomando su música. El escritor Amiri Baraka describió aquella experiencia atonal como un sonido “de una naturaleza verdaderamente aterradora... ¡te devoraba!”, mientras que el saxofonista Dave Liebman estimó que casi la mitad de los 2.600 asistentes se marchó durante la hora que duró la actuación.
“En la última etapa de Coltrane, nos encontramos ante un artista de tal maestría que su forma de tocar trascendía nuestra comprensión inmediata”, afirma el saxofonista y admirador de Coltrane, James Brandon Lewis. “Sus frases musicales siempre tenían una intención y un rumbo, pero es posible que nuestros oídos no estuvieran lo suficientemente entrenados para captar lo que él intentaba resolver. Él conectaba la improvisación con la historia tribal y espiritual de la música, concibiéndolo todo como una unidad: el folclore y el futuro”.
En sus últimos años, parecía intentar hallar una vibración divina, libre de cualquier limitación preconcebida. Estaba profundamente inmerso en el sonido y era totalmente libre
Melissa Aldana — Saxofonista
Tras seguir actuando y grabando hasta pocos meses antes de su repentina muerte en julio de 1967, la incógnita sobre qué camino habría tomado Coltrane a continuación ha intrigado a sus seguidores y oyentes desde entonces. “Siempre estaba buscando su sonido; nunca se detuvo”, comenta la saxofonista Melissa Aldana. “En sus últimos años, parecía intentar hallar una vibración divina, libre de cualquier limitación preconcebida. Estaba profundamente inmerso en el sonido y era totalmente libre. Eso es lo que siempre me hace volver a él; significa que, al seguir escuchándolo, siempre encontraremos algo nuevo en su música”.
Aunque es posible que su público disminuyera en sus últimos años, esa misma búsqueda incesante es la que hoy parece atraer a los oyentes más jóvenes, cien años después de su nacimiento. Irónicamente, Ascension —el álbum que marcó el inicio de su “difícil” etapa final— fue reeditado en junio de este año debido a la demanda. “No lo analices, simplemente escucha”, dice Lewis. “Abre el corazón y recibe el mensaje. Sea cual sea el que creas que es”.
Por qué los primeros 30 minutos después de despertar determinan el resto del día

Los primeros minutos del día no son iguales biológicamente al resto, y las hormonas y el estado del cerebro influyen en lo que hacemos y dejamos de hacer
El efecto “vuelta al cole” y por qué septiembre es la mejor época del año para cambiar de hábitos
En su popular libro de 2001 titulado Cómete esa rana, el autor Brian Tracy recomendaba algo aparentemente simple, pero nada fácil: haz la tarea más desagradable nada más empezar por la mañana. Intuitivamente sabemos que por las mañanas hay más energía, que la fuerza de voluntad flojea a medida que avanza el día, y que dejar las cosas difíciles para después aumenta la probabilidad de no hacerlas. Pero todas esas intuiciones tienen una explicación en nuestra biología y la forma en que influye en el cerebro.
El cortisol matutino y el cerebro por la mañana
El cortisol es conocido como “la hormona del estrés”, ya que se segrega en situaciones que percibimos como peligrosas. Pero no se habla tanto de que lo necesitamos para levantarnos de la cama. “El cortisol comienza a aumentar durante las primeras horas de la mañana, alcanza valores elevados alrededor del despertar y después desciende progresivamente a lo largo del día hasta alcanzar sus niveles más bajos durante la noche”, explica la doctora Andrea Azcárate, jefa de servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
Esa subida matutina, conocida en la literatura científica como respuesta de cortisol al despertar (CAR por sus siglas en inglés), no es un fenómeno de estrés sino una preparación activa del organismo para el día. Un estudio de 2021 que combinó neuroimagen y manipulación farmacológica del cortisol encontró que la CAR prepara las conexiones entre el hipocampo (a cargo de la memoria) y la corteza prefrontal (donde se produce el razonamiento) para afrontar los retos cognitivos del día.
Esta es, literalmente, la secuencia de arranque del cerebro por las mañanas. Los estudios que han medido el efecto de la CAR sobre el rendimiento cognitivo a lo largo del día encuentran que una CAR más robusta se asocia con mejor función ejecutiva, mayor capacidad de atención sostenida y mejor inhibición de respuestas impulsivas.
El cortisol no es la única hormona que participa en este programa, las catecolaminas como la dopamina, adrenalina y noradrenalina, que tienen mucho que ver con la alerta y la activación de los músculos, también aumentan por la mañana. “Muchas de nuestras hormonas siguen un ritmo circadiano, es decir, varían a lo largo de las 24 horas siguiendo el reloj biológico del organismo”, corrobora la doctora Azcárate. “Esto significa que nuestro organismo no funciona exactamente igual a cualquier hora del día: el sueño, la ingesta de alimentos, la actividad física y la exposición a la luz interactúan continuamente con estos ritmos hormonales”, añade.
Muchas de nuestras hormonas siguen un ritmo circadiano, es decir, varían a lo largo de las 24 horas siguiendo el reloj biológico del organismo (...) El sueño, la ingesta de alimentos, la actividad física y la exposición a la luz interactúan continuamente con estos ritmos hormonales
Andrea Azcárate — endocrinóloga
El desayuno como señal para regular el día
Por todo lo anterior, la primera comida del día no es solo combustible, sino una señal circadiana. Cuándo se come, cuánta cantidad y qué nutrientes, son señales para el reloj biológico y determinan cómo evoluciona nuestro apetito el resto del día. Por ejemplo, las proteínas tienen un mayor efecto saciante que los carbohidratos o las grasas porque elevan los niveles de colecistoquinina y GLP-1, hormonas que regulan la saciedad.
Un ensayo controlado de 2024 que comparó tres tipos de desayuno en mujeres con sobrepeso encontró que el desayuno alto en proteínas y bajo en carbohidratos aumentó la sensación de saciedad durante las horas posteriores y, de forma especialmente relevante, mejoró en un 3,5 puntos porcentuales el rendimiento en un test de concentración cognitiva antes del almuerzo. La combinación de proteína matutina con la CAR en su punto máximo produce una ventana de alerta cognitiva que no se repite en ningún otro momento del día.
El riesgo de la procrastinación a lo largo del día
Si no aprovechamos esta ventana de tiempo por las mañanas con su entorno favorable, puede que luego no tengamos la misma capacidad de afrontar nuestras tareas. “Se ve mucho con el tema del gimnasio”, pone como ejemplo Kaja Chmielowiec, psicóloga sanitaria de PsiCoConducta. “Si puedes ir todo el día a todas horas, eso hace que no vayas nunca. Es decir, si no hay un compromiso concreto, en que tienes una hora cerrada, como una clase, en el que tienes la sensación de que o vas a esa hora o lo pierdes, si puedes ir en cualquier momento, la tendencia al final es dejarlo”, añade.
El mecanismo que describe Chmielowiec se denomina procrastinación intradía. No se trata de dejarlo para otro día, sino de dejarlo para más tarde. “Si lo voy posponiendo al final del día, es menos probable que ocurra. Si llegan las ocho, ya tengo la excusa de que el día ya se ha acabado y ya lo haré mañana. Es un círculo vicioso”, dice la psicóloga.
La solución que recomienda Chmielowiec en su consulta combina dos estrategias: “Un buen truco es quitarnos primero de encima las cosas que más nos cuestan. Si lo que más ansiedad me genera es, por ejemplo, buscar trabajo, empiezo la mañana por ahí”. A esto se suma hacer que los compromisos sean concretos y no haya lugar para la ambigüedad: “Intentar ser lo más concretos posible, hacer una lista de las cosas que quiero conseguir y a qué hora”, añade.
Un buen truco es quitarnos primero de encima las cosas que más nos cuestan. Si lo que más ansiedad me genera es, por ejemplo, buscar trabajo, empiezo la mañana por ahí
Kaja Chmielowiec — psicóloga sanitaria
Automatizar para no decidir
Cada decisión que se toma por la mañana consume parte de los recursos cognitivos disponibles. La literatura sobre fatiga de decisión apunta a que los recursos para tomar buenas decisiones se agotan progresivamente a lo largo del día, y que las elecciones tomadas más tarde son peores, algo que se pudo comprobar con profesionales sanitarios. La solución no es tener más fuerza de voluntad sino conocer esta limitación y tomar menos decisiones, es decir, automatizar conductas.
Cuando una conducta beneficiosa se vuelve automática, tiene un efecto secundario interesante de refuerzo, haciéndonos sentir más competentes y autónomos. “Sobre todo si es algo con lo que tenía dificultad y de repente soy capaz, gracias a esos cambios, mejora mi percepción de mí misma”, afirma Chmielowiec.
Qué hacer en los primeros 30 minutos del día
De poco sirve querer aprovechar esa ventana de mayor energía por las mañanas si nos levantamos sin fuerzas por una mala noche de sueño, y esto quiere decir que la preparación comienza el día anterior. “Mantener horarios relativamente estables para acostarse y levantarse, exponerse a luz natural especialmente durante las primeras horas del día y reducir la luz intensa y el uso de pantallas por la noche ayuda a sincronizar nuestro reloj interno”, recomienda la doctora Azcárate. “Nuestro reloj biológico utiliza diferentes señales para saber en qué momento del día se encuentra, principalmente la luz, pero también el sueño, las comidas y la actividad física. Cuanto más coherentes sean esas señales entre sí, más fácil será mantener unos ritmos biológicos bien organizados”, añade.
Nuestros hábitos, por tanto, ayudan a crear esa ventana de oportunidad de las mañanas, para lo que tener una rutina puede ser de mucha ayuda. Los ingredientes de esta rutina matinal deberían incluir la exposición a luz natural en los primeros minutos (abrir persianas o salir al exterior brevemente activa el reloj circadiano y amplifica la CAR), un desayuno con una fuente de proteínas (huevo, yogur, queso fresco), algún tipo de movimiento aunque sea breve (cinco minutos de estiramientos o una sentadilla profunda mantenida para activar la circulación), y finalmente, enfrentarnos a la tarea más exigente del día antes de abrir el correo o revisar las notificaciones.
Lo que se deja para después en la mañana rara vez ocurre por la tarde. No porque la fuerza de voluntad sea débil, sino porque el día no espera.
Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.
Vendrán tiempos mejores, Emma Bonino

La legitimidad de quienes se apuntan a tantas causas nobles no se consigue despotricando desde el sofá. Esa legitimación, Emma Bonino se la ganó a pulso y con creces, incansablemente. En Italia lo han reconocido respetuosamente casi todos
Ha muerto Emma Bonino. En una campaña para hacerla presidenta de la República, en 1999, la presentaron con el lema “Finalmente, l’uomo giusto” (“Por fin, el hombre adecuado”). En el diario La Repubblica (que le ha dedicado seis páginas) la han presentado diciendo que “ha sido la mejor presidenta de la República que Italia nunca ha tenido”.
La conocí en Barcelona y congeniamos al instante (a veces los caracteres muy diferentes se atraen a primera vista). Entonces yo fumaba casi tres paquetes al día, y ella mucho más. Una vez se lo comenté y se encogió de hombros, con un gesto resignado. Ha muerto de un cáncer de pulmón que arrastraba desde 2012.
Uno podía estar más o menos de acuerdo con sus posiciones, siempre radicales, siempre inmediatas y tajantes; pero, en cualquier caso, de resignación nada de nada. ¡Cuánta energía, qué enorme empuje político! Estaba siempre en las barricadas, con un Partido Radical que capitaneó haciendo tándem con Marco Panella; un partido que hizo mucho ruido, estuvo muy de moda, y ha desaparecido prácticamente con ella. Combatió por la reforma del derecho de familia, por el divorcio, por el derecho al aborto, por la objeción de conciencia, por el voto a los dieciocho años, por el Tribunal Penal Internacional; contra las dictaduras, contra el hambre en el mundo, contra la pena de muerte.
La legitimidad de quienes se apuntan a tantas causas nobles no se consigue despotricando desde el sofá. Esa legitimación, Emma Bonino se la ganó a pulso y con creces, incansablemente. En Italia lo han reconocido respetuosamente casi todos, del presidente de la República a Giorgia Meloni y Elly Schlein. El Papa Francisco, diametralmente contrario a algunas de sus posiciones, la visitó en su domicilio en noviembre de 2024, después de una intervención quirúrgica, y dijo que era “un ejemplo de libertad y resistencia”.
La Repubblica escribe que “la estrella que ha iluminado los últimos lustros de vida de aquella que The Economist definía en 1999 como un ‘astro naciente de la política europea’ ha sido el gran sueño de los Estados Unidos de Europa. Una verdadera federación, con un presidente elegido directamente, un solo ejército, una sola diplomacia. A esta misión se dedicó en cuerpo y alma”. Ella recordaba con orgullo los años en los que fue comisaria europea, con una cartera que incluía la ayuda humanitaria. Ejerció un Soft Power europeo con coherencia y a cien por hora: en Ruanda, en Somalia, en el Kurdistán iraquí, en Bosnia, en Afganistán, donde fue detenida por los talibanes, en Oriente Próximo…
El ex primer ministro italiano Mario Monti, que fue comisario europeo con ella, ha recordado que Emma Bonino se perdió la primera reunión de la nueva Comisión Europea, en 1994, porque “estaba en Nueva York trabajando para la formación del Tribunal Penal Internacional, y esa era su prioridad”. Ha añadido un comentario triste: «Encuentro espantosamente simbólico que Emma nos haya dejado precisamente en los días del triunfo de la AfD, cuando Trump exhorta a los aliados a trabajar por la abolición del Tribunal Penal Internacional y en Italia se afianzan partidos soberanistas que sobre Europa, y sobre las mujeres, tienen las posiciones que sabemos».
«Los tiempos están cambiando», aquel canto emblemático de la juventud de Emma Bonino (y de sus coetáneos, hoy octogenarios, hoy supervivientes) tenía resonancias inequívocamente optimistas: “El orden se deshace deprisa / Y el primero ahora será el último / Porque los tiempos están cambiando”. La canción manifiesto de Bob Dylan tenía, en los años 60 del siglo pasado, un sentido muy claro: acompañaba en los EE. UU. al movimiento por los derechos civiles y por la paz en Vietnam, y se entendía en el mundo entero como un himno por la justicia y la libertad.
Ahora los tiempos también están cambiando, y de momento no para bien. A diferencia de entonces, el viento sopla ahora hacia la derecha y hacia atrás. En Europa, sin ir más lejos, decir ahora que «los primeros serán los últimos» suena más a profecía de declive y retroceso que a exigencia de mayor igualdad. El fracaso de las políticas neoliberales de las últimas décadas ha abierto la puerta a fuerzas nacionalpopulistas, iliberales, que defienden un capitalismo más desregulado, más depredador, y amenazan la democracia. Lo menos que se puede decir es que no abundan los motivos para el optimismo.
Sin embargo, el pesimismo puede generar sus propios equívocos y engaños, tanto o más que el optimismo. Entre el optimismo generacional de hace 60 años y los temores de hoy puede haber un punto en común de credulidad, de candidez ingenua, con sus posibles malas consecuencias. Un exceso de optimismo puede llevar a la pasividad (el progreso vendrá por sí solo) del mismo modo que el pesimismo puede llevar a la apatía del todo es inútil, del no hay nada que hacer.
Emma Bonino se revolvió contra estas dos ingenuas pasividades durante toda su vida. Lo hizo con pasión (“con sentimientos tibios no se llega a ninguna parte”, decía) y con una esperanza que no hay que confundir nunca con el optimismo beato. No era la suya una evasión subjetiva frente a la realidad sino una energía que empujaba a la acción incluso cuando las perspectivas parecían muy poco prometedoras. Esta es su lección. No todo se puede cambiar, pero nada se puede cambiar si no se actúa.
Sajonia-Anhalt: ciegos, sordos y fatalmente mudos

El auge del voto a la extrema derecha responde a algo y el combate democrático que se debe llevar a cabo debe centrarse en ese “algo”. Hasta ahora las fuerzas democráticas han combatido el efecto y no la causa
La mayoría de las informaciones sobre la victoria de la extrema derecha en las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt del domingo pasado siguieron el guion de este tipo de acontecimientos: sorpresa, alarma, llamada de atención, incredulidad. Palabras y expresiones que se vienen repitiendo desde hace exactamente diez años, a raíz del referéndum del Brexit en Reino Unido y de la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Sorpresa e incredulidad que entonces estaban justificadas, pero ¿ahora?
Ciegos
Hemos perdido la cuenta de las victorias de las distintas fuerzas de extrema derecha, nacional populistas, xenófobas, nacionalistas y demás encarnaciones del odio que se han ido produciendo a lo largo de esta década en todo el mundo, y aun así algunos siguen maravillándose, sorprendidos y se diría que felizmente aterrados, ante cada una de ellas, sin parecer que hayan aprendido nada, como si hubiesen estado todo este tiempo en Plutón.
¿Qué sorpresa puede deparar el resultado cuando todas las encuestas lo anunciaban? Es más, solo había que retrotraerse al resultado de las elecciones federales del año pasado, cuando AfD ya rebasó el medio millón de votos, más que doblando su resultado de cuatro años antes. Estaba cantado, para cualquiera que quisiera verlo. Pero vivimos en un mundo en presente continuo, sometidos a una dieta de escándalos concatenados, que aparecen con la mayor estridencia y desaparecen sin dejar nada atrás, desconectados de cualquier referente, sin pasado ni futuro, puro presente. Vendrán más elecciones regionales en Alemania… y nos harán igual de ciegos.
Y seguiremos hablando (y escribiendo en grandes titulares) que sus resultados serán un “señal de alarma para Europa”, sin querer entender que la alarma ya hace tiempo que está instalada en el mismo corazón de Europa, en el que actúa con total normalidad una coalición política entre la derecha tradicional y las fuerzas emergentes de la extrema derecha. Su última actuación conjunta fue la concentración de eurodiputados de estas fuerzas a las puertas del Europarlamento en apoyo (sic) de Ceuta. Ahí, en esa foto, se expresaba la nueva coalición dominante en nuestra Europa democrática: los populares junto con la extrema derecha, bendecidos por el jefe del PPE, Manfred Weber, el gran arquitecto del acercamiento a los ultras.
Precisamente el partido de Weber, la CDU, ha sido la gran derrotada. Pero no solo eso. Según los sondeos, uno de cada cuatro de los que votaron a los cristianodemócratas en 2021 habrían optado esta vez por AfD. Ese es el precio que está pagando la derecha en todo el continente por su acercamiento al lado oscuro. Ese sí que es el gran remplazo. Próxima parada, Francia.
Sordos
Otra de las “sorpresas” que nos deja el resultado en es la intensísima movilización del electorado, el principal beneficiario de la cual ha sido (¿quién lo diría?) la extrema derecha. Nada nuevo. Llevamos viendo esto elección tras elección. Una parte muy significativa de los buenos resultados de los partidos ultras se explica por su capacidad de atraer a las urnas a una parte muy importante de la población que, hasta la aparición de estas fuerzas, no se sentía llamada a participar en el proceso democrático. He ahí la paradoja: fuerzas que propugnan en mayor o menor medida la desaparición de la democracia son capaces de activar para el juego democrático a grandes capas de la sociedad, a los dejados de lado por el sistema, los que se sienten abandonados por los partidos tradicionales, los partidos democráticos.
Partidos que se han mostrado sordos, cuando no desdeñosos, a los llamados de atención de estas personas. Hillary Clinton, en la campaña de 2016, cuando todo empezó, los calificó de “basket of deplorables”. Desde entonces se han sucedido los descalificativos hacia esa parte del cuerpo electoral. Se les ha llamado genéricamente fachas, racistas, se ha dicho de ellos (la mayoría son hombres) que estaban mal informados, intoxicados con fake news (lo cual es cierto), que votaban mal (sí, no solo Vargas Llosa dice estas cosas) porque lo hacían “contra sus intereses”. Incluso se ha llegado a dudar de la legitimidad de sus reivindicaciones, de sus miedos, para desacreditar su angustia en esa especie de concurso para decidir quien es más víctima que quien, ergo quien puede tener voz, quien tiene derecho a quejarse (y quien no).
Todo ello los ha lanzado en brazos de la extrema derecha, que ha sabido manipular ese desasosiego, que no lo ha cuestionado y, fundamental, le ha dado un sentido coincidente a sus intereses (a los intereses de la extrema derecha): los culpables de tu situación son los inmigrantes, las feministas, los partidos tradicionales, la corrección política. La extrema derecha ha sabido dar una respuesta (falsa, torticera, pero respuesta, al fin y al cabo) a un desasosiego, a un miedo que se siente como real y que los ultras no cuestionan, al contrario, abrazan, legitiman. Con ello la extrema derecha consigue algo políticamente muy valioso: crear comunidad, establecer vínculos, dar identidad. Acoger, abrazar, consolar.
Como cantaban The Who en Tommy: “see me, feel me, touch me, heal me”, las fuerzas democráticas no han querido ni ver, ni notar, ni tocar, ni por supuesto curar a una parte de la sociedad que se siente abandonada. No los han escuchado, o lo que es peor, no los han querido escuchar.
Mudos
Si la extrema derecha ha conquistado el apoyo de tanta gente es, en buena medida, porque ha sido la única opción capaz de proponer una alternativa a la actual situación. Precisamente, de ahí viene la AfD, como respuesta al discurso de Merkel, de resonancia thatcherianas, de que “no hay alternativa”. Obviamente, la extrema derecha es una alternativa-trampa, que en ningún momento aboga por corregir las desigualdades del sistema actual, por muy antisistema que se presente, pero emite un relato que da respuesta, aparente, al estado actual de cosas, a la incertidumbre, al miedo y la sensación de amenaza que recorre grandes capas de todas las sociedades democráticas. Algo que es muy real y ante lo que, desgraciadamente, las fuerzas democráticas no emiten señal, no dan respuesta. Si una parte de la sociedad vota por la extrema derecha es, en gran medida, por ese silencio, amplificado por unas redes sociales que basan su negocio en el comercio del odio (que es el núcleo del discurso ultra).
Ante la respuesta categórica y violenta de la extrema derecha (“¡echémosles!”), las fuerzas democráticas emiten resignación. El sistema no se toca. Tiene problemas, sí, habría que reparar algo, claro, hay que ajustar alguna pieza, obvio. Pero el sistema es un tótem, no se puede tocar, no se puede ni cuestionar. Vivimos en el mejor de los mundos posibles. Pero para una parte de la sociedad la democracia se cae a cachos, incapaz de dar respuesta al desasosiego, a la desigualdad, a un futuro que se ve cada vez más oscuro que incierto. Y ahí, en esa inmovilidad, en ese agarrotamiento, en esa esclerosis de las vías democráticas, es donde cala el mensaje de los ultras: abajo con todo (con todo menos con el establishment, ya se entiende).
Ante un problema grave como el de la vivienda, la escuela o la sanidad, la extrema derecha propone la exclusión de los inmigrantes como solución. Es inhumano, es tramposo, pero ¿cuál es la propuesta desde las fuerzas democráticas? Pues que es un tema muy complejo, que hay que “abordarlo” desde diversos frentes, que se necesitan años para resolverlo, que las propuestas ultras son irrealizables, que los problemas complejos no admiten soluciones simples. En resumen, nada. Todo muy cierto, sí, pero lo que se emite desde las fuerzas democráticas suena a resignación y palabrería. Es decir, nada.
O aún peor, porque una de las salidas más manidas en estos casos es simplemente desacreditar las “soluciones” de la extrema derecha sin ofrecer alternativa, sin emitir una respuesta propia, una propuesta mínimamente comprensible, un relato sobre cuáles son las causas y como atacarlas ¿Quién es el malo, para las fuerzas democráticas? Para la extrema derecha está claro. Es el inmigrante, la feminista, el woke, los “políticos” (como si ellos no lo fuesen). Pero, ¿y para las fuerzas democráticas? Es la extrema derecha. Pura tautología. Mientras la extrema derecha se sitúa en un plano social (tramposo, repito), el discurso de las fuerzas democráticas se sitúa en el plano político. Habla en político, emite en político. Es decir, no emite para una gran mayoría del cuerpo electoral.
Hay que impedir que la extrema derecha llegue al gobierno para que no aplique sus políticas discriminatorias, que profundizan la desigualdad, el odio y la división social. De acuerdo. Pero ¿para qué?, ¿para hacer qué? Silencio. El auge del voto a la extrema derecha responde a algo y el combate democrático que se debe llevar a cabo debe centrarse en ese “algo”. Hasta ahora las fuerzas democráticas han combatido el efecto y no la causa. Tal vez el enemigo sea la extrema derecha, pero la tarea no es impedir que gane unas elecciones, la tarea de fondo no es impedir que gane en Suecia, en Francia, en los sucesivos länder alemanes y en España. La tarea es hacer que no tenga sentido para mucha gente (cada vez más) votar a la extrema derecha. Y eso requiere decirle algo a esta gente, atenderles, proponerles una alternativa democrática a sus miedos. No vale decir que lo que propone la extrema derecha está muy mal (que lo está) o que es una trampa (que lo es) si no se es capaz de darles soluciones en el marco de una democracia que no se resigna, que lucha y defiende los valores que dice encarnar.
Ver, escuchar y hablar. Analizar, entender y proponer. Es tiempo de construir una respuesta democrática.
El tiempo, implacable, nos come los pies

Es insoportable ver pululando por las tierras ceutíes a centenares, quizá miles, de seres fantasmales sin que un Estado europeo del siglo XXI sea capaz de encontrarles techo y darles comida y aspirinas, más de un mes después de aquel nefasto 31 de julio
El tiempo, el implacable -siempre Pablo- tiende a hacernos trampas. Exacto y riguroso hasta la desesperación, un segundo, un minuto, una hora, un día, una semana, un mes, un año. Implacable, lo dijo Milanés. Así diluvie o luzca un sol resplandeciente, los terremotos asolen países enteros, los tsunamis se coman centenares de kilómetros de costa, unos asesinos bombardeen Gaza, otros se estrellen contra las Torres Gemelas, el reloj ni se inmuta. Segundo a segundo, minuto a minuto. Tic, tac, tic, tac. Pero nuestra percepción del tiempo no es esa. Ni mucho menos. Los días se nos hacen eternos en el trabajo tedioso, pero vuelan mientras nos bañamos en la playa. Menos vueltas y revueltas, que el Ojo ha decidido hoy cambiar de vía y adentrarse en caminos abstrusos, pero todo tiene un límite y vamos a lo que vamos: habrá elecciones en 2027, porque es cuando tocan, nos anunció Pedro Sánchez hace muchísimo tiempo. Una eternidad nos pareció entonces. Pues hoy, ya ven ese trampantojo maldito del tiempo, el 2027 se nos ha echado encima y las urnas, que tan lejanas veíamos, hoy las tenemos esperando ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Reloj, no marques las horas, que tu tic-tac me recuerda mi irremediable dolor.
Han sido cuatro años, que digo cuatro, ocho, de asedio permanente, de guerra sin prisioneros, de napalm para borrar de la Tierra a comunistas y bolivarianos comandados por ese perro Sanxe, más bien Belcebú, esa tragedia que ha destrozado a nuestra España querida, te llevo en el alma. Esta derecha que tenemos enfrente, salvaje, despiadada, canallesca, sucia y vengativa, no va a parar en su campaña de destrucción. Cuenta para ello con los ricos del mundo, con los jueces de togas embarradas, con una prensa repugnante y un entorno mundial que favorece el sindiós de esta extrema derecha que desde Reagan ha irradiado Estados Unidos hacia el mundo, hasta llegar a esa excrecencia que se llama Donald Trump, la aberración suprema de un sistema corrupto y corruptor.
Porque quien piense que una cosa no viene atada con la otra, ya saben, aquello de los racimos, es que no sabe dónde tiene la mano izquierda y la derecha. O sea, los llamados estúpidos neutrales. Claro que no se trata de mecanicismos baratos ni silogismos de barra de bar, este manda y aquel obedece o esto pasa porque si “a” hace “b” y “b” hace “a” tiene que pasar “c”. Es todo un poco más complejo, pero quien piense que la subida estrepitosa de los neonazis alemanes de Afd no tiene nada que ver con el poderío de Trump, o que este no se retroalimenta con los Musk de este universo nuevo es que cree que existen los unicornios. Las corrientes poderosas en el mundo invierten miles de millones en arrasar a las izquierdas con todos los medios, legales e ilegales que tienen a su alcance. Y cuando no pueden lograr sus objetivos, utilizan la fuerza bruta. Hartos estamos de verlo en todo el universo y todavía nos creemos que los Reyes Magos existen. ¿Tampoco creen ustedes que las negras togas actúan en la misma dirección que Feijóo y Abascal para acabar con Pedro Sánchez, no digo si hay una relación de amo y esclavo, pero sí una evidente confluencia de intereses? Si así lo piensan, es que ustedes no son tuertos, como este Ojo, son ciegos, pero de entendederas, y desgraciadamente no tienen remedio. Desahuciados. Deberíamos pensar si la espantosa dificultad de comprensión de los alumnos que muestra el informe Pisa es culpa de los profesores o de esos padres y esas madres que no ven, ni entienden, ni quieren ver ni entender lo que tienen delante. O sea, de tales asnos, tales pollinos.
Acostumbra el Ojo a comentar, con lágrimas que ustedes no ven, los hechos que cada semana acontecen en las rúas españolas. Lo que nos llevaría hoy a volver a hablar de las negras, negrísimas togas, ese gigantesco disparate de la ley de nietos, para simplificar, o la bizarra intervención de la presidenta del CGPJ y del Supremo, Isabel Perelló, ejemplo bochornoso de una justicia más que ofuscada, además de arrogante y pendenciera. Y deberíamos guardar algún espacio, pequeñito, que la interfecta tampoco se merece más, para esa reina del vermú, Isabel Díaz Ayuso de nombre, tan proclive a los fastos de la Fórmula 1 y similares, donde puedan disfrutar todos los vips que tanto la quieren porque tanto le deben, desde el rey hasta el último cayetano. El ático, señora, el ático. O de Ceuta, claro, vergonzante y maliciosa actuación por parte del PP y Vox, primero, de la miserable Europa que hoy nos avergüenza, después, con los extemporáneos, pero significativos, exabruptos de Trump, Musk, Israel o el Aznar miserable que todos conocemos. Y de postre, qué miedo, chihuahua ladrador, García Page. Lo cual no debe ocultarnos esa guerra de Gila que hemos tenido que soportar, servicios de inteligencia que se comunican por wasap, hola, tío, soy el espía, que dice el enemigo que tengamos cuidado. Vale que se peleen los ministros, pero es que ahora están a la greña hasta los jefes de gabinete, que pronto veremos la encarnizada batalla entre conserjes de los distintos ministerios. Un horror.
Es insoportable ver pululando por las tierras ceutíes a centenares, quizá miles, de seres fantasmales sin que un Estado europeo del siglo XXI sea capaz de encontrarles techo y darles comida y aspirinas, más de un mes después de aquel nefasto 31 de julio. Ninguna entrevista de televisión, ninguna intervención parlamentaria puede librar a Pedro Sánchez del oprobio que nos acongoja ¿Que el popular Vivas protesta? Como si se opera. El Gobierno debe hacer lo que corresponde y tomar las decisiones jurídicas que sea menester. Mando único y todo lo que haga falta. Sabemos de la complejidad de solucionar las corrientes de fondo, el drama universal de la emigración o las peleas geopolíticas, devolver a los marroquíes o a los senegaleses, menores o mayores, al tiempo que respetar sus derechos, pero muestren, ya, en un día, dos días, una semana, que saben cómo solucionar los problemas de logística. Es lo mínimo exigible a un gobierno eficiente. Primero, el techo, luego la política.
Pero volvamos al comienzo, que íbamos por buen camino, pero enseguida nos hemos ido de carril. Decíamos, así, a pelo, que el tiempo se nos agota. Amanecimos un día en el que quedaban cuatro años para resolver los grandes problemas de esta sociedad, digamos la vivienda. Pues ahora nos quedan, como mucho, nueve meses. Nada, lo que dura un embarazo, larga espera sin duda para la madre, pero efímera para el ginecólogo. Decía el alcalde de Nueva York, Zoran Mandami en una entrevista en El País que “La democracia no sirve si la gente no puede cubrir sus necesidades”. Teníamos muchos problemas sociales entonces y seguimos teniendo muchos problemas sociales hoy. Y muy poco tiempo para solucionar, o paliar, cuando menos, algunos de ellos. ¿Cómo es posible que vayamos a enfrentar el último trimestre del año con la amenaza de una huelga general de médicos, con los alquileres en capas estratosféricas, con salarios siempre por debajo del coste de la vida? Ya sabemos que las fuerzas extraterrestres de las que hemos hablado, los tribunales y sus sentencias, por ejemplo, tienen vida propia, como los Alien de Ridley Scott, pero tenemos que ser capaces de encontrar salida para alguna de las crisis que nos aprietan. Y hay que demostrarlo antes de ser llamados a las urnas. O la izquierda demuestra, más pronto que tarde, nos pilla el tren, que es útil para las gentes de a pie, al tiempo que hace evidente las promesas mentirosas de la derecha o el futuro se presenta negro.
Y el Ojo, y seguro que muchos de ustedes, no quieren que pase eso. Aceleración a tope, los malos van a seguir cortando cuellos, pero los buenos tenemos que ofrecer soluciones gigantescas, espectaculares. Y saber venderlas. Ayer ya es tarde.
Y conste que el trabajo no solo les corresponde a los socialistas, aunque en primerísimo lugar, por supuesto, les corresponde a ellos. Es que la izquierda más izquierda llega en cueros, desnudas todas sus debilidades, costurones al descubierto, heridas que no han sabido cerrar en toda la legislatura. ¿No podían aprender un poquito de la marcialidad de la derecha, cierren filas, ajusten las bayonetas y a los higadillos del enemigo?
Las discusiones sobre el tamaño de las raciones, cuando hayamos ganado y tengamos algo que repartir.
Adenda. A todas esas fuerzas oscuras que nos han exprimido durante años, los consorcios económicos y multinacionales o el complejo político militar, se ha unido últimamente la apocalíptica amenaza de la Inteligencia Artificial, en manos de unos lunáticos tecnomultimillonarios, siempre aliados con esas fuerzas descomunales que ya existían. Porque se necesitan miles y miles de millones para engordar al monstruo, y como es obvio, el dinero está en las manos que todos sabemos. Malo, espantoso, terrorífico es que esa potencia casi infinita se quede en las garras de unos cuantos aventados, gentes sin escrúpulos, que si antes los genios eran tipos despistados y melenudos, hoy son listísimos hombres de negocios expertos en saberes indescifrables, pero también en cómo sacar dinero -y mucho, muchísimo dinero- debajo de esas fórmulas mágicas. Y son, también, profundamente reaccionarios. Locos, sí, pero de avaricia. Pero aún nos aterra más, se nos acaban los adjetivos, ante ese horizonte pavoroso, espeluznante, enloquecedor que se dibuja en los últimos tiempos de que sean las propias máquinas, sin control humano, quienes decidan qué, cómo y cuándo actuar.
¿Puede alguien frenar esta barbaridad? ¿Es posible alguna regulación independiente, que no esté al servicio de sus dueños? Y en esa batalla galáctica entre los señores de Estados Unidos -Trump mediante- y China, ¿tenemos las organizaciones europeas, los gobiernos de nuestro continente, algo que decir o hacer?
Y ya puestos, ¿qué pintamos en esta película de ciencia ficción usted, por ejemplo, o mismamente el Ojo?
¡Qué distinta era la vida hace 10.000 años, cuando veías al tipo cejijunto y malencarado que venía a por ti con un garrote gigantesco!
Símbolos

Me niego a que, como están las cosas, parezca que, cuando uno quiere desplegar la bandera de su país, todo el mundo suponga que uno es franquista, o fascista de cualquier pelaje o nacionalista de ultraderecha. ¿Con qué derecho se han apropiado de la bandera que nos representa a todos?
Hace unos días, después de un tiempo casi recluida en casa por cuestiones de trabajo, se me ocurrió ir al centro de Elche a dar una vuelta y, con gran sorpresa, me encontré con un montón de gente por la calle, mucha más de lo que sería normal en una tarde/noche de miércoles, aunque estuviéramos en agosto. Muchos de ellos, tanto hombres como mujeres, jóvenes y menos jóvenes paseaban envueltos en banderas españolas compradas en bazares chinos, a juzgar por la calidad del tejido.
Mi primera idea fue que debía de haber algún partido internacional de fútbol y la población ilicitana se había lanzado a la calle a apoyar a la selección nacional, pero conforme nos acercábamos al Ayuntamiento, empezaron a oírse gritos y ruido de gente aunque, al llegar, vimos que no habría más allá de doscientas personas arracimadas frente a la fachada. Desde un coche de policía, dos agentes contemplaban con total tranquilidad la agitación mientras un cámara y un periodista empuñando un micrófono miraban desde el techo de una furgoneta lo que sucedía a su alrededor.
No había pancartas ni explicaciones de la razón que había reunido allí a aquellas personas y supuse que sería alguna cuestión local, aunque el asunto de las banderas no avalaba mi idea. Entré a comprar algo en una droguería de la plaza y aproveché para preguntar a una de las dependientas si sabía de qué se trataba.
“Están protestando por la invasión”, me dijo. “¿La invasión? ¿Qué invasión?”, pregunté, perpleja. “Los moros, que nos están invadiendo otra vez. ¿No te has enterado?”. A aquella chica de veinte años, casi escandalizada, le parecía increíble que una mujer de mi edad no tuviera constancia de algo que para ella estaba tan claro, que no supiera que estábamos siendo invadidos -¡otra vez!, insistió- por “los enemigos de siempre”, como me explicó a continuación, y que teníamos que defendernos.
No le gustó el comentario que se me escapó de “¡cuánta ignorancia!”, pero decidí pagar lo que había comprado sin más explicaciones y salí a la calle a tiempo para oír “¡Pe-dro-Sán-chez-hi-jo-de-pu-ta!” berreado por una jovencita (y coreado por la concurrencia) que, a continuación pasó a gritar que las madres españolas -entre las cuales parecía contarse a sí misma a pesar de ser adolescente- tienen derecho a proteger a sus hijos de los invasores africanos con la violencia que sea necesaria.
Por fortuna no eran muchos, pero eran gente llena de rabia, de odio, gente aficionada a insultar, a mentir, a dejarse arrastrar por cualquier estupidez que alguien gritara ayudándose de un megáfono, sin plantearse si lo que decía tenía algún sentido.
Tengo que confesar que me asustó el potencial de violencia que se respiraba en aquella plaza. Me recordó emocionalmente a las cargas de los grises de mi época universitaria, cuando la tensión y el miedo tenían olor y color; cuando se notaba que había gente deseando que pronto desaparecieran los frenos impuestos por la civilización y empezaran los golpes, los palos, los gritos, la sangre, los botes de humo.
Sin embargo, lo que más me impresionó y de lo que yo quería hablar ahora, además de ese potencial de violencia que va subiendo en nuestro país y en otros países civilizados de nuestro entorno, es la desfachatez con la que los elementos ultraderechistas, nacionalistas, fascistas de nuestra sociedad se han apropiado de la bandera nacional que es el símbolo que nos engloba a todos y que es propiedad y derecho de todos y todas los españoles y españolas independientemente de su orientación política.
Me niego a que, como están las cosas, parezca que, cuando uno quiere desplegar la bandera de su país, todo el mundo suponga que uno es franquista, o fascista de cualquier pelaje o nacionalista de ultraderecha. ¿Con qué derecho se han apropiado de la bandera que nos representa a todos?
Hace tiempo que empezaron a hacerlo con ciertos conceptos, con las palabras que representan esos conceptos y que parece que ellos se hayan apropiado para la eternidad. Me refiero a palabras como “honor”, “justicia”, “libertad”, “patria” incluso y muchas otras. En ambientes de izquierdas ya no está bien visto usarlas porque parece que ahora pertenecen a los otros en exclusiva, aunque ya no signifiquen lo que significaban hasta ahora, aunque la libertad sea la de tomarte unas cañas o la de decir cualquier estupidez sin base objetiva en una tertulia televisiva, aunque la justicia sea en demasiadas ocasiones arbitrariedad y deseo de notoriedad de ciertos profesionales, aunque la patria sea el concepto más rancio conservado en naftalina y heredado de la época del dictador.
Hemos llegado al punto en que nuestra bandera solo la lucen y despliegan los que quieren volver al “glorioso pasado de nuestra voluntad de imperio” como propagaban las canciones de la Falange, mientras que el hablar bien de España y estar orgulloso de sus logros presentes y actuales es algo que ya no gusta: a unos porque supondría confesar que nuestro gobierno ha hecho una buena gestión y a otros porque eso del orgullo les suena a ultraderecha y les da vergüenza ajena.
No me gusta que me coarten, que me quiten palabras y conceptos que son de todos y que se los apropien unos cuantos para su uso; no me gusta que me quiten los símbolos que representan bienes y valores comunes a todos los españoles.
No me hace ninguna gracia que, envueltos en esa bandera que es de todos, inciten al odio y a la violencia, como si cuanto más agresivo y brutal sea uno, más patriota fuera.
Tampoco me gusta que se haya puesto de moda insultar en público a nuestros gobernantes democráticamente elegidos y que a nadie se le pase por la cabeza que con frecuencia se trata de injurias y calumnias que deberían tener consecuencias legales. Uno puede pedir la dimisión de un político cuya actuación no le satisface; está en su derecho al expresar una opinión y fundamentarla. Lo que no es correcto es insultar y calumniar a ese político -y a su madre, de paso- y pensar que estás en tu derecho. No, señores, eso no es un derecho. Además de ser una vulgaridad, es delito de injurias y vulneración del derecho al honor. Y, sí, la gente de izquierdas también tenemos honor, señoras y caballeros de derechas.
Estamos creando un funcionamiento social repugnante en el que nadie parece tener el menor interés en el bien común, ni en oír lo que dicen y opinan los demás, ni en argumentar con datos objetivos, ni mucho menos en cambiar de opinión al escuchar otras opiniones y darse cuenta de que uno no tenía razón. Hay demasiada gente interesada en destruir la convivencia nacional apoyándose en símbolos comunes a la población entera que ya nos robaron sus abuelos para convertirlos en algo que les pertenecía en exclusiva.
Los símbolos son importantes. Ayudan a unirse y a trabajar juntos por un ideal común. No podemos permitir que solo una parte de España se arrogue el derecho a usarlos y no podemos dejarnos arrebatar ese derecho porque nos da vergüenza que nos confundan con esa parte de España.
Y ya que estamos hablando de símbolos que nos representan a todos, es una auténtica lástima que nuestro himno nacional sea el único en Europa (descontando a Bosnia-Herzegovina, San Marino y Kosovo) que no tenga letra. Da entre pena y ridículo que nuestros futbolistas y atletas tengan que limitarse a un la-la-la como si fueran Massiel en la Eurovisión de 1968 porque no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en un texto que nos represente como país ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.
Ese es el gran problema: que no hemos conseguido salir de las “dos Españas” machadianas y parece que ni siquiera hay interés en lograrlo.