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El Madring aprueba como evento, pero suspende como carrera

El Madring aprueba como evento, pero suspende como carrera

La organización del nuevo GP de España en Madrid estuvo muy por encima de lo que hemos visto en otros estrenos recientes aunque la carrera fue, directamente, un bodrio. Lo analiza el Podcast Técnica Fórmula 1

El primer Gran Premio de España en el Madring deja una sensación extraña. Por un lado, la organización estuvo muy por encima de lo que hemos visto en otros estrenos recientes de la Fórmula 1. Por otro, la carrera fue, directamente, un bodrio. El Podcast Técnica Fórmula 1 analiza lo bueno y lo malo, que un Gran Premio como este se lo merece.

Bueno y malo, un poco de todo

Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Conviene empezar por lo positivo, porque también hay que ser justos. El Gran Premio llegó preparado. Desde fuera, y siempre con la prudencia de quien no estuvo allí sufriendo accesos, gradas, transporte o colas, la sensación fue bastante buena.

No hubo esa imagen de improvisación que sí hemos visto en otros circuitos nuevos. No fue Las Vegas llegando a medio hacer, ni Bakú en sus primeros pasos, ni Jeddah con esa sensación de circuito metido a toda prisa donde cupiera. El Madring pareció un evento serio. El problema es que la carrera no acompañó.

Cero adelantamientos en pista

La carrera fue una prueba plana, bloqueada, sin ritmo competitivo real y sin el glamour que permite perdonarle casi todo a Mónaco. Porque Mónaco también puede ser un atasco, pero tiene historia, paisaje, tensión en cada muro y una liturgia propia. Madrid todavía no tiene nada de eso. Tiene que ganárselo.

La pregunta, por tanto, es evidente: ¿de quién fue la culpa? La respuesta fácil sería señalar sólo al circuito. Y algo hay. El trazado necesita cambios si quiere ofrecer carreras mejores.

Max Verstappen lo dijo con bastante claridad: hay zonas que pueden tocarse, curvas que pueden ajustarse y soluciones que ayudarían a generar más oportunidades. No tiene sentido negar lo evidente: si en un Gran Premio no se adelanta absolutamente nada, el circuito no puede salir ileso del análisis.

Tampoco sería justo cargarlo todo sobre el Madring. La Fórmula 1 de 2026 sigue teniendo problemas estructurales. Los coches no siempre pueden atacar como deberían. La gestión de energía condiciona demasiado las maniobras.

En Madrid, la Monumental podía haber sido una zona espectacular, pero los monoplazas no pudieron ir a fondo allí con la libertad que habría hecho falta para abrir más posibilidades. Entre la propia pista y una normativa que ya venía tocada, el resultado fue una carrera pobre.

Culpa compartida

Y quizá ahí esté también la parte esperanzadora. Porque si el problema fuera sólo de concepto, sería mucho más preocupante. Pero hay elementos corregibles. El circuito puede ajustarse. La reglamentación también tendrá parches. Y, sobre todo, a todos les interesa que esto funcione. La Fórmula 1 no ha firmado diez años para tener diez domingos de bostezo en Madrid.

El estreno fue malo como carrera, pero no necesariamente condena el proyecto. Ya hemos visto otros trazados crecer. Bakú, sin ir más lejos, empezó dejando más dudas que certezas y terminó regalando carreras espectaculares. Algunos circuitos necesitan tiempo, rodaje, cambios y también memoria. La primera edición no siempre define el futuro. Dicho eso, el domingo fue lo que fue.

La victoria volvió a ser para Andrea Kimi Antonelli, que sigue estando siempre donde tiene que estar. No tuvo el coche más rápido de carrera, pero aprovechó lo que había que aprovechar.

McLaren tenía la prueba en la mano con Lando Norris, claramente el piloto con más ritmo, pero la perdió con una estrategia mal ejecutada y una parada pésima. En una carrera sin adelantamientos, regalar posición desde el muro es casi regalar la victoria.

Norris lo sufrió de forma cruel

Tenía velocidad, tenía control y tenía una oportunidad clara. Pero el coche de seguridad virtual salió en el peor momento para él y McLaren terminó de complicarlo todo. El británico acabó tercero, por detrás de Antonelli y Verstappen, en una de esas carreras que duelen más por lo que se escapa que por el resultado en sí.

Verstappen hizo de Verstappen. Terminó segundo con un coche que, probablemente, no daba para tanto. Es lo de casi siempre: cuando Red Bull no está para ganar, él encuentra la forma de estar más arriba de lo razonable.

No cambia el campeonato, pero sí confirma que sigue siendo el piloto que más estira los límites de su material. La carrera dejó también algunas notas secundarias. Lawson terminó sexto y vuelve a alimentar preguntas incómodas en Red Bull. Colapinto fue séptimo y sumó otro resultado importante para Alpine. Lindblad y Hülkenberg volvieron a entrar en los puntos. Aston Martin sigue hundido, con Alonso muy lejos y Honda moviendo piezas en plena crisis de rendimiento y fiabilidad.

Pero nada de eso cambia la lectura principal: Madrid organizó bien, pero el Gran Premio, como carrera, suspendió. Ahora toca decidir si se quiere arreglar. Porque el Gran Premio tiene margen, público, interés y una década por delante. Lo que no tiene es permiso para repetir muchas veces un domingo como éste. La Fórmula 1 puede permitirse una primera carrera mala, lo que no puede permitirse es no aprender nada de ella.

Pedro Sánchez: "Nos hemos dado de aquí al final del año para arreglar la situación en Ceuta"

Pedro Sánchez: "Nos hemos dado de aquí al final del año para arreglar la situación en Ceuta"

El presidente del Gobierno tacha de "bulo" que tema a Marruecos por el espionaje de Pegasus: "Está bien para una serie de Neftlix, otra cosa es la realidad; lo inteligente es tener buena relación con un país vecino si queremos el retorno de los migrantes"

24 horas con el mando único en Ceuta: “Vamos a aliviar El Trampolín, El Príncipe y Loma Colmenar en cuestión de días”

El Gobierno fija por primera vez un horizonte temporal para la resolución de la crisis de Ceuta. En una extrevista este lunes por la noche en laSexta, Pedro Sánchez ha asegurado que espera el procedimiento administrativo y el retorno de la mayoría de migrantes pueda completarse antes de acabar el año. “Hemos fijado el mando único hasta final de año, esperamos tener esa situación resuelta para entonces”, ha dicho el presidente.

Cuestionado por la falta de contundencia con Marruecos y si teme el espionaje con Pegasus, Sánchez ha sido tajante. “Eso está muy bien para una serie de Neftlix, otra cosa es la realidad. Pero lo inteligente, aunque sea desde un punto de vista pragmático, es tener una buena relación con Marruecos si además queremos el retorno de los migrantes que no tengan derecho a asilo”, ha dicho.

El presidente ha vuelto a negar que la información disponible que tenía el Gobierno antes del 30 de julio fuera suficiente para prever la magnitud de la crisis. “Los mensajes del CNI con la Delegación del Gobierno no son prueba de que hubiera una alerta, más bien al revés. Las alertas de este tipo en un país serio se trasladan al máximo nivel de manera formal”, ha asegurado.

Sánchez ha criticado, además, la decisión del Tribunal Supremo de suspender cautelarmente el derecho a voto de los familiares de exiliados recogido en la 'ley de nietos', tras los recursos de Vox y Iustitia Europea. “¿De verdad se puede suspender la ciudadanía, que es el derecho al voto, a 400.000 españoles?”, se ha preguntado, durante la entrevista en El Intermedio, en La Sexta.

El presidente del Gobierno ha dicho que “no puede haber ciudadanos de primera y de segunda y representantes de tercera”, en alusión a partidos como PP y Vox que en los últimos meses han asegurado que esa nacionalización recogida en la Ley de Memoria Democrática suponía una suerte de intento de 'pucherazo' por parte del Gobierno.

Sánchez ha defendido la “independencia” de la Justicia y de la mayoría de los jueces, aunque ha criticado abiertamente al juez Juan Carlos Peinado, que ha instruido la causa contra Begoña Gómez, por su actividad profesional. “Peinado ha hecho mucho daño a la Justicia”, ha concluido.

Colágeno sin suplementos: los distintos tipos que hay en tu cuerpo y cómo cuidarlos con lo que comes

Colágeno sin suplementos: los distintos tipos que hay en tu cuerpo y cómo cuidarlos con lo que comes

Aunque los suplementos de colágeno se han hecho populares en los últimos años, no todo el que hay en tu cuerpo es igual ni responde a la dieta del mismo modo

Un neurólogo, sobre los suplementos de omega-3 para la memoria: “La prevención del deterioro cognitivo requiere un abordaje múltiple”

Si en tu supermercado hay suplementos de colágeno, no es casualidad. El mercado global de suplementos de colágeno superó los 4.500 millones de dólares en 2025 y sigue creciendo. La promesa varía según el producto que se venda: piel más firme, articulaciones sin dolor, músculos mejor recuperados tras el esfuerzo, huesos más densos. Parte de esa promesa tiene base científica, pero la relación entre comer colágeno y tener más colágeno en el cuerpo es más complicada de lo que parece.

Qué es el colágeno y dónde está

El colágeno es la proteína más abundante del organismo humano: representa entre el 25% y el 30% de la proteína total del cuerpo. Los investigadores han identificado 28 tipos distintos de colágeno, pero los más comunes son los tipos I al IV, siendo el tipo I el que constituye más del 90% del colágeno presente en el cuerpo humano.

Todos comparten una estructura característica: una triple hélice formada por tres cadenas de aminoácidos, en la que cada tercer aminoácido es glicina y en la que la prolina y la hidroxiprolina son especialmente abundantes. Es esta estructura en hélice la que hace la molécula resistente y por eso se emplea en el organismo como soporte de estructuras.

El colágeno sostiene el espacio extracelular del tejido conjuntivo, ya que su rigidez y resistencia al estiramiento lo hacen ideal como “andamio” para piel, tendones, huesos y ligamentos. Si no tenemos suficiente colágeno, los tejidos que dependen de él se desmoronan.

Estos son los tipos de colágeno más importantes:

  • Colágeno tipo I: es el más abundante y está presente en huesos, tendones, ligamentos, piel y córneas. Proporciona resistencia a la tracción. Cuando se deteriora, aparece la fragilidad ósea, una cicatrización deficiente de las heridas y pérdida de firmeza cutánea. Algunas mutaciones congénitas en los genes de colágeno tipo I producen “huesos de cristal”, que se fracturan con facilidad.
  • Colágeno tipo II: predomina en el cartílago articular, donde proporciona resistencia a la compresión. Es el que forma la matriz extracelular del cartílago que recubre las superficies articulares, como en el hombro, las rodillas y cualquier otra articulación del cuerpo. Cuando se degrada llega la artrosis. Sin suficiente colágeno tipo II, la articulación pierde sus amortiguadores y aparecen el dolor y la limitación del movimiento.
  • Colágeno tipo III: aparece frecuentemente junto al tipo I, especialmente en tejidos que necesitan ser a la vez resistentes y elásticos. Es el colágeno de la piel, los vasos sanguíneos y el músculo. Es el primer colágeno que se sintetiza en la cicatrización de heridas. Si falta, la piel se vuelve hiperlaxа y hay mayor riesgo de rotura de los vasos sanguíneos.

La relación entre colágeno en la dieta y colágeno en el cuerpo

Comer alimentos con colágeno o suplementos no quiere decir que ese colágeno pase mágicamente a nuestra piel, huesos y tendones. El organismo no incorpora el colágeno dietético directamente a sus tejidos. La mayor parte del colágeno de la dieta (por ejemplo, el pollo con su piel o un buen caldo de huesos) se descompone en el intestino en sus aminoácidos componentes, principalmente glicina, prolina e hidroxiprolina.

Los aminoácidos pasan a la sangre y son usados como bloques de construcción por los fibroblastos, condrocitos y osteoblastos, las células que fabrican colágeno nuevo en nuestro organismo. Para que la síntesis funcione hacen falta otros ingredientes, principalmente los aminoácidos glicina, prolina y lisina, vitamina C y niveles suficientes de cobre y zinc. Estos tres últimos son cofactores necesarios para las reacciones de síntesis.

Sin embargo, no todo el colágeno se descompone. Una revisión publicada en Nutrients en 2022 encontró que algunos péptidos de colágeno hidrolizado (agrupaciones más pequeñas de aminoácidos) producen efectos beneficiosos en piel, cartílago y hueso, posiblemente porque pasan intactos a la sangre y a los tejidos diana. Estos resultados son los que justifican el auge de los suplementos de colágeno, pero lo cierto es que el efecto es muy pequeño y depende mucho de la condición de partida, es decir, de si la dieta contenía ya los ingredientes antes mencionados en cantidad suficiente.

En otras palabras, con una dieta nutricionalmente completa, es menos probable que tomar colágeno marque una diferencia, porque ya tenemos todo lo necesario. Sin embargo, si hay alguna carencia, puede mejorar la situación. Cada tipo de colágeno necesita estos nutrientes en una medida u otra:

  • Alimentación para el colágeno tipo I (huesos, tendones y piel)

La prioridad es una ingesta suficiente de proteínas (1,2-1,6 g/kg/día en adultos activos) con fuentes ricas en glicina y prolina, que se encuentran especialmente en caldos de huesos, carnes con tejido conjuntivo, piel de pollo y pescado. La vitamina C también es imprescindible, con 75-90 mg diarios como mínimo, y más en personas con mayor demanda de síntesis, como las que hacen ejercicio intenso o están cicatrizando. El zinc se puede obtener de carnes, legumbres y semillas.

  • Alimentación para el colágeno tipo II (cartílago)

Además de todo lo mencionado para el tipo I, el cartílago responde especialmente bien a la glucosamina y la condroitina, presentes de forma natural en caldos de huesos de animales y en mariscos con caparazón. Aunque no tiene que ver, el omega-3 del pescado azul y las semillas de lino previenen la inflamación, uno de los factores que degrada el cartílago de forma acelerada.

  • Alimentación para el colágeno tipo III (piel, vasos, músculo)

Este tipo responde especialmente a los antioxidantes que protegen las fibras de colágeno del daño oxidativo. A la vitamina C se suman los polifenoles de frutas y verduras de colores intensos (frutos rojos, tomate, espinacas, berzas) que neutralizan los radicales libres que degradan las fibras de colágeno tipo III en la piel y los vasos. El magnesio, presente en frutos secos, legumbres y verduras de hoja verde, también interviene en la síntesis del colágeno vascular.

Hay que tener en cuenta que la síntesis de colágeno decrece naturalmente a partir de los 25-30 años, pero el declive es más rápido con el tabaco, el exceso de azúcar y la exposición solar sin protección. Ninguna dieta o suplemento puede compensar esos daños si no los prevenimos nosotros mismos.

Qué revelan las grabaciones secretas de John Coltrane sobre el gran transgresor del jazz

Qué revelan las grabaciones secretas de John Coltrane sobre el gran transgresor del jazz

La estrella del saxo dio la espalda a la fama para abrazar el free jazz y unas grabaciones recién descubiertas ('The Tiberi Tapes'), captadas con una grabadora oculta en un abrigo, revelan cómo lo hizo

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En agosto de 1965, en la cima de su fama, el saxofonista John Coltrane encabezó el cartel del festival de jazz DownBeat en Chicago. Al subir al escenario junto a un nuevo miembro de su banda —el joven músico experimental Archie Shepp al saxo tenor—, el cuarteto de Coltrane se lanzó a una serie de improvisaciones libres y abruptas; se alejaron de las composiciones estructuradas para, en su lugar, descargar torrentes de sonido tan fuertes y agresivos que, según se cuenta, provocaron que gran parte del público abandonara la sala. El propio crítico de DownBeat escribió más tarde: “Ofrecieron una exhibición de destreza musical de tan mal gusto como cualquiera que haya escuchado jamás... Shepp y Coltrane parecían más interesados en ver quién lograba emitir los graznidos, chillidos y balidos más estridentes que en tocar música”.

Aquella actuación de 1965 debería haber sido un momento triunfal, tras cinco años de ascenso meteórico de Coltrane. Desde que dejó el “primer gran quinteto” de Miles Davis —con el que había grabado el álbum de jazz más vendido de todos los tiempos, Kind of Blue (1959)—, Coltrane había creado un lenguaje armónico totalmente nuevo para el jazz con el lanzamiento en 1960 de su álbum en solitario Giant Steps, había logrado un éxito radiofónico con su versión de 1961 de My Favorite Things (de Sonrisas y lágrimas) y, en enero de 1965, había plasmado su propia visión espiritual del jazz en el álbum A Love Supreme, nominado al Grammy. Ya era un gigante del género y había aportado docenas de composiciones al repertorio estándar; sin embargo, dos años después, en 1967 y con tan solo 40 años, fallecería a causa de un cáncer de hígado.

“Arruinó su atractivo comercial al pasarse a la vanguardia”, afirma el escritor y biógrafo de Coltrane, Ben Ratliff. “No le interesaba provocar el enfado de la gente, pero quería asimilar nuevas influencias y colaborar con músicos más jóvenes para explorar lo desconocido. Siempre quiso seguir avanzando y escuchándose a sí mismo. Estaba en plena búsqueda, trabajando en pos de una especie de música infinita”.

Para conmemorar el centenario del nacimiento de Coltrane este mes, esa búsqueda está quedando documentada en una serie de grabaciones inéditas —auténticas joyas de valor incalculable— de sus experimentos en clubes nocturnos. Coltrane solía realizar residencias de cuatro a seis semanas en locales como el Jazz Gallery de Manhattan, el Showboat de Washington DC o el Pep’s Lounge de Filadelfia; allí interpretaba extensas sesiones de material nuevo que existía únicamente en el instante de su creación: espontáneo y desenfrenado.

Conocidas como The Tiberi Tapes (las cintas de Tiberi) —en honor a Frank Tiberi, el saxofonista que las realizó—, estas cintas de bobina abierta surgieron inicialmente como un recurso de estudio personal para el propio Tiberi. Llevaba un voluminoso magnetófono Magnavox TR-100 a los clubes, con el micrófono oculto en la manga de su abrigo, y grababa los conciertos, logrando cambiar las cintas en la oscuridad cada 30 minutos para capturar la mayor cantidad posible del virtuosismo de Coltrane. Siguiendo al cuarteto de Coltrane entre 1960 y 1964 —justo antes de la grabación de A Love Supreme—, Tiberi acumuló 80 bobinas y más de 60 horas de música que empezó a compartir con colegas y alumnos selectos: un mapa de la sinuosa trayectoria de Coltrane hacia una música infinita.

Era algo inspirador, porque ya se podía apreciar cómo interpretaba un mismo tema durante 35 minutos o más; se expandía realmente para seguir a la música y dejarse llevar adonde ella quisiera ir

Joe Lovano Saxofonista

La leyenda del saxofón Joe Lovano tocó con Tiberi en la Woody Herman Big Band en 1976 y recuerda haber quedado maravillado con aquel material. “Frank venía, me ponía los auriculares y reproducía ciertas secciones para ilustrar cómo Coltrane trabajaba los cambios armónicos o las melodías”, comenta Lovano. “Era algo inspirador, porque ya se podía apreciar cómo interpretaba un mismo tema durante 35 minutos o más; se expandía realmente para seguir a la música y dejarse llevar adonde ella quisiera ir. Esa libertad, característica de su obra posterior, ya estaba presente en la forma en que trazaba su propio camino melódico y dejaba espacio para los demás”. Más tarde, Lovano tocó con McCoy Tyner —pianista de Coltrane entre 1960 y 1965—, quien le contó que “todos sabían que Frank estaba grabando, pero contaba con su beneplácito. La banda sabía que el objetivo era la educación y anteponer la música a todo lo demás”.

Tiberi, que ahora tiene 97 años y no pudo conceder entrevistas, ofreció recientemente las cintas a Impulse!, el último sello discográfico de Coltrane, como una forma de preservar su historia. La recopilación Tiberi Tapes, que condensa esas 26 horas de música en 11 composiciones recién remasterizadas, no oculta la calidad de audio —a menudo deficiente— de unas grabaciones improvisadas ni el ambiente bullicioso en el que se realizaron. Se puede escuchar al público charlando de fondo o gritando en respuesta a pasajes llenos de energía, mientras las líneas de saxofón de Coltrane se entretejen entre el siseo de la cinta para producir interpretaciones de una belleza asombrosa: una versión más lenta y melódica de Giant Steps, así como una extensión de 33 minutos de Resolution (parte de A Love Supreme). “La energía de estas grabaciones es importante porque captura la chispa creativa que alimentaba a Coltrane”, afirma el historiador de jazz Ashley Kahn. “Era música social; la gente charlaba o hacía ruido, pero si logras adentrarte en ella, te recompensa tanto como tú te involucras”.

Para Lovano, estas cintas son un testimonio de las relaciones que Coltrane mantenía con cada uno de los músicos de su banda. “Era legendaria la cantidad de tiempo que dedicaba a practicar y tocar: todo el día, todos los días. Y luego actuaba hasta las cuatro de la mañana antes de conducir hasta su casa para estar con sus hijos pequeños. Era simplemente un joven que luchaba por abrirse camino a sus treinta y tantos años, y transmitía esa energía inspiradora”, comenta. “Se nota cómo apreciaba a nuevos talentos como Archie Shepp, el batería Rashied Ali o el saxofonista Pharoah Sanders; se querían mutuamente y él permitía que cada uno se valiera por sí mismo. Siempre se pueden percibir los gérmenes de hacia dónde se dirigiría después”.

Lo que vino a continuación fue el álbum más intransigente de la carrera de Coltrane. Grabado en junio de 1965 (pocas semanas antes de la actuación en el festival DownBeat) y publicado al año siguiente, Ascension supuso la primera muestra grabada de esta música indómita y capaz de distanciar al oyente. Coltrane amplió su cuarteto incorporando a siete músicos adicionales provenientes de las vertientes experimentales del free jazz, entre ellos Sanders y John Tchicai, quienes llegarían a ser pioneros por mérito propio. La suite de 40 minutos se grabó sin ensayos y en dos tomas; suena como una big band que se desplaza en espiral a través de solos estridentes, los cuales luchan por mantener el equilibrio sobre las placas tectónicas de la melodía, que se desplazan constantemente. Por momentos, la cacofonía resulta tan abrumadora que da la sensación de estar escuchando siete conversaciones a la vez.

“El periodo posterior a 1965 marca un punto de inflexión decisivo y sigue siendo, para muchos, la etapa más desafiante de la carrera de Coltrane”, afirma Kahn. “Era algo tan novedoso y revolucionario que ni siquiera tenía nombre. ¿Se trataba de Energy Music? ¿De The New Thing? Fue tan radical que a la gente le costaba realmente comprender lo que estaba sucediendo”.

Para 1966, después de que Tiberi dejara de grabar y emprendiera su propia carrera, Coltrane había incorporado a su grupo a varios músicos nuevos y transgresores, entre ellos el saxofonista de free jazz Albert Ayler, famoso por interpretar versiones en vivo que se prolongaban hasta 40 minutos a partir de temas sencillos ejecutados con gran intensidad. Durante un concierto en el Lincoln Center de Nueva York, en febrero de aquel año —en el que participaron Ayler, dos baterías y la esposa de Coltrane, la pianista Alice—, una gran parte del público abandonó la sala en masa tras percibir la dirección explosiva y sin ataduras que estaba tomando su música. El escritor Amiri Baraka describió aquella experiencia atonal como un sonido “de una naturaleza verdaderamente aterradora... ¡te devoraba!”, mientras que el saxofonista Dave Liebman estimó que casi la mitad de los 2.600 asistentes se marchó durante la hora que duró la actuación.

“En la última etapa de Coltrane, nos encontramos ante un artista de tal maestría que su forma de tocar trascendía nuestra comprensión inmediata”, afirma el saxofonista y admirador de Coltrane, James Brandon Lewis. “Sus frases musicales siempre tenían una intención y un rumbo, pero es posible que nuestros oídos no estuvieran lo suficientemente entrenados para captar lo que él intentaba resolver. Él conectaba la improvisación con la historia tribal y espiritual de la música, concibiéndolo todo como una unidad: el folclore y el futuro”.

En sus últimos años, parecía intentar hallar una vibración divina, libre de cualquier limitación preconcebida. Estaba profundamente inmerso en el sonido y era totalmente libre

Melissa Aldana Saxofonista

Tras seguir actuando y grabando hasta pocos meses antes de su repentina muerte en julio de 1967, la incógnita sobre qué camino habría tomado Coltrane a continuación ha intrigado a sus seguidores y oyentes desde entonces. “Siempre estaba buscando su sonido; nunca se detuvo”, comenta la saxofonista Melissa Aldana. “En sus últimos años, parecía intentar hallar una vibración divina, libre de cualquier limitación preconcebida. Estaba profundamente inmerso en el sonido y era totalmente libre. Eso es lo que siempre me hace volver a él; significa que, al seguir escuchándolo, siempre encontraremos algo nuevo en su música”.

Aunque es posible que su público disminuyera en sus últimos años, esa misma búsqueda incesante es la que hoy parece atraer a los oyentes más jóvenes, cien años después de su nacimiento. Irónicamente, Ascension —el álbum que marcó el inicio de su “difícil” etapa final— fue reeditado en junio de este año debido a la demanda. “No lo analices, simplemente escucha”, dice Lewis. “Abre el corazón y recibe el mensaje. Sea cual sea el que creas que es”.

Por qué los primeros 30 minutos después de despertar determinan el resto del día

Por qué los primeros 30 minutos después de despertar determinan el resto del día

Los primeros minutos del día no son iguales biológicamente al resto, y las hormonas y el estado del cerebro influyen en lo que hacemos y dejamos de hacer

El efecto “vuelta al cole” y por qué septiembre es la mejor época del año para cambiar de hábitos

En su popular libro de 2001 titulado Cómete esa rana, el autor Brian Tracy recomendaba algo aparentemente simple, pero nada fácil: haz la tarea más desagradable nada más empezar por la mañana. Intuitivamente sabemos que por las mañanas hay más energía, que la fuerza de voluntad flojea a medida que avanza el día, y que dejar las cosas difíciles para después aumenta la probabilidad de no hacerlas. Pero todas esas intuiciones tienen una explicación en nuestra biología y la forma en que influye en el cerebro.

El cortisol matutino y el cerebro por la mañana

El cortisol es conocido como “la hormona del estrés”, ya que se segrega en situaciones que percibimos como peligrosas. Pero no se habla tanto de que lo necesitamos para levantarnos de la cama. “El cortisol comienza a aumentar durante las primeras horas de la mañana, alcanza valores elevados alrededor del despertar y después desciende progresivamente a lo largo del día hasta alcanzar sus niveles más bajos durante la noche”, explica la doctora Andrea Azcárate, jefa de servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

Esa subida matutina, conocida en la literatura científica como respuesta de cortisol al despertar (CAR por sus siglas en inglés), no es un fenómeno de estrés sino una preparación activa del organismo para el día. Un estudio de 2021 que combinó neuroimagen y manipulación farmacológica del cortisol encontró que la CAR prepara las conexiones entre el hipocampo (a cargo de la memoria) y la corteza prefrontal (donde se produce el razonamiento) para afrontar los retos cognitivos del día.

Esta es, literalmente, la secuencia de arranque del cerebro por las mañanas. Los estudios que han medido el efecto de la CAR sobre el rendimiento cognitivo a lo largo del día encuentran que una CAR más robusta se asocia con mejor función ejecutiva, mayor capacidad de atención sostenida y mejor inhibición de respuestas impulsivas.

El cortisol no es la única hormona que participa en este programa, las catecolaminas como la dopamina, adrenalina y noradrenalina, que tienen mucho que ver con la alerta y la activación de los músculos, también aumentan por la mañana. “Muchas de nuestras hormonas siguen un ritmo circadiano, es decir, varían a lo largo de las 24 horas siguiendo el reloj biológico del organismo”, corrobora la doctora Azcárate. “Esto significa que nuestro organismo no funciona exactamente igual a cualquier hora del día: el sueño, la ingesta de alimentos, la actividad física y la exposición a la luz interactúan continuamente con estos ritmos hormonales”, añade.

Muchas de nuestras hormonas siguen un ritmo circadiano, es decir, varían a lo largo de las 24 horas siguiendo el reloj biológico del organismo (...) El sueño, la ingesta de alimentos, la actividad física y la exposición a la luz interactúan continuamente con estos ritmos hormonales

Andrea Azcárate endocrinóloga

El desayuno como señal para regular el día

Por todo lo anterior, la primera comida del día no es solo combustible, sino una señal circadiana. Cuándo se come, cuánta cantidad y qué nutrientes, son señales para el reloj biológico y determinan cómo evoluciona nuestro apetito el resto del día. Por ejemplo, las proteínas tienen un mayor efecto saciante que los carbohidratos o las grasas porque elevan los niveles de colecistoquinina y GLP-1, hormonas que regulan la saciedad.

Un ensayo controlado de 2024 que comparó tres tipos de desayuno en mujeres con sobrepeso encontró que el desayuno alto en proteínas y bajo en carbohidratos aumentó la sensación de saciedad durante las horas posteriores y, de forma especialmente relevante, mejoró en un 3,5 puntos porcentuales el rendimiento en un test de concentración cognitiva antes del almuerzo. La combinación de proteína matutina con la CAR en su punto máximo produce una ventana de alerta cognitiva que no se repite en ningún otro momento del día.

El riesgo de la procrastinación a lo largo del día

Si no aprovechamos esta ventana de tiempo por las mañanas con su entorno favorable, puede que luego no tengamos la misma capacidad de afrontar nuestras tareas. “Se ve mucho con el tema del gimnasio”, pone como ejemplo Kaja Chmielowiec, psicóloga sanitaria de PsiCoConducta. “Si puedes ir todo el día a todas horas, eso hace que no vayas nunca. Es decir, si no hay un compromiso concreto, en que tienes una hora cerrada, como una clase, en el que tienes la sensación de que o vas a esa hora o lo pierdes, si puedes ir en cualquier momento, la tendencia al final es dejarlo”, añade.

El mecanismo que describe Chmielowiec se denomina procrastinación intradía. No se trata de dejarlo para otro día, sino de dejarlo para más tarde. “Si lo voy posponiendo al final del día, es menos probable que ocurra. Si llegan las ocho, ya tengo la excusa de que el día ya se ha acabado y ya lo haré mañana. Es un círculo vicioso”, dice la psicóloga.

La solución que recomienda Chmielowiec en su consulta combina dos estrategias: “Un buen truco es quitarnos primero de encima las cosas que más nos cuestan. Si lo que más ansiedad me genera es, por ejemplo, buscar trabajo, empiezo la mañana por ahí”. A esto se suma hacer que los compromisos sean concretos y no haya lugar para la ambigüedad: “Intentar ser lo más concretos posible, hacer una lista de las cosas que quiero conseguir y a qué hora”, añade.

Un buen truco es quitarnos primero de encima las cosas que más nos cuestan. Si lo que más ansiedad me genera es, por ejemplo, buscar trabajo, empiezo la mañana por ahí

Kaja Chmielowiec psicóloga sanitaria

Automatizar para no decidir

Cada decisión que se toma por la mañana consume parte de los recursos cognitivos disponibles. La literatura sobre fatiga de decisión apunta a que los recursos para tomar buenas decisiones se agotan progresivamente a lo largo del día, y que las elecciones tomadas más tarde son peores, algo que se pudo comprobar con profesionales sanitarios. La solución no es tener más fuerza de voluntad sino conocer esta limitación y tomar menos decisiones, es decir, automatizar conductas.

Cuando una conducta beneficiosa se vuelve automática, tiene un efecto secundario interesante de refuerzo, haciéndonos sentir más competentes y autónomos. “Sobre todo si es algo con lo que tenía dificultad y de repente soy capaz, gracias a esos cambios, mejora mi percepción de mí misma”, afirma Chmielowiec.

Qué hacer en los primeros 30 minutos del día

De poco sirve querer aprovechar esa ventana de mayor energía por las mañanas si nos levantamos sin fuerzas por una mala noche de sueño, y esto quiere decir que la preparación comienza el día anterior. “Mantener horarios relativamente estables para acostarse y levantarse, exponerse a luz natural especialmente durante las primeras horas del día y reducir la luz intensa y el uso de pantallas por la noche ayuda a sincronizar nuestro reloj interno”, recomienda la doctora Azcárate. “Nuestro reloj biológico utiliza diferentes señales para saber en qué momento del día se encuentra, principalmente la luz, pero también el sueño, las comidas y la actividad física. Cuanto más coherentes sean esas señales entre sí, más fácil será mantener unos ritmos biológicos bien organizados”, añade.

Nuestros hábitos, por tanto, ayudan a crear esa ventana de oportunidad de las mañanas, para lo que tener una rutina puede ser de mucha ayuda. Los ingredientes de esta rutina matinal deberían incluir la exposición a luz natural en los primeros minutos (abrir persianas o salir al exterior brevemente activa el reloj circadiano y amplifica la CAR), un desayuno con una fuente de proteínas (huevo, yogur, queso fresco), algún tipo de movimiento aunque sea breve (cinco minutos de estiramientos o una sentadilla profunda mantenida para activar la circulación), y finalmente, enfrentarnos a la tarea más exigente del día antes de abrir el correo o revisar las notificaciones.

Lo que se deja para después en la mañana rara vez ocurre por la tarde. No porque la fuerza de voluntad sea débil, sino porque el día no espera.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.

Vendrán tiempos mejores, Emma Bonino

Vendrán tiempos mejores, Emma Bonino

La legitimidad de quienes se apuntan a tantas causas nobles no se consigue despotricando desde el sofá. Esa legitimación, Emma Bonino se la ganó a pulso y con creces, incansablemente. En Italia lo han reconocido respetuosamente casi todos

Ha muerto Emma Bonino. En una campaña para hacerla presidenta de la República, en 1999, la presentaron con el lema “Finalmente, l’uomo giusto” (“Por fin, el hombre adecuado”). En el diario La Repubblica (que le ha dedicado seis páginas) la han presentado diciendo que “ha sido la mejor presidenta de la República que Italia nunca ha tenido”.

La conocí en Barcelona y congeniamos al instante (a veces los caracteres muy diferentes se atraen a primera vista). Entonces yo fumaba casi tres paquetes al día, y ella mucho más. Una vez se lo comenté y se encogió de hombros, con un gesto resignado. Ha muerto de un cáncer de pulmón que arrastraba desde 2012. 

Uno podía estar más o menos de acuerdo con sus posiciones, siempre radicales, siempre inmediatas y tajantes; pero, en cualquier caso, de resignación nada de nada. ¡Cuánta energía, qué enorme empuje político! Estaba siempre en las barricadas, con un Partido Radical que capitaneó haciendo tándem con Marco Panella; un partido que hizo mucho ruido, estuvo muy de moda, y ha desaparecido prácticamente con ella. Combatió por la reforma del derecho de familia, por el divorcio, por el derecho al aborto, por la objeción de conciencia, por el voto a los dieciocho años, por el Tribunal Penal Internacional; contra las dictaduras, contra el hambre en el mundo, contra la pena de muerte.

La legitimidad de quienes se apuntan a tantas causas nobles no se consigue despotricando desde el sofá. Esa legitimación, Emma Bonino se la ganó a pulso y con creces, incansablemente. En Italia lo han reconocido respetuosamente casi todos, del presidente de la República a Giorgia Meloni y Elly Schlein. El Papa Francisco, diametralmente contrario a algunas de sus posiciones, la visitó en su domicilio en noviembre de 2024, después de una intervención quirúrgica, y dijo que era “un ejemplo de libertad y resistencia”.  

La Repubblica escribe que “la estrella que ha iluminado los últimos lustros de vida de aquella que The Economist definía en 1999 como un ‘astro naciente de la política europea’ ha sido el gran sueño de los Estados Unidos de Europa. Una verdadera federación, con un presidente elegido directamente, un solo ejército, una sola diplomacia. A esta misión se dedicó en cuerpo y alma”. Ella recordaba con orgullo los años en los que fue comisaria europea, con una cartera que incluía la ayuda humanitaria. Ejerció un Soft Power europeo con coherencia y a cien por hora: en Ruanda, en Somalia, en el Kurdistán iraquí, en Bosnia, en Afganistán, donde fue detenida por los talibanes, en Oriente Próximo…

El ex primer ministro italiano Mario Monti, que fue comisario europeo con ella, ha recordado que Emma Bonino se perdió la primera reunión de la nueva Comisión Europea, en 1994, porque “estaba en Nueva York trabajando para la formación del Tribunal Penal Internacional, y esa era su prioridad”. Ha añadido un comentario triste: «Encuentro espantosamente simbólico que Emma nos haya dejado precisamente en los días del triunfo de la AfD, cuando Trump exhorta a los aliados a trabajar por la abolición del Tribunal Penal Internacional y en Italia se afianzan partidos soberanistas que sobre Europa, y sobre las mujeres, tienen las posiciones que sabemos». 

«Los tiempos están cambiando», aquel canto emblemático de la juventud de Emma Bonino (y de sus coetáneos, hoy octogenarios, hoy supervivientes) tenía resonancias inequívocamente optimistas: “El orden se deshace deprisa / Y el primero ahora será el último / Porque los tiempos están cambiando”. La canción manifiesto de Bob Dylan tenía, en los años 60 del siglo pasado, un sentido muy claro: acompañaba en los EE. UU. al movimiento por los derechos civiles y por la paz en Vietnam, y se entendía en el mundo entero como un himno por la justicia y la libertad. 

Ahora los tiempos también están cambiando, y de momento no para bien. A diferencia de entonces, el viento sopla ahora hacia la derecha y hacia atrás. En Europa, sin ir más lejos, decir ahora que «los primeros serán los últimos» suena más a profecía de declive y retroceso que a exigencia de mayor igualdad. El fracaso de las políticas neoliberales de las últimas décadas ha abierto la puerta a fuerzas nacionalpopulistas, iliberales, que defienden un capitalismo más desregulado, más depredador, y amenazan la democracia. Lo menos que se puede decir es que no abundan los motivos para el optimismo. 

 Sin embargo, el pesimismo puede generar sus propios equívocos y engaños, tanto o más que el optimismo. Entre el optimismo generacional de hace 60 años y los temores de hoy puede haber un punto en común de credulidad, de candidez ingenua, con sus posibles malas consecuencias. Un exceso de optimismo puede llevar a la pasividad (el progreso vendrá por sí solo) del mismo modo que el pesimismo puede llevar a la apatía del todo es inútil, del no hay nada que hacer. 

Emma Bonino se revolvió contra estas dos ingenuas pasividades durante toda su vida. Lo hizo con pasión (“con sentimientos tibios no se llega a ninguna parte”, decía) y con una esperanza que no hay que confundir nunca con el optimismo beato. No era la suya una evasión subjetiva frente a la realidad sino una energía que empujaba a la acción incluso cuando las perspectivas parecían muy poco prometedoras. Esta es su lección. No todo se puede cambiar, pero nada se puede cambiar si no se actúa. 

Sajonia-Anhalt: ciegos, sordos y fatalmente mudos

Sajonia-Anhalt: ciegos, sordos y fatalmente mudos

El auge del voto a la extrema derecha responde a algo y el combate democrático que se debe llevar a cabo debe centrarse en ese “algo”. Hasta ahora las fuerzas democráticas han combatido el efecto y no la causa

La mayoría de las informaciones sobre la victoria de la extrema derecha en las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt del domingo pasado siguieron el guion de este tipo de acontecimientos: sorpresa, alarma, llamada de atención, incredulidad. Palabras y expresiones que se vienen repitiendo desde hace exactamente diez años, a raíz del referéndum del Brexit en Reino Unido y de la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Sorpresa e incredulidad que entonces estaban justificadas, pero ¿ahora?

Ciegos

Hemos perdido la cuenta de las victorias de las distintas fuerzas de extrema derecha, nacional populistas, xenófobas, nacionalistas y demás encarnaciones del odio que se han ido produciendo a lo largo de esta década en todo el mundo, y aun así algunos siguen maravillándose, sorprendidos y se diría que felizmente aterrados, ante cada una de ellas, sin parecer que hayan aprendido nada, como si hubiesen estado todo este tiempo en Plutón.

¿Qué sorpresa puede deparar el resultado cuando todas las encuestas lo anunciaban? Es más, solo había que retrotraerse al resultado de las elecciones federales del año pasado, cuando AfD ya rebasó el medio millón de votos, más que doblando su resultado de cuatro años antes. Estaba cantado, para cualquiera que quisiera verlo. Pero vivimos en un mundo en presente continuo, sometidos a una dieta de escándalos concatenados, que aparecen con la mayor estridencia y desaparecen sin dejar nada atrás, desconectados de cualquier referente, sin pasado ni futuro, puro presente. Vendrán más elecciones regionales en Alemania… y nos harán igual de ciegos.

Y seguiremos hablando (y escribiendo en grandes titulares) que sus resultados serán un “señal de alarma para Europa”, sin querer entender que la alarma ya hace tiempo que está instalada en el mismo corazón de Europa, en el que actúa con total normalidad una coalición política entre la derecha tradicional y las fuerzas emergentes de la extrema derecha. Su última actuación conjunta fue la concentración de eurodiputados de estas fuerzas a las puertas del Europarlamento en apoyo (sic) de Ceuta. Ahí, en esa foto, se expresaba la nueva coalición dominante en nuestra Europa democrática: los populares junto con la extrema derecha, bendecidos por el jefe del PPE, Manfred Weber, el gran arquitecto del acercamiento a los ultras.

Precisamente el partido de Weber, la CDU, ha sido la gran derrotada. Pero no solo eso. Según los sondeos, uno de cada cuatro de los que votaron a los cristianodemócratas en 2021 habrían optado esta vez por AfD. Ese es el precio que está pagando la derecha en todo el continente por su acercamiento al lado oscuro. Ese sí que es el gran remplazo. Próxima parada, Francia.

Sordos

Otra de las “sorpresas” que nos deja el resultado en es la intensísima movilización del electorado, el principal beneficiario de la cual ha sido (¿quién lo diría?) la extrema derecha. Nada nuevo. Llevamos viendo esto elección tras elección. Una parte muy significativa de los buenos resultados de los partidos ultras se explica por su capacidad de atraer a las urnas a una parte muy importante de la población que, hasta la aparición de estas fuerzas, no se sentía llamada a participar en el proceso democrático. He ahí la paradoja: fuerzas que propugnan en mayor o menor medida la desaparición de la democracia son capaces de activar para el juego democrático a grandes capas de la sociedad, a los dejados de lado por el sistema, los que se sienten abandonados por los partidos tradicionales, los partidos democráticos.

Partidos que se han mostrado sordos, cuando no desdeñosos, a los llamados de atención de estas personas. Hillary Clinton, en la campaña de 2016, cuando todo empezó, los calificó de “basket of deplorables”. Desde entonces se han sucedido los descalificativos hacia esa parte del cuerpo electoral. Se les ha llamado genéricamente fachas, racistas, se ha dicho de ellos (la mayoría son hombres) que estaban mal informados, intoxicados con fake news (lo cual es cierto), que votaban mal (sí, no solo Vargas Llosa dice estas cosas) porque lo hacían “contra sus intereses”. Incluso se ha llegado a dudar de la legitimidad de sus reivindicaciones, de sus miedos, para desacreditar su angustia en esa especie de concurso para decidir quien es más víctima que quien, ergo quien puede tener voz, quien tiene derecho a quejarse (y quien no).

Todo ello los ha lanzado en brazos de la extrema derecha, que ha sabido manipular ese desasosiego, que no lo ha cuestionado y, fundamental, le ha dado un sentido coincidente a sus intereses (a los intereses de la extrema derecha): los culpables de tu situación son los inmigrantes, las feministas, los partidos tradicionales, la corrección política. La extrema derecha ha sabido dar una respuesta (falsa, torticera, pero respuesta, al fin y al cabo) a un desasosiego, a un miedo que se siente como real y que los ultras no cuestionan, al contrario, abrazan, legitiman. Con ello la extrema derecha consigue algo políticamente muy valioso: crear comunidad, establecer vínculos, dar identidad. Acoger, abrazar, consolar.

Como cantaban The Who en Tommy: “see me, feel me, touch me, heal me”, las fuerzas democráticas no han querido ni ver, ni notar, ni tocar, ni por supuesto curar a una parte de la sociedad que se siente abandonada. No los han escuchado, o lo que es peor, no los han querido escuchar.

Mudos

Si la extrema derecha ha conquistado el apoyo de tanta gente es, en buena medida, porque ha sido la única opción capaz de proponer una alternativa a la actual situación. Precisamente, de ahí viene la AfD, como respuesta al discurso de Merkel, de resonancia thatcherianas, de que “no hay alternativa”. Obviamente, la extrema derecha es una alternativa-trampa, que en ningún momento aboga por corregir las desigualdades del sistema actual, por muy antisistema que se presente, pero emite un relato que da respuesta, aparente, al estado actual de cosas, a la incertidumbre, al miedo y la sensación de amenaza que recorre grandes capas de todas las sociedades democráticas. Algo que es muy real y ante lo que, desgraciadamente, las fuerzas democráticas no emiten señal, no dan respuesta. Si una parte de la sociedad vota por la extrema derecha es, en gran medida, por ese silencio, amplificado por unas redes sociales que basan su negocio en el comercio del odio (que es el núcleo del discurso ultra).

Ante la respuesta categórica y violenta de la extrema derecha (“¡echémosles!”), las fuerzas democráticas emiten resignación. El sistema no se toca. Tiene problemas, sí, habría que reparar algo, claro, hay que ajustar alguna pieza, obvio. Pero el sistema es un tótem, no se puede tocar, no se puede ni cuestionar. Vivimos en el mejor de los mundos posibles. Pero para una parte de la sociedad la democracia se cae a cachos, incapaz de dar respuesta al desasosiego, a la desigualdad, a un futuro que se ve cada vez más oscuro que incierto. Y ahí, en esa inmovilidad, en ese agarrotamiento, en esa esclerosis de las vías democráticas, es donde cala el mensaje de los ultras: abajo con todo (con todo menos con el establishment, ya se entiende).

Ante un problema grave como el de la vivienda, la escuela o la sanidad, la extrema derecha propone la exclusión de los inmigrantes como solución. Es inhumano, es tramposo, pero ¿cuál es la propuesta desde las fuerzas democráticas? Pues que es un tema muy complejo, que hay que “abordarlo” desde diversos frentes, que se necesitan años para resolverlo, que las propuestas ultras son irrealizables, que los problemas complejos no admiten soluciones simples. En resumen, nada. Todo muy cierto, sí, pero lo que se emite desde las fuerzas democráticas suena a resignación y palabrería. Es decir, nada.

O aún peor, porque una de las salidas más manidas en estos casos es simplemente desacreditar las “soluciones” de la extrema derecha sin ofrecer alternativa, sin emitir una respuesta propia, una propuesta mínimamente comprensible, un relato sobre cuáles son las causas y como atacarlas ¿Quién es el malo, para las fuerzas democráticas? Para la extrema derecha está claro. Es el inmigrante, la feminista, el woke, los “políticos” (como si ellos no lo fuesen). Pero, ¿y para las fuerzas democráticas? Es la extrema derecha. Pura tautología. Mientras la extrema derecha se sitúa en un plano social (tramposo, repito), el discurso de las fuerzas democráticas se sitúa en el plano político. Habla en político, emite en político. Es decir, no emite para una gran mayoría del cuerpo electoral.

Hay que impedir que la extrema derecha llegue al gobierno para que no aplique sus políticas discriminatorias, que profundizan la desigualdad, el odio y la división social. De acuerdo. Pero ¿para qué?, ¿para hacer qué? Silencio. El auge del voto a la extrema derecha responde a algo y el combate democrático que se debe llevar a cabo debe centrarse en ese “algo”. Hasta ahora las fuerzas democráticas han combatido el efecto y no la causa. Tal vez el enemigo sea la extrema derecha, pero la tarea no es impedir que gane unas elecciones, la tarea de fondo no es impedir que gane en Suecia, en Francia, en los sucesivos länder alemanes y en España. La tarea es hacer que no tenga sentido para mucha gente (cada vez más) votar a la extrema derecha. Y eso requiere decirle algo a esta gente, atenderles, proponerles una alternativa democrática a sus miedos. No vale decir que lo que propone la extrema derecha está muy mal (que lo está) o que es una trampa (que lo es) si no se es capaz de darles soluciones en el marco de una democracia que no se resigna, que lucha y defiende los valores que dice encarnar.

Ver, escuchar y hablar. Analizar, entender y proponer. Es tiempo de construir una respuesta democrática.

El tiempo, implacable, nos come los pies

El tiempo, implacable, nos come los pies

Es insoportable ver pululando por las tierras ceutíes a centenares, quizá miles, de seres fantasmales sin que un Estado europeo del siglo XXI sea capaz de encontrarles techo y darles comida y aspirinas, más de un mes después de aquel nefasto 31 de julio

El tiempo, el implacable -siempre Pablo- tiende a hacernos trampas. Exacto y riguroso hasta la desesperación, un segundo, un minuto, una hora, un día, una semana, un mes, un año. Implacable, lo dijo Milanés. Así diluvie o luzca un sol resplandeciente, los terremotos asolen países enteros, los tsunamis se coman centenares de kilómetros de costa, unos asesinos bombardeen Gaza, otros se estrellen contra las Torres Gemelas, el reloj ni se inmuta. Segundo a segundo, minuto a minuto. Tic, tac, tic, tac. Pero nuestra percepción del tiempo no es esa. Ni mucho menos. Los días se nos hacen eternos en el trabajo tedioso, pero vuelan mientras nos bañamos en la playa. Menos vueltas y revueltas, que el Ojo ha decidido hoy cambiar de vía y adentrarse en caminos abstrusos, pero todo tiene un límite y vamos a lo que vamos: habrá elecciones en 2027, porque es cuando tocan, nos anunció Pedro Sánchez hace muchísimo tiempo. Una eternidad nos pareció entonces. Pues hoy, ya ven ese trampantojo maldito del tiempo, el 2027 se nos ha echado encima y las urnas, que tan lejanas veíamos, hoy las tenemos esperando ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Reloj, no marques las horas, que tu tic-tac me recuerda mi irremediable dolor.

Han sido cuatro años, que digo cuatro, ocho, de asedio permanente, de guerra sin prisioneros, de napalm para borrar de la Tierra a comunistas y bolivarianos comandados por ese perro Sanxe, más bien Belcebú, esa tragedia que ha destrozado a nuestra España querida, te llevo en el alma. Esta derecha que tenemos enfrente, salvaje, despiadada, canallesca, sucia y vengativa, no va a parar en su campaña de destrucción. Cuenta para ello con los ricos del mundo, con los jueces de togas embarradas, con una prensa repugnante y un entorno mundial que favorece el sindiós de esta extrema derecha que desde Reagan ha irradiado Estados Unidos hacia el mundo, hasta llegar a esa excrecencia que se llama Donald Trump, la aberración suprema de un sistema corrupto y corruptor. 

Porque quien piense que una cosa no viene atada con la otra, ya saben, aquello de los racimos, es que no sabe dónde tiene la mano izquierda y la derecha. O sea, los llamados estúpidos neutrales. Claro que no se trata de mecanicismos baratos ni silogismos de barra de bar, este manda y aquel obedece o esto pasa porque si “a” hace “b” y “b” hace “a” tiene que pasar “c”. Es todo un poco más complejo, pero quien piense que la subida estrepitosa de los neonazis alemanes de Afd no tiene nada que ver con el poderío de Trump, o que este no se retroalimenta con los Musk de este universo nuevo es que cree que existen los unicornios. Las corrientes poderosas en el mundo invierten miles de millones en arrasar a las izquierdas con todos los medios, legales e ilegales que tienen a su alcance. Y cuando no pueden lograr sus objetivos, utilizan la fuerza bruta. Hartos estamos de verlo en todo el universo y todavía nos creemos que los Reyes Magos existen. ¿Tampoco creen ustedes que las negras togas actúan en la misma dirección que Feijóo y Abascal para acabar con Pedro Sánchez, no digo si hay una relación de amo y esclavo, pero sí una evidente confluencia de intereses? Si así lo piensan, es que ustedes no son tuertos, como este Ojo, son ciegos, pero de entendederas, y desgraciadamente no tienen remedio. Desahuciados. Deberíamos pensar si la espantosa dificultad de comprensión de los alumnos que muestra el informe Pisa es culpa de los profesores o de esos padres y esas madres que no ven, ni entienden, ni quieren ver ni entender lo que tienen delante. O sea, de tales asnos, tales pollinos.

Acostumbra el Ojo a comentar, con lágrimas que ustedes no ven, los hechos que cada semana acontecen en las rúas españolas. Lo que nos llevaría hoy a volver a hablar de las negras, negrísimas togas, ese gigantesco disparate de la ley de nietos, para simplificar, o la bizarra intervención de la presidenta del CGPJ y del Supremo, Isabel Perelló, ejemplo bochornoso de una justicia más que ofuscada, además de arrogante y pendenciera. Y deberíamos guardar algún espacio, pequeñito, que la interfecta tampoco se merece más, para esa reina del vermú, Isabel Díaz Ayuso de nombre, tan proclive a los fastos de la Fórmula 1 y similares, donde puedan disfrutar todos los vips que tanto la quieren porque tanto le deben, desde el rey hasta el último cayetano. El ático, señora, el ático. O de Ceuta, claro, vergonzante y maliciosa actuación por parte del PP y Vox, primero, de la miserable Europa que hoy nos avergüenza, después, con los extemporáneos, pero significativos, exabruptos de Trump, Musk, Israel o el Aznar miserable que todos conocemos. Y de postre, qué miedo, chihuahua ladrador, García Page. Lo cual no debe ocultarnos esa guerra de Gila que hemos tenido que soportar, servicios de inteligencia que se comunican por wasap, hola, tío, soy el espía, que dice el enemigo que tengamos cuidado. Vale que se peleen los ministros, pero es que ahora están a la greña hasta los jefes de gabinete, que pronto veremos la encarnizada batalla entre conserjes de los distintos ministerios. Un horror. 

Es insoportable ver pululando por las tierras ceutíes a centenares, quizá miles, de seres fantasmales sin que un Estado europeo del siglo XXI sea capaz de encontrarles techo y darles comida y aspirinas, más de un mes después de aquel nefasto 31 de julio. Ninguna entrevista de televisión, ninguna intervención parlamentaria puede librar a Pedro Sánchez del oprobio que nos acongoja ¿Que el popular Vivas protesta? Como si se opera. El Gobierno debe hacer lo que corresponde y tomar las decisiones jurídicas que sea menester. Mando único y todo lo que haga falta. Sabemos de la complejidad de solucionar las corrientes de fondo, el drama universal de la emigración o las peleas geopolíticas, devolver a los marroquíes o a los senegaleses, menores o mayores, al tiempo que respetar sus derechos, pero muestren, ya, en un día, dos días, una semana, que saben cómo solucionar los problemas de logística. Es lo mínimo exigible a un gobierno eficiente. Primero, el techo, luego la política. 

Pero volvamos al comienzo, que íbamos por buen camino, pero enseguida nos hemos ido de carril. Decíamos, así, a pelo, que el tiempo se nos agota. Amanecimos un día en el que quedaban cuatro años para resolver los grandes problemas de esta sociedad, digamos la vivienda. Pues ahora nos quedan, como mucho, nueve meses. Nada, lo que dura un embarazo, larga espera sin duda para la madre, pero efímera para el ginecólogo. Decía el alcalde de Nueva York, Zoran Mandami en una entrevista en El País que “La democracia no sirve si la gente no puede cubrir sus necesidades”. Teníamos muchos problemas sociales entonces y seguimos teniendo muchos problemas sociales hoy. Y muy poco tiempo para solucionar, o paliar, cuando menos, algunos de ellos. ¿Cómo es posible que vayamos a enfrentar el último trimestre del año con la amenaza de una huelga general de médicos, con los alquileres en capas estratosféricas, con salarios siempre por debajo del coste de la vida? Ya sabemos que las fuerzas extraterrestres de las que hemos hablado, los tribunales y sus sentencias, por ejemplo, tienen vida propia, como los Alien de Ridley Scott, pero tenemos que ser capaces de encontrar salida para alguna de las crisis que nos aprietan. Y hay que demostrarlo antes de ser llamados a las urnas. O la izquierda demuestra, más pronto que tarde, nos pilla el tren, que es útil para las gentes de a pie, al tiempo que hace evidente las promesas mentirosas de la derecha o el futuro se presenta negro. 

Y el Ojo, y seguro que muchos de ustedes, no quieren que pase eso. Aceleración a tope, los malos van a seguir cortando cuellos, pero los buenos tenemos que ofrecer soluciones gigantescas, espectaculares. Y saber venderlas. Ayer ya es tarde. 

Y conste que el trabajo no solo les corresponde a los socialistas, aunque en primerísimo lugar, por supuesto, les corresponde a ellos. Es que la izquierda más izquierda llega en cueros, desnudas todas sus debilidades, costurones al descubierto, heridas que no han sabido cerrar en toda la legislatura. ¿No podían aprender un poquito de la marcialidad de la derecha, cierren filas, ajusten las bayonetas y a los higadillos del enemigo?

Las discusiones sobre el tamaño de las raciones, cuando hayamos ganado y tengamos algo que repartir.  

Adenda. A todas esas fuerzas oscuras que nos han exprimido durante años, los consorcios económicos y multinacionales o el complejo político militar, se ha unido últimamente la apocalíptica amenaza de la Inteligencia Artificial, en manos de unos lunáticos tecnomultimillonarios, siempre aliados con esas fuerzas descomunales que ya existían. Porque se necesitan miles y miles de millones para engordar al monstruo, y como es obvio, el dinero está en las manos que todos sabemos. Malo, espantoso, terrorífico es que esa potencia casi infinita se quede en las garras de unos cuantos aventados, gentes sin escrúpulos, que si antes los genios eran tipos despistados y melenudos, hoy son listísimos hombres de negocios expertos en saberes indescifrables, pero también en cómo sacar dinero -y mucho, muchísimo dinero- debajo de esas fórmulas mágicas. Y son, también, profundamente reaccionarios. Locos, sí, pero de avaricia. Pero aún nos aterra más, se nos acaban los adjetivos, ante ese horizonte pavoroso, espeluznante, enloquecedor que se dibuja en los últimos tiempos de que sean las propias máquinas, sin control humano, quienes decidan qué, cómo y cuándo actuar. 

¿Puede alguien frenar esta barbaridad? ¿Es posible alguna regulación independiente, que no esté al servicio de sus dueños? Y en esa batalla galáctica entre los señores de Estados Unidos -Trump mediante- y China, ¿tenemos las organizaciones europeas, los gobiernos de nuestro continente, algo que decir o hacer? 

Y ya puestos, ¿qué pintamos en esta película de ciencia ficción usted, por ejemplo, o mismamente el Ojo?

¡Qué distinta era la vida hace 10.000 años, cuando veías al tipo cejijunto y malencarado que venía a por ti con un garrote gigantesco!

Símbolos

Símbolos

Me niego a que, como están las cosas, parezca que, cuando uno quiere desplegar la bandera de su país, todo el mundo suponga que uno es franquista, o fascista de cualquier pelaje o nacionalista de ultraderecha. ¿Con qué derecho se han apropiado de la bandera que nos representa a todos?

Hace unos días, después de un tiempo casi recluida en casa por cuestiones de trabajo, se me ocurrió ir al centro de Elche a dar una vuelta y, con gran sorpresa, me encontré con un montón de gente por la calle, mucha más de lo que sería normal en una tarde/noche de miércoles, aunque estuviéramos en agosto. Muchos de ellos, tanto hombres como mujeres, jóvenes y menos jóvenes paseaban envueltos en banderas españolas compradas en bazares chinos, a juzgar por la calidad del tejido.

Mi primera idea fue que debía de haber algún partido internacional de fútbol y la población ilicitana se había lanzado a la calle a apoyar a la selección nacional, pero conforme nos acercábamos al Ayuntamiento, empezaron a oírse gritos y ruido de gente aunque, al llegar, vimos que no habría más allá de doscientas personas arracimadas frente a la fachada. Desde un coche de policía, dos agentes contemplaban con total tranquilidad la agitación mientras un cámara y un periodista empuñando un micrófono miraban desde el techo de una furgoneta lo que sucedía a su alrededor.

No había pancartas ni explicaciones de la razón que había reunido allí a aquellas personas y supuse que sería alguna cuestión local, aunque el asunto de las banderas no avalaba mi idea. Entré a comprar algo en una droguería de la plaza y aproveché para preguntar a una de las dependientas si sabía de qué se trataba.

“Están protestando por la invasión”, me dijo. “¿La invasión? ¿Qué invasión?”, pregunté, perpleja. “Los moros, que nos están invadiendo otra vez. ¿No te has enterado?”. A aquella chica de veinte años, casi escandalizada, le parecía increíble que una mujer de mi edad no tuviera constancia de algo que para ella estaba tan claro, que no supiera que estábamos siendo invadidos -¡otra vez!, insistió- por “los enemigos de siempre”, como me explicó a continuación, y que teníamos que defendernos.

No le gustó el comentario que se me escapó de “¡cuánta ignorancia!”, pero decidí pagar lo que había comprado sin más explicaciones y salí a la calle a tiempo para oír “¡Pe-dro-Sán-chez-hi-jo-de-pu-ta!” berreado por una jovencita (y coreado por la concurrencia) que, a continuación pasó a gritar que las madres españolas -entre las cuales parecía contarse a sí misma a pesar de ser adolescente- tienen derecho a proteger a sus hijos de los invasores africanos con la violencia que sea necesaria.

Por fortuna no eran muchos, pero eran gente llena de rabia, de odio, gente aficionada a insultar, a mentir, a dejarse arrastrar por cualquier estupidez que alguien gritara ayudándose de un megáfono, sin plantearse si lo que decía tenía algún sentido. 

Tengo que confesar que me asustó el potencial de violencia que se respiraba en aquella plaza. Me recordó emocionalmente a las cargas de los grises de mi época universitaria, cuando la tensión y el miedo tenían olor y color; cuando se notaba que había gente deseando que pronto desaparecieran los frenos impuestos por la civilización y empezaran los golpes, los palos, los gritos, la sangre, los botes de humo.

Sin embargo, lo que más me impresionó y de lo que yo quería hablar ahora, además de ese potencial de violencia que va subiendo en nuestro país y en otros países civilizados de nuestro entorno, es la desfachatez con la que los elementos ultraderechistas, nacionalistas, fascistas de nuestra sociedad se han apropiado de la bandera nacional que es el símbolo que nos engloba a todos y que es propiedad y derecho de todos y todas los españoles y españolas independientemente de su orientación política.

Me niego a que, como están las cosas, parezca que, cuando uno quiere desplegar la bandera de su país, todo el mundo suponga que uno es franquista, o fascista de cualquier pelaje o nacionalista de ultraderecha. ¿Con qué derecho se han apropiado de la bandera que nos representa a todos?

Hace tiempo que empezaron a hacerlo con ciertos conceptos, con las palabras que representan esos conceptos y que parece que ellos se hayan apropiado para la eternidad. Me refiero a palabras como “honor”, “justicia”, “libertad”, “patria” incluso y muchas otras. En ambientes de izquierdas ya no está bien visto usarlas porque parece que ahora pertenecen a los otros en exclusiva, aunque ya no signifiquen lo que significaban hasta ahora, aunque la libertad sea la de tomarte unas cañas o la de decir cualquier estupidez sin base objetiva en una tertulia televisiva, aunque la justicia sea en demasiadas ocasiones arbitrariedad y deseo de notoriedad de ciertos profesionales, aunque la patria sea el concepto más rancio conservado en naftalina y heredado de la época del dictador.

Hemos llegado al punto en que nuestra bandera solo la lucen y despliegan los que quieren volver al “glorioso pasado de nuestra voluntad de imperio” como propagaban las canciones de la Falange, mientras que el hablar bien de España y estar orgulloso de sus logros presentes y actuales es algo que ya no gusta: a unos porque supondría confesar que nuestro gobierno ha hecho una buena gestión y a otros porque eso del orgullo les suena a ultraderecha y les da vergüenza ajena.

No me gusta que me coarten, que me quiten palabras y conceptos que son de todos y que se los apropien unos cuantos para su uso; no me gusta que me quiten los símbolos que representan bienes y valores comunes a todos los españoles.

No me hace ninguna gracia que, envueltos en esa bandera que es de todos, inciten al odio y a la violencia, como si cuanto más agresivo y brutal sea uno, más patriota fuera.

Tampoco me gusta que se haya puesto de moda insultar en público a nuestros gobernantes democráticamente elegidos y que a nadie se le pase por la cabeza que con frecuencia se trata de injurias y calumnias que deberían tener consecuencias legales. Uno puede pedir la dimisión de un político cuya actuación no le satisface; está en su derecho al expresar una opinión y fundamentarla. Lo que no es correcto es insultar y calumniar a ese político -y a su madre, de paso- y pensar que estás en tu derecho. No, señores, eso no es un derecho. Además de ser una vulgaridad, es delito de injurias y vulneración del derecho al honor. Y, sí, la gente de izquierdas también tenemos honor, señoras y caballeros de derechas.

Estamos creando un funcionamiento social repugnante en el que nadie parece tener el menor interés en el bien común, ni en oír lo que dicen y opinan los demás, ni en argumentar con datos objetivos, ni mucho menos en cambiar de opinión al escuchar otras opiniones y darse cuenta de que uno no tenía razón. Hay demasiada gente interesada en destruir la convivencia nacional apoyándose en símbolos comunes a la población entera que ya nos robaron sus abuelos para convertirlos en algo que les pertenecía en exclusiva.

Los símbolos son importantes. Ayudan a unirse y a trabajar juntos por un ideal común. No podemos permitir que solo una parte de España se arrogue el derecho a usarlos y no podemos dejarnos arrebatar ese derecho porque nos da vergüenza que nos confundan con esa parte de España.

Y ya que estamos hablando de símbolos que nos representan a todos, es una auténtica lástima que nuestro himno nacional sea el único en Europa (descontando a Bosnia-Herzegovina, San Marino y Kosovo) que no tenga letra. Da entre pena y ridículo que nuestros futbolistas y atletas tengan que limitarse a un la-la-la como si fueran Massiel en la Eurovisión de 1968 porque no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en un texto que nos represente como país ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.

Ese es el gran problema: que no hemos conseguido salir de las “dos Españas” machadianas y parece que ni siquiera hay interés en lograrlo.

Un grupo de apoyo mutuo para vivir juntos hasta el final: "Envejecer acompañado da sentido a la vida"

Un grupo de apoyo mutuo para vivir juntos hasta el final: "Envejecer acompañado da sentido a la vida"

Cada vez más personas mayores se decantan por crear grupos de ayuda mutua con el compromiso de acompañarse unos a otros. Varios integrantes de un grupo de Poble Nou, en Barcelona, relatan sus deseos y anhelos ahora que viven y disfrutan su vejez

Una nueva arquitectura para el futuro: cómo hacer que la ciudad sea amigable con la vejez

Aceptar la muerte, la propia y la de los allegados, vivir los últimos años con curiosidad, sortear la idea de sufrir alguna demencia, disfrutar del tiempo con actividades con las que aprender y no solo entretenerse. Son realidades que atraviesan cada vez más personas en su vejez —según el INE, España alcanzará un máximo de personas mayores de 65 años en 2076, con el 30,9 % de la población— y para las que prepararse para una vida más reposada y con ciertas limitaciones pasa por la construcción de comunidad. Así lo defienden, y practican, en el grupo de ayuda mutua del barrio de Poble Nou, en Barcelona, donde todos sus integrantes tienen el compromiso de acompañarse si alguien lo necesita.

Anna Freixas dice que no es que envejezca, es que ya es vieja. Y lo dice el mismo día en que cumple 80 años. Llega a esta edad con retos, desafíos, alegrías, con y sin dificultades. “Yo ya he vivido momentos muy complicados a mis 20, 30 o 40 años. Ahora algunas cosas se simplifican y otras se complican, como siempre ha ocurrido”, comenta esta profesora universitaria jubilada.

La también gerontóloga feminista, una de las personas que integra el grupo de ayuda mutua de Poble Nou, donde se estableció tras vivir más de cuatro décadas en Córdoba, reconoce que uno de sus principales retos actuales es enfrentar la pérdida de las personas queridas. “Cuando tienes 30 años vas a bodas, con 80 vas a entierros”, comenta con cierta socarronería.

Este es uno de los aspectos en los que la comunidad se yergue como una muleta sin la que afrontar estas experiencias sería mucho más complicado: “Envejecer acompañado es infinitamente más ligero que hacerlo solo. Da sentido a la vida, te aleja de ti al no estar tan ensimismado, piensas más en y con los demás”, añade la también autora de “Yo, vieja” (Capitán Swing, 2021). Ella, que en la monografía se decanta por utilizar términos como 'veterana', 'sénior', 'pionera', 'longeva' y 'viejales' en lugar de 'anciana', 'mayor' o 'abuela', sabe bien que la construcción de esa comunidad “tampoco cae del cielo”.

La escritora Anna Freixas
La escritora Anna Freixas

Sin miedo a la soledad

Su alegría llega al despertar y ver que hay un nuevo día por delante. “Envejecer con curiosidad es importante”, afirma. Además, siempre habrá una cosa que les distinguirá de aquella ciudadanía más joven. “Nosotras conocemos el buen hacer, sabemos cómo se hacen las cosas y cómo no se deben hacer, lo que contribuye a la civilización de una manera muy importante”, abunda. Freixas, de todas formas, admite que tiene algo de miedo a cómo será el final del trayecto, tal y como define la vida. “No lo vivo con un sentimiento trágico, sino realista. Sabíamos que íbamos a morir, esto estaba en el programa desde que nacimos”.

Mari Pla es su compañera de grupo de ayuda mutua. Ella fue la artífice de esta iniciativa, que busca no dejar atrás a ninguna de las personas sénior del barrio. Valenciana de nacimiento, afirma a sus 73 años que “todo comienza cuando ya pasa un tiempo tras la jubilación, ahí te preguntas qué hacer con tu vida”. Tras un proyecto frustrado de cohabitación junto a otras personas que decidieron envejecer juntas, esta antigua enfermera comunitaria impulsó un taller de envejecimiento activo en la asociación vecinal del barrio, el germen del grupo de ayuda mutua.

“No tengo ningún miedo a morir, es lo natural. Sí siento cierto temor a las incertezas de lo que me espera en relación con el mundo cognitivo, a la posible pérdida de capacidad mental, pero no tengo temor a hacerme más vieja de lo que soy”, se explaya. La soledad es otro de los puntos que Pla menciona al hablar de miedos, aunque asegura que se ve aplacado por la comunidad. “El objetivo es acompañarnos y transmitir unos valores, hacer nuevas amistades en el barrio. Si le pasa algo a cualquiera de nosotros, ahí estaremos para acompañar. Aquí nadie se queda solo”, destaca certera.

Esta valenciana asentada en Barcelona desde hace apenas unos diez años sostiene que “en casa no se aprende, se aprende fuera”, en relación con su defensa de no perder la actividad según se vayan cumpliendo años. “Y no quiero ir a actividades que me entretengan, yo quiero aprender”, reclama. Así ha sucedido con la pintura de acuarela o cada vez que se enfrenta a la elaboración de una receta nueva. “Uno de los grandes valores de esta etapa es el tiempo. Hay que saber gestionarlo sin que pienses que lo pierdes”, agrega.

Hacia el envejecimiento digno

Merche Delgado, de 66 años, ha trabajado de muchas cosas, pero se jubiló como subalterna en la Diputación de Barcelona hace un año. “La vida te tiene que sorprender, tengas la edad que tengas”, introduce. Ella también piensa que “la comunidad hay que conservarla, regarla, intentar estar lo mejor posible con la gente que te rodea”. Dice que no le tiene miedo a nada, excepto al dolor. “No temo a la muerte, pero sí a sufrir, o al dolor de que a mis hijos les pasase algo”.

Un estimulante para Delgado son las actividades intergeneracionales. “Parece que al hacerte mayor solo te puedes juntar con gente mayor”, como si eso fuera un compartimento estanco de un sector de la población y no comportara todo un grupo heterogéneo de experiencias, deseos y anhelos. “Dentro de 20 años quizá me habré muerto, que es lo que toca, pero dentro de diez seguiré con vida, aprendiendo, relacionándome con la gente y haciendo mis siestas, que me encantan, y viviendo, pero viviendo con conocimiento y emotividad, con ganas de hacer cosas”, se explaya.

Dos décadas después de llegar a Poble Nou, Josep María Gordillo es uno de los pocos hombres que componen el grupo de ayuda mutua del barrio. Maestro de escuela retirado, a sus 73 años aclara que es consciente de que la vida tiene un límite. Eso no es óbice para que siga viviendo centrado en determinadas preocupaciones e intereses, pues Gordillo está ligado al activismo social. “En absoluto me preocupa la muerte. Además, todo aquello que has adquirido a lo largo de la vida te ayuda a reinterpretar las cosas de otra manera”, esgrime.

Una de sus principales reclamaciones es un envejecimiento digno, una meta que se ve enturbiada por el edadismo que impregna la sociedad. “Todavía hay muchos estigmas y estereotipos, ideas prefijadas sobre las personas mayores cuando cada uno y cada una somos absolutamente diferentes por nuestras posibilidades físicas y mentales y por nuestros intereses”, se queja.

Lourdes Casanovas lleva viviendo en Poble Nou los 74 años que cuenta su vida. También maestra jubilada, siempre estuvo acompañada de diversos grupos. “Quizá soy la que voy a menos cosas de ocio, pero el objetivo es el compromiso, y eso lo tienen por mi parte. Nos iremos ayudando unos a otros según surjan limitaciones”, explica.

Hay cosas que echa de menos, claro. Viajar y tener más movilidad personal son dos de ellas. Asimismo, le perturba la idea de terminar sus días con dolor o que pueda acecharle alguna demencia. “Si llega un momento que no conozco a mi gente, mejor morir, que se termine la vida”, sostiene. “Me gustaría saber vivir bien la pérdida de amistades. Lo veo con mi madre, que tiene 100 años, quien dice que de sus amigos de verdad solo queda ella, aunque ha tenido la capacidad de ir haciendo amistades más jóvenes”, finaliza.

Esos hombres buenos fascistas

Esos hombres buenos fascistas

El 87% de sus votantes creen que “si bien hay algunos políticos de extrema derecha, en general AfD ocupa el centro del espectro político”. Es decir, son los hombres buenos votando el término medio en una ventana de Overton escorada hacia el abismo

Hace poco más de un año, se sentó a mi lado en el tren un señor mayor que iba leyendo un artículo científico en inglés. Yo acababa de salir de una gripe y aún tosía como si guardase un perro aferrado al pecho, ante lo cual el hombre reaccionaba con inquietud: se meneaba en la butaca, me miraba de soslayo… Ya no pude más y le dije: “usted es médico”; cuando me preguntó cómo lo había adivinado le respondí que el contenido del artículo y su preocupación mal disimulada por mi salud lo delataban. Fue ese el comienzo de una larga conversación tan agradable que no he olvidado los detalles: estaba a punto de jubilarse, y había desarrollado una carrera académica deslumbrante, en varios países, sin abandonar la consulta; yo le conté que viajaba para dar una charla sobre mi libro Vivir peor que nuestros padres, por el cual se mostró muy interesado. Todo iba bien hasta que, en relación al deterioro social que estamos sufriendo, él culpó al temido sanchismo y yo argumenté que nuestra sanidad pública destrozada era competencia del gobierno andaluz, del PP. De repente, se acabaron las risas y los gestos amables: “no puede haber sanidad para todos”, afirmó. Y yo: “¿de verdad quiere desmantelar el sistema al que ha dedicado toda su vida?”. El silencio se volvió hielo para mi garganta aún inflamada, y el trayecto concluyó como si jamás nos hubiésemos cruzado.

He pensado mucho en aquella anécdota, y en otras que me han hecho descubrir a funcionarios públicos que arremeten contra su medio de subsistencia –el estado–; a familias que apenas llegan a fin de mes pero desean eliminar los servicios asistenciales; a migrantes que detestan a otros migrantes y piden deportaciones masivas, y un largo etc. La psicología de la persona de (ultra)derecha me interesa desde la convivencia vecinal al devenir del mundo, como objeto de estudio de lo ignoto, lo incomprensible, como si me jugase en esa búsqueda de lógica mi propio valor como ciudadana. En mi indagación, me he ayudado de un concepto clave que aparece en una novela del escritor portugués Valter Hugo Mãe: “el fascismo de los hombres buenos”; ciudadanos que trabajan diligentemente, cuidan a sus hijos, pero albergan en las entrañas una suerte de gen destructivo, de pulsión de muerte freudiana, que brota ocasionalmente. Leo en este periódico, a propósito de las elecciones alemanas de Sajonia-Anhalt, donde arrasó el partido ultra AfD, que el 87% de sus votantes creen que “si bien hay algunos políticos de extrema derecha, en general AfD ocupa el centro del espectro político”. Es decir, son los hombres buenos votando el término medio en una ventana de Overton escorada hacia el abismo; en sus cabezas, representantes de la moderación, aunque desprecien los derechos humanos y practiquen un odio visible.

El dato arroja muchas lecciones. La primera es que el miedo a la ultraderecha –estrategia adoptada, entre otros líderes europeos, por Pedro Sánchez– no funciona. Si su electorado no se percibe como tal, y sus políticas van calando cual lluvia fina en un edificio semiderruido, siendo emuladas, además, por la derecha tradicional y hasta sectores socialdemócratas, hay que aceptar una normalización que puede provocar pánico en algunas personas, pero no en las mayorías. Las izquierdas –el escaso remanente vivo que llegue a las próximas elecciones españolas, francesas, italianas…– deberían actuar entonces con una innovación y energía inusitadas, sabiéndose el margen del horror vigente, la excepción y no la norma. Un aviso claro lo ejemplifica el surgimiento de nuevas formaciones extremistas hacia el lado oscuro de la historia, como en nuestro país demuestra SALF o Núcleo Nacional. El renacer progresista no se está produciendo; más bien, se perpetúa una parálisis que obedece a la incapacidad de leer el mundo, mientras su oposición hace papilla las palabras para alimentar a la IA. Al fin y al cabo, solo necesitan cuatro consignas y, eso sí, mucha tecnología.

Y ahí quiero llegar, porque el fracaso de la socialdemocracia –el nacimiento de los hombres buenos cuyas tripas y voto apuntan al precipicio, entiéndaseme la ironía prestada– se encuentra estrechamente vinculado al despliegue de la manipulación digital, desde la más profunda intimidad hasta los despachos de Washington o Moscú. En este sentido, el catedrático estadounidense Timothy Snyder, exiliado en Canadá desde que Trump ganara los últimos comicios presidenciales, describe la instauración de lo que él denomina “política de la eternidad”, la cual consistiría en el abandono de las reformas sociales para abrazar un marco temporal desdibujado, siempre cuajado de “enemigos definidos y crisis artificiales”. Terreno fértil para las emociones, no serían precisas ya medidas concretas a favor de la vivienda, ni bajar la ratio en las aulas, ni subir las pensiones, pero sí mantener bien inflado –ojo, y esto requiere planificación– el imaginario teratológico de los malvados rivales y las debacles. ¿Cómo? Según Snyder, desde el Brexit y la primera victoria de Trump, esto se hace mediante la intervención en la opinión pública a través de las redes sociales, proceso que explica exhaustivamente en su libro El camino hacia la no libertad

Cuando he intentado compartir estos argumentos en foros, me han reprochado una cierta condescendencia para con la gente. Nada más lejos de la realidad; sin embargo, es imperativo reconocer que los niveles de control y dominación por internet han alcanzado cotas estratosféricas nunca antes vistas en el mundo conocido. Es cierto que la democracia liberal ha incumplido un sinnúmero de promesas y apuntalado un descontento sin par desde la implantación del neoliberalismo, pero ese factor, por sí solo, no esclarece el porqué del ascenso de quien no promete nada más que el confort de una ficticia raza superior, violencia o el derrame de los derechos humanos en una fosa común. De lo que sí tenemos constancia es de la opacidad del algoritmo, del oligopolio tecnológico en manos sospechosas, de la circulación vertiginosa de fake news, de la financiación explícita de entramados cibernéticos ultras, y hasta de cómo el candidato vencedor de AfD le ha dado las gracias a Elon Musk. ¿Casualidad? 

Por último, vale la pena notar un imperdonable descuido de Snyder, pero no de Naomi Klein: en plena emergencia climática, las “crisis” ya no necesitan fabricación expresa; vendrán rodadas cada vez con más frecuencia, incluso nos desbordarán cuando ocurran de manera simultánea, tornándose prácticamente imposible su resolución no solo por la falta de medios o previsión, sino por la insistencia entorpecedora de quien únicamente persigue su eternidad particular. Aquí podríamos preguntar: ¿se habría ido Pedro Sánchez de vacaciones si no hubiese estado posiblemente agotado tras hacerse cargo de la primera emergencia nacional por incendios de nuestro país? No es una excusa; al contrario, la constatación de cuánto temblor inabarcable nos va dejando el planeta hecho trizas, ¡ay!, con los partidos negacionistas al alza y sus fans izando antorchas. Así que a la Doctrina del shock se le podrá aplicar su choque mediante la guerra o el lawfare, aunque también cabe simplemente esperar a que llueva de manera torrencial o caiga un rayo sobre el campo seco. Pero qué sabré yo, que apenas quiero a los hombres buenos de verdad, a los bomberos… al médico de cabecera a tiempo para curarme de una vez la tos… A las mujeres, por supuesto. 

Por qué la gente quiere irse de Marruecos

Por qué la gente quiere irse de Marruecos

Marruecos recibe dos rentas distintas de la misma población sobrante: las remesas y lo que percibe de los países ricos por mantener al “ejército de reserva” en el país. La contención migratoria se ha convertido en una suerte de “exportación” a precio de mercado, ya que cuando hay pánico en Europa, sube el precio que cobran los países como Marruecos. Así, paradójicamente Marruecos cobra por tener emigración y por frenarla

¿Los inmigrantes bajan los salarios?

La entrada irregular de decenas de miles de personas en Ceuta ha vuelto a poner el foco en los movimientos migratorios. Sin embargo, el debate público se ha desplazado rápidamente hacia el grado de responsabilidad de las autoridades en el evento y también hacia la gestión de la crisis humanitaria consecuente. Eso ha dejado de lado lo que tiene más importancia estructural: ¿por qué tanta gente trata continuamente de irse de Marruecos y otros países para acceder a España y la Unión Europea?

Según los datos de Frontex, de todas las entradas registradas durante los primeros cinco meses de 2026, el 30% de los inmigrantes procedía de Argelia y el 20% de Marruecos, mientras que el resto venía desde países subsaharianos. Estas cifras cambian cada año, dependiendo de las características de las tres rutas principales hacia España. Lo que no cambia, incluso aunque se endurezcan y militaricen las fronteras, es la pulsión por llegar a territorio europeo. Por ejemplo, de acuerdo con los datos del barómetro árabe para 2024, el 35% de la población marroquí ha considerado migrar, y ese porcentaje sube al 55% entre jóvenes de 18 a 29 años. La pregunta realmente importante es: ¿qué ocurre en un país del que más de la mitad de sus jóvenes plantea irse?

Los salarios bajos de Marruecos

La semana pasada vimos que los modelos más básicos de economía predicen que la enorme diferencia de nivel de desarrollo y, dentro de ella, el diferencial de ingresos y oportunidades laborales, constituye el principal telón de fondo económico de estos movimientos. Si tomamos el PIB por habitante como un indicador del nivel de vida, podemos comparar entre países y mostrar en qué momento temporal tuvo España el “nivel de vida” actual de los principales países emisores de migrantes. Y, como se ve en el siguiente gráfico, Marruecos tiene el PIB por habitante de España en 1967, mientras que Senegal y Gambia se encuentran donde estaba España en 1938 y 1871 respectivamente.



Se objetará, y con razón, que no es el PIB por habitante en lo que se fijan los migrantes sino, más bien, el diferencial salarial. El problema es que no existen indicadores salariales fiables para la mayoría de los países de origen. No obstante, podemos usar la contabilidad nacional para aproximarnos a algo parecido a un salario medio: la renta por ocupado. Con esos datos, y como podemos ver en el siguiente gráfico, igualmente existe una diferencia considerable. Además, podemos apreciar también que sólo Marruecos parece haber convergido ligeramente en los últimos años con el nivel de referencia de España, que, por otro lado, aparece básicamente estancado para todo el período (1999-2019).



Con estos datos, podemos resaltar que España tiene un PIB por habitante cinco veces mayor que el de Marruecos, pero su producto por ocupado es solo 3,8 veces mayor. La diferencia está en cuánta gente trabaja, ya que en Marruecos tiene empleo el 31,6% de la población total, frente al 42,5% en España, de modo que a cada trabajador marroquí le toca sostener a bastantes más personas. Eso significa que incluso aunque el trabajo marroquí fuese igual de productivo que el español, su producto tendría que repartirse entre más gente y conduciría a una renta por habitante inferior.

La brecha entre 'lo que se cobra' vuelve a abrirse hasta cuatro veces y media porque en Marruecos la parte del producto que acaba en manos de quien trabaja es más pequeña (48 de cada 100 unidades de valor añadido, frente a 56 en España). En definitiva, el trabajador marroquí no solo produce menos que el español, sino que además se queda con una porción menor de lo que produce. Todas esas condiciones no solo presionan a la baja el salario, sino que justifican la búsqueda de nuevos horizontes con más esperanza; y están a pocos kilómetros, en España.

Una economía que no absorbe a su población

Si nos limitamos a un análisis convencional, comprobaremos que actualmente la tasa de desempleo de Marruecos oscila entre el 9% (Banco Mundial) y el 13% (HCP, el INE marroquí). No son cifras excesivamente elevadas, y la de España está en el mismo rango (9,87%). Con estos datos podríamos deducir que la economía marroquí no deja a mucha gente fuera, pero sería una conclusión totalmente equivocada. Lo que ocurre es que hay un enorme “ejército de reserva” que no está recogido por las estadísticas convencionales. Vamos a ver por qué.

Como ya expliqué, Marx consideraba que los salarios de los trabajadores eran empujados a la baja por la presión que ejercía la presencia de un conjunto de personas que se encontraban en la frontera del mercado laboral. A ese instrumento lo llamó “ejército de reserva” o “sobrepoblación”, con lo que se refería no a que sobrara gente en un determinado territorio, sino a que sobraba gente porque la dinámica capitalista no podía absorberla dentro del mercado laboral formal. Este ejército no estaba compuesto solo por desempleados sino también por otro tipo de posiciones de gran vulnerabilidad, como los precarios o incluso los que esperaban la aparición de trabajos mejores. Con las estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que se ven en el siguiente gráfico podemos aproximarnos a esa conceptualización y analizar mejor la estructura del mercado de trabajo en Marruecos.



Es muy importante que entendamos este gráfico, porque aporta claves esenciales. En primer lugar, vemos que el 40% de la población española tiene un empleo no vulnerable por un 20% de la población marroquí. En segundo lugar, en Marruecos los inactivos en edad de trabajar representan el 34,7% de toda la población, más del doble que en España. Eso significa que hay más de 13 millones de marroquíes en edad de trabajar y fuera del mercado laboral. No aparecen en las tasas de desempleo, pero están y son parte de ese enorme “ejército de reserva” en Marruecos. Y, desde el punto de vista de la capacidad de absorción del mercado laboral desarrollado, se constituye como población excedente, o sobrante.

Desagrarización sin industrialización

Según los modelos tradicionales de desarrollo, un país se moderniza cuando su población abandona el campo y se desplaza hacia sectores modernos, como la industria. En estas teorías, inspiradas en la experiencia de las primeras economías avanzadas, se entiende que es la industria la que absorbe progresiva y cíclicamente ese “ejército industrial” que sale del campo. Sin embargo, en Marruecos ha ocurrido algo distinto, como podemos ver en el siguiente gráfico. Lo que se observa es el primer paso de esa predicción, pero no el segundo: entre 1991 y 2025 el empleo agrario cayó efectivamente del 52% al 27,9% del total, pero la industria y la construcción juntas absorbieron sólo tres puntos. En este sentido Marruecos se está desagrarizando, pero sin industrializarse. Y curiosamente fueron los servicios los que absorbieron la inmensa mayoría de ese excedente salido del campo.



Una de las teorías más conocidas sobre este “momento del desarrollo” es la del economista Arthur Lewis, quien conceptualizaba el campo como una reserva de mano de obra ilimitada que trabajaba de modo altamente ineficiente (una productividad marginal cero o negativa). Por eso cuando esa mano de obra iba siendo absorbida por la industria, el resultado era que subía la productividad del sector agrario (misma producción con menos trabajadores). Pero la razón fundamental por la que la industria absorbería el excedente agrario es porque reinvierte beneficios y disfruta de productividades crecientes muy superiores a la del resto de sectores. En el caso de Marruecos sí se confirma que al abandonar los trabajadores el campo, la productividad del sector sube (aunque oscila porque también está afectada por cuestiones climáticas). Pero, contrariamente al modelo de Lewis, el sector que absorbe los trabajadores no muestra productividades crecientes ni gran capacidad de acumulación. Al contrario, durante casi 20 años la productividad de los servicios estuvo por debajo del nivel de 1991, y en 34 años solo ha ganado un 15%.



La explicación más sugerente es que el excedente de trabajo saliente del campo ha sido absorbido sencillamente donde cabía. El sector servicios es una especie de cajón de sastre, donde reina la informalidad y la precariedad. Las teorías del desarrollo predecían que mientras ese excedente no fuera absorbido por la industria, engrosaría las filas del desempleo formal. Lo que vemos, por el contrario, es que esa sala de espera es ahora el trabajo mal pagado del sector servicios. Y, dado que la economía nacional no genera un sector moderno capaz de absorber esa mano de obra, la movilidad geográfica es la alternativa. Y del mismo modo que antes iban del campo a la ciudad esperando una oportunidad, ahora el polo de atracción es el Norte Global.

Este “ejército de reserva” permite mantener bajos los salarios, a lo que ayuda un Estado autoritario con gran capacidad para frenar las aspiraciones de los trabajadores. Pero estos salarios bajos no son una estrategia suficiente. La razón es que un salario bajo no basta para atraer capital, porque si la productividad también lo es, el coste laboral unitario se come la ventaja. La solución marroquí ha sido crear enclaves que permiten a las multinacionales combinar tecnología avanzada con costes laborales muy bajos y capturar mayores márgenes. El automóvil es el caso más claro. Como vimos hace algunas semanas, esto ha permitido a Marruecos convertirse en uno los de los principales proveedores de vehículos de la Unión Europea, aunque en el segmento de menos valor añadido y poco preparado para la electrificación. Pero la ventaja de Marruecos entre los productores de vehículos es claramente el salario bajo, y según la consultora Oliver Wyman, la fabricación en Marruecos tiene un coste laboral por vehículo de 106 dólares, frente a los 273 dólares de Rumanía, los 305 dólares de México, los 414 dólares de Turquía, los 597 dólares de China y los 3.307 dólares de Alemania. Es obvio que la ventaja de Marruecos solo se sostiene mientras el salario no suba, y resulta que lo que impide que suba es exactamente el “ejército de reserva”, porque esa ventaja salarial difícilmente podría mantenerse sin una abundante oferta de trabajo que limite el poder de negociación de los trabajadores.

Los límites del modelo: necesidad de remesas

El problema central de este modelo de enclave es que tiene que importar casi todos los productos que luego ensambla y exporta. Eso explica por qué, en los siete primeros meses de 2026, Marruecos exportó bienes por 299.340 millones de dírhams e importó por 544.050 millones, lo que supone un enorme déficit comercial. Ese déficit debe compensarse mediante entradas de divisas de distinto tipo. Entre ellas, las remesas de los emigrantes ocupan un lugar central, porque equivalen al 7,7% del PIB y constituyen una fuente de financiación externa extraordinariamente estable. Estas remesas son, como se sabe, el dinero que los emigrantes envían a Marruecos (a sus familias) desde los países donde trabajan.

Como se puede ver en el siguiente gráfico, estas remesas son un elemento económico indispensable para Marruecos, puesto que durante muchas décadas han ayudado a cubrir el déficit comercial. Para hacerse una idea de su importancia, cabe decir que es una partida siete veces superior a la inversión extranjera directa y superior incluso a los ingresos por turismo.



En términos humanos debemos añadir que el hijo emigrado es para la familia una suerte de seguro de futuro, en muchos casos más fiable que una pensión pública. Para una población acostumbrada a vivir en la informalidad y, por ende, en la subsistencia, las remesas procedentes de países donde hay derechos laborales son una regularidad milagrosa. Todo ello permite entender por qué tanto para el Estado como para las familias, la emigración es, en realidad, una salida altamente razonable.

La paradoja: remesas y control de la migración

A pesar de los discursos sobre modernización de Marruecos, lo cierto es que su modelo se basa en los bajos salarios. Marruecos intenta insertarse en la economía-mundo mediante una estrategia de atracción de las multinacionales, apoyándose a su vez en una inserción geopolítica favorable, incluida la relación privilegiada con Estados Unidos y el respaldo internacional a la posición marroquí sobre el Sáhara Occidental (que le permite legitimar la propiedad de grandes depósitos de recursos naturales). En general, el modelo económico combina salarios bajos, enclaves exportadores que importan su propia técnica desde los países ricos y una restricción externa crónica; pero resulta que las tres piezas encajan solo si existe de forma permanente una población excedente. El modelo convive en tensión entre la necesidad de disponer de población sobrante que baje el nivel salarial y de que parte de esta se marche efectivamente al extranjero a trabajar.

Más paradójico es que Marruecos recibe dos rentas distintas de la misma población sobrante. La primera es son las remesas ya mencionadas. La segunda es la renta que se recibe por parte de países ricos a cambio de mantener al “ejército de reserva” en el propio país. Como ya hemos visto, la contención migratoria se ha convertido en una suerte de “exportación” a precio de mercado, ya que cuando hay pánico antiinmigración en Europa, sube el precio que cobran los países como Marruecos. Así, paradójicamente Marruecos cobra por tener emigración y por frenarla.

La cuestión es que Marruecos tampoco va camino de dejar de enviar emigrantes, ya que el modelo económico no está diseñado para absorber al “ejército de reserva” sino para reproducirlo. Durante la primera industrialización, Marx observó cómo el excedente de población del campo alimentaba el crecimiento de las ciudades industriales, y, décadas después, Lewis formalizó la intuición y estableció que la modernización consistiría en trasladar trabajadores desde sectores de baja productividad hacia otros capaces de absorberlos con mayor productividad. La peculiaridad de nuestro tiempo es que en buena parte de la periferia ese mecanismo se ha roto. Como hemos visto, Marruecos se desagrariza, pero no genera suficiente empleo industrial y productivo para absorber a la población que abandona el campo, y una parte de ese excedente queda atrapada en servicios precarios y otra busca su salida en el exterior.

Lo que la frontera medía es el hecho de que el excedente de trabajo marroquí no puede absorberse por su economía nacional pero sí por la demanda de trabajo de los países del Norte Global. Más allá del cinismo que rodea a todo este fenómeno, lo importante es asumir que el endurecimiento del acceso por la frontera europea no elimina ese excedente, y solamente decide dónde puede trabajar. Lo que antes se desplazaba del campo a la ciudad se desplaza ahora también de la periferia al centro. Y mientras esa enorme diferencia económica siga existiendo, ningún muro, ningún acuerdo policial y ninguna operación de control migratorio podrá hacer desaparecer el movimiento que produce.

La mejor carrera de F1, la de Madrid; las mejores paellas y playas, las de Madrid

La mejor carrera de F1, la de Madrid; las mejores paellas y playas, las de Madrid

El PP utiliza un acontecimiento deportivo como la Fórmula 1 para reforzar la imagen debilitada de Ayuso y volver a presentar a Madrid como la única ciudad española en que pasan cosas interesantes

Madrid consuma su eventificación con la Fórmula 1 y deja a los vecinos como ruido de fondo

Un periodista alemán comentó después del Gran Premio de Fórmula 1 de Madrid que algunas personas en la sala de prensa casi se habían quedado dormidas durante la carrera. El piloto Gabriel Bortoleto, que acabó 13º, le respondió: “¡Yo también casi me quedo dormido!”. El vencedor de la prueba, Kimi Antonelli, coincidió en que el circuito que se estrenaba dejaba mucho que desear desde el punto de vista de la emoción competitiva: “Definitivamente, no ofrece oportunidades de adelantamiento y no te anima a intentar un ataque porque probablemente chocarías en el 80% de los casos”.

Quienes sí estaban eufóricos eran los dirigentes del PP en Madrid. Desde luego, no se quedaron dormidos cuando les preguntaron cómo había ido todo. “En dos años y medio hemos hecho el mejor Gran Premio de Fórmula 1 de este año”, dijo el alcalde José Luis Martínez Almeida, borracho de ilusión. Los comentarios de los aficionados a la F1 en redes indicaban que había sido la carrera más aburrida de la temporada al suspender en la asignatura a la que dan más importancia, la de los adelantamientos.

La cita fue un éxito de organización, porque todo funcionó como estaba previsto. Las audiencias televisivas fueron altas (16,9% de share en Telecinco más un 4,4% en DAZN). Unas 350.000 personas asistieron a la competición. Era la primera vez que la Fórmula 1 se disputaba en Madrid desde los años ochenta. También era la primera cita de las diez que se acordaron en el contrato. Responde al deseo de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) de aumentar el número de circuitos urbanos por creer que generan más expectación e ingresos que los tradicionales. Los pilotos prefieren estos últimos porque en ellos exprimen hasta el final los límites del coche y de su capacidad. Ante esa dualidad, el dinero siempre lleva ventaja.

La vertiente deportiva dejó bastante que desear. Los pilotos dijeron antes de la prueba que los adelantamientos, que son la salsa principal de este deporte, iban a ser muy escasos por el diseño del circuito. Terminó siendo un récord negativo con un número menor (cuatro sin contar la salida) al de la última carrera de Mónaco, donde son casi imposibles en una de las citas históricas del calendario. La diferencia de Madrid con los demás grandes premios, incluidos los que se celebran en entornos urbanos, es gigantesca.

El problema fue tan obvio que los responsables de la carrera tienen previsto hacer algunos cambios en el diseño del circuito para la edición del próximo año y crear con ellos opciones de adelantamiento que ahora no existen.

Como era previsible, el PP de Madrid construyó la imagen de un éxito clamoroso y sin precedentes para una cita que no es inédita en España y en otro ejemplo más de su intento de que Madrid sea una de las grandes capitales del mundo, llena de grandes acontecimientos, preferiblemente deportivos, que se supone que serán buenos para atraer turistas. Todo gira en torno al turismo y se dice a los madrileños que deberían estar orgullosos de ello.

Además de manejar cifras inventadas como afirmar que la carrera iba a generar “decenas de miles de empleos”, Isabel Díaz Ayuso explicó por qué todo redundaba en un aumento del orgullo nacional: “Lo que hace es demostrarle al mundo lo que los españoles somos capaces de hacer cuando nos dejan organizar eventos de gran magnitud”.

El diseño del circuito hizo que la carrera se convirtiera en una procesión de coches con muy poco adelantamientos.
El diseño del circuito hizo que la carrera se convirtiera en una procesión de coches con muy poco adelantamientos.

El punto de vista de Ayuso denota un cierto complejo de inferioridad que no tiene ninguna base. No es nada extraño que este tipo de actos se celebren en España ni hay que convencer a nadie. En el caso del circuito de Montmeló en Barcelona y la F1, desde 1991. Hay que preguntarse si Díaz Ayuso ha olvidado que España ha organizado unos Juegos Olímpicos y mundiales de fútbol, baloncesto, balonmano, ciclismo y otros deportes, competiciones más complejas que una carrera que dura tres días.

El opinador oficial del Gobierno –no confundir con la portavoz– tenía otras ideas al respecto. Óscar Puente le dedicó varios tuits al tema, en especial al escaso número de adelantamientos. No iba a desaprovechar la oportunidad de intentar chafar la fiesta a sus rivales. “El Gran Premio en sí ha sido un auténtico truño”, dijo con el carácter frío y sobrio que le caracteriza, eso sí, “sin entrar en polémicas políticas”. Faltaría más.

No hay iniciativa en el PP madrileño que no tenga en cuenta el necesario culto a la personalidad de su líder. En especial, ahora en que está ante la primera ocasión en que paga las consecuencias políticas de una decisión polémica, por la compra de un ático de lujo para ella que se intentó mantener en secreto. Si no hubo adelantamientos en la carrera, nada más sencillo que crearlos con una IA para que se vea a Ayuso adelantando con su coche azul a los del PSOE y Más Madrid, como hicieron en un vídeo propagandístico para las redes sociales. Suena un poco Kim Jong-un, pero en el PP nunca son tacaños con el tratamiento adulatorio para sus líderes.

Al final, un Gran Premio de F1, como cualquier acontecimiento deportivo, tiene sus momentos de gran intensidad y de fervor del público, sus errores y sus promesas de mejora. Pero solo Ayuso y sus seguidores convierten todo lo que tenga que ver con Madrid en un ejemplo de la superioridad de la ciudad sobre todas las cosas que pasan en España y en una oportunidad para sostener que los enemigos del PP odian Madrid porque Madrid es España y de paso también odian España.

Si hasta insultaron a Pedro Sánchez –para deleite de dos columnistas de ABC y El Español–, qué más podía pedir el PP de la Fórmula 1. Qué más dará que los coches no se adelanten.

¿Qué libro le doy a mi hijo que ya no quiere leer? 20 libros para reengancharse a la lectura

¿Qué libro le doy a mi hijo que ya no quiere leer? 20 libros para reengancharse a la lectura

Las pantallas y la autonomía lectora juegan en contra de la afición a la lectura en la infancia y la preadolescencia, pero cuando aparece el libro adecuado, se obra la magia

La edad del descalabro: qué hacer para que los niños no dejen de leer a los nueve años

Uno de los puntos más preocupantes del reciente informe de PISA se refiere a la pérdida de comprensión lectora de los alumnos. Cuando se pregunta por los hábitos de lectura de niños y adolescentes fuera de las aulas, hace años que se repite una tendencia: mientras que en la infancia suelen ser lectores frecuentes, con la entrada en la pubertad se produce un abandono de esta práctica. Es una etapa en la que crecen los estímulos, las inquietudes cambian y las posibilidades de entretenimiento se multiplican, por lo que cuesta más dedicar tiempo a una actividad tan tranquila y solitaria como leer.

Con el fin de intentar recuperar esa pasión por la lectura, o de encenderla por primera vez, proponemos una selección de veinte libros dirigidos a estas edades que tienen muchos ingredientes para encandilar a los jóvenes. Las obras, de narrativa, se agrupan en dos bloques: para lectores de entre 9 y 12 años, la franja que en inglés se conoce como middle grade, y para lectores ya propiamente adolescentes o young adult. Hay novelas de intriga, aventuras fantásticas, grandes historias de amistad, mucho humor y algún que otro clásico infalible. No hay mejor forma de asimilar los beneficios de la lectura que divirtiéndose por el camino.

De 9 a 12 años

Llanos Campos, El tesoro de Barracuda (SM)

Las historias de piratas no pasan de moda, y esta, además, gira alrededor de un tesoro fuera de lo convencional. Con los elementos clásicos de este tipo de narraciones (un grumete-narrador de lo más simpático, un capitán con muy mal carácter, una tripulación de piratas tan estrafalarios como entrañables y un enemigo odioso), la autora construye un relato que va más allá del tópico y enriquece el género de una manera que hará que los niños vean la lectura con otros ojos. Original, divertido y con giros sorprendentes.

Ledicia Costas, Escarlatina, la cocinera cadáver / Escarlatina, a cociñeira defunta (Anaya / Xerais)

Muerte, manjares sospechosos, viajes a otra dimensión y mucho sentido del humor son los ingredientes de esta novela, una de las obras más divertidas y originales que ha dado la literatura española reciente. El peculiar regalo de cumpleaños a un niño cocinillas le lleva a un lugar secreto donde le esperan unos seres fascinantes y donde lo horripilante tiene un lado cómico. Allí debe llevar a cabo una misión para la que tendrá que usar todo su ingenio. Un libro para disfrutar que se lee con una sonrisa y, de forma implícita, induce a reflexionar sobre la muerte sin caer en dramatismos.

Roald Dahl, Matilda (Alfaguara, trad. Pedro Barbadillo Gómez)

Por encima del cariño que le pueda tener el lector adulto, Roald Dahl es un escritor que no ha perdido ese genio para conectar con los lectores jóvenes. Su imaginería, su humor políticamente incorrecto, su descaro y su falta absoluta de moralinas probablemente tienen mucho que ver con ello; la cuestión es que tanto Matilda como Las brujas o Charlie y la fábrica de chocolate siguen siendo novelas de lo más recomendables cuando de crear afición se trata. Matilda, además, celebra la viveza y la humanidad que despiertan los libros frente al letargo de las pantallas y el embrutecimiento de los abusones. Todo ello, con una trama hilarante y con personajes memorables.

Jeff Kinney, Diario de Greg 1. Un pringao total (Molino, trad. Esteban Morán Ortiz)

Esta serie lleva casi veinte años sumando lectores, y no por casualidad. La entrada en la adolescencia puede ser una etapa difícil de transitar y los enredos en los que se ve envuelto el narrador, un muchacho de doce años bajito y sin mimbres de héroe, la hacen más llevadera. Con mucho humor, combinando el texto con el cómic, el autor ha ideado una fórmula que acompaña a los jóvenes en esa edad en la que tienden a descolgarse de la lectura, y esto no es poca cosa.

Maria Gripe, La hija del espantapájaros (SM, trad. Carmen Vázquez-Vigo)

Como Roald Dahl, Maria Gripe no falla; en su caso, con esas historias de aires góticos que intrigan a la vez que enamoran al joven lector. Tanto La hija del espantapájaros como Los hijos del vidriero o Los escarabajos vuelan al atardecer siguen presentes en las librerías y los profesores los recomiendan a sus alumnos; cualquiera de ellos es una opción excelente para cautivar a las nuevas generaciones de lectores. Porque, ya se sabe, la buena literatura no pasa de moda y los buenos libros siempre están ahí para quien esté dispuesto a dejarse llevar.

Alba Quintas Garciandia, Liceo Septem 1. Los talentos ocultos (Montena)

Las escuelas de magia son un valor seguro, y en esta saga de cuatro libros Alba Quintas Garciandia ha creado un universo propio de lo más atractivo. Existen cuatro talentos y los protagonistas deben aprender a desarrollar el suyo; pero, por encima de todo, esta es una historia de amistad e integración en la que, a través de un planteamiento fantástico, se plantean numerosas inquietudes propias de estas edades. Los personajes se recuerdan con cariño y el ciclo abre la puerta a seguir leyendo otras series de fantasía orientadas a un público más juvenil o adulto.

Patricia García-Rojo, Secreto de bruja 1. La magia de la luna (Alfaguara)

¿Qué niño no ha jugado alguna vez a las brujas? Esta serie de novelas rinde homenaje a esa magical girl que en algún momento hemos llevado dentro, con las peripecias de unas chicas que descubren que tienen poderes. Los libros siguen su proceso de aprendizaje, que las lleva por varios escenarios y es ante todo un relato (¡muy divertido!) de amistad, celebración de la diferencia y, quién sabe, tal vez también de primeros amores. La narración, además, está aderezada de sencillos rituales y otras curiosidades brujeriles, de animales tótem a plantas con atributos especiales, que los lectores pueden probar para llevar así la magia más allá de las páginas.

Begoña Oro, Amigas 100% 1. Abril es otoño (SM)

La amistad es un pilar fundamental durante toda la etapa educativa, pero sobre todo a medida que uno se acerca a la adolescencia. Entre las muchas series de novelas sobre grupos de amigas, esta de Begoña Oro sobresale por su extraordinaria capacidad para captar, no solo la mente de unas chicas de unos doce años, sino su espontaneidad y su lenguaje, esos códigos que tienden a olvidarse en cuanto uno crece. A través de algo tan cotidiano como una clase extraescolar de inglés, narra la evolución de las relaciones entre las protagonistas y, de paso, entretiene con canciones, tests y otros recursos que hacen la lectura más amena.

Laura Gallego, Cuatro lunas 1. Mareas de magia (SM)

Son varias ya las generaciones de lectores que la autora valenciana ha contribuido a crear, por lo que sus libros son una apuesta segura para enganchar a niños y jóvenes. De entre sus títulos más recientes, Cuatro lunas, una saga de fantasía middle grade de cuatro volúmenes, es una opción excelente para que los lectores se adentren en el género. En ella, acompañamos a Milo, un joven pastor, en su aventura para recuperar unos poderosos huevos de dragón. El viaje lo lleva a descubrir tierras extraordinarias y a reencontrarse con la chica que encendió en él la chispa del primer amor. Pero nada será fácil…

Muriel Villanueva, Duna 1. Diario de un verano / Duna 1. Diari d’un estiu (Babulinka)

El formato del diario es un clásico que funciona muy bien a estas edades, y este de la valenciana Muriel Villanueva ya ha enamorado a numerosos lectores. Duna es una niña de doce años despierta y curiosa que en sus veraneos en el pueblo hace un nuevo amigo, aprende a ver a su abuelo con otros ojos y se enfrenta a una poderosa organización que amenaza la naturaleza de la zona. Trata con gran realismo temas como el primer amor o la identidad de género no binaria, y resulta fácil identificarse con la narradora.

De 12 a 16 años

Jordi Sierra i Fabra, La mirada de Taylor (SM)

El prolífico escritor catalán es un valor seguro para enganchar a los jóvenes lectores. Él mismo se reconoce ante todo un narrador con vocación de entretener, y qué duda cabe de que domina a la perfección su técnica. Más allá de títulos como El asesinato del profesor de matemáticas o Campos de fresas, dos de sus libros más emblemáticos, cabe destacar esta novela más reciente en la que entrelaza las vivencias de una adolescente cualquiera que, además, es muy fan de una de las estrellas del momento. Nada mejor para conectar con otros swifties y convertirlos en ávidos lectores, si no lo son ya.

Carlos Ruiz Zafón, El príncipe de la niebla (Edebé)

Puede que los adultos más exquisitos se lleven las manos a la cabeza, pero lo cierto es que Carlos Ruiz Zafón demostró con creces su talento para atrapar al lector joven con novelas de atmósfera embriagadora antes incluso de arrasar con La sombra del viento. Supo hacer suya la fórmula de los clásicos góticos ingleses y de este modo planteó misterios tan sugerentes como El príncipe de la niebla o Marina, otro de sus títulos emblemáticos, en los que no falta tampoco un primer amor de los que conmueven y dejan huella.

César Mallorquí, Crónicas del parásito 1.La estrategia del parásito (SM) / La isla de Bowen (Edebé)

César Mallorquí es un autor que no defrauda. Tanto en novelas de aventuras como la muy aplaudida La isla de Bowen (Edebé) como en este tecnothriller, no falta su oficio para construir una trama bien engarzada, con personajes sólidos y giros argumentales coherentes que mantienen el suspense a lo largo de la narración. Este tríptico de libros tiene la facultad de enganchar hasta a los más reacios, y es que nadie puede resistirse a una historia en la que acecha un peligro que habla de tú a tú al lector de hoy.

Maite Carranza, La guerra de las brujas 1. El clan de la loba / La guerra de les bruixes1. El clan de la lloba (Edebé)

La autora, una de las grandes voces contemporáneas de literatura infantil y juvenil, ha cultivado todo tipo de géneros y tiene novelas para todos los gustos, pero de entre su producción merece la pena destacar una saga que nada tiene que envidiar a traducciones que en las últimas décadas han sido muy celebradas. La guerra de las brujas narra el viaje iniciático de una adolescente que descubre su pertenencia a un clan de brujas arraigado en el Pirineo, una estirpe de mujeres vinculada a la mitología del lobo. Una historia de sororidad, amor, aventura, magia y reconciliación con los ancestros.

Costa Alcalá, La Segunda Revolución 1. Heredero (Montena)

Hay vida más allá de Harry Potter, y en esta trilogía los autores presentan un universo de escuelas de magia rico, fresco y adictivo como pocos. Con un elenco de personajes de excepción, que se salen del cliché y abrazan la diversidad, construyen un mundo imaginativo y con una sugerente concepción de la magia. Tensión, intrigas de poder, aprendizaje y unas relaciones entre los protagonistas de las que dejan poso. ¿Quién dijo que en España no se escribe buena literatura fantástica?

Victoria Álvarez, Dreaming Spires 1. Tu nombre después de la lluvia (Lumen)

Más de diez años lleva esta saga en circulación, y su popularidad no ha dejado de crecer gracias al boca oreja de los lectores. En los albores del siglo XX, tres investigadores de Oxford, cada uno con una personalidad bien marcada, se dedican a esclarecer sucesos paranormales. Sus viajes los llevan a lidiar con una banshee de un castillo irlandés, un barco maldito de Nueva Orleans o un misterioso conde del este de Europa, entre otros, pero son, además, periplos en los que el amor se vive con intensidad y algún que otro enredo. Novelas de aventuras, romance y un toque de magia de las que atrapan de principio a fin, con unos protagonistas que permanecen una vez terminada la lectura.

José Antonio Cotrina, El ciclo de la luna roja 1. La cosecha de Samhein (edición independiente)

Un grupo de muchachos variopintos deben sobrevivir en Rocavarancolia, una ciudad en ruinas donde la magia (y el mal) se halla muy presente. Este planteamiento, deudor de El Señor de las Moscas, es solo el punto de partida de una saga excepcional que da la vuelta a los tópicos con una construcción impecable, mezcla de intriga y emoción, con personajes que crecen página tras página y una ambientación tenebrosa que se pega a las entrañas. Muchos jóvenes sienten fascinación por lo oscuro, y este ciclo de libros es perfecto para ellos. (Nota: la novela fue publicada originalmente por Alfaguara, después por Hidra y en la actualidad se puede adquirir una cuidada autoedición por internet).

Suzanne Collins, Los Juegos del Hambre (Molino, trad. Pilar Ramírez Tello)

No por típica deja de ser efectiva: Los Juegos del Hambre, tanto en su trilogía original como en las dos secuelas, es uno de los hitos de la literatura juvenil de este siglo. Y lo es porque, además de tener una capacidad extraordinaria para mantener la atención del lector desde la primera a la última página, su trama de acción reviste un importantísimo contenido crítico que invita a cuestionar temas que atañen a los jóvenes, como el uso de las nuevas tecnologías, la cultura de las apariencias, la diferencia de clases, las guerras y el peligro de los autoritarismos. Sin duda, una saga para devorar… y para pensar.

África Vázquez Beltrán, El club de los miércoles (Algar)

Hay libros que atrapan, intrigan y entretienen, y libros que consiguen algo más: hacer compañía. Esta novela narra cómo la organización de un espectáculo musical en un instituto puede convertirse en el punto de encuentro de los estudiantes que se sienten inadaptados o incomprendidos. Una historia realista sobre la amistad, la búsqueda de identidad y el valor de la diversidad para tejer una fuerza colectiva que nos engrandece. Y sobre la música y el arte como vías para descubrirse, por supuesto.

Nando López, La edad de la ira (Espasa)

Nando López trabajaba como profesor de secundaria cuando escribió esta novela. Y, sin duda, capta a la perfección la rabia, las dudas, las ilusiones y los miedos que se pueden respirar en un instituto, condensados aquí en una trama de suspense psicológico que no da tregua. Es una radiografía cruda de la realidad de los centros de enseñanza de clase media-baja, y a la vez una novela de ritmo trepidante imposible de soltar. ¿Su acierto? No suaviza ni pretende transmitir ninguna moraleja; pero capítulo a capítulo invita a reflexionar, y mucho.

🎙 PODCAST | Apocalipsis IA: ¿De verdad vamos a morir todos?

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Creaciones de laboratorio capaces de escapar, de organizarse, de atacar. Científicos que sienten que el apocalipsis está en sus manos. Grandes empresarios que piden controlar el negocio antes de perder el control

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Jacob Coxon no es un profeta religioso, ni el líder de ninguna secta. Es un investigador hasta hace poco en Anthropic, una de las grandes empresas de Inteligencia Artificial del momento, que la semana pasada dejaba su trabajo lanzando una alerta mundial al pronosticar que el nivel de autonomía que está alcanzando la IA puede acabar con la humanidad en menos de cinco años. Los dueños de los cuatro principales gigantes del sector, (Sam Altman, de Open AI; Dario Amodei, de Anthropic; Demis Hassabis, de Google DeepMind, y hasta Elon Musk de SpaceX), lejos de desmentirle, salieron a decir que Coxon llevaba razón, que hay que frenar el desarrollo de la IA y poner reglas comunes. 

Con Carlos del Castillo, periodista de elDiario.es especializado en tecnología y autor del libro ‘Inteligencia Artificial. Cartografía de una revolución’, desciframos las claves que hay detrás de estas advertencia apocalíptica y por qué quienes siempre han odiado las reglas apuestan ahora por desacelerar esta carrera y poner límites.

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La IA se ha caído de un guindo

La IA se ha caído de un guindo

La industria de la IA no ha descubierto ahora sus propios riesgos: los conocía desde hace años, y llevaba ese mismo tiempo evitando su supervisión

Este fin de semana, la industria tecnológica se ha caído de un guindo. Ha protagonizado un giro que en la prensa se ha presentado como un despertar de conciencia: los máximos responsables de las grandes compañías de inteligencia artificial han pedido, casi al unísono, frenar el ritmo de desarrollo de sus propios productos. Desde la Casa Blanca, la respuesta ha sido tajante y muy en línea con la lógica de la Guerra Fría actualizada: quien gane la supremacía en inteligencia artificial, gana la supremacía geopolítica; nada de frenazos.

El relato que se ha instalado es el de una industria que, tras años de avanzar sin mirar atrás, descubre de golpe sus propios riesgos y decide, generosamente, pedir que alguien la regule. Es un relato atractivo. Conviene matizarlo bastante, porque llevamos años advirtiendo de estos riesgos desde entornos muy concretos —agencias, leyes, informes científicos internacionales— y España, de hecho, estuvo en primera línea de ese esfuerzo. Que ahora se presente como una revelación de última hora resulta, cuando menos, llamativo.

Esto no es nuevo. En diciembre de 2023, bajo presidencia española de la Unión Europea, se cerró el acuerdo sobre la ley europea de inteligencia artificial, la primera norma integral del mundo sobre esta tecnología. España, además, ya había creado meses antes su propia agencia de supervisión, la AESIA, siendo el primer país de la UE en dotarse de un organismo nacional de supervisión, encargado de vigilar el despliegue en territorio español de los sistemas de IA de alto riesgo: los que deciden sobre selección de personal, acceso a créditos o procedimientos judiciales. Para los modelos de frontera —los grandes modelos horizontales de propósito general de los que precisamente se habla estos días— la competencia es otra: corresponde a la Oficina Europea de IA, un organismo de la Comisión que desde agosto de 2025 exige a sus fabricantes documentación técnica, políticas de derechos de autor y transparencia sobre los datos de entrenamiento. Es decir, que el organismo europeo que debe supervisar exactamente aquello que ahora preocupa a la industria existe, y lleva más de un año funcionando.

Por otro lado, el mes de octubre de 2023, en Estados Unidos, la Administración Biden firmó su propia orden ejecutiva sobre seguridad de la inteligencia artificial, que obligaba a los grandes desarrolladores a compartir con el Gobierno los resultados de sus pruebas de seguridad. La Administración Trump la derogó en enero de 2025. Un mes después de aquella orden, en noviembre de 2023, la cumbre de Bletchley Park cerca de Londres puso en marcha los primeros Institutos de Seguridad de la IA, el británico y el estadounidense, que dieron origen a una red internacional que llegó a reunir a una decena de organismos equivalentes en todo el mundo —Japón, Corea del Sur, Canadá, Singapur o la propia Unión Europea, entre otros—, dedicados a evaluar de forma independiente los modelos más avanzados antes de su lanzamiento comercial. Esa red sigue funcionando, pero uno de sus pilares se ha vaciado por el camino: en junio de 2025, la Administración estadounidense cesó a su directora. y cambió el nombre de su Instituto de Seguridad de la IA, que pasó a llamarse Centro para los Estándares y la Innovación en IA, eliminando deliberadamente la palabra “seguridad” de su denominación y reorientando su misión desde la evaluación de riesgos hacia la competitividad tecnológica.

Pero el actor que no se ha nombrado en todo este debate es Naciones Unidas. En agosto de 2025, la Asamblea General creó dos mecanismos complementarios. El primero es el Panel Científico Internacional Independiente sobre IA, el primer organismo científico de la ONU dedicado en exclusiva a esta tecnología, con cuarenta expertos - uno español- elegidos entre más de 2.600 candidaturas de 140 países y copresidido por el profesor Yoshua Bengio — premio Turing 2018— y la periodista y premio Nobel de la Paz Maria Ressa. En abril de este año celebró en Madrid, acogido por el Gobierno español, su primera reunión presencial, y el 1 de julio publicó su primer informe, con una advertencia central: los mecanismos de seguridad no evolucionan al mismo ritmo que la capacidad de los modelos. El segundo es el Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA, que celebró su primera sesión en Ginebra el 6 y 7 de julio: el primer foro multilateral bajo mandato de la Asamblea General donde los Estados y el resto de actores se sientan a debatir estándares comunes técnicos y de gobernanza a escala internacional.

Merece la pena detenerse en esto, porque cuando desde el sector se propone ahora una coordinación entre “países democráticos” para fijar reglas comunes frente a China, lo que en realidad se está planteando es duplicar —en formato de bloque, y con un perímetro decidido por quien lo propone— algo que ya existe en un marco genuinamente universal y multilateral.

Los estándares internacionales de una tecnología que se despliega en todos los países del mundo no se acuerdan mejor dividiendo el mapa en dos mitades: se acuerdan en los foros donde están sentados todos, que es exactamente para lo que se creó el Diálogo Global. Reeditar una guerra de bloques o de estándares no mejora la gobernanza; la fragmenta. Lo que toca no es construir alianzas paralelas a medida, sino apoyar el multilateralismo que ya está en marcha, porque la inteligencia artificial es una tecnología tan compleja y tan transversal —atraviesa la sanidad, la educación, el empleo, la energía, la seguridad, la información— que ni una sola empresa ni un solo país pueden gobernarla en solitario.

Dicho de otro modo: lo que este fin de semana se ha presentado como una propuesta pionera de la propia industria es, en sus elementos esenciales, algo que gobiernos, agencias, científicos independientes y la propia ONU llevan reclamando desde hace casi tres años. ¿Por qué ahora?

Para entender por qué surge esta preocupación y debate precisamente ahora debemos analizarlo desde cuatro ejes, y solo uno de ellos tiene que ver de verdad con la seguridad.

1. El eje tecnológico

Este verano se ha producido un incidente serio: en un experimento de ciberseguridad de OpenAI, un grupo de agentes de inteligencia artificial —programas capaces de actuar por su cuenta y coordinarse entre sí— atacó sistemas de la plataforma Hugging Face que no formaban parte de su tarea, y llegó a intentar manipular el propio mecanismo que medía su desempeño.

Es decir, programas que por su cuenta se desviaron del objetivo fijado por un humano. A esto se suma un segundo fenómeno, más de fondo, que la propia industria describe como “automejora recursiva”: los sistemas de IA se mejoran a sí mismos y si ese proceso avanza sin controles, la velocidad de mejora podría superar la capacidad de sus propios creadores para entender cómo funcionan y corregir sus fallos a tiempo. Y a todo ello se añade que varias empresas del sector, Anthropic entre ellas, han publicado informes propios reconociendo que algunos de sus modelos se acercan a niveles de capacidad que podrían facilitar usos indebidos de la tecnología —incluido el ámbito de las armas biológicas—, lo que las ha llevado a reforzar sus protocolos internos.

Son problemas técnicos reales, no inventados, y conviene decirlo con la misma claridad con la que se señalan los otros tres ejes: que la industria los reconozca ahora y empiece a diseñar mecanismos cada vez mejores de salvaguarda frente a ellos es, sencillamente, de sentido común, y es bienvenido. El problema nunca ha sido que se tomen en serio estos riesgos. El problema es quién debe decidir qué salvaguardas bastan, y quién debe comprobar que se cumplan.

2. El eje financiero

Todo esto ocurre justo cuando arrecian las dudas sobre si la inversión en inteligencia artificial van a cumplir con sus expectativas de crecimiento y rentabilidad. Tanto Anthropic como OpenAI ya han confirmado que retrasan su salida a bolsa, alegando las “crecientes preocupaciones por la seguridad”. Es una explicación conveniente para lo que, en un contexto de valoraciones muy infladas, podría ser simplemente el momento equivocado para salir a los mercados. Parte de estos anuncios se entienden mejor como relaciones públicas de cara a futuras operaciones financieras que como conclusiones basadas en evidencia. Y un peligro presentado como algo que “emerge” de la tecnología misma tiene, además, una ventaja evidente: nadie en un consejo de administración tiene que responder por él.

3. El eje industrial: cárteles y lobbies

La historia ofrece un precedente instructivo de lo que ocurre cuando un puñado de competidores se ponen de acuerdo entre sí para fijar sus propios estándares. En 1924, los principales fabricantes mundiales de bombillas —Osram, Philips, General Electric y otros— se reunieron en Ginebra y crearon el cartel Phoebus, formalmente una convención para “el desarrollo y progreso” de la lámpara eléctrica. En la práctica, aquel acuerdo entre competidores no protegió al consumidor: fijó precios, repartió mercados y redujo deliberadamente la vida útil de las bombillas de 2.500 a 1.000 horas para forzar más ventas.

Durante quince años fue el ejemplo de manual de lo que ocurre cuando se deja que un oligopolio se autorregule bajo la apariencia de un estándar técnico consensuado. Que hoy tres competidores directos —Anthropic, OpenAI y xAI— coincidan en cuestión de horas en fijar de forma voluntaria su propio ritmo de “seguridad”, sin que ningún organismo externo participe, no equivale automáticamente a un cartel, pero sí reproduce la misma estructura de fondo. Y el cartel de las bombillas no solo fijaba precios: también cerraba la puerta a productos de la competencia que amenazaran el modelo de negocio acordado. Si son las propias grandes tecnológicas quienes terminan definiendo qué umbral de “seguridad” hace falta cumplir para operar un modelo de frontera, ese estándar puede convertirse en una barrera de entrada: asumible para quien ya tiene los medios para cumplirlo, más difícil para un competidor pequeño o un proyecto de código abierto. No hace falta que sea intencionado para que funcione así.

Esto conecta con la regulación que ya está en marcha. En Estados Unidos avanza en el Congreso una futura ley federal, y en Europa la EU AI Act ya es de obligado cumplimiento. Ante eso, a la industria le resulta más cómodo ofrecer su propia versión de “supervisión independiente” —con evaluadores que ella misma elige y financia— que someterse a los mecanismos que ya existen: la Oficina Europea de IA, la AESIA, el Panel Científico de la ONU o el Diálogo Global de la IA. Cuando Anthropic anuncia que “permitirá” el acceso de evaluadores independientes, la pregunta pertinente es si esos evaluadores responden ante alguno de esos organismos, o si son, de nuevo, elegidos y pagados por la propia empresa evaluada.

4. El eje geopolítico

Cualquier freno regulatorio se presenta como una rendición unilateral frente a un rival estratégico que, se sobreentiende, no va a poner límites a su propia industria. La premisa, sin embargo, es discutible: China regula ya varios aspectos de su sector de IA de forma más estricta que Estados Unidos, y no hay evidencia de que regular frene la investigación. El propio argumento de que “regular mata la innovación” —el mismo que Washington ha usado contra la ley europea— se sostiene mal cuando quien más rápido innova en algunos terrenos es, precisamente, quien más regula.

Aquí el cartel de las bombillas tiene un último eco: no solo fijaba precios, también decidía qué productos ajenos podían entrar en el mercado. Uno de los terrenos donde China compite de verdad —y en el que ha tomado la delantera en 2026— es el de los modelos de código abierto: laboratorios como DeepSeek, Alibaba con Qwen, Moonshot con Kimi o Zhipu con GLM han pasado a copar la mayoría del uso mundial de modelos de pesos abiertos, mientras los laboratorios estadounidenses mantienen un modelo cerrado y de pago. Si el estándar de “seguridad” que ahora se negocia acaba traduciéndose en restricciones para el código abierto, el resultado sería una barrera que golpea justo donde China es más fuerte, mientras protege el modelo de negocio de quienes están definiendo el estándar.

Y conviene no perder de vista, en todo este relato de “carrera” hacia la supremacía, quién compite realmente con quién. La carrera no es entre “inteligencias artificiales”, es entre empresas y entre gobiernos, compitiendo por capacidad y cuota de mercado mientras tratan la seguridad como un coste que conviene minimizar. La IA no es un actor independiente y neutral que decida por sí solo hacer daño a alguien; son las compañías —y los gobiernos que las respaldan o las dejan hacer— quienes diseñan, entrenan y despliegan sistemas capaces de causar ese daño, con o sin intención. Achacar el riesgo a la tecnología misma, en lugar de a quien la construye y la vende, es exactamente el mismo movimiento retórico que le permite a cualquier oligopolio eludir la rendición de cuentas.

Lo que de verdad importa

Los daños más serios que ya ha causado la inteligencia artificial no vienen de escenarios de ciencia ficción, sino de sistemas automatizados mal supervisados tomando decisiones sobre personas reales. El escándalo de las prestaciones familiares en Países Bajos, que acusó injustamente a miles de familias de fraude y acabó tumbando un gobierno. El sistema australiano que generó cientos de miles de reclamaciones de deuda ilegales. El escándalo británico de las oficinas de correos, condenadas penalmente por un software contable defectuoso que nadie se atrevió a cuestionar. Son casos menos espectaculares que un titular sobre superinteligencia descontrolada, y por eso reciben mucha menos atención, pero son los que ya están ocurriendo.

Hay dos frentes más, muy actuales, que el debate de esta semana ha dejado completamente de lado. El más importante es la salud mental: en Estados Unidos se han presentado ya varias demandas contra empresas como OpenAI y Character.AI por parte de familias que sostienen que las conversaciones de sus hijos adolescentes con estos chatbots precedieron a su suicidio, y decenas de estados han empezado a legislar en 2026 para restringir el uso de estas herramientas como sustituto de la atención psicológica profesional. Son problemas que no requieren ningún escenario apocalíptico para justificar que se regulen: están sucediendo ya, con nombres y apellidos, y no deberíamos esperar a la próxima catástrofe para actuar sobre lo que la IA hace hoy, no sobre lo que podría llegar a hacer dentro de cinco años.

La palabra correcta no es “contener” la IA, como si fuera un reactor nuclear, sino gobernar cómo se despliega: quién puede usar cada sistema, con qué permisos, con qué pruebas previas, con qué supervisión y con qué responsabilidad legal cuando algo sale mal. Es el mismo modelo que ya aplicamos a la aviación o a la industria farmacéutica. Lo que corresponde ahora no es tanto aplaudir a la industria por descubrir, con tres años de retraso, unos riesgos que gobiernos, científicos y la propia ONU llevaban tiempo señalando, sino exigirle que apoye —con recursos, con transparencia y sin letra pequeña— los mecanismos multilaterales que ya están en marcha, Nada de esto exige inventar nada nuevo. Y sobre todo, que la palabra “independiente” que ahora usan las grandes tecnológicas signifique lo mismo que en cualquier otro sector regulado: evaluadores que no elige, ni paga, ni controla la empresa evaluada. España ayudó a poner las primeras reglas sobre la mesa, y ha acogido a los científicos de la ONU que ahora las están desarrollando. Ahora toca que la propia industria se ponga a favor de su papel supervisor.

Conviene terminar, además, sin caer en el catastrofismo, que la gobernanza no es solo una exigencia defensiva: es también, y sobre todo, una buena noticia para la propia industria. La experiencia de otros sectores muy regulados —la aviación, la banca, la industria farmacéutica— demuestra que unas reglas claras y estables no frenan la adopción de una tecnología, sino que la aceleran: los hospitales, los bancos, las administraciones públicas y los ciudadanos de a pie confían mucho más en una herramienta cuando saben que ha sido evaluada por alguien ajeno a quien la vende, y esa confianza es precisamente lo que permite que una tecnología pase del laboratorio a la vida cotidiana a gran escala. Bienvenida sea, por tanto, la gobernanza: no como un obstáculo a superar de mala gana, sino como la condición necesaria para que la inteligencia artificial se adopte de forma segura y podamos aprovechar de verdad sus aspectos más positivos, en medicina, en investigación científica o en educación. En lugar de concentrar todo el debate en las catástrofes hipotéticas, convendría poner el mismo empeño en las oportunidades reales de la IA, y la única manera de garantizarlas, a largo plazo, es con transparencia, con confianza y con gobernanza.

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Protesta 'Parar la carrera de la IA (Stop the AI Race)' en San Francisco, California, el 11 de julio de 2026.

El CEO de Anthropic propone "ralentizar" el desarrollo de IA avanzada para aprender a controlarla, pero China, expertos y otros actores cuestionan quién debe decidir el ritmo de la tecnología

Análisis - Quién gana cuando los líderes de la IA piden que los regulen

Si el debate sobre la posibilidad de que la humanidad quedara amenazada por inteligencias artificiales iba a estallar alguna vez, no había duda de que Dario Amodei sería una voz central en él. “Estoy de acuerdo con Dario”, ha dicho este fin de semana Sam Altman, CEO de OpenAI, su principal competencia. “Dario tiene razón”, ha publicado Elon Musk, fundador de SpaceX y xAI. “Dario apunta el camino correcto a seguir”, coincide Demis Hassabis, premio Nobel y jefe científico de Google DeepMind, el laboratorio de IA avanzada de la multinacional.

Esta tan poco común unión bajo una misma voz se produce después de que Amodei publicara un ensayo sobre cómo evitar que la IA se salga de control. “Debemos ralentizar el ritmo al que mejoramos las capacidades de los modelos de IA”, pide el fundador y director de Anthropic, que ha conseguido ser una de las referencias en los debates sobre la seguridad de la IA tras una década alertando sobre ellos.

“Como muchas tecnologías anteriores, la IA también conlleva riesgos y, dado su enorme poder, estos son graves”, ha defendido en su ensayo: “Entre ellos están el riesgo de perder el control de los sistemas de IA, su uso para llevar a cabo ciberataques y ataques bioterroristas y una grave disrupción económica. Una carrera hacia el abismo, impulsada por los incentivos comerciales, puede agravar todos estos riesgos”.

¿Cuál es exactamente el plan que ha tenido tan buena acogida en Silicon Valley? En resumen, dosificar deliberadamente la velocidad a la que se mejoran las capacidades de la IA. Esto “ralentizaría” su avance “uno o dos años”, con el objetivo de dar más tiempo a los investigadores de seguridad para que se pongan al día con los últimos avances y puedan diseñar nuevos mecanismos para controlarla.

Las claves del 'plan Amodei' para la IA

La estrategia de ralentización de Amodei se articularía en tres niveles. La clave de su plan son los “evaluadores externos independientes”, figuras que se incrustarían en los equipos de desarrollo de los laboratorios de vanguardia “para verificar las prácticas de seguridad e informar sobre incidentes”.

“Integrar evaluadores puede parecer un paso pequeño o intrascendente”, reconoce Amodei, “pero a menudo lo que parece más aburrido o rutinario es en realidad lo más esencial. De hecho, los evaluadores integrados son una práctica bastante radical que va mucho más allá de lo que hace cualquier empresa de IA actualmente”, defiende.

Estas personas se encargarían de verificar si cada empresa de IA cumple con las salvaguardas que afirma tener, aportaría transparencia sobre los desarrollos reales o que ofrezcan “una segunda opinión sin incentivos comerciales”. “Muchos beneficios en materia de seguridad pueden derivarse simplemente de que los evaluadores señalen aspectos que los empleados no habían considerado, pero que están dispuestos a corregir una vez que los conocen”, asegura.

El método más eficaz para regular la IA es mediante una normativa que abarque a todas las empresas de IA de vanguardia de EEUU, ya que cubre incluso a aquellas que no están dispuestas a cooperar voluntariamente

Dario Amodei

Los evaluadores serían la llave para la segunda parte del plan: establecer límites de velocidad entre “naciones democráticas”. Aunque el jefe de Anthropic utiliza este concepto a nivel general para justificar el hecho de dejar fuera de la estrategia a China, aunque a nivel práctico en sus medidas para “las democracias” solo hace referencia a EEUU. “El método más eficaz para regular la IA es mediante una normativa que abarque a todas las empresas de IA de vanguardia de EEUU, ya que cubre incluso a aquellas que no están dispuestas a cooperar voluntariamente”, dice.

Dario Amodei, en una imagen de archivo.
Dario Amodei, en una imagen de archivo.

El plan deja abierto cómo establecer esos límites de velocidad, pero Amodei sugiere un sistema basado en “puntos de control”. “Si los modelos poseen la capacidad X, deben ir acompañados de certificaciones de las propiedades de alineación Y y Z —como una combinación de evaluaciones, análisis de interpretabilidad y auditorías de entornos de entrenamiento— que demuestren dichas propiedades”, detalla. 

Por último, el tercer nivel sería la búsqueda de acuerdos de coordinación global para que “la frontera de la inteligencia artificial” avance de manera unitaria. “Esto será mucho más difícil de lograr”, reconoce. En este punto Amodei sí pide llegar a acuerdos con China y el resto de “países autocráticos”, y hacerlo de una forma que impida que, aunque estos decidan salirse en algún momento del consenso internacional “no represente una amenaza existencial desde el punto de vista militar”.

Pero, de nuevo, Amodei es claro en cuanto a los objetivos: “Deberíamos abordar cualquier decisión sobre el avance global, especialmente a corto plazo, de manera que se proteja el liderazgo de Estados Unidos y sus aliados”.

Una estrategia que no convence a casi nadie

El consenso que el plan Amodei ha generado en Silicon Valley es directamente proporcional a la desconfianza, o directamente rechazo, que ha suscitado fuera. Incluso en Washington, la estrategia parece haber caído en saco roto, con Donald Trump negando por partida doble su colaboración.

La segunda gran reacción ha llegado por parte de China, el elefante en la habitación en el documento de Amodei. Chen Yixin, el ministro de Seguridad chino, ha publicado una carta en la que acusa a “ciertas naciones” de “limitar la capacidad de otros países de adquirir equipos técnicos de vanguardia y mejorar sus capacidades de innovación tecnológica”, relacionando directamente el plan de Amodei con el embargo de chips.

El plan está repleto de medidas de contención dirigidas a China y es, en esencia, un "manual de la Guerra Fría" para el sector

Global Times diario vinculado directamente al Partido Comunista Chino

El Global Times, un diario vinculado directamente al Partido Comunista Chino, ha ido más allá. “A primera vista, parece una 'declaración racional' centrada en la seguridad global de la IA. Sin embargo, una lectura atenta revela su agenda oculta: el plan está repleto de medidas de contención dirigidas a China y es, en esencia, un 'manual de la Guerra Fría' para el sector”, denuncia.

“El intento de Amodei de abordar la seguridad global de la IA mientras busca ”contener a China“ no solo es una evaluación profundamente errónea, sino también una ilusión fundamentalmente imposible de realizar”, añade: “Interrumpir por la fuerza las cadenas industriales y de innovación globales de la IA y excluir a China y a las empresas chinas solo aumentará significativamente los costes y los riesgos de pérdida de control en el desarrollo global de la IA. Este intento de ”controlar el ritmo“ ya ha perdido todo sentido”.

Centrarse en los riesgos de ahora

El ensayo de Amodei se basa en un riesgo muy concreto: la posibilidad de que los agentes de IA pierdan el control. Se trata de sistemas diseñados para buscar información, utilizar otras herramientas digitales o crear otras aplicaciones sin necesidad de que una persona les indique qué deben hacer en cada caso. En pruebas de laboratorio, estos agentes se han llegado a comportar como “un enjambre fanático”, con “ciberataques contra objetivos que no se les habían pedido atacar y que no guardaban relación con la tarea en cuestión, sacrificándose por el éxito del grupo e intentando hackear el sistema de evaluación encargado de valorar su rendimiento”.

“Dado el ritmo acelerado de desarrollo de la IA, me preocupa que en 6 a 12 meses un enjambre de este tipo pueda controlar toda Internet”, dice Amodei, “y que la magnitud del daño siga aumentando si la IA se vuelve más poderosa sin las medidas de seguridad necesarias”.

A nadie se le ocurre lanzar un coche sin pasar un examen de seguridad, ni lanzar un medicamento sin un control de la agencia del medicamento. En la IA debe ocurrir lo mismo

Carme Artigas ex secretaria de Estado de Digitalización e IA

Carme Artigas, ex secretaria de Estado de Digitalización e IA y copresidenta del Órgano Consultivo de la ONU sobre Inteligencia Artificial, critica que Silicon Valley se centre ahora en esos riesgos cuando “la preocupación real por el control tecnológico” no es nueva. Para Artigas, la alarma mediática de los ejecutivos no debe desplazar “el foco real que es el presente”, donde la tecnología ya impacta directamente a través de “la manipulación de la información, la manipulación mental, las adicciones y, sobre todo, la erosión de derechos fundamentales”.

Por otro lado, la experta rechaza en conversación con elDiario.es que sean los propios laboratorios quienes deban supervisar sus propios avances, advirtiendo de que “las auditorías no pueden ser de las empresas del sector como están intentando”. Critica que los laboratorios de IA estén intentando “crear su propio lobby” y les emplaza a “apoyar a los mecanismos independientes y multilaterales” que ya existen en Naciones Unidas. “A nadie se le ocurre lanzar un coche sin pasar un examen de seguridad, ni lanzar un medicamento sin un control de la agencia del medicamento. En la IA debe ocurrir lo mismo”.

El “aterrizaje suave” para la burbuja de la IA

Por último, Artigas cree que en la vorágine generada este fin de semana aflora “un poco de pánico escénico” ante el evidente “nivel de burbuja” al que han llegado las valoraciones de algunas empresas de IA. La experta, actual presidenta del Consejo Asesor Tecnológico del fondo Nazca Capital, señala que los gigantes de EEUU necesitan un “aterrizaje suave” para la burbuja y podrían estar utilizando esta “ralentización” forzada de su desarrollo como coartada. En este sentido, apunta directamente a OpenAI, una de las empresas sobre las que más se extiende esta sombra, que ha aplazado sus planes de salida a bolsa justo en medio del debate.

La decisión de crear algo que no podían controlar fue muy consciente, precisamente porque no puedes tener responsabilidad sobre algo que no puedes controlar

Carissa Véliz filósofa especialista en la ética de la tecnología

“Hay que tener mucho cuidado en nunca perder de vista los intereses financieros de estas compañías”, coincide la filósofa especialista en ética de la tecnología Carissa Véliz. Sobre el plan de Amodei, asegura que el centro de esta conversación no debe ser la IA, sino las personas y empresas que la diseñan y financian. “Todas estas noticias sobre que la IA se ha salido de control son una mala interpretación. La IA hizo exactamente lo que le dijeron que hiciera”.

Véliz destaca que “la decisión de crear algo que no podían controlar fue muy consciente, precisamente porque no puedes tener responsabilidad sobre algo que no puedes controlar”. Por ello, pide sistemas que pongan en el centro la ética y quién es el responsable de sus funciones, para “saber exactamente quién está en control y, cuando las cosas vayan mal, sepamos quién va a ir a la cárcel”.

Rubén Rosón, víctima de la agresión fascista de Oviedo: "Un alcalde no puede justificar la violencia como lo ha hecho, no está a la altura"

Rubén Rosón, víctima de la agresión fascista de Oviedo: "Un alcalde no puede justificar la violencia como lo ha hecho, no está a la altura"

El alcalde de Oviedo desata la polémica al minusvalorar una agresión fascista realizada a dos personas ocurrida durante las fiestas de San Mateo en una carpa de fiestas populares en un clima de odio del que los apalizados señalan a Vox como responsable

El alcalde del PP en Oviedo resta importancia a la agresión fascista durante las fiestas: “No creo que sean tan mala gente”

El pasado jueves por la noche ocho personas dieron una paliza a dos miembros de las Fiestes Populares de Oviedo en plena celebración de San Mateo. Los agredidos eran el exconcejal Rubén Rosón y Jorge Fernández, ambos miembros de la asociación AMA Asturies, una de las promotoras de la programación festiva alternativa que intenta mantener unos festejos con base popular y vecinal, restringidos por el gobierno del alcalde Alfredo Canteli desde el año 2021. Ese mismo alcalde ha desdeñado este domingo la agresión fascista restándole importancia y defendiendo a los presuntos autores (de los que no se conoce públicamente su identificación): “No creo que sean tan mala gente”. Y sus palabras son consideradas por los afectados “de una vileza inhumana, parece que no tiene corazón”.

Rubén Rosón atiende a elDiario.es en la vorágine de unos días muy intensos, agradecido por el apoyo recibido tras sufrir la paliza con patadas y puñetazos y llevarse una brecha de varios puntos. Exconcejal de Oviedo por Somos y médico de profesión, Rosón valora que “para lo que pudo ser estamos bastante enteros, con abolladuras y una brecha ahí en la cabeza, pero bien”. “Por suerte, no fue más allá porque podían haberlo matado”. Se refiere a su compañero Jorge Fernández, que recibió golpes en la cabeza, “esas patadas a la cabeza, esa imagen que todos vimos, una patada mal encajada, pues, igual ahora mismo no estaría aquí. Por eso ante la gravedad, al menos por lo menos estamos aquí”.

Su móvil ya no da más de sí tras haber recibido cientos de mensajes de solidaridad. “No puedo usar WhatsApp ni Telegram prácticamente porque no paran de llegar mensajes”, explica para mandar un aviso muy contundente sobre todo lo que ha pasado desde la paliza, incluida la polémica política creada por el alcalde ovetense.

El apalizado lamenta las palabras del alcalde Canteli, “es una barbaridad lo que dijo, rebaja la agresión a una anécdota. Dijo que los chavales no serán tan malos como si los conociese de algo, no sé si los conoce o no, pero es gravísimo. Luego ya me atacó a mí intentando como embarrar el debate. Yo no dejo de ser un médico que se gana la vida con su trabajo en la sanidad pública”. “Ves el vídeo (de la agresión) y se te encoge el corazón, independientemente de quien sea nosotros condenaríamos si fueran sus nietos o sus hijos. ¿Qué pasa? ¿La agresión cómo tiene que ser? ¿Por qué él no lo hace? ¿Qué pasa en esa cabeza?”, añade. “Si ha sido para ganar unos votos de la extrema derecha es terrible, es que no tiene ni una pizca de corazón”.

“El alcalde de Oviedo no puede justificar una violencia como lo hizo, no está a la altura del cargo que ostenta como el mayor representante público de la capital de Asturias”, sentencia. Por eso piden al PP de Oviedo y de Asturias, del que Canteli no es afiliado ya que es independiente, que rechacen sus declaraciones y piden que Feijóo se pronuncie sobre si piensa lo mismo: “Si tiene un poco de humanidad que salga a rechazar las declaraciones de Alfredo Canteli y a solidarizarse con las víctimas, que es lo mínimo. El alcalde tiene que rectificar o que le hagan rectificar”.

AMA Asturies y la totalidad de la izquierda asturiana respaldaron una protesta el pasado sábado en el lugar de la agresión, la plaza de la Catedral de Oviedo, seguida de forma multitudinaria por miles de personas que rechazaron la violencia fascista. Rosón no tiene dudas en a quién responsabilizar del clima de odio local y lo hace en varios dirigentes de Vox en el Principado. “Días antes de empezar las fiestas Sonsoles Peralta (portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Oviedo) señaló en redes a las casetas de fiestas populares, a nosotros, como lo hace constantemente con otros eventos. Que qué hacemos y además diciendo que estas casetas son una vergüenza, etcétera. Todo un discurso de odio señalando directamente a través de redes sociales”.

Rosón relaciona también lo sucedido con otros polémicos llamamientos violentos como el del diputado asturiano de Vox José María Figaredo a “cazar inmigrantes”, “Es esto, es lo de salir a dar palizas la extrema derecha a la gente. Esto ya lo vivimos. Lamentablemente parecía ya olvidado, en los 80 y 90 se vivió muy intensamente, y parece que quieren volvernos a esa época más gris, casi predemocrática en la que estamos”.

Rosón relata que los ocho agresores “sabían muy bien lo que estaban haciendo”. “Vinieron a vandalizar una caseta con un faldón con una bandera arcoíris en defensa del movimiento LGBTI, a vandalizar una caseta antirracista y arrancar pancartas antirracistas. Vandalizar todo una serie de movimientos en defensa de los derechos humanos”. “Lo más importante no es si cabe estos ocho energúmenos que al final pues son ocho sinvergüenzas, lo que pasa es que están inyectados y turbo acelerados por el odio que le inculca todo un movimiento mediático y de partidos que están amparando la violencia”.

Vox se ha negado a condenar los hechos amparándose en la justificación de condena de “todo tipo de violencia'. ”Que una paliza sea una anécdota es una barbaridad. Les están diciendo a estos energúmenos que no pasa nada, seguid pegando palizas por la calle. Y luego sucede lo que sucede“, señala el agredido.

En su opinión, el clima de odio promovido por algunos partidos y medios de ultraderecha lo acaban pagando personas normales y corrientes. ¿Y cómo se puede parar esta espiral? “Primero, condenándolo y poniéndose del lado de los agredidos y no puede ser que haya ningún equívoco en las declaraciones públicas que ampare, defienda o blanquee a los violentos o los que generan odio en la sociedad”, incide Rosón. “Y la segunda es lanzar un mensaje de esperanza, porque sabemos que somos más y defendemos mejores valores, como se vio en la protesta del sábado con miles de personas. Compartimos una serie de valores cívicos y sociales que son los que hacen avanzar a la sociedad”.

La paliza tuvo lugar en una plaza donde cuelga un cartel gigante del Ayuntamiento de Oviedo con la palabra 'Amabilidá'. Se trata del eslogan escogido por la ciudad ovetense para promover su candidatura a Capital Europea de la Cultura 2031. El consistorio aseguraba que esas palabras buscaban “reimaginar cómo nos relacionamos y cómo creamos un nuevo modelo de ciudad y sociedad en Europa, conciliando diferencias y sin voluntad de imponer, generando diálogo social e intergeneracional”. Para Rosón las palabras del alcalde no han podido ir más en contra de lo que promueve su gobierno y cree que incluso “ponen peligro la candidatura y todo el trabajo detrás de la misma” por ser todo lo contrario a lo que promueven estas distinciones europeas. La 'amabilidá' no tiene mucho que ver con la violencia ni con la justificación de la misma.

Pero pese a lo sucedido Rosón cree que “tenemos la obligación de ser optimistas, incluso después de una paliza. Incluso después de una agresión, porque Asturias siempre fue una tierra de acogida y una tierra solidaria. Una tierra también de luchas por los derechos humanos y los derechos civiles de las personas y creo que en el resto del Estado también se darán y se dan expresiones de lucha contra esto”.

La bodega de la familia del conselleiro de Empleo, sancionada por explotar a migrantes sin papeles en la vendimia

La bodega de la familia del conselleiro de Empleo, sancionada por explotar a migrantes sin papeles en la vendimia

Los responsables de la empresa aseguran que fue una empresa de trabajo temporal la que llevó sin papeles a sus viñas en Ribadavia (Ourense), afirman que la han denunciado, pero se niegan a mostrar esa denuncia

La bodega de la familia del conselleiro de Emprego, Comercio e Emigración, José González Vázquez, ha sido sancionada por explotar a migrantes sin papeles para la vendimia del año pasado en la comarca de O Ribeiro (Ourense). La sanción se produce tras una inspección de oficio en la que se certificó la presencia de dos trabajadores de origen africano sin papeles y, por tanto, sin la protección legal que debe amparar a cualquier empleado. La bodega, Casal de Armán, fue fundada por el padre del conselleiro y tanto él como sus hermanos la recibieron en herencia tras la muerte del patriarca de la familia. La sanción propuesta por la inspección se dirige contra Viña Campinas, S.L., una filial del grupo encargada de gestionar las viñas en las que se recolecta la uva con la que se produce Casal de Armán, tal y como han confirmado a esta redacción un portavoz del grupo de empresas.

Las sanciones para este tipo de prácticas oscilan entre los 10.000 y los 100.000 euros por cada trabajador irregular localizado en un centro de trabajo. En caso de reincidencia o explotación laboral grave los hechos pueden tener repercusiones penales. La Inspección de Trabajo, dependiente del Gobierno central, ha evitado hacer valoraciones ni confirmar la cuantía exacta de la multa impuesta a la familia del político del Partido Popular.

El conselleiro de Empleo, José González Vázquez, inspector de Hacienda antes de entrar en la política activa de la mano de Alberto Núñez Feijóo en 2016, declaró al Parlamento de Galicia aquel año ser propietario de terrenos y socio de la bodega junto a sus hermanos. Su participación en la empresa la recibió por herencia de su padre y se desprendió de la misma en 2018, coincidiendo con su entrada en el Gobierno gallego, primero como conselleiro de Medio Rural y, después, como titular del departamento de Trabajo.

elDiario.es se ha puesto en contacto con los responsables de Casal de Armán que se han desligado de cualquier práctica irregular argumentando que las contrataciones de temporeros sin papeles se realizaron a través de una empresa de trabajo temporal, ajena a su grupo de empresas, y que cuando tuvieron conocimiento de esas irregularidades procedieron a presentar una denuncia ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Esta redacción ha solicitado de la empresa una copia de esa denuncia, recibiendo una negativa como respuesta. Además, elDiario.es ha preguntado a los responsables de la bodega cómo es posible que la sanción propuesta por la Inspección de Trabajo se haya dirigido contra una de las empresas de su grupo, Viña Campinas, S.L. y no contra esa supuesta ETT que comerciaba con trabajadores sin papeles. Para esta última cuestión la empresa asegura que “aunque la contratación de ese personal fue realizada por la ETT, la Inspección derivó la actuación contra la empresa que le realizó el encargo”.

La Xunta se ha sacudido el asunto como si no tuviera opinión sobre el lío que afecta a la empresa de la familia directa de quien dirige las políticas de empleo y emigración en la comunidad autónoma. En un mensaje por escrito remitido por un portavoz del conselleiro de Empleo abogan por el cumplimiento de la legislación laboral vigente, incluso, dicen, en época de vendimia. Como única reacción, el mensaje que a continuación se reproduce de manera literal: “La Xunta, como no puede ser de otra manera, aboga por el cumplimiento de las condiciones laborales en cualquier actividad que se desarrolle en Galicia y, evidentemente, también durante la vendimia. Cualquier trabajador que desarrolle su actividad en Galicia tiene que estar dado de alta en la Seguridad Social y, por tanto, las empresas deben cumplir todos los requerimientos en materia de contratación”.

Tres millones de facturación, cuatro trabajadores

Viña Campiñas, perteneciente a la empresa familiar Bodegas Casal de Arman SL, se constituyó en 2022 y se dedica a “actividades de apoyo a la agricultura”. En 2025, Viña Campiñas facturó 715.463,12 euros y no detallaba el origen de sus ingresos. Declaraba una plantilla media de 10,3 personas, frente a los 12,4 de 2024, según sus cuentas, accesibles a través de Insight View y firmadas por Juan Luis González Vázquez, hermano del conselleiro de Empleo, “en calidad de representante de Rectoral de San Andrés”, la holding familiar.

La bodega de la familia del conselleiro de Empleo, Bodegas Casal de Arman SL, facturó algo más de 3 millones en 2025. Su plantilla media no alcanzó en ese ejercicio las 4 personas, según sus últimas cuentas, que indican que “existen operaciones con partes vinculadas”, sin detallarlas, y que “se han recibido subvenciones durante el ejercicio para la financiación del Kit Digital por importe de 3.500 euros y del Igape [Instituto Gallego de Promoción Económica] para la financiación de uvas por importe de 17.407,96 euros”.

La propietaria última de estas dos empresas es la holding Rectoral de San Andrés SL, constituida en 2003, perteneciente a la familia del conselleiro y cuyo administrador único es su hermano Juan Luis. En 2025 tenía unos cinco empleados, según las cuentas que acaba de remitir al Registro Mercantil

Otras polémicas

No es la primera vez que Casal de Armán se ve envuelta en una polémica relacionada con el cumplimiento de leyes y normativas. En mayo de 2015 la empresa decidió levantar un salón de eventos con estructuras prefabricadas junto a sus viñas y a la Casa de Turismo Rural que explotan a sus pies. La infraestructura carecía de permisos municipales y de la Xunta, por lo que la administración gallega resolvió su “demolición” por el “tremendo impacto” sobre el entorno.

Aquella resolución de la Dirección Xeral de Patrimonio de la Consellería de Cultura fue objeto de una catarata de recursos y alegaciones que mantienen la polémica dormida en los despachos, mientras el holding de la familia del conselleiro mantiene su salón de eventos en pie al tiempo que buscan permisos para ampliar sus dotaciones de hostelería sobre parte de la finca, calificada como suelo rústico.

Fractura en la Junta Electoral: del "despropósito" del fallo de la ley de nietos a evitar el pulso con el Supremo

Fractura en la Junta Electoral: del "despropósito" del fallo de la ley de nietos a evitar el pulso con el Supremo

El debate entre consejeros destapa las dudas sobre una suspensión del derecho al voto de 400.000 nacionalizados a los que no se ha permitido alegar

La fórmula para dar la nacionalidad que cuestiona el Supremo en la ley de nietos se aplicó sin polémica en 2008

La Junta Electoral Central acordó dividida este lunes no ir al choque con el Tribunal Supremo tras su decisión de limitar de forma cautelar el derecho al voto de los descendientes de españoles represaliados del franquismo. El órgano se limitó a acatar la decisión del Supremo sobre la ley de nietos, sin tratar de enmendar el embrollo jurídico generado, según informan elDiario.es varias fuentes conocedoras del contenido de esa reunión, que se alargó durante dos horas. 

El sector alineado con posiciones progresistas trató de dar la batalla para interponer un recurso contra la decisión que privará del ejercicio de ese derecho a miles de descendientes de españoles salvo que acrediten tras otro largo proceso burocrático que son familiares de exiliados. Pero su propuesta decayó por un ajustado resultado de siete votos a seis. En paralelo, el órgano electoral rechazó por ocho votos a cinco dar instrucciones concretas sobre cómo ejecutar la decisión del Supremo, un movimiento de parte de los vocales conservadores tras el que otros miembros del órgano ven un intento de “arreglar el desaguisado” generado. 

En relación con la impugnación ante el Supremo, a los magistrados y catedráticos de orientación conservadora se sumó en esta ocasión el presidente del órgano, Eduardo Calvo, un veterano magistrado del Supremo, que fue afiliado de la progresista Juezas y Jueces para la Democracia, y que aspira ahora a presidir la Sala del Alto Tribunal que la semana pasada falló sobre la ley de nietos. De acuerdo a las fuentes consultadas, Calvo expresó en sus intervenciones motivos a favor y en contra de recurrir y, finalmente, se decantó por la segunda opción.

Impugnar esas resoluciones habría supuesto un conflicto institucional sin precedentes con el Supremo, tribunal al que pertenecen ocho de los miembros de la Junta Electoral, órgano al que llegan tras ser elegidos por sorteo. Los otros cinco miembros de la Junta Electoral son catedráticos elegidos por el Parlamento: dos a propuesta del PP, otros dos a iniciativa del PSOE y una de Sumar. Estos tres últimos secundaron la propuesta de recurrir los autos que alientan la teoría del supuesto pucherazo de Vox y han supuesto el freno de la ley de nietos. A ellos se sumaron los magistrados del Supremo Pilar Teso, Concepción Ureste y Javier Hernández, a los que habitualmente se sitúa en el espectro progresista de ese órgano judicial. 

Antes de la votación, fueron varios los consejeros que expresaron dudas jurídicas sobre lo que consideran un “salto en el vacío” del Supremo y sobre la indefensión en la que quedan los electores a quienes se les retira cautelarmente un derecho vinculado a su nacionalidad sin ofrecerles trámite de audiencia previa. 

De acuerdo a las fuentes consultadas, algunos de estos consejeros discrepantes con la decisión del Alto Tribunal calificaron de “despropósito” y “barbaridad” la decisión del Supremo y auguraron un “sinfín de litigiosidad” como consecuencia de la “inseguridad jurídica total” que ha generado en miles de personas a las que se les niega un derecho fundamental sin la posibilidad de presentar alegaciones. De hecho, alguno de los vocales apuntó que entre los afectados hay miles que ya pudieron votar en las autonómicas y generales de 2023. Sin embargo, algunos de estos mismos consejeros asumen que ese hipotético recurso “no tenía ninguna opción de prosperar” y podría añadir más ruido a una situación ya de por sí endemoniada. 

Por otro lado, los vocales discrepantes con la posibilidad de impugnar la decisión del Supremo consideraron que la vía del recurso no era apropiada y habría supuesto un choque de trenes inédito entre ambas instituciones. En este grupo de vocales están los cuatro que el pasado julio firmaron un voto particular contra la decisión de la Junta Electoral de declararse no competente para frenar los efectos de la ley de nietos. Sus argumentos acabaron, primero, en los escritos en los que Vox y el extraparlamentario Iustitia Europa llevaron el asunto al Supremo; y, después, en las propias resoluciones del Alto Tribunal.  

Los firmantes de ese voto particular son los catedráticos de Derecho Constitucional Carlos Vidal Prado y Javier Tajadura Tejada —elegidos a iniciativa del PP— y los magistrados del Supremo Vicente Magro y Fernando Marín, a los que este lunes se sumaron sus compañeros del Alto Tribunal Fernando Cerdá y Carmen Lamela y el presidente del órgano, el citado Eduardo Calvo, para evitar el recurso a una decisión que ha vuelto a tensar la situación entre el Gobierno y el Poder Judicial. 

De hecho, aunque en la Moncloa ponen el foco en la “salvajada” del Supremo, también critican la respuesta de la Junta Electoral. “Nos sorprende mucho que atienda esa decisión del Supremo, sinceramente”, apuntan desde el Ejecutivo, donde meten prisa al alto tribunal para que solvente la cuestión cuanto antes. 

“Esperábamos que la Junta Electoral cuestionara y reprobara la decisión del Supremo. Y en cualquier caso nos parece imprescindible que se resuelva cuanto antes, porque es muy grave restringir un derecho básico de la condición de ciudadanía como es el derecho al voto”, apuntan fuentes del Gobierno. Pese a acatar la medida cautelar, la Junta Electoral mantendrá su personación en el procedimiento para defender que no tiene competencias para fiscalizar la concesión de la nacionalidad ni la instrucción del Ministerio de Justicia que amplió la aplicación de la ley de nietos y que ahora cuestionan las derechas y el Supremo.

“Cumplirse en sus términos”

Según la decisión de los jueces de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Alto Tribunal, solo podrán seguir en el censo aquellos descendientes de españoles que acrediten tras otro largo proceso burocrático que son familiares de exiliados. Su pronunciamiento pone en el foco esa instrucción, de 2022, que presume que son exiliados “todos los españoles que salieron de España entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955”. 

Según los jueces, el “significativo” incremento del censo producido tras la “interpretación” contenida en esa instrucción “podría no ajustarse al contenido” de la propia ley de nietos. Y acordaron mantener la inscripción en el censo solo de quienes puedan acreditar con “prueba documental individualizada” de que sus ascendentes fueron perseguidos o exiliados “sin aplicar dicha presunción”. En una entrevista en Malas Lenguas de TVE, Sofía Puente, secretaria general para la Innovación y Calidad del Servicio Público de Justicia y autora de esa instrucción, recordó que se viene aplicando “pacíficamente” desde 2008, también por gobiernos del PP, ya que es calcada a la que se aprobó aquel año para completar la ley de memoria histórica. 

La Junta Electoral también abordó en su reunión de este lunes cómo hacer frente al mandato del Supremo. Por ocho votos a cinco, el órgano decidió limitar su actuación a trasladar a los organismos implicados las directrices del Supremo, que deben “cumplirse en sus términos”. Esto es, trasladar a la Oficina del Censo Electoral los autos del tribunal para que se cumplan sus requerimientos, así como instar a la Dirección General de Españoles en el Exterior y de Asuntos Consulares que ordene a los Registros Consulares el desglose entre los nacionalizados que han “demostrado” su condición de descendientes de exiliados y a los que se les aplicó la presunción de exilio de acuerdo a la citada instrucción. 

De hecho, las fuentes consultadas aseguran que se llegaron a eliminar algunos pasajes del borrador inicial elaborado por los letrados para que el acuerdo fuera lo más “escueto” y “apegado” posible al texto de los autos del Supremo. Cuatro de los vocales de orientación conservadora propusieron elaborar una especie de instrucción propia que ordenara notificar la decisión del Supremo individualmente a los afectados, pero la mayoría se mostró en desacuerdo. A su juicio, eso suponía “arreglar los desaguisados del Supremo”, que ha suspendido el derecho fundamental a voto de miles de personas sin darles la opción de presentar alegaciones.

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