Representar una esfera en un plano es un problema de pura geometría que la humanidad trata de resolver desde hace más de 2.000 años. Un mapa plano puede mostrar una o varias propiedades del territorio fielmente, como la distancia, la forma, o la dirección, pero nunca todas a la vez. Siempre habrá algún tipo de distorsión, y en el caso de la reciente resolución de la ONU, el problema de Mercator –la proyección utilizada en escuelas, libros de texto, organizaciones internacionales, e incluso en nuestro GPS– está en el tamaño de los continentes.
Cuando sus padres le preguntan qué ha hecho ese día en el huerto, el niño siempre responde lo mismo: “Regar”. No cuenta que haya aprendido el nombre de un insecto ni descubierto cómo funciona un ecosistema. Solo dice: “Regar”. Y cada semana sus padres vuelven a preguntar y él vuelve a responder lo mismo.
La elección de las extraescolares tiene también su propia trampa. Mar Hurtado, presidenta de la Associació de Mestres Rosa Sensat, advierte de que los adultos apuntan a menudo a sus hijos a “aquello que ellos mismos no pudieron hacer o intentan garantizarles una acumulación de conocimientos que consideran útil para el futuro”. El deporte y los idiomas son dos de los terrenos donde más fácilmente aparece esa proyección. La pregunta, sostiene, no debería ser solo qué actividad parece más provechosa desde la mirada adulta, sino qué despierta en ese niño concreto.
Hace años, el periódico británico Financial Times lanzó una campaña —en los contados quioscos que ya entonces quedaban, cual reliquias entre vitrinas arqueológicas— que anunciaba el lema “Vivimos tiempos financieros”. Nunca imaginamos entonces que los días venideros —las fechas actuales— serían tan complicados. Pero las finanzas siguen presentes y continúan faltando. “Los conocimientos básicos de economía deberían ser obligatorios, como se enseñan matemáticas o biología”, reclama Silvia Herreros, profesora de Economía del colegio Pío XII de Valencia. “Pero los chicos solo empiezan a tener unos conocimientos básicos entre 3º y 4º de la ESO; antes ignoran términos tan sencillos como qué es la TAE (Tasa Anual Equivalente)”. La carencia de esta formación tiene enormes consecuencias. Piensan que ganar dinero es algo fácil, y muchos caen en ese mundo cenagoso donde se juntan youtubers insolidarios y cryptobros. “Nadie les inculca la trascendencia y el esfuerzo de tener un Estado de bienestar. Sus referentes cuando resultan jóvenes y permeables son personas, como youtubers, músicos, deportistas, que eluden o minimizan en Andorra o Suiza, digamos, cualquier pago fiscal”, lamenta Herreros. Además, hablar de dinero en la escuela —ahonda Carlo Sala, profesor del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade— sigue siendo incómodo porque toca desigualdad, capitalismo, deuda, impuestos, pensiones o clases sociales, y muchos temen que enseñar finanzas sea adoctrinar o cuestionar demasiado el sistema.
El problema se desmenuza al igual que caen los granos de trigo de una espiga. Las horas que se dedican a estas materias son escasas, las asignaturas tienen un enfoque macro y microeconómico y no tanto en cuanto a finanzas personales y educación básica, detalla Mónica Guardado, directora general de AFI Global Education y presidente de Accedia, que son los saberes que debería tener todo ciudadano para enfrentarse a sus decisiones personales. “Es necesario adaptar los temarios a las inquietudes de los jóvenes. Hay un incremento en inversiones en criptoactivos, por ejemplo, sin apenas conocer el tema”, avisa Guardado.
Son muchos los estudiantes que necesitan compatibilizar su formación universitaria con un empleo, responsabilidades familiares u otras actividades. Para ellos, disponer de alternativas que permitan organizar el estudio de acuerdo con sus circunstancias puede ser determinante a la hora de iniciar o continuar una carrera.
La experiencia universitaria se extiende también a otros ámbitos de la vida del estudiante, con servicios pensados para acompañarle durante su etapa formativa como el Servicio de Atención a la Diversidad, Asesoramiento Psicológico, el Centro de Emprendimiento o el de Deporte y Salud. Precisamente el deporte ocupa un espacio propio en la universidad, con programas dirigidos a quienes compaginan su formación con una trayectoria deportiva de alto nivel. En esta línea se enmarca el Programa Universidad de Alto Rendimiento Deportivo (UNARD). Está dirigido a deportistas, entrenadores, fisioterapeutas y otros componentes que conforman los equipos deportivos. A este programa se suman las Becas Universidad y Deporte, que facilitan que los estudiantes que compiten al más alto nivel puedan continuar sus estudios sin tener que renunciar a su carrera deportiva.
Según datos del último informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), casi una cuarta parte (22,1%) de los estudiantes de grado renuncia a la titulación universitaria escogida durante el primer año: el 13% deja definitivamente la Universidad y el 9% cambia de estudio. La tasa de abandono, afirma Montse Álvarez, autora del informe, es mejor que en otros países de la OCDE, pero España lleva una década “cronificada” en las mismas cifras, “lo que demuestra que no se han consolidado mejoras estructurales en la retención del alumnado”.
A los chicos y chicas que llegan a la Universidad les falta, según Ana Cobos, “información y orientación”. Y esa carencia se debe en gran medida a la baja ratio de orientadores, opina la presidenta de COPOE. “España tiene una ratio que está tres veces por debajo del número de orientadores por estudiante que recomienda la Unesco. La recomendación es un orientador por cada 250 estudiantes, pero en España estamos en uno por cada 750”, denuncia Cobos, quien reconoce, no obstante, que existen diferencias notables entre comunidades autónomas, de forma que algunas como Euskadi alcanzan las recomendaciones de dicho organismo mientras otras como Canarias, Extremadura o la Comunidad de Madrid quedan muy lejos de las mismas. “Es una pena, porque luego esa inversión se traduce en un mejor rendimiento de los estudiantes y en cifras más bajas de abandono”, asevera.
No comprende lo que pone en la pizarra, se despista. O reta, se desmotiva y termina dejando los estudios. El recorrido de un alumno que necesita apoyo educativo puede tomar tantos caminos como formas de aprender existen. Las aulas conviven desde hace tiempo con realidades muy diferentes; pero el sistema sigue teniendo dificultades para responder. Ratios elevadas, exceso de burocracia, escasez de recursos, plantillas inestables y rigidez académica dificultan no atender adecuadamente ni a quienes necesitan más apoyos ni al resto del aula.
Existen diferencias entre quienes consiguen ser vistos. Los niños reciben diagnósticos de TDAH entre dos y tres veces más que las niñas durante la infancia. Ellas suelen presentar síntomas menos disruptivos y desarrollan estrategias para compensar o que no se aprecien sus dificultades. “Las niñas que camuflan se malinterpretan muchas veces desde el profesorado por los sesgos machistas”, señala la orientadora Ana Martín Moreno. “A las chicas se las enseña a ser más trabajadoras y a esforzarse más”, puntualiza.
Parece un reel en bucle: llegar a casa, colgar la ropa, dejar el túper en el fregadero. Otro día más en ese trabajo rutinario y exigente. Otra vez, mil consultas a la almohada sobre la forma de retomar las riendas de tu vida. Te hablan cada vez más y mejor de la Formación Profesional (dos años de estudio, una tasa de empleo que supera a los grados universitarios, ciclos de todo tipo...) pero cuesta parar el ritmo, renunciar a un sueldo para apuntarse a un instituto y estudiar.
La metodología de iLERNA permite a cada persona seleccionar la carga lectiva a la que quiere enfrentarse, sea desde una asignatura o todo el semestre, en función del tiempo que tenga disponible.
Gregor Samsa no había pasado una buena noche, pero su verdadera pesadilla comenzó al despertar. Tras la intranquilidad nocturna sintió una desconocida zozobra matinal: su cuerpo no se desperezaba como de costumbre. Algo había mutado, pero Gregor no sabía el qué. Se sentía secuestrado, tan cerca y tan lejos de aquel Gregor que apenas unas horas antes se había ido a dormir. Necesitaba otra perspectiva. Necesitaba nombrar aquello tan bizarro que le estaba ocurriendo y, a partir de ese gesto, tratar de salir del atolladero en el que se encontraba.
Obtener listas conjuntas, de los socialistas a su izquierda, para acabar con la mayoría absoluta del Partido Popular (PP) en el Senado utilizada en esta legislatura como una apisonadora a la oposición, y devolver a la Cámara alta el sentido territorial que le concede la Constitución. Ese es el empeño que ha empezado a circular en algunos espacios de la izquierda, intelectuales y referentes sociales, para que el Senado deje de ser una herramienta de crispación política más, que obstaculice la gobernanza del país. Los primeros contactos con los partidos ya han tenido lugar y no son pesimistas.
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La sanidad privada es un negocio al alza que no para de crecer en España. Y buena parte del motivo hay que buscarlo en la pública: sus crecientes listas de espera y una atención que se percibe en continuo deterioro empujan a millones de ciudadanos a contratar un seguro. Pero la propia sanidad pública también trasvasa cada vez más dinero a la privada a través de conciertos, que en 2024 —último dato disponible— sumaron más de 10.000 millones de euros, algo más del doble que en 2002.
Cuando la Policía de Migración abrió las mochilas de tres pasajeros tailandeses en el aeropuerto de Guayaquil encontró algo que no debería haber llegado hasta allí: 12 iguanas marinas negras de Galápagos, de nombre Amblyrhynchus cristatus. Habían viajado desde la isla Seymour con las patas delanteras atadas al cuerpo y las traseras amarradas entre sí. Estaban completamente inmovilizadas, débiles, algunas al borde de la muerte. Eran 12, y en el mercado asiático y europeo se pagan por ellas entre 25.000 y 500.000 dólares por cada una.
Cuando Kent Nagano (Berkeley, California, 74 años) les dijo a sus padres que quería dedicarse a la música no lo apoyaron. Extraña en quien tocaba el piano desde los cuatro años como parte de un programa educativo rigurosamente aplicado por su madre en casa. Pero, a la hora de la verdad, no vieron claro que siguiera esa vocación prendida con esfuerzo de manera vital. Por eso pensó durante un tiempo que podía buscar una alternativa en el mundo del derecho y la diplomacia. Finalmente, impuso su voluntad en el entorno estricto de un clan familiar japonés cuyos ancestros se habían instalado como granjeros a finales del siglo XIX en el oeste de Estados Unidos. Con empeño, pese al rechazo, acabó por desarrollar una carrera estelar que empezó en Boston, pasó por bares y compañías de ballet como acompañante para buscar recursos con que mantenerse y ha acabado como uno de los más firmes referentes de la dirección de orquesta del mundo después de haber pasado como titular por la Sinfónica de Montreal, la Ópera Estatal de Baviera o la Filarmónica de Hamburgo. En su trayectoria siempre buscó puentes y conexiones entre la gran música y las tendencias populares. Ha colaborado con Frank Zappa, Sting, Björk y no le importaría, asegura, hacerlo en esta nueva etapa con Rosalía. Estudioso profundo de Mahler —debutará con su Segunda sinfonía en Madrid el 18, 19 y 20 de septiembre—, devoto de Wagner y el repertorio francés y alemán, entregado y comprometido con la música contemporánea, Nagano ha descubierto que la música y la diplomacia van de la mano. De hecho, le gustaría hacer de la Orquesta Nacional una embajadora de buenas vibraciones por el mundo. Este mes llegará a las librerías la biografía Kent Nagano. 10 lecciones en mi vida, escrita por Inge Kloepfer y editada por Alianza.
Comprar o alquilar una vivienda tras una única visita de unos pocos minutos es una de las consecuencias más indeseables de la actual crisis de la vivienda. El mercado se ha vuelto acelerado, casi irracional. La falta de oferta y la presión de la demanda han instaurado las operaciones exprés y han impulsado la cultura de la decisión ultrarrápida. Y eso, cuando se trata de comprar una vivienda de cientos de miles de euros, puede ser un riesgo que arruine la economía del comprador.
Todo empezó con los votantes de los nazis diciendo que estaban descontentos con lo que ocurría en el Reichstag, el Parlamento alemán. Siguió con la prensa popular clamando que aquello era una “caja de palabrería”. Y el resultado acabó siendo el acceso al poder de Adolf Hitler. A estos episodios recurre el gran filósofo alemán Peter Sloterdijk para explicar los paralelismos que se pueden establecer entre el ascenso del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) en los años treinta del pasado siglo y el de Alternativa para Alemania (AfD), el partido de extrema derecha alemán que la semana pasada dio el campanazo en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt. “La AfD, en cierto modo, es muy similar al NSDAP desde el punto de vista de esa supuesta inocuidad de sus comienzos”, dice acomodado en una butaca del hotel Eurostars Plaza Acueducto de Segovia, tras su participación en el Hay Festival de Segovia. En aquellos días, el NSDAP parecía ser un movimiento que combinaba a la perfección los principios del socialismo y el llamado “interés nacional”.
Por muy escépticos del sueño americano que podamos ser, la historia de Arnold Schwarzenegger (Thal, Austria, 79 años) desafía los límites de la credibilidad tanto como sus películas más exageradas. Que el destino de Hollywood o de la cuarta economía del planeta (el Estado de California, por sí solo) lo haya marcado, durante décadas, un fibroso aldeano austriaco criado entre las ruinas de la II Guerra Mundial nos parecería improbable si no tuviésemos tan naturalizada la existencia del actor y exgobernador, integrado en el paisaje de nuestro imaginario con la misma sorprendente ligereza con la que todo el mundo sabe pronunciar su apellido. Schwarzenegger es una de esas figuras para las que parece haberse inventado la expresión “más grande que la vida”: por la escala de sus logros vitales, de su cine o de su propia corporalidad, 1,88 metros de músculos cincelados cual estatua griega.
Una de las preguntas que probablemente se hará el lector cuando haya disfrutado de la maravilla de este vídeo es cuántos cientos de horas de intenso trabajo tuvo que invertir Mirko Miljánic (Serbia, 1946) para imaginarla, crearla, armarla y pulirla hasta la perfección. Por algo fue elegido como “el estudio del año” en 2015 por la Federación Mundial de la Composición en Ajedrez (WFCC).
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) otorgó a Pilar Gil, consejera delegada de PRISA Media, el Premio Ejecutiva del 2026, por su liderazgo, visión estratégica y destacada contribución al desarrollo y transformación de uno de los principales grupos de comunicación en español.
La cantante colombiana Shakira lleva tres décadas de carrera fiel a un uniforme tan personal como reconocible, tanto que resulta fácil afirmar que ningún otro artista viste, baila ni tiene esa imagen sobre el escenario. En esta imagen, durante los Grammy latinos celebrados en Sevilla en 2023.
Puede que Shakira haya probado las prendas más arriesgadas y sus combinaciones más inimaginables, pero sin duda ha logrado algo a lo que todas las estrellas aspiran y no siempre consiguen: la de ser identificables en una moda concreta. Es lo que sucede cuando vemos un guante blanco y pensamos en Michael Jackson, un casco robótico y nos viene a la mente Daft Punk, o un sujetador con forma de conos y aparece Madonna. A ese nivel.
El 2 de febrero de 2020, la artista se subió al escenario en el descanso de la Super Bowl celebrada en Miami. El de aquella noche es probablemente uno de sus 'looks' más memorables: escogió el color rojo (por el que suele decantarse en eventos importantes) y fue Peter Dundas quien le confeccionó este conjunto de minifalda y top decorados con cristales de Swarovski. La cantante suele actuar con botas de poco tacón y, según contó tiempo después en 'Vogue', para aquel 'show' no encontraba unas que le resultaran cómodas, así que mandó forrar unas botas que tenía en su armario desde hacía más de 10 años.
“Pensé que el rojo iba a ser un color memorable”, así recordó Shakira en la revista 'Vogue' el porqué de la elección de color aquella noche. Otro punto fuerte del 'look' es la silueta del 'body' que llevaba, específicamente pensada para realzar el movimiento de sus caderas y cintura al bailar, pero, sin duda, la estrella del conjunto es el pañuelo estilo cíngara propio de la danza oriental que se anudó a la cadera.
Shakira ha pasado por muchas fases y en 2001 le dio por explorar los tonos tierra y accesorios tan sorprendentes como esta tiara de diosa amazónica: “Parezco Xena la princesa guerrera” bromeó la cantante en 'Vogue' al ver su foto, años después.
La cantante lleva 30 años poniéndose un mismo uniforme (pantalones de tiro bajo con camisetas de tirantes muy cortas) y sin embargo parece que no ha repetido ni una sola vez: aquí, en 2005, buscando formas de innovar con su top.
Peinado 'sexy revuelto', como lo definió ella misma, pantalones color caqui, cinturón de cuentas y monedas, y sujetador decorado con malla metálica: el uniforme de guerra de Shakira para cantar su exitoso tema 'La Tortura' con Alejandro Sanz.
Shakira se presenta con Bizarrap en el escenario Sahara durante el Festival de Música y Artes de Coachella Valley 2024 en California. Y elige un vestido de 'crochet' deshilachado, que va diluyendo los colores.
Habitualmente Shakira necesita ropa cómoda para moverse por el escenario pero en la ceremonia de los Grammy latinos celebrada en Sevilla en 2023 cantó una balada ('Acróstico') y para la ocasión escogió un vestido dorado formado por un corsé adornado con cristales y un motivo de la Virgen María, y una falda larga, un diseño hecho a medida por la firma italiana de Dolce&Gabbana.
Jugaban Argentina y Colombia en el Hard Rock Stadium de Miami y Shakira subió al escenario el descanso. Con un conjunto plateado cubierto de infinidad de cristales, la artista llevó un top corto y una minifalda con una abertura estratégica a un lado, que le permitió bailar algunos de sus grandes éxitos, como 'Hips don’t lie'. Un 'look' con muchas reminiscencias de los primeros años 2000.
Los pantalones de Shakira nunca están del todo completos (siempre aparecen rasgados, con transparencias, imperdibles o cuerdas) pero posiblemente nunca haya llevado unos de tiro más bajo como estos vaqueros de pura estética dosmilera, sin cinturilla ni cremallera, anudados con unos cordones cruzados.
La época del 'Waka Waka' no solo elevó la popularidad de la cantante de la atmósfera a la estratosfera, sino que además le dio la oportunidad de innovar en su vestuario, añadiendo detalles del folclore africano y adaptándolos bajo su gusto personal. Plumas, motivos tribales, brazaletes, tobilleras, pies descalzos y toques flúor: con Shakira todo es posible al mismo tiempo.
Los cinturones y pañuelos a la cadera de Shakira son un género propio: aquí, combinando tonos dorados con su top, en el festival de música celebrado en Madrid en 2010.
Shakira tiene un tipo de top (recortado a los lados, más largo por delante) que ha llevado durante tres décadas en todas las versiones posibles: esta vez, en el escenario del Palasport Olimpico de Turín lo llevó en color dorado, a medio camino entre la cota de malla y la red de pesca. El brazalete de cuero con grandes tachuelas es otro de sus elementos distintivos.
Antes que Taylor Swift, estuvo ella: Shakira y su guitarra recubierta de cristales de Swarovski, en un concierto en París en el año 2007. El 'look rockera' la ha acompañado siempre.
Esta fue sin duda la época en la que la artista profundizó en la danza del vientre y diseñó un vestuario en esa misma línea. La imagen es del año 2006.
El pantalón cargo de tiro bajo no podía faltar en el vestuario de la artista. Combinado, por supuesto, con una camiseta de tirantes anudada siempre hacia un lado.
La combinación de pantalones de vinilo negros, ajustadísimos y de tiro extrañado anudados con dos provocadoras hebillas, sujetadores con flecos de 'strass' y bata larga con mangas de encaje podría parecer imposible, pero Shakira la defendió sobre el escenario en California en 2005.
Pantalones ajustadísimos y rasgados, polainas de cuero, pies descalzos, cinturón ancho de tachuelas, top muy corto y brazaletes de cuero adornados con tachas metálicas: el uniforme de Shakira, en 2002.
La cantante ha comentado en alguna ocasión que cuando no encuentra la ropa que busca, la diseña ella misma. Entre sus piezas favoritas, además del pañuelo de cíngara, está el 'body' con cortes o transparencias a los lados, que ayuda a crear una mayor sensación de movimiento cuando baila. En esta fotografía, tomada en Londres en 2002, lo llevó con unos ajustadísimos pantalones de cuero (decorados con encaje en los muslos) y guantes largos.
A pesar de todas sus referencias amazónicas, selváticas o del desierto, Shakira en el fondo no viste bohemia, ni 'hippie': en realidad ella lleva siempre un halo rockero.