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Los resultados de PISA preocupan, pero ¿podemos culpar a la IA?

VH-studio/Shutterstock

Cuando los resultados PISA bajan en buena parte de los países europeos, la tendencia de las familias, los docentes y la sociedad es buscar un culpable. ¿Y si la caída fuera culpa de la inteligencia artificial?

Los datos de PISA 2025 son preocupantes. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de los países de la OCDE ha disminuido 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura, una caída considerable, del orden de un año de escolarización. Aún más preocupante es que el 20 % de los jóvenes de 15 años se sitúan actualmente por debajo del nivel básico en estas competencias, frente al 16 % en 2022.

Pero antes de señalar a la inteligencia artificial (IA) como culpable, hay que observar la cronología de la caída de los resultados.

La OCDE señala que este deterioro forma parte de una tendencia que ya era observable antes de la pandemia de covid-19 y, por tanto, mucho antes de la generalización de la IA generativa.

En comprensión lectora, la disminución de la lectura por placer ha coincidido con un empeoramiento de los resultados, y el último informe alerta de un aumento de los alumnos que responden a los textos de forma rápida pero incorrecta. De hecho, las dificultades son especialmente importantes ante textos largos y tareas que exigen una atención sostenida. Entre los factores que pueden contribuir a explicar esta tendencia, la OCDE señala una menor exposición a textos largos, unas prácticas de lectura digital más breves y fragmentadas y, en general, un entorno atencional menos favorable a la lectura profunda y sostenida.

La IA no explica las diferencias entre países

Las diferencias entre países son importantes. En 2025, la media de la OCDE se sitúa en 482 puntos en ciencias, 461 en lectura y 463 en matemáticas. España obtiene, respectivamente, 477, 451 y 457 puntos y, entre 2022 y 2025, pierde 7 puntos en ciencias, 23 en lectura y 16 en matemáticas. En cambio, sistemas como Singapur, Japón, Corea o Estonia se sitúan claramente por encima de la media de la OCDE en las tres áreas.

Entre los sistemas con mejores resultados encontramos estrategias de integración de la IA muy diferentes. Japón es el país donde una mayor proporción de alumnos declara no haber utilizado nunca o casi nunca chatbots de IA para las actividades escolares, y Estonia también presenta una frecuencia de uso relativamente baja. En cambio, el caso de Singapur muestra que un uso elevado de la IA es compatible con resultados educativos muy altos cuando se inscribe en un ecosistema educativo estructurado, con usos pedagógicos bien definidos.

Así, a pesar de seguir estrategias muy diferentes en cuanto a la integración de la IA, Japón, Estonia y Singapur obtienen resultados elevados.

La cuestión de la IA para el aprendizaje radica, sobre todo, en sus usos. Un indicador especialmente revelador es la distracción digital: mientras que el 28 % de los alumnos de la OCDE afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante las clases de ciencias, esta proporción es inferior al 10 % en Japón, Corea y diversas jurisdicciones chinas. Proteger los espacios de atención y de esfuerzo cognitivo es, por tanto, un reto fundamental para favorecer un uso educativo adecuado de la tecnología.

Entre el uso moderado y la dependencia de la IA

PISA 2025 muestra hasta qué punto la IA se ha incorporado rápidamente a las actividades de aprendizaje. Solo un 14 % de los alumnos de los países de la OCDE declara no haber utilizado nunca o casi nunca un chatbot de IA para ninguna de las cuatro actividades analizadas. El uso más frecuente es para “ayudarme a aprender”, seguido de la búsqueda preliminar de información, la redacción de textos y el resumen de lecturas.

Los alumnos que declaran no utilizar IA tienden a obtener mejores resultados que quienes la utilizan, pero la OCDE advierte que esta asociación no permite establecer una relación causal. Por ejemplo, algunos alumnos pueden recurrir más a la IA precisamente porque tienen mayores dificultades. Además, para resumir textos o realizar búsquedas preliminares, los usuarios moderados, que utilizan la IA entre una vez al mes y dos veces por semana, obtienen mejores resultados que tanto los usuarios muy ocasionales como quienes la utilizan casi a diario.

Diversidad en la calidad de los usos de la IA en educación

Si bien la IA permite delegar esfuerzos cognitivos necesarios para el aprendizaje, como resumir, escribir, argumentar o resolver problemas, también puede actuar como andamiaje cuando ofrece una pista, una explicación o una retroalimentación que permite seguir pensando. Por tanto, es necesario diferenciar los usos que sustituyen el esfuerzo cognitivo de aquellos que contribuyen a sostenerlo y favorecen un aprendizaje más personalizado. El modelo #ppAI6 permite distinguir estos diferentes niveles de uso, desde la delegación excesiva a la IA hasta usos creativos y transformadores.

Los datos PISA no permiten atribuir a la IA la caída de los resultados, ya que esta tendencia había comenzado antes de su generalización, pero sí refuerzan una idea importante: la manera en que se utiliza la IA importa.

En un mundo en el que obtener una respuesta es cada vez más fácil gracias a la inteligencia artificial, aprender sigue exigiendo pensar, mantener el esfuerzo cognitivo y regularlo ante tareas complejas. Entre los múltiples retos actuales del sistema educativo, es necesario ayudar a los alumnos a regular el uso que hacen de la IA, tanto dentro como fuera del aula, para que esta tecnología acompañe el esfuerzo de aprender en lugar de sustituirlo. Esto requiere también construir una cultura compartida del esfuerzo entre la escuela, las familias y los propios alumnos.

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Margarida Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

¿Por qué se desploma la comprensión lectora en el informe PISA?

PeopleImages/Shutterstock

Los resultados de PISA suelen concentrar la atención en una cifra y en la posición que ocupa cada país en una clasificación internacional. Sin embargo, para analizar la evolución de la comprensión lectora, resulta más relevante observar la tendencia que un resultado aislado.

Y la tendencia de España merece atención. En 2025, el alumnado español de 15 años ha obtenido 451 puntos en comprensión lectora, frente a los 474 puntos de 2022. Son 23 puntos menos en solo tres años y 45 puntos menos que en 2015, cuando España alcanzó los 496. Se trata, además, del resultado más bajo de toda la serie histórica española.

Hay, adicionalmente, una cautela metodológica que conviene tener en cuenta al interpretar estos resultados. En Cataluña, la proporción de alumnado excluido dentro de los centros pasó del 5,6 % en 2022 al 23,2 % en 2025, un porcentaje muy superior al estándar establecido por PISA. Por este motivo, la OCDE no presenta resultados específicos para Cataluña y advierte de que los elevados niveles de exclusión probablemente introducen un sesgo al alza en sus resultados.

La perspectiva temporal permite observar la tendencia a la baja. España obtuvo 493 puntos en lectura en el primer estudio PISA, realizado en el año 2000. Desde entonces, los resultados han experimentado diferentes oscilaciones: 481 puntos en 2003, 461 en 2006, una recuperación progresiva hasta los 496 puntos de 2015 y, posteriormente, un descenso que sitúa el resultado actual en 451 puntos.

No estamos, por tanto, ante un descenso puntual. Los datos apuntan a una tendencia de deterioro del rendimiento lector, especialmente clara durante la última década.

Un descenso de la comprensión lectora en toda Europa

Ahora bien, sería un error interpretar este fenómeno como exclusivamente español.

La comprensión lectora también ha empeorado de manera significativa en numerosos países de la OCDE. La puntuación media de los países de la organización ha pasado de 489 puntos en 2015 a 461 en 2025, lo que supone una disminución de 28 puntos. Además, entre 2018 y 2025, 56 de los 74 países y economías con datos comparables experimentaron un descenso significativo en lectura.

España presenta un resultado especialmente preocupante —451 puntos, por debajo de la media de la OCDE—, pero forma parte de una tendencia más amplia que afecta a sistemas educativos muy diferentes entre sí.

No se trata únicamente de preguntarnos qué está ocurriendo en el sistema educativo español, sino también de intentar comprender los cambios en la relación de los adolescentes con la lectura, la información y el aprendizaje.

¿Qué mide realmente PISA cuando habla de comprensión lectora?

Para PISA, la competencia lectora implica comprender, utilizar, evaluar y reflexionar sobre los textos para alcanzar objetivos, desarrollar conocimientos y participar en la sociedad. Sus tareas no se limitan a localizar información: también exigen relacionar diferentes elementos, realizar inferencias, interpretar información y valorar tanto el contenido como la credibilidad de las fuentes.

Los resultados de 2025 muestran, además, que no todos los niveles de comprensión presentan la misma dificultad. En España, el 68 % del alumnado alcanza al menos el nivel 2, considerado el nivel básico de competencia lectora, mientras que solo el 2 % alcanza los niveles 5 o 6, frente al 6 % de media de la OCDE.

La diferencia entre ambos extremos es importante: comprender un texto y localizar información explícita no requiere los mismos procesos que integrar información dispersa, realizar inferencias o evaluar críticamente aquello que se lee.

Por tanto, cuando hablamos de un descenso en comprensión lectora, no deberíamos interpretar simplemente que los adolescentes “no saben leer”. La dificultad puede encontrarse en niveles más complejos de la comprensión: mantener información relevante, relacionarla, inferir, evaluar y reflexionar sobre lo leído.

No solo comprenden menos: también parece que leen de otra manera

Además de disminuir el rendimiento, parece estar cambiando la manera en que algunos estudiantes afrontan las tareas de lectura. La OCDE identifica, a partir del comportamiento durante la prueba, diferentes perfiles de lectores. Entre ellos están los lectores precisos y fluidos y los que leen de forma rápida pero cometen más respuestas incorrectas (hasty readers). Entre 2018 y 2025, estos últimos aumentaron en el conjunto de la OCDE del 6,6 % al 11,4 %, mientras que disminuyó la proporción de lectores precisos y fluidos.

Para PISA, una lectura competente implica localizar información cuando es suficiente con hacerlo, pero también detenerse, relacionar ideas, realizar inferencias, revisar la propia interpretación y evaluar la información cuando la tarea lo requiere.

Atención, persistencia y profundidad

Explicar el descenso de la comprensión lectora exige poner en relación los resultados PISA con la investigación disponible sobre hábitos lectores, atención, uso de dispositivos, condiciones sociales y procesos de aprendizaje.

En primer lugar, los hábitos lectores están cambiando. Los adolescentes continúan leyendo, pero cada vez lo hacen más en entornos digitales y con finalidades diferentes. La lectura de textos breves, funcionales y fragmentados convive con otras formas de lectura más sostenida y de lectura por placer. De hecho, los datos del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España contradicen la idea de que los jóvenes no leen: en 2025, el 76,9 % de las personas de entre 14 y 24 años declaró leer libros por ocio, lo que convierte a este grupo en el más lector de España.

En segundo lugar, aparece la cuestión de la atención sostenida. Comprender un texto complejo requiere mantener información, relacionarla, volver atrás cuando es necesario y dedicar tiempo a construir una interpretación. El aumento de respuestas rápidas e incorrectas observado por PISA plantea la posibilidad de que una parte del problema tenga que ver con la dificultad para mantener ese esfuerzo cognitivo.

En tercer lugar, están las pantallas y la lectura digital. La evidencia no permite afirmar que las pantallas sean, por sí mismas, perjudiciales. El efecto depende del uso: PISA 2025 encuentra diferencias importantes entre un uso moderado y orientado al aprendizaje y un uso recreativo o excesivo durante el tiempo escolar.

En cuarto lugar, las desigualdades socioeconómicas siguen teniendo un peso importante. El entorno familiar y social condiciona las oportunidades de acceso a experiencias lingüísticas, culturales y lectoras enriquecedoras, aunque no determina por sí solo el rendimiento.

En quinto lugar, la pandemia forma parte del contexto y pudo intensificar las dificultades de aprendizaje, pero no explica por sí sola una tendencia que la propia OCDE detecta que comenzó antes de la pandemia en numerosos países.

Y, finalmente, hay que considerar la motivación, el disfrute de la lectura y la disposición a realizar un esfuerzo sostenido. Leer textos complejos no siempre resulta inmediato ni sencillo; requiere perseverancia y una relación positiva con la lectura.

La investigación reciente respalda la relación entre comprensión lectora y distintas funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo, la inhibición, la flexibilidad cognitiva y el control atencional. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que analiza 60 estudios y 275 tamaños de efecto, encuentra una asociación significativa entre el funcionamiento ejecutivo y el rendimiento lector. Comprender un texto complejo exige coordinar varias de estas funciones: mantener y actualizar información relevante, inhibir aquella que no lo es, cambiar de estrategia cuando resulta necesario, sostener la atención y supervisar continuamente si estamos comprendiendo. Por ello, una hipótesis que merece ser explorada es si parte de las dificultades actuales en comprensión lectora tienen que ver con el esfuerzo cognitivo que requiere sostener y coordinar todas estas operaciones.

Probablemente no haya una respuesta única. La cuestión es cómo se combinan estos factores y hasta qué punto están transformando nuestra manera de leer y de aprender. Los patrones observados no apuntan a un único grupo ni a una única explicación; la caída es tan generalizada que ninguna hipótesis sencilla parece suficiente.

Quizá el reto sea garantizar que los jóvenes sigan disponiendo de las condiciones necesarias para leer con atención, sostener la información, relacionarla, cuestionarla y construir significado a partir de ella.

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Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Chips neuromórficos, neuronas digitales que procesan y guardan información

El chip NeuRRAM, un circuito neuromórfico diseñado en la Universidad de California en San Diego. CC BY-SA

Muchos de los sistemas asociados a las inteligencias artificiales actuales calculan, mueven datos y consumen energía de forma casi permanente. Los grandes modelos necesitan centros de datos, procesadores especializados, memoria de alto rendimiento, refrigeración y enormes cantidades de electricidad –se calcula que gastarán 945 TWh, en 2030 (para ponerlo en contexto, España consumió 256 TWh de energía en 2025)–.

La pregunta ya no es solo cómo construir una IA más potente. El reto, especialmente en tiempos de crisis energética, es cómo construir una IA que no tenga que gastar tanto para parecer inteligente. Aquí entran en escena los chips neuromórficos, circuitos inspirados en el cerebro que no intentan calcularlo todo todo el tiempo; solo se activan ante señales relevantes.

El cerebro no calcula como un portátil

Un chip neuromórfico es un circuito diseñado para imitar algunos principios básicos del sistema nervioso. No es un cerebro en miniatura; no siente, no piensa ni va a despertar un día preguntándose quién lo ha fabricado. Lo que hace es tomar prestadas ciertas estrategias biológicas: neuronas que se activan cuando reciben suficiente señal, conexiones parecidas a sinapsis –zona de conexión y comunicación entre dos neuronas–, comunicación mediante impulsos y procesamiento distribuido –utiliza un gran número de ordenadores organizados en una infraestructura de telecomunicaciones distribuida–.

Hay una gran diferencia con un ordenador convencional. En la arquitectura clásica, memoria y procesador están separados. Los datos se guardan en un lugar y se calculan en otro, por eso, cada operación obliga a mover información de ida y vuelta. Ese tráfico consume energía, genera calor y limita la velocidad.

Sin embargo, el cerebro trabaja de otra manera. En una red neuronal biológica, memoria, procesamiento y comunicación están mucho más entrelazados y las neuronas no están todas activas todo el tiempo; muchas permanecen en silencio hasta que reciben una señal significativa.

IA que actúa solo si es necesario

Una de las aportaciones centrales de esta tecnología son las redes neuronales de impulsos. En lugar de transmitir información de forma continua, estas redes envían señales discretas: el chip se activa cuando ocurre algo relevante y permanece inactivo cuando no hay nada importante que procesar.

Imagine aplicar esto en una cámara de seguridad. Un sistema convencional puede analizar fotograma a fotograma, aunque la escena apenas cambie. Una cámara neuromórfica, en cambio, podría centrarse en eventos: un movimiento, una sombra, una variación de luz. No necesita “mirarlo todo” con la misma intensidad todo el tiempo. Solo procesa el cambio.

Por eso, esta tecnología es atractiva para sensores, robots, dispositivos médicos, audífonos, drones, vehículos autónomos o sistemas industriales, ya que puede ser muy eficaz en tareas donde importan la autonomía, la baja latencia y el consumo reducido.

Sinapsis electrónicas

En este contexto, los memristores son dispositivos capaces de “recordar” su estado eléctrico anterior que se utilizan para imitar, de forma muy simplificada, el comportamiento de una sinapsis.

En una sinapsis biológica, la conexión entre neuronas transmite señales y participa en el aprendizaje y la memoria. Los memristores intentan trasladar esa lógica al mundo electrónico. En vez de separar radicalmente almacenamiento y procesamiento, son componentes que hacen ambas cosas en el mismo lugar.

Esto, además, tiene una ventaja añadida: la privacidad. Si un dispositivo puede interpretar ciertos patrones sin mandar continuamente información a servidores externos, se reduce la exposición de datos sensibles.

Primeros pasos en la industria y los centros de investigación

La computación neuromórfica no es una fantasía aislada en laboratorios. Intel lleva años investigando esta vía con Loihi 2, un chip neuromórfico de investigación. También, ha desarrollado Lava, un marco abierto para programar aplicaciones neuromórficas. Por su parte, IBM, con NorthPole, explora otra ruta: integrar memoria y cálculo dentro del propio chip para mejorar la eficiencia en tareas de inferencia –que extraen información implícita a partir de patrones, textos o imágenes–.

Estos chips no necesariamente usarán obleas de silicio tradicionales. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Cambridge han trabajado hace poco con materiales basados en óxido de hafnio para crear memristores estables y de bajo consumo.

¿Sustituirán a la tecnología actual?

Esta tecnología no va a sustituir en el corto plazo a los procesadores GPU que entrenan grandes modelos de lenguaje, ni formará parte de cerebros artificiales en los móviles que compremos las próximas navidades. Esos escenarios aún están lejos.

Su potencial inmediato está en la IA en el borde o edge AI, que funciona en el propio dispositivo del usuario, sin enviar todos los datos a la nube. Las aplicaciones donde tiene más sentido son aquellas que necesitan responder rápido, consumir poco y procesar datos localmente. Por ejemplo, en un parche médico que monitoriza señales corporales, un audífono que filtra sonidos, un robot que se mueve por un hospital o un sensor industrial que detecta fallos.

La eterna promesa con límites muy acotados

Durante años, la computación neuromórfica fue una promesa elegante, pero difícil de llevar al mercado. Hoy hay prototipos y artículos científicos, aunque programar estos sistemas no es sencillo. Faltan estándares y pasar del laboratorio a la fabricación masiva puede llevar años.

En el futuro, probablemente, serán una pieza más dentro de un ecosistema de hardware que cada vez es más diverso: GPU, aceleradores especializados, chips de memoria, sensores inteligentes y memristores.

La pregunta más interesante no es si reemplazarán a todo lo demás, sino en qué tareas serán mejores.

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Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI.

Septiembre, infancia y calor: los colegios como refugios climáticos de los barrios

Un patio escolar como a refugio climático naturalizado. Isabel Ruiz Mallén.

Las olas de calor han dejado de ser eventos puntuales del verano; ahora también se extienden a los meses de primavera y otoño, afectando a la vida en nuestras ciudades. Las superficies grises de asfalto y hormigón retienen y acentúan el calor, aumentando la incomodidad térmica de la población, aunque no afecta a todo el mundo por igual.

El Observatorio del Clima Europeo señala a la población infantil de barrios socioeconómicamente desfavorecidos como uno de los colectivos más vulnerables al aumento de las temperaturas. Es aquí donde hay que concentrar los esfuerzos para crear ciudades más equitativas y resilientes al calor.

Los niños y niñas son más vulnerables

La vulnerabilidad de la población infantil al calor extremo es mayor que la de los adultos. Principalmente, por dos razones.

De un lado, como señala el informe de UNICEF (2023) y corrobora el pediatra Ferran Campillo, el sistema termorregulador de los niños y niñas todavía es demasiado inmaduro para adaptarse de manera eficaz al calor extremo. Su tasa de sudoración es menor que la de los adultos y, por tanto, tienen menos capacidad para reducir la temperatura de su cuerpo. También producen más calor por kilogramo de peso, con una relación entre su superficie y su masa corporal más elevada. El riesgo de deshidratación en la infancia es, en consecuencia, mucho mayor.

Por otro lado, la infancia todavía no ha desarrollado plenamente las habilidades ni adquirido los conocimientos necesarios para protegerse del calor, y a menudo tampoco tiene la capacidad de disponer de los recursos necesarios para hacerlo. Un grupo de niños y niñas puede estar jugando a pleno sol sin pensar en beber agua o descansar a la sombra; o pueden tener la intención de hacerlo, pero no encontrar una fuente de agua potable o un árbol que les dé cobijo. Esta situación es, desgraciadamente, cotidiana en los patios escolares y en muchas zonas de juego del espacio público que no están adaptadas como refugios climáticos.

Cuando el calor no da tregua

En los barrios socioeconómicamente más desfavorecidos, esta vulnerabilidad adquiere una dimensión acumulativa, que se conoce como el ciclo de estrés térmico: sienten calor durante todo el día. Muchos niños y niñas de estos entornos sufren las altas temperaturas durante la noche en viviendas mal aisladas o climatizadas de forma deficiente, lo que dificulta su descanso. Durante el día, acuden a escuelas poco acondicionadas, donde los patios pavimentados actúan como auténticos hornos urbanos, superando los 35 °C. Por la tarde, la falta de zonas verdes en sus barrios les impide encontrar refugios climáticos exteriores.

Este ciclo no solo genera malestar físico. La evidencia demuestra que la fatiga cognitiva derivada de la exposición continuada al calor afecta al bienestar emocional, la atención y el rendimiento académico: a más días de calor intenso, menor ritmo de aprendizaje.

Hacia una adaptación climática basada en la naturaleza

Ante este escenario, las medidas tradicionales suelen ser reactivas e incrementales, como instalar sistemas de aire acondicionado que aumentan el consumo energético y generan más calor hacia el exterior. Al aire libre, se utilizan toldos o cubiertas temporales de plástico u otros materiales que a menudo acaban actuando como invernaderos en lugar de reducir la temperatura.

Para conseguir una verdadera adaptación transformadora, hay que reconfigurar los espacios y las infraestructuras urbanas desde la raíz de la vulnerabilidad. Aquí es donde entran en juego las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), entendidas como acciones que protegen los ecosistemas y amortiguan los impactos climáticos a la vez que generan beneficios sociales y medioambientales: más vegetación, sombra natural, suelo permeable o fuentes de agua.

Transformar los patios de hormigón en “patios vivos” o refugios climáticos y pacificar los entornos escolares con elementos naturales como las SbN permite reducir las temperaturas locales y crear entornos saludables y lúdicos.

Escuchar a los barrios, el profesorado y la infancia

Sin embargo, plantar vegetación o renaturalizar patios son soluciones que no garantizan por sí mismas resultados justos. Las SbN solo alcanzan su verdadero potencial transformador cuando incorporan explícitamente tres dimensiones clave de la equidad social:

  1. La distribución de espacios verdes en la ciudad o “equidad distributiva”, entendiendo que los beneficios deben llegar allí donde más se necesitan. Normalmente, las zonas verdes se concentran en los barrios de mayor renta (luxury effect). Una planificación justa debe priorizar la renaturalización de entornos y espacios escolares situados en los distritos con mayores índices de vulnerabilidad socioeconómica y menor cobertura vegetal.
¿Cómo adaptamos las ciudades al calor extremo? Tres proyectos de la UOC que van en esta dirección.
  1. Una gobernanza inclusiva del verde urbano o “equidad procedimental”, entendiendo que la toma de decisiones no debe ser un proceso exclusivamente tecnocrático. Diseñar y transformar un entorno o patio escolar requiere una gobernanza participativa e inclusiva, que involucre a la comunidad educativa en todas las fases del proyecto.

  2. El reconocimiento y la incorporación de la voz de la infancia en el diseño del verde urbano o “equidad de reconocimiento”, asumiendo que la infancia no debe ser vista simplemente como un sujeto pasivo al que proteger del calor, sino como un actor social con vivencias, necesidades y saberes propios. Reconocer cómo experimentan el calor implica integrar activamente sus perspectivas en la cocreación de los nuevos entornos renaturalizados.

Los colegios como motor de equidad urbana

Renaturalizar los patios de los centros educativos públicos transciende la mera regulación térmica y los límites físicos de los colegios. Los patios vivos se convierten en extensiones del aula donde realizar actividades educativas al aire libre y fomentar el juego libre e inclusivo durante y después del horario escolar. Cuando estos espacios se abren a la ciudadanía los fines de semana, refuerzan la cohesión comunitaria, ejerciendo como refugios climáticos para el barrio.

Transformar la ciudad a través de sus colegios no es una opción estética ni un lujo, sino una urgencia de salud pública y de justicia ambiental que garantiza el derecho a la ciudad y al bien común desde la infancia.

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Isabel Ruiz Mallén ha recibido fondos del programa Horizon 2020 de la Unión Europea (101003758) y la Agencia Española de Investigación (PCI2022-132958, MCIN/AEI/10.13039/501100011033).

Andrea Nóblega Carriquiry no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

‘Así aprenderás’: lo que la serie coreana revela sobre la crisis del profesorado en América Latina

Fotograma de la serie _Así aprenderás_. Netflix

Las aulas de educación básica y media superior enfrentan una crisis silenciosa. El auge de las series coreanas sobre el mundo educativo refleja esta dolorosa realidad. Producciones como Así aprenderás no solo atrapan por su drama. Estas historias conectan con una profunda herida social que golpea con fuerza a América Latina.

El aula ya no es un espacio seguro de aprendizaje. Hoy las primarias y secundarias parecen zonas de conflicto permanente. En ellas, los maestros han perdido la autoridad que históricamente les convertía en figuras referenciales.

El reflejo coreano en las escuelas mexicanas

Así aprenderás ocupa el sexto lugar entre lo más visto en Netflix a escala global durante la primera mitad de 2026, con 48 millones de visualizaciones. Lidera, además, los listados semanales de habla no inglesa.

Trailer oficial de la serie “Así aprenderás”

En las pantallas vemos a estudiantes que desafían cualquier regla sin temor a las consecuencias. El acoso escolar o bullying se retrata con una crudeza que incomoda al espectador. Esta violencia de ficción no es ajena para las familias de México.

En el pasado inmediato, el maestro mexicano era un pilar respetado en la comunidad. Su palabra tenía un peso moral indiscutible para padres y alumnos. Hoy, esa figura de respeto se ha desmoronado casi por completo.

Las nuevas realidades sociales han transformado la dinámica dentro de los planteles. Los docentes ahora enfrentan amenazas, hostigamiento y agresiones físicas constantes. El aula se ha convertido en un territorio de alta vulnerabilidad emocional.

Un síntoma regional de norte a sur

La fantasía de intervención que plantea la serie responde a realidades que se viven en México y en otros países a diferentes niveles. Es el caso de la salud mental de los estudiantes. La realidad imita a la ficción de manera trágica y este ámbito se ha vuelto objeto de preocupación por parte de las instituciones.

Según un informe de la UNESCO sobre América Latina y el Caribe, alrededor del 20 % de los alumnos de educación superior sufren depresión, y hasta la mitad presentan algunos de sus síntomas. Además, el 15 % de los estudiantes ha tenido pensamientos suicidas y entre el 2 % y 3 % ha intentado suicidarse.

En Chile, el debate sobre el agobio y la violencia contra profesores ha escalado tras suicidios de docentes acosados por los adultos legalmente responsables de los jóvenes.

En Colombia, sindicatos de educadores reportan constantes amenazas y extorsiones dentro de planteles ubicados en zonas vulnerables.

En Argentina, el síndrome del desgaste profesional docente avanza debido a la hostilidad de entornos escolares cada vez más judicializados.

El origen del colapso: redes sociales, desigualdades y violencia estructural

Esta erosión de la autoridad no ocurrió de la noche a la mañana. La violencia que daña a los estudiantes surge de causas complejas: desigualdad económica, familias fragmentadas y redes sociales fuera de control.

Existen innumerables ejemplos trágicos de episodios traumáticos. Algunos tienen que ver con acusaciones hacia docentes y entre estudiantes que no pudieron ser acreditadas. Factores como el linchamiento digital desmedido, que afecta a los diversos agentes educativos, inciden en el nivel de volatilidad al que se está llegando en las aulas.

Estudiantes objeto de bullying extremo se convierten en víctimas de un ambiente escolar que acepta y legitima las conductas violentas. Ello debido a la huella de las agresiones que se producen a otros niveles de la sociedad y a la falta de una cultura sobre respeto a los derechos humanos de las niñas, niños y adolescentes.

La falta de protocolos preventivos claros lleva a directivos y autoridades educativas a aislar al maestro o ignorar al alumno acosado. La burocracia actual prefiere evitar el escándalo público antes que garantizar la protección física y emocional del personal docente.

Un escudo legal frente a las falsas denuncias

En México, la Ley General de Educación establece lineamientos para la cultura de paz y la convivencia escolar. Sin embargo, en la práctica, estos protocolos suelen sobrecargar al docente con burocracia sin brindarle protección legal efectiva.

Frente a este vacío, la respuesta organizada de los profesores a través de sindicatos y asociaciones profesionales ha comenzado a exigir cambios de fondo. La propuesta institucional busca evolucionar hacia marcos normativos nacionales de la mano del sindicato magisterial.

El objetivo es crear defensorías jurídicas especializadas y protocolos de presunción de inocencia para el personal educativo.

Un avance concreto en esta dirección es lo ocurrido en el estado mexicano de Aguascalientes. El Congreso local aprobó reformas para sancionar penalmente las acusaciones falsas contra el magisterio.

Esta iniciativa local, que se espera tenga eco a nivel federal en México, nos lleva a reflexionar si la ley debe equilibrar la balanza para que proteger a la infancia no signifique desamparar a quienes educan en las aulas. Como dice el personaje de Na Hwa Jin en la serie Así aprenderás: “el mundo se derrumbará si los adultos le tienen miedo a los niños”.

El peligro “tomarse la justicia por su mano”

La producción televisiva propone una solución extrema ante el caos escolar: un grupo de inspectores utiliza la fuerza física para someter a los estudiantes rebeldes. Esta respuesta violenta genera una peligrosa simpatía en el público de nuestra región.

La audiencia celebra que alguien ponga límites con mano dura. Este aplauso colectivo revela el hartazgo social ante la impunidad en las escuelas. Sin embargo, la violencia institucionalizada nunca será la respuesta educativa correcta. El deseo de ver castigos físicos muestra el fracaso de los protocolos actuales.

En cualquier caso, las normas de convivencia vigentes resultan insuficientes para frenar el acoso cotidiano. Los maestros se sienten atados de manos frente a conductas delictivas de menores.

Sobreprotección de los hijos

El problema educativo actual tiene raíces profundas en la estructura familiar moderna. Muchos padres de familia adoptan posturas defensivas y sobreprotectoras con sus hijos. Ante cualquier llamado de atención, prefieren confrontar y denunciar al docente.

Esta actitud impide que el alumno asuma la responsabilidad de sus actos. El límite entre la disciplina justa y el maltrato se ha vuelto difuso, y los profesores prefieren omitir sanciones antes de enfrentar una demanda legal o un despido.

La falta de consecuencias fomenta la repetición de conductas hostiles entre los jóvenes. Así, el acoso escala sin que las escuelas tengan herramientas eficaces de contención. La pedagogía del diálogo parece perder la batalla frente a la indiferencia general.

Una pregunta incómoda sobre el futuro

El éxito de las serie coreana no es un simple entretenimiento de fin de semana: es el síntoma de una sociedad que ha comenzado a normalizar el desamparo de sus guías. Cuando el espectador aplaude la violencia del inspector coreano, está confesando, en realidad, su propia impotencia.

El aula es el primer ensayo de la vida en democracia. Si permitimos que el salón de clases sea un espacio donde gobierna la ley del más fuerte, ¿qué tipo de ciudadanos estamos formando para el mañana? ¿Es el miedo el único lenguaje que nos queda para sostener el orden?

Dignificar al maestro no es un asunto laboral o gremial; es un acto de supervivencia colectiva. La próxima vez que veamos a un docente dudar antes de corregir a un alumno o a un padre exigir inmunidad para su hijo, hagamos esta pregunta: cuando el maestro finalmente guarde silencio para siempre, ¿quién se encargará de educar a nuestros hijos?

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

El laberinto burocrático de las devoluciones de migrantes: por qué España no puede expulsar sin más a quienes entran

Efectivos de la Guardia Civil desplegados en el puerto de Ceuta el pasado 31 de julio de 2026. Colinmthompson/Shutterstock

Los días 30 y 31 de julio entraron en Ceuta decenas de miles de personas. Unas llegaron a nado y otras cruzaron por accesos terrestres cuando los controles se vinieron abajo. La Guardia Civil ha confirmado 82 muertos y una ONG eleva el balance por encima de 140, contando los cuerpos recuperados en Marruecos. Muchos de los migrantes regresaron al país vecino en pocos días, pero varios miles siguen aún en Ceuta.

De ahí surge la pregunta: si entraron sin permiso, ¿por qué no se les devuelve sin más? Pues porque devolver no es un gesto policial. Es un procedimiento administrativo, con expediente y garantías. Y exige algo que no depende solo de España: que el Estado de destino acepte el retorno de la persona. En la frontera conviven, además, tres figuras jurídicas que el debate suele confundir.

Tres figuras fundamentales

  1. El rechazo en frontera es lo que se llama “devolución en caliente”. Existe desde 2015, y solo para Ceuta y Melilla, en la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería. Permite rechazar de inmediato a quien intenta superar los elementos de contención, sin abrir expediente –esto es, sin el procedimiento escrito en el que se identifica a la persona, se la escucha y se dicta una resolución que puede recurrirse–. El Tribunal Constitucional lo declaró conforme a la Constitución en su sentencia 172/2020, pero impuso condiciones: aplicación individualizada, control judicial, respeto de las obligaciones internacionales y atención reforzada a las personas vulnerables, en particular a los menores.

    El caso N. D. y N. T. contra España se invoca a menudo como si el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo hubiera dado la razón a España, pero conviene precisar qué dijo.

    En 2014, dos migrantes que habían saltado la valla de Melilla junto a un grupo numeroso fueron devueltos inmediatamente a Marruecos, sin identificación ni examen individual. En 2017 una sala del citado tribunal condenó a España por expulsión colectiva, pero en 2020 la Gran Sala la absolvió: consideró que existían vías legales y efectivas para entrar y pedir protección, como el puesto fronterizo de Beni Enzar, y que los demandantes no las utilizaron, sino que optaron por saltar la valla en grupo y por un lugar no autorizado.

    Esa doctrina tiene un límite importante: solo funciona si tales vías existen y son realmente accesibles.

  2. La devolución es otra cosa. El artículo 58.3 de la Ley de Extranjería se aplica a quien pretende entrar ilegalmente. No exige expediente de expulsión, pero sí identificación, abogado, intérprete, audiencia, posibilidad de pedir protección internacional y resolución motivada y recurrible. Si no se ejecuta en 72 horas, mantener a la persona privada de libertad exige autorización judicial.

  3. La expulsión es una sanción por estancia irregular, con su propio expediente.

Cuál corresponde no puede decidirse en bloque: depende de cómo entró la persona y de cuándo y dónde fue localizada. De ese examen puede resultar una devolución, una expulsión, una solicitud de asilo, la protección de un menor o la detección de trata.

La sentencia que cambió el cálculo

El 29 de junio de 2026, el Tribunal Supremo resolvió el caso de un ciudadano argelino interceptado en el mar mientras nadaba hacia Ceuta y entregado a Marruecos. La resolución hizo una lectura literal de la norma: el rechazo en frontera se aplica a quien intenta entrar superando elementos de contención fronterizos. Como aquel hombre no había superado ninguno, correspondía la devolución con sus garantías, no el rechazo.

El Supremo añadió, sin embargo, que la norma podría aplicarse también en el mar si existieran elementos de contención marítimos y fueran superados.

Un mes después, la frontera se desbordó y ambos gobiernos señalaron a ese fallo. Aunque cuánto influyó es discutible, su efecto administrativo no: sin un elemento de contención que pueda ser superado, hay que tramitar la devolución individualmente.

Interior reaccionó deprisa. El 1 de agosto comenzó a instalar una barrera neumática y boyas de contención en el espigón del Tarajal. Con ellas crea precisamente el presupuesto físico que faltaba en el caso resuelto por el Supremo. Queda por ver qué ocurre con quien las rodee.

Plazos según los casos

Cuando todo encaja, un adulto interceptado al entrar ilegalmente en España puede estar de vuelta el mismo día. Basta que falle una pieza para que el calendario se alargue. La detención no puede superar 72 horas y, a partir de ahí, el internamiento requiere autorización judicial y puede llegar a 60 días.

El acuerdo bilateral de 1992 permite solicitar a Marruecos la readmisión de nacionales de terceros Estados llegados desde su territorio si la petición se cursa en diez días y se acredita esa procedencia. Sin identificación o documentación suficientes, el retorno se vuelve muy difícil. Si la persona pide protección internacional, la devolución se suspende. Y si es un menor, el acuerdo de 2007 da a España un mes para pedir el informe familiar y a Marruecos tres meses para identificarlo.

En 2025 la Unión Europea dictó 491 950 órdenes de salida y ejecutó 135 460 retornos a terceros países: menos del 28 % de las órdenes de salida dictadas.

Dónde se atasca

El primer cuello de botella es de la plantilla. Individualizar obliga a repetir por cada persona la identificación, el abogado de oficio, el intérprete, la audiencia y la resolución. Ceuta no llega a 90 000 habitantes y su colegio de abogados es pequeño. Multiplicar eso por miles desborda la estructura ordinaria.

El segundo es el reloj. Ceuta carece de centro de internamiento, y ni el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) ni las instalaciones de acogida de urgencia cumplen esa función. Si el expediente no puede cerrarse a tiempo, la persona permanece en la ciudad mientras se tramita.

El tercero son los menores. A un menor no acompañado no se le expulsa ni se le devuelve como a un adulto. Queda bajo tutela, interviene el Ministerio Fiscal, debe ser escuchado y solo cabe repatriarlo cuando su interés superior quede garantizado mediante reunificación familiar o servicios de protección adecuados en origen.

En 2024 el Supremo declaró ilegales las devoluciones de menores desde Ceuta en 2021 por haberse prescindido del procedimiento, y habló de expulsión colectiva prohibida por el Convenio Europeo.

Qué cabe hacer

La primera tarea corresponde al legislador: aclarar el alcance del régimen especial en el perímetro marítimo e incorporar expresamente, en su caso, las garantías fijadas por el Constitucional. Una instrucción interna y unas boyas pueden resolver el problema operativo inmediato, pero no eliminan las dudas sobre el alcance de la norma.

Hay después un frente operativo. Un protocolo para llegadas masivas acordado con el Poder Judicial, la Fiscalía y la abogacía permitiría desplazar letrados e intérpretes en cuestión de horas. Individualizar no está reñido con ir deprisa cuando existen medios.

Queda por decidir qué capacidad de retención conforme a derecho necesita Ceuta. Sin ella, las 72 horas convierten cualquier plan de retorno masivo en una carrera contra el reloj. La nueva regulación europea sobre retorno, acordada provisionalmente este año por el Consejo y el Parlamento, tampoco elimina esas exigencias.

Nada de esto es un alegato contra el control de la frontera. Saltarse las garantías no resuelve nada: puede generar anulaciones, condenas y años de litigios, y deja intacta la dificultad operativa. La frontera no es un espacio sin derecho.

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Jordi Regí Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

El planeta negro TrES-2b, un mundo de eterna oscuridad

El planeta más oscuro, TrES-2, localizado en el campo de visión del telescopio espacial Kepler. NASA/Ames/JPL-Caltech, CC BY

¿Puede existir un planeta tan oscuro que parezca desaparecer en el espacio? Aunque ningún planeta conocido absorbe literalmente toda la luz que recibe, algunos se acercan sorprendentemente a ese límite. Y entre ellos destaca TrES-2b.

TrES-2b, situado a unos 750 años luz de la Tierra, es un gigante gaseoso de tamaño similar a Júpiter que ostenta un récord sorprendente: es el planeta más oscuro jamás descubierto. Aunque supera los 1 100 °C y emite un tenue resplandor rojizo, su atmósfera, rica en vapor de sodio, óxido de titanio y posiblemente partículas de hollín, absorbe casi toda la luz que recibe, haciéndolo más negro que el carbón.

Su estudio ha revelado hasta qué punto la atmósfera de un planeta puede modificar su apariencia y ha abierto una ventana a algunos de los ambientes más extremos conocidos fuera del Sistema Solar.

El fin del brillo

Durante mucho tiempo, los astrónomos asumieron que los planetas gigantes gaseosos serían relativamente brillantes. Al fin y al cabo, en nuestro Sistema Solar, Júpiter y Saturno reflejan una parte apreciable de la luz solar gracias a las nubes presentes en sus atmósferas. Sin embargo, el descubrimiento de exoplanetas ha demostrado que la naturaleza puede producir mundos muy diferentes.

TrES-2b fue descubierto en 2006 mediante el método del tránsito, que detecta la disminución de brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella.


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Las observaciones realizadas posteriormente revelaron una característica inesperada: el planeta reflejaba una cantidad extraordinariamente pequeña de luz visible. De hecho, es tan oscuro que refleja menos del 1 % de la radiación que recibe.

La explicación más probable de este fenómeno combina varios factores. En primer lugar, las altísimas temperaturas de TrES-2b impiden la formación de nubes brillantes que podrían reflejar la luz estelar. Además, la atmósfera contiene átomos de sodio y potasio gaseosos, y otras moléculas capaces de absorber eficazmente la radiación visible. Sin superficies sólidas ni nubes reflectantes, gran parte de la luz penetra en las capas profundas de la atmósfera y queda atrapada en forma de calor.

Este resultado sorprendió a la comunidad científica porque incluso muchos de los cuerpos más oscuros conocidos presentan una reflectividad superior. En términos visuales, TrES-2b sería más oscuro que el carbón y comparable a algunos de los materiales artificiales más absorbentes desarrollados por el ser humano.

El albedo: medir la oscuridad de un mundo

La propiedad que permite cuantificar cuánta luz refleja un objeto se denomina albedo. Un albedo de 1 corresponde a un cuerpo que refleja toda la luz, mientras que un albedo de 0 indicaría que toda la luz incidente es absorbida.

Los planetas cubiertos por nubes brillantes suelen presentar albedos elevados. Venus, por ejemplo, refleja gran parte de la radiación solar gracias a su espesa capa de nubes de ácido sulfúrico. La Tierra también posee un albedo relativamente alto debido a las nubes, los océanos y las superficies heladas.

TrES-2b se sitúa en el extremo opuesto. Su albedo es tan bajo que apenas devuelve luz al espacio. Esta característica lo convierte en uno de los mejores ejemplos conocidos de lo que popularmente podría denominarse un “planeta negro”.

Sin embargo, conviene matizar que no es completamente invisible. Debido a las enormes temperaturas que alcanza, el planeta emite una tenue luz rojiza generada por su propio calor. Es decir, aunque absorbe casi toda la luz que recibe de su estrella, también brilla ligeramente por la energía acumulada en su atmósfera.


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Absorción térmica extrema

La oscuridad de TrES-2b no es solo una curiosidad visual. También tiene consecuencias importantes para su clima.

Cuando un planeta refleja poca luz, absorbe una mayor proporción de la energía procedente de su estrella. Este fenómeno favorece una absorción térmica extrema, elevando la temperatura atmosférica hasta valores superiores a los mil grados Celsius.

La energía absorbida modifica la química de la atmósfera, altera los patrones de circulación y puede dificultar aún más la formación de nubes reflectantes. Los investigadores creen que podría existir un “mecanismo de retroalimentación”: la ausencia de nubes reduce el albedo; el bajo albedo incrementa la absorción de energía; y las altas temperaturas dificultan de nuevo la aparición de nubes.

El resultado es una atmósfera extraordinariamente caliente y oscura, muy distinta de cualquier entorno planetario presente en nuestro Sistema Solar.

Más allá de TrES-2b

Los planetas negros permiten estudiar cómo interactúan la radiación, la química atmosférica y la dinámica climática en condiciones extremas. También ayudan a mejorar los modelos utilizados para interpretar las observaciones de exoplanetas lejanos.

A medida que los telescopios actuales y futuros sean más precisos, es probable que aparezcan nuevos ejemplos de planetas extremadamente oscuros. Y podremos detectarlos, aunque parezcan desaparecer confundiéndose en la oscuridad del universo.

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Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Un nuevo mapa para un viejo problema: cómo representamos el hambre mundial

Rui Elena/Shutterstock

Durante siglos hemos aprendido cómo es el mundo mirando mapas que, en realidad, nunca han mostrado el planeta exactamente tal cual es. El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de Naciones Unidas abordó esta cuestión al considerar la iniciativa Correct the Map, destinada a promover una representación cartográfica más equilibrada del planeta, especialmente de África. La propuesta cuestiona el predominio de la proyección de Mercator y favorece alternativas que respetan mejor la superficie relativa de los continentes, como “Equal Earth”.

Mapamundi
Mapamundi con la proyección Equal Earth, recomendada por la ONU. Equal Earth, CC BY

Puede parecer una discusión exclusivamente cartográfica, pero cambiar el mapa también invita a preguntarnos: ¿influye el modo de dibujar el mundo en la manera en que percibimos problemas globales como el hambre?

África nunca fue tan pequeña

La proyección de Mercator nació en el siglo XVI y resultó extraordinariamente útil para la navegación. El problema aparece cuando la utilizamos como representación general del planeta.

Mapamundi
Mapamundi con la proyección de Mercator. Wikimedia Commons, CC BY

Al trasladar una esfera a una superficie plana necesariamente tenemos que distorsionar alguna propiedad. Mercator conserva especialmente bien los ángulos y las direcciones, pero deforma las superficies cuanto más nos alejamos del ecuador. Como consecuencia, territorios situados en latitudes septentrionales parecen gigantescos, mientras que las regiones próximas al ecuador aparecen proporcionalmente menores. África es uno de los ejemplos más evidentes.

Esto no significa que los mapas hayan provocado las desigualdades internacionales ni que cambiar de proyección vaya a modificar las relaciones de poder, pero sin duda estas representaciones son instrumentos de comunicación. Y aquello que ocupa más espacio ante nuestros ojos puede adquirir, consciente o inconscientemente, mayor presencia en nuestra representación mental del mundo.

Aquí entra en escena el hambre.

El mapa mundial del hambre es muy diferente

Según la edición de 2026 de The State of Food Security and Nutrition in the World, en 2025 aproximadamente 645 millones de personas padecieron hambre, lo que representaba el 7,8 % de la población mundial. La cifra descendió por tercer año consecutivo, aunque esta mejora global esconde enormes diferencias regionales y la persistencia de numerosos puntos críticos de inseguridad alimentaria, especialmente en contextos marcados por conflictos, desplazamientos, crisis económicas y fenómenos climáticos extremos.

En África, alrededor de 309 millones de personas estaban subalimentadas, aproximadamente el 20 % de sus habitantes, frente a unos 292 millones en Asia. Además, el 56,6 % de la población africana experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave. Las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) apuntan, además, a que en 2030 África podría concentrar alrededor del 56 % de todas las personas que padezcan hambre en el mundo.

Por eso resulta interesante preguntarnos qué ocurre cuando estos datos se representan sobre un mapa. Si coloreamos los países según su prevalencia de hambre utilizando el atlas de Mercator, los números siguen siendo absolutamente correctos. Pero la superficie visual sobre la que aparecen esos números no es neutral: África queda reducida respecto a regiones septentrionales. Usar una proyección de área equivalente corregiría buena parte de esa desproporción.

Pero entonces surge otra paradoja.

Ni siquiera un mapa territorialmente correcto muestra necesariamente bien el hambre

Equal Earth puede representar mucho mejor el tamaño relativo de los continentes, pero el hambre no afecta a kilómetros cuadrados. Afecta a personas.

Imaginemos dos países. Uno es enorme y tiene diez millones de habitantes, y el otro es pequeño y alberga cien millones. Aunque ambos presentasen idéntica prevalencia de inseguridad alimentaria, un mapa basado exclusivamente en superficie territorial otorgaría mucho más espacio visual al primero.

Mapa de Europa
Cartograma elaborado para representar comparativamente la densidad de población en los países de la Unión Europea. Wikimedia Commons, CC BY

Por tanto, para comprender realmente la geografía del hambre necesitamos distinguir al menos tres mapas del mundo. Mientras que el primero representa el territorio y el segundo la población, el tercero debería reflejar el número de personas que padecen hambre o inseguridad alimentaria. Los tres podrían tener formas sorprendentemente diferentes.

Existen para ello los llamados cartogramas, mapas temáticos en los que el tamaño de las regiones geográficas aumenta o disminuye en función de una variable estadística determinada, como la población, la renta o cualquier otra magnitud de interés.

Quizá sea ese el verdadero “mapa del hambre”.

¿Puede un mapa influir incluso en nuestras decisiones?

La ciencia ha mostrado que la forma de presentar una misma información cartográfica puede influir en nuestra percepción e incluso inclinar la balanza en determinadas decisiones.

Podríamos comprobar si algo similar ocurre con el hambre mostrando a distintos grupos los mismos datos de inseguridad alimentaria mediante tres representaciones: Mercator, Equal Earth y un cartograma ponderado por el número de personas afectadas. Después se les podría preguntar qué regiones consideran prioritarias o cómo distribuirían recursos destinados a combatir el hambre. Si las respuestas cambiasen únicamente por la representación utilizada, podríamos estar ante un sesgo cartográfico en la percepción de la seguridad alimentaria mundial. Aún no sabemos si ese efecto existe específicamente en este contexto y habría que demostrarlo experimentalmente.

Los mapas son potentes instrumentos de comunicación, pero no fotografías neutrales del planeta: toda proyección implica decidir qué propiedades conservar y cuáles distorsionar.

El nuevo mapa no cambia dónde está el hambre, pero quizá sí cómo somos capaces de verla.

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José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Por qué la ausencia de las Torres Gemelas también es una seña de identidad del ‘skyline’ neoyorquino

Joe Sohm/Visions of America/Universal Images Group via Getty Images

A las 10:28 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, el perfil urbano de Nueva York cambió de forma repentina y dramática. El mundo observaba con horror cómo en las pantallas de televisión se derrumbaban la Torre Norte del World Trade Center y, luego, la Torre Sur. El ataque provocó la muerte de casi 3 000 personas y la devastación de todo un barrio.

Los resilientes neoyorquinos respondieron a este impactante suceso y a sus consecuencias con entereza, e iniciaron rápidamente los procesos necesarios para establecer monumentos conmemorativos y planificar y construir nuevas torres.

El hecho de que las estructuras que sustituirían a las Torres Gemelas fueran tan esperadas pone de manifiesto el profundo vacío que estas dejaron y la importancia del perfil urbano como depositario de una memoria cívica colectiva.

La configuración del perfil urbano

La imagen del perfil de Nueva York –tanto antes como después del 11-S– es inmediatamente reconocible y memorable por la densidad de sus altísimos rascacielos. Sin embargo, este perfil presenta una visión idealizada de la ciudad, alejada de la crudeza que se vive a pie de calle.

Para quienes consideran la ciudad su hogar, las imágenes del horizonte de Nueva York despiertan recuerdos profundamente arraigados.

Para otros, el horizonte evoca historias contadas a través de la literatura, los musicales y el cine: formas de arte que consolidan su lugar en nuestra conciencia colectiva.

Existe una coherencia en estas narrativas y en los significados que encarnan. El hecho de que tanta gente llegue a conclusiones similares es una muestra de la fuerza de la identidad neoyorquina.

En 1853, Elisha Otis inventó un dispositivo de seguridad para ascensores que hacía que estos se detuviesen automáticamente si se rompían las cadenas o cuerdas que los accionaban. Este invento impulsó una competición por la altura, ya que animó a propietarios y arquitectos a construir más allá de los seis pisos habituales. Se inició así una trayectoria ascendente que simbolizaba el progreso, el éxito empresarial y el estatus.

Uno de los primeros ejemplos de esta batalla tuvo lugar a partir de la década de 1870 entre propietarios de periódicos ubicados en la llamada “Newspaper Row”, la “hilera de la prensa”. El edificio del Tribune (1875), de once plantas con una torre del reloj y una aguja que alcanzaba los 79 metros, fue superado poco después por el World Building (1890), que alojaba el ya desaparecido diario The New York World. Este tenía doce plantas con una cúpula clásica sobre un tambor extruido que elevaba su altura hasta los 110 m.

Fotografía en blanco y negro
La ‘Newspaper Row’ de Manhattan fotografiada en 1895, en la que se aprecian el Ayuntamiento, el edificio del New York World, el edificio del Tribune y el edificio del Times. Geo. P. Hall & Son/The New York Historical/Getty Images

Apenas 20 años después, la construcción de estructuras de acero permitió que el glamuroso edificio Woolworth’s (1911-1913), diseñado por Cass Gilbert en estilo neogótico, alcanzara unos asombrosos 241 metros.

El Chrysler (1931), de 319 m, con una aguja y adornos art déco inspirados en el automóvil del mismo nombre, fue superado muy poco después por el Empire State Building (1930-1931), con una azotea a 380 m y una antena que llegaba hasta los 443 m.

La trayectoria ascendente del perfil urbano de Nueva York quedó plasmada desde finales del siglo XIX gracias al rápido desarrollo de la fotografía, especialmente a través de las panorámicas. Estas imágenes, junto con el auge del turismo transatlántico, contribuyeron a difundir la mitología de Nueva York.

Fotografía en blanco y negro del perfil urbano.
Midtown Manhattan fotografiado en 1938, con el Empire State Building (a la izquierda) y el Edificio Chrysler. Archivo del NY Daily News a través de Getty Images

Los nuevos símbolos

En 1962, Minoru Yamasaki fue elegido arquitecto del World Trade Center y presentó la maqueta de unas Torres Gemelas de 110 plantas en 1964. La más alta, la Torre Norte, alcanzaría los 417 m, o 527 m incluyendo la antena.

Sin embargo, estas relucientes torres, técnicamente innovadoras, fueron objeto de burlas por parte de muchos arquitectos de la época. En 1966, el New York Times informó de que se argumentaba que “esos gigantes de tejado plano destruirían la belleza del romántico perfil urbano del bajo Manhattan con sus agujas”.

Sin embargo, cuando se terminaron de construir en 1970-1971, su minimalismo y pureza y su coherente concepción estructural les confirieron una elegancia esbelta.

Vista de las torres de Manhattan, con el Empire State Building en primer plano y las Torres Gemelas al fondo.
El horizonte de la ciudad de Nueva York con el recién terminado World Trade Center en 1974. Jean-Erick Pasquier/Gamma-Rapho vía Getty Images

Rápidamente se convirtieron en el par de edificios más reconocibles de un área considerada el centro de las finanzas mundiales.

Eran los escenarios utilizados en películas y series para situar la acción en el tiempo y el espacio, y llegaron incluso a sustituir al Empire State Building como el edificio al que Kong se retira en el remake de 1976 de King Kong.

Al atacar las Torres Gemelas, los terroristas de Al Qaeda eligieron lo que consideraban el símbolo más emblemático del “imperio del mal” que, según ellos, era Estados Unidos. Para los neoyorquinos, la destrucción de las Torres Gemelas supuso un ataque a su integridad e identidad.

Afrontar la pérdida

La pérdida de las Torres Gemelas fue catastrófica, pero la respuesta fue inmediata. Para los líderes cívicos y empresariales era de suma importancia que Nueva York recuperara su posición como hogar del edificio más alto de Estados Unidos. El One World Trade Center, diseñado por David Childs, de Skidmore Owings & Merrill, cumplió este requisito.

Inaugurado en 2014, el One WTC es un prisma biselado que alcanza una altura de 541 m –o 1 776 pies, en conmemoración de la firma de la Declaración de Independencia–. Sin embargo, los críticos arquitectónicos la han considerado una obra poco notable.

Personas difuminadas caminan por un paseo fluvial.
El Bajo Manhattan visto desde el río Hudson en agosto de 2026, con el One World Trade Center elevándose sobre la ciudad. Mario Tama/Getty Images

En 2031, al One WTC se sumará, en el horizonte, el Two WTC, diseñado por Norman Foster, de Foster and Partners, y actualmente en construcción.

Cabe destacar que ni el One ni el Two WTC se encuentran en los emplazamientos de las antiguas Torres Gemelas. Los huecos en el espacio donde se alzaban permanecen vacíos, y sus huellas están ocupadas por el Memorial del 11-S: dos piscinas alimentadas por cortinas de agua de 9 m de altura, que fluyen hacia un vacío central que simboliza “la ausencia hecha visible”.

Un niño contempla el estanque conmemorativo de la torre sur
El Memorial del 11-S, fotografiado en agosto de 2026, se extiende hacia abajo en el lugar donde antaño se alzaban las Torres Gemelas. Angela Weiss/Getty Images

Nuevos recuerdos

Veinticinco años después, la terrible violencia del 11-S se ha incorporado a la mitología de Nueva York. Las imágenes del horizonte de la ciudad establecen ahora una distinción entre el “antes” y el “después”.

Una imagen anterior al 11-S evoca recuerdos de aquel terrible suceso, pero también, posiblemente, nostalgia por lo que parece una época más sencilla, antes de que los teléfonos móviles y las redes sociales se generalizaran, y antes de la “guerra contra el terrorismo” que parece no tener fin.

El tiempo dirá si las nuevas torres se convierten en iconos. Sea como sea, el horizonte de Nueva York perdura. Aunque cambia continuamente sigue manteniendo su relevancia como faro del progreso y almacenando relaciones que profundizan en la memoria cultural compartida.


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Elizabeth Musgrave no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Los cuatro motivos que explican los desastrosos resultados de España en el último informe PISA

Rido / Shutterstock

España ha caído a mínimos históricos en las tres competencias que evalúa el trianual Informe PISA elaborado por la OCDE: matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Además, queda por debajo de la media y las puntuaciones descienden aún más que otros países. Y eso sin tener en cuenta que el sesgo es siempre positivo, como revela el que hayan expulsado a Cataluña de la medición porque se ha demostrado que excluía de las pruebas a un número elevado no autorizado de estudiantes.

Estos desastrosos resultados parecen responder a varios motivos: un sistema educativo que no fomenta el esfuerzo, la irrupción de las pantallas con la consecuente pérdida de atención y la reciente aparición de la IA, en la que muchos estudiantes delegan el proceso que les permitiría aprender.

Un batacazo sin paliativos

Los datos indican que un alumno de 15 años en 2025 lee como uno de 13 en 2022. Los estudiantes españoles están a curso y medio de los ingleses. Y la brecha con los países vecinos no para de agrandarse. En España tenemos muchos menos alumnos excelentes que los sistemas más competitivos (sólo un 4 %), a la vez que arrastramos muchos más alumnos mediocres con bajo rendimiento (un 24 %).

¿Cómo se ha llegado hasta esta situación? El camino es tan complejo que sería un error poner el foco de atención en un único factor. Además, los informes PISA no son perfectos y no siempre sirven para corregir el rumbo de las políticas educativas de los estados participantes.

Con todo y con eso, la marcada tendencia bajista de todos los indicadores muestra la urgencia de plantear soluciones para evitar toparnos con toda una generación perdida que llegará al mercado laboral en menos de una década.

En este cóctel molotov del desastre educativo, destacan cuatro elementos sobre los que podemos intervenir para evitar una catástrofe mayor que se extienda en el tiempo: aumentar el grado de exigencia, fomentar el valor del esfuerzo, recuperar el foco de atención y poner límites al mal uso de la inteligencia artificial.

La exigencia como derecho

Cuando se habla del derecho a la educación, se circunscribe en demasiadas ocasiones a la controvertida polémica alrededor de la libertad de elección de centro educativo o al debate sobre el presupuesto destinado a esta área, con consecuencias como la ratio de alumnos por profesor. Pero el origen de ese derecho es el del derecho a aprender, a saber más, a mejorar, a tener más oportunidades profesionales, a estar mejor preparados para la vida adulta. Y para que se cumpla este compromiso constitucional, es imprescindible garantizar ese aprendizaje.

La única manera de consolidar ese proceso formativo es con exigencia. Porque está demostrado que la manera de aprender requiere del esfuerzo cognitivo: análisis, síntesis, repetición, práctica a través de distintos formatos, validación de los contenidos con pruebas de evaluación… Y este proceso no es fácil ni cómodo para el estudiante, que suele preferir cualquier otra actividad lúdica o más sencilla de llevar a cabo. Como bien explica Gregorio Luri en uno de sus más famosos libros, la escuela no es un parque de atracciones.

El problema se agrava si, como ha sucedido en España, se tratan de tapar las elevadas tasas de fracaso escolar con leyes educativas que fomentan la promoción de curso incluso sin haber alcanzado las competencias necesarias en todas las materias. Es decir, se admite que el sistema no será capaz de preparar de manera al menos suficiente a todos los alumnos, pero para evitar que se queden atrapados en las aulas de la educación obligatoria, se les va dejando pasar de curso sin que aprendan lo que tienen que saber.

Esa bajada sustancial del nivel de exigencia no es nueva en nuestras leyes educativas, pero está más acusada en la vigente, la Lomloe. Y la consecuencia no sólo ha sido el aumento del número de estudiantes con bajo rendimiento, sino una percepción generalizada de todos los alumnos de que no hace falta esforzarse demasiado para promocionar. Para no dejar a nadie atrás se ha frenado al conjunto.

Recuperar el foco de atención

Los resultados del último Informe PISA, con datos evaluados de 2025, se esperaban con enorme interés porque se entendía que los de 2022 estaban distorsionados por el efecto de la pandemia. La realidad ha sido tremenda y, por extendida entre muchos países, fuertemente corroborada: hemos ido a peor. Uno de los motivos es que las diferentes condiciones de vida de los alumnos durante los confinamientos hicieron bajar los niveles de exigencia. Otro es la coincidencia de la covid-19 con la apresurada y poco meditada digitalización de las aulas en todas las etapas educativas.

No se puede demonizar el uso de la tecnología en el aula, muy necesaria en determinadas circunstancias e imprescindible para garantizar la correcta formación de los estudiantes en destrezas y habilidades que les serán exigidas en el entorno laboral. Pero tampoco se puede caer en el error de negar que aquella digitalización sin límites abrió la puerta a que niños y adolescentes sin suficiente control aún de sus impulsos tuvieran delante de ellos una variadísima oferta de entretenimiento que distrajo su atención.

Además, son ya abundantes los estudios científicos que demuestran que nos encontramos ante un verdadero problema de salud pública causado por el riesgo de adicción que produce el uso de pantallas y, en particular, de redes sociales.


Leer más: Razones para retrasar el uso del móvil: la ruptura del proceso de socialización


El problema de las pantallas va más allá del momento de su uso puntual, que puede llegar a controlarse bien prohibiendo la presencia de dispositivos, bien limitando su uso con determinadas técnicas. Pero mientras haya ciertas horas de uso, aunque sea para mero entretenimiento, el problema de la atención seguirá ahí. La razón fundamental es que va deteriorando nuestra capacidad para prestar atención de manera sostenida a tareas que producen pocos picos de dopamina. Si los alumnos utilizan para estudiar, las posibilidades de dejar de prestar atención son elevadas. Además de que puede generar problemas de salud mental, especialmente entre niños y adolescentes, que afecten a su capacidad de aprendizaje.

La delegación cognitiva es peligrosa

Hay un último elemento fundamental que se ha colado ya, aunque con poca concreción estadística, en los últimos resultados del Informe PISA: la irrupción de la IA como herramienta habitual en las rutinas de estudio y trabajo de los alumnos. Un reciente estudio con una amplia muestra representativa, midió el desempeño de estudiantes que usaban IA frente a los que no la usaban. En la entrega de tareas puntuales, aquellos que usaban IA puntuaban por encima de sus compañeros. Sin embargo, fracasaban a la hora de completar los exámenes de final de curso. Es decir, cuando se trabaja con IA, el aprendizaje no es significativo.

En cierto modo, la IA sobreprotege porque hace fácil lo difícil y resuelve problemas complejos sin esfuerzo y con resultados muy satisfactorios. Los estudiantes que la utilizan corren el riesgo de perder la confianza en sus propias capacidades, ver mermada su autoestima y generar una profunda dependencia. Además, no logran desarrollar pensamiento crítico porque no tienen con qué contrastar los resultados aportados por la IA y quedan al albur de las decisiones tomadas por algoritmos que escapan a su control.

El cóctel molotov del desastre educativo está en plena ebullición. De nosotros depende solventar el problema generado a la generación que ahora está estudiando y evitar que se repita en las venideras.

The Conversation

María Solano Altaba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Los migrantes en el discurso periodístico ceutí: ¿víctimas o villanos?

Migrantes marroquíes en las calles de Ceuta el pasado 30 de agosto. RTVE

A lo largo del mes de agosto, Ceuta se ha convertido en el escenario de un episodio migratorio de dimensiones excepcionales. Más de 70 000 personas accedieron irregularmente a la ciudad entre finales de julio y principios de agosto, a nado o bordeando a pie el espigón fronterizo con Marruecos. Durante las semanas siguientes las llegadas, los fallecimientos, la seguridad y la respuesta institucional ocuparon (y siguen ocupando) buena parte de la actualidad local.

En este contexto, la prensa ha desempeñado un papel fundamental a la hora de contar lo sucedido. Para convertir los acontecimientos en noticia, el periodista debe decidir qué cuenta, qué destaca y cómo denomina a los actores implicados. Esto no significa que invente los hechos, sino que todo relato periodístico implica una forma de organizar y presentar la información. Esta cuestión adquiere especial importancia cuando hablamos de migración, porque las palabras y expresiones utilizadas influyen en la imagen que se ofrece de las personas migrantes y de quienes intervienen en estos sucesos.

El lingüista Teun A. van Dijk ha estudiado ampliamente este fenómeno. Una de sus propuestas más conocidas es el llamado “cuadrado ideológico”, que ayuda a explicar cómo el discurso puede presentar de manera diferente al grupo con el que nos identificamos –“nosotros”– y a otros grupos que percibimos como externos –“ellos”–. En los discursos sobre inmigración, esta distinción puede situar a la sociedad receptora en el primer grupo y a las personas migrantes en el segundo.

Según los trabajos de Van Dijk, esta forma de presentar a unos y otros puede manifestarse de varias maneras: se pueden destacar aspectos negativos de “ellos”, asociándolos con la ilegalidad y la falta de adaptación, mientras se resta importancia a aspectos positivos como sus aportaciones sociales o económicas.

Del mismo modo, pueden destacarse aspectos positivos de “nosotros”, relacionados con la solidaridad, la tolerancia o la ayuda, y atenuarse otros negativos, como el racismo, la discriminación o los prejuicios.

El análisis de las noticias

Para analizar el discurso de la prensa ceutí, examinamos las noticias publicadas entre el 30 de julio y el 31 de agosto en la sección “Frontera” de dos periódicos locales: El Faro de Ceuta y Ceuta Actualidad. Al revisar las expresiones que aparecen con mayor frecuencia, encontramos “entrada masiva”, “crisis migratoria” o “atención humanitaria”.

El análisis cualitativo muestra que las personas migrantes no aparecen representadas siempre de la misma manera. Por una parte, encontramos formulaciones relacionadas con el desbordamiento y la amenaza. Por ejemplo: “Es el reflejo de lo que siempre se ha llamado invasión. ¿Cómo va a soportar Ceuta esta presión?”“.

En este caso, términos como "invasión” o “presión” ponen el foco en el impacto de la llegada de miles de personas y presentan a los migrantes como un colectivo numeroso que desborda la ciudad.

Sin embargo, en las mismas noticias también encontramos expresiones que acercan al lector a sus circunstancias individuales: “Algunos han rebuscado entre contenedores de basura en busca de algo que comer” o “Hay chicos que quieren volver y niños que preguntan por sus madres”.

Las personas son las mismas, pero cambia la forma de mostrarlas: ya no aparecen únicamente como parte de un grupo que llega y desborda la ciudad, sino como personas con hambre, miedo y vínculos familiares.

En otras noticias, la atención se centra en las consecuencias humanas de la migración, como en el siguiente ejemplo: “Existe otra realidad que crece con el paso de las horas: la de las familias que desconocen qué ha ocurrido con sus seres queridos después de que intentaran cruzar a nado o por vía marítima hasta la ciudad autónoma”.

En este caso, el foco deja de estar en el grupo y se acerca a las personas y a sus historias: personas desaparecidas y familiares que esperan noticias. Estos ejemplos muestran que los migrantes no aparecen siempre de la misma manera en la prensa ceutí. En ocasiones se presentan como una colectividad que cruza, presiona o desborda y, en otras, como menores, familias o personas concretas en situaciones de vulnerabilidad.

Una realidad con muchos protagonistas

Dicho lo anterior, nuestro análisis muestra algo más. La entrada irregular no es el único foco de las noticias publicadas por ambos periódicos, ni los migrantes son sus únicos protagonistas. Durante el mes de agosto aparecen de forma recurrente otros temas: la gestión de la frontera, las relaciones entre España y Marruecos, las exigencias a los responsables políticos y las reacciones de los propios ceutíes.

Esta variedad de asuntos muestra que las críticas no se concentran en un único actor. En las noticias analizadas aparecen distintos protagonistas a los que se responsabiliza de determinados problemas o actuaciones. Así, encontramos referencias a cargos políticos, a la actuación de las autoridades marroquíes y a comportamientos incívicos de grupos de la propia ciudad.

Los datos y el análisis de los dos periódicos locales muestran, por tanto, una realidad más compleja que una simple división entre dos grupos enfrentados. Preguntarnos si los migrantes son únicamente “víctimas” o “villanos” puede dejar fuera buena parte de esta complejidad: los distintos actores que intervienen, las responsabilidades que se les atribuyen y las diferentes situaciones que conviven en un mismo acontecimiento.

El análisis de las noticias muestra precisamente que la forma de presentar a los distintos protagonistas cambia según el aspecto de la realidad en el que se pone el foco. Así, víctima y villano no son tanto dos respuestas como dos formas posibles de mostrar una realidad mucho más amplia.

The Conversation

Realicé un periodo de prácticas de 3 meses en el periódico mencionado Ceuta Actualidad (en 2018).

La paradoja antártica: nunca supimos tanto sobre el continente helado, pero quizá no sabemos lo necesario

Base Antártica Española Juan Carlos I. UTM-CSIC

En 1959, en plena Guerra Fría, 12 naciones se sentaron a negociar el futuro de un continente en el extremo sur del planeta y casi completamente cubierto de hielo. El resultado fue el Tratado Antártico, un acuerdo internacional que estableció que la Antártida debía ser un continente dedicado a la paz y la ciencia.

Aquel tratado creó un sistema de gobernanza único para un lugar único. Décadas después, para reforzar su protección ambiental, se firmó en Madrid el llamado Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente o Protocolo de Madrid. En él se declaró la Antártida como una reserva natural dedicada a la paz y la ciencia, prohibiendo la explotación de recursos minerales, salvo con fines científicos.

En la actualidad, el tratado cuenta con 58 miembros y su conservación depende de la cooperación internacional y la capacidad de alcanzar acuerdos entre países. Durante más de 60 años, este sistema ha mantenido el continente helado como un espacio excepcional de cooperación científica internacional.

Hoy en día, la Antártida está más vigilada que nunca. Satélites, bases científicas, barcos oceanográficos, sensores remotos y campañas internacionales producen cada año una enorme cantidad de datos sobre el hielo, el océano, el clima y sus ecosistemas. Sabemos más que nunca sobre su fauna, el retroceso del hielo y la contaminación.

Sin embargo, más ciencia no significa necesariamente mejores decisiones.

En un estudio publicado recientemente en People and Nature, planteamos precisamente esta paradoja: la investigación actual en el continente helado produce una gran cantidad de información, pero no siempre genera el conocimiento necesario para guiar su protección.


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Un caso reciente: la pesca de kril

La península antártica es una de las zonas donde coinciden con más intensidad la pesca de kril –pequeños crustáceos marinos– y la presencia de especies que dependen de él, como pingüinos, focas, peces y ballenas. Por eso, a la hora de regular la pesca no basta solo con fijar un límite total de capturas. Si una parte demasiado grande de esta actividad se concentra en una zona especialmente sensible, el riesgo ecológico puede aumentar aunque el cupo total no se haya superado.

Para reducir ese riesgo, desde 2009 la medida CM 51-07 distribuía espacialmente el límite precautorio de captura de kril entre varias subáreas de pesca. Por ejemplo, el límite total para el Área 48 era de 620 000 toneladas por temporada, pero la subárea 48.1, que abarca gran parte de la península antártica, tenía un cupo específico de 155 000. Ese reparto buscaba evitar que la presión pesquera se concentrara excesivamente en esta región a la vez frágil, productiva y codiciada por la actividad pesquera.

En 2024, la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, el organismo internacional que regula la pesca en el océano Austral, se reunió para decidir si mantenía ese reparto espacial del cupo de kril. La medida expiró y no se renovó.

En consecuencia, desde la temporada de pesca de 2025, ya no está distribuido el límite de captura de kril entre esas subáreas de pesca. Su expiración se debió a la dificultad de alcanzar un acuerdo entre los países miembros del tratado con la información científica disponible. Este caso mostró hasta qué punto la gestión de la Antártida depende de contar con una base científica sólida, compartida y útil para apoyar decisiones colectivas.

Un pequeño crustáceo semitransparente flotando sobre una roca
Kril antártico. Tarpan/Shutterstock

Una protección bajo presión

Cuando los datos no son suficientes, no son comparables o no se traducen en acuerdos sólidos, las decisiones pueden acabar reflejando más los bloqueos políticos y los intereses económicos que el principio de precaución.

Hoy, esto importa especialmente porque hay una fecha en el horizonte: 2048. El Protocolo de Madrid, que prohibió la explotación de recursos minerales salvo con fines científicos, podría ser revisado a partir de ese año. Se espera que en el futuro el continente sea físicamente más accesible que cuando se diseñó su actual marco de protección. Las proyecciones indican que las zonas libres de hielo podrían aumentar alrededor de un 25 % hacia finales de siglo, aumentando su accesibilidad y modificando los intereses geopolíticos y económicos sobre el territorio.

Si llegamos a posibles debates sobre recursos minerales, presencia humana o nuevas formas de explotación sin una ciencia integrada, sostenida y aceptada como base común, la protección de la Antártida podría depender más de negociaciones políticas que de una evaluación sólida de los riesgos.


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La opacidad epistémica antártica

En nuestro trabajo usamos el concepto de “opacidad epistémica” para describir una situación aparentemente paradójica: puede haber muchos datos científicos y, aun así, faltar una visión clara, integrada y útil para tomar decisiones.

La opacidad surge cuando la información existe, pero está fragmentada. Cuando los estudios no son comparables entre regiones. Cuando los datos científicos disponibles no responden directamente a las preguntas que deben resolver quienes toman decisiones. O cuando la información científica existe, pero no llega de forma integrada, comprensible y útil a los espacios donde esas decisiones se toman.

En la Antártida, este problema no se debe a la falta de buena ciencia. La investigación antártica ha producido descubrimientos fundamentales para entender el planeta. El problema está en cómo se organiza, financia, coordina y utiliza esa ciencia. Un estudio reciente sobre seguimiento a largo plazo en la Antártida mostró, por ejemplo, que más del 60 % de las investigaciones se centran en megafauna carismática, como pingüinos y mamíferos marinos.

La solución no es simplemente producir más artículos científicos. Es generar conocimiento más integrado, mantenido en el tiempo y conectado con las necesidades de conservación y gobernanza. Esto implica reforzar los seguimientos a largo plazo, armonizar protocolos, coordinar observatorios, compartir datos y asegurar que las regiones y procesos menos visibles también formen parte de la agenda científica.

Afortunadamente, la comunidad científica antártica no es ajena a este problema. En los últimos años han surgido iniciativas internacionales que avanzan en esa dirección: mayor coordinación entre programas, integración de datos, identificación de prioridades comunes y esfuerzos para conectar mejor la ciencia antártica con la toma de decisiones. Son pasos importantes. Pero ¿serán suficientes y llegarán a tiempo?


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Lo que ocurre en la Antártida no se queda allí

La Antártida no está tan aislada como solemos pensar. En la temporada 2024–25 recibió 118 491 turistas, una cifra impensable hace pocas décadas.

No podemos seguir viviendo de espaldas a este continente. Lo que pasa en el resto del planeta llega hasta allí en forma de calentamiento, contaminación, presión pesquera, turismo o enfermedades emergentes. Y lo que ocurre allí puede repercutir en el resto del mundo a través del clima, el océano, el nivel del mar y la biodiversidad.

Mirar hacia la Antártida ya no es solo una cuestión científica o geográfica. Es una forma de preguntarnos si sabremos proteger algo antes de perderlo.

The Conversation

Virginia Morandini no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Mercurio, el enigma cósmico que resolvió Albert Einstein

Cartografía de Mercurio realizada por la Mariner 10 en el periodo 1974‑1975 Mariner 10, Astrogeology Team, U.S. Geological Surve, CC BY

A lo largo de la historia de la ciencia, Mercurio ocupa un lugar de honor: durante siglos, sus características orbitales resultaron inexplicables para la física clásica. Hasta que llegó Albert Einstein.

Visto desde la Tierra, Mercurio ofrece sorpresas constantes. Al girar en una órbita interior mucho más corta y rápida que la nuestra, este planeta adelanta periódicamente al nuestro. Durante los días en que se produce este sobrepaso, parece frenar en el firmamento, invertir su trayectoria y desplazarse en sentido contrario respecto al fondo de estrellas fijas, para luego retomar su curso habitual.

Es el mismo efecto visual que experimentamos al adelantar a un vehículo más lento en la autopista: aunque ambos avanzamos, la diferencia de velocidad hace que el otro coche parezca retroceder. Este movimiento retrógrado sucede tres o cuatro veces al año y dura unas tres semanas en cada ocasión. Es solo una ilusión óptica provocada por la perspectiva.

Un día dura el doble que un año

Sin embargo, las verdaderas rarezas de Mercurio ocurren en su propia física. El planeta completa una órbita alrededor del Sol en solo 88 días terrestres, lo que lo convierte en “el bólido” del sistema solar, viajando a 170 000 km/h en promedio. Su órbita es la más excéntrica de todos los planetas: en el perihelio se acerca a solo 46 millones de km del Sol y en el afelio se aleja hasta casi 70 millones de km. Desde su superficie, nuestra estrella se ve enorme, ocupando un disco con un diámetro angular tres veces mayor que el que vemos en la Tierra.

A pesar de su velocidad orbital, rota sobre su propio eje a un ritmo muy lento: un día sidéreo (una vuelta completa respecto a las estrellas) dura 58,6 días terrestres. Mercurio está atrapado en una resonancia orbital 3:2, es decir, girando tres veces sobre su eje por cada dos vueltas que da al Sol.

El resultado para un hipotético habitante de su superficie es desorientador: el tiempo transcurrido entre un amanecer y el siguiente –el día solar– no son 58 días, sino 176 días terrestres. Es decir, en Mercurio un día dura exactamente el doble que un año.

El fenómeno del amanecer doble

Esta combinación de rotación lenta y traslación rápida genera un fenómeno digno de la ciencia ficción: el amanecer doble. En ciertos lugares de la superficie, el Sol sale por el horizonte, se detiene, retrocede, se oculta casi por el mismo sitio y vuelve a salir poco después. En el lado opuesto ocurre un anochecer doble.

Esto sucede durante los días previos al perihelio, cuando la velocidad de traslación supera momentáneamente a la de rotación y, vista desde la superficie, hace que el movimiento aparente del Sol se invierta durante ocho días terrestres.

La anomalía de la órbita y la solución de Einstein

Más allá de sus amaneceres, la excéntrica órbita de Mercurio ocultaba el mayor enigma de la astronomía del siglo XIX. El planeta muestra una precesión lenta en su perihelio: el punto más cercano al Sol no se repite exactamente en el mismo lugar, sino que dibuja una forma de roseta a lo largo de los siglos.

La física clásica de Isaac Newton explicaba la mayor parte de este bamboleo por el tirón gravitatorio del resto de los planetas, pero las cuentas no cuadraban: quedaba un minúsculo desvío de 43 segundos de arco por siglo sin justificar. Incapaces de dudar de Newton, los astrónomos de la época, liderados por el matemático francés Urbain Le Verrier, concluyeron que la causa debía ser la gravedad de un planeta desconocido, aún más cercano al Sol y oculto por su resplandor, al que bautizaron como Vulcano.

Vulcano jamás existió. En 1915, Albert Einstein publicó las ecuaciones de la relatividad general y demostró que esa precesión anómala era la consecuencia directa de cómo la enorme masa del Sol curva el tejido del espacio-tiempo a su alrededor.

Como Mercurio está tan cerca del Sol, la intensidad de la curvatura hace que la fuerza efectiva de la gravedad sea ligeramente superior a lo que predecía la ley del cuadrado inverso de Newton. Esta curvatura extra modifica la trayectoria de la órbita en cada vuelta, haciendo que el punto más cercano al Sol (el perihelio) avance un poco más en cada revolución.

Cuando Einstein aplicó sus nuevas ecuaciones de campo para calcular el efecto de esta curvatura sobre la órbita de Mercurio, obtuvo exactamente la cifra sobrante: 43 segundos de arco por siglo. No necesitó añadir parámetros ajustables ni inventar un planeta oculto (Vulcano); el valor surgió de manera natural a partir de la geometría del espacio-tiempo.

Mercurio se convirtió así en la primera prueba triunfal de la relatividad, años antes de que el célebre eclipse solar de 1919 confirmara la teoría a escala global.

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Javier Armentia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Por qué es tan difícil llegar a Mercurio: el desafío de la misión BepiColombo

Recreación artística de la sonda espacial BepiColombo en configuración de crucero, con Venus de fondo, en su camino a Mercurio. ESA/ATG medialab, CC BY

Mercurio es el planeta más cercano al Sol y también uno de los grandes desconocidos del sistema solar. Hablamos del planeta de los amaneceres dobles y otros extremos impensables que desafían a la ciencia. Sin embargo, es uno de los más olvidados en la exploración espacial; fundamentalmente, porque alcanzarlo es épico.

Solo tres misiones espaciales han logrado visitarlo. La primera, Mariner 10, de la NASA, realizó tres sobrevuelos entre 1974 y 1975. La misión mostró una superficie muy parecida a la de nuestra Luna y un gigantesco cráter: la Cuenca Caloris, uno de los más grandes conocidos, con 1 550 km de diámetro. La Mariner 10 encontró que Mercurio tenía un débil campo magnético, como la Tierra.

La segunda, también estadounidense, se denominó MESSENGER (acrónimo de MErcury Surface, Space ENvironment, GEochemistry, and Ranging) y entró en órbita en 2011. Además de descubrir hielo en el fondo de los cráteres de las regiones polares, encontró pruebas de un pasado de vulcanismo activo, la evidencia de que tenía placas tectónicas aún en movimiento y el posible origen de su campo magnético: un núcleo externo de hierro fundido.

La misión MESSENGER también descubrió las llamadas depresiones irregulares o hollows: oquedades brillantes formadas por la pérdida de materiales volátiles. Su existencia desconcertó a la comunidad científica, pues se asumía que un planeta tan próximo al Sol habría perdido todos estos compuestos durante sus etapas tempranas.

BepiColombo, la colaboración de Europa y Japón

La tercera de las misiones, que en estos momentos está cumpliendo el desafío de la conquista de Mercurio, es BepiColombo, de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA). Consiste en dos módulos espaciales científicos independientes: Mercury Planetary Orbiter (MPO), módulo de la ESA enfocado en estudiar la superficie, geología, composición e interior del planeta; y Mercury Magnetospheric Orbiter (MMO/Mio), el módulo de la JAXA dedicado a analizar el campo magnético y la magnetosfera de Mercurio.

Ambos orbitadores operarán rodeando el planeta a diferentes altitudes y ángulos para estudiarlo desde el espacio. Ninguna parte de la misión está diseñada para posarse sobre la superficie.

BepiColombo acaba de dar un paso muy importante con la exitosa separación del Mercury Transfer Module (MTM), el módulo que durante los últimos ocho años ha proporcionado al conjunto la energía y la propulsión necesarias para completar su complejo recorrido hasta el planeta. Aún a más de tres millones de kilómetros de su objetivo, la llegada no ocurrirá en un solo instante, sino a través de un proceso gradual de maniobras que se extenderá a lo largo de unos seis meses.

Próximas etapas de la misión BepiColombo. ESA

Ni los soviéticos en su gran época de la carrera espacial ni la Federación Rusa desarrollaron misiones a Mercurio. En la actualidad, la Academia China de Ciencias lo ha incluido en sus planes a medio plazo, posiblemente con alguna misión durante la siguiente década.

El difícil camino a Mercurio

Que un planeta tan cercano haya sido tan poco explorado no es casualidad. Llegar a Mercurio es, paradójicamente, más difícil que viajar a Júpiter o Saturno. En su viaje de 7,2 años hacia el planeta más interno del sistema solar, BepiColombo sobrevolará la Tierra una vez, Venus dos veces y Mercurio seis veces antes de entrar en órbita alrededor de Mercurio.

Para alcanzar los planetas exteriores, una nave se aleja del Sol y gana energía potencial, a expensas del empuje de sus propulsores. Pero para ir a Mercurio la nave cae hacia la gravedad solar, acelerando constantemente y aumentando su velocidad, de manera que deberá frenar para dejarse atrapar por el pequeño planeta. Eso requiere un gasto monumental de combustible, algo carísimo e impensable. Por eso las misiones emplean la gravedad de otros mundos como freno cósmico.

BepiColombo ha realizado nueve sobrevuelos –uno a la Tierra, dos a Venus y seis al propio Mercurio– para ralentizar su marcha antes de la inserción orbital final.

Mercurio es un rompecabezas para la ingeniería espacial, también, por sus altísimas temperaturas. La cercanía al Sol somete a los instrumentos a temperaturas extremas que rozan los 430 °C durante el día, exigiendo escudos térmicos de alta tecnología.

Sin estaciones, pero con hielo en la sombra

Si planeáramos una guía de viajes espaciales, les recomendaríamos buscar un buen cráter para presenciar el amanecer doble. Eso sí, con vestimenta protectora adecuada porque las temperaturas diurnas alcanzan los 430 °C. Por la noche caen hasta los -183 °C. Mercurio es también extremo en esto: es el planeta con mayor amplitud térmica de todo el sistema solar.

A diferencia de la Tierra, el eje de la rotación de Mercurio es casi perpendicular al plano de la eclíptica, con apenas 0,027 grados de inclinación frente a los 23,5 terrestres. Esto significa que Mercurio carece de estaciones, frente a lo que sucede en otros lugares del sistema solar.

La luz solar incide siempre con la misma inclinación según la latitud. En las regiones polares, el Sol apenas se asoma rozando el horizonte. Esto permite que el fondo de los cráteres más profundos permanezca en una sombra eterna. Y allí, en las zonas más frías del planeta más cercano al Sol, los instrumentos astronómicos han confirmado la presencia de hielo de agua.

Geología de impactos, cuencas y cavidades

Si pudiéramos extraer el núcleo metálico de Mercurio, nos encontraríamos con que representa cerca del 75 % del diámetro total del planeta. Su enorme densidad sugiere que estamos ante un gigante de hierro envuelto en una delgada corteza rocosa. Recordemos que su masa es solo el 5,5 % de la terrestre, aunque su densidad media es muy alta: 5,43 g/cm³, prácticamente la misma que la de la Tierra.

Su superficie, azotada por el impacto de meteoritos, guarda similitudes con la Luna, pero atesora rasgos geológicos propios impresionantes.

Auroras invisibles que tocan el suelo

Aunque pequeño, Mercurio posee un campo magnético global (del orden del 1 % del terrestre). El origen y la geometría de este campo traen de cabeza a la geofísica planetaria: en teoría, un mundo tan pequeño debería haberse enfriado y solidificado completamente hace miles de millones de años, apagando el dinamo interno que genera el magnetismo. Su eje magnético está desplazado unos 480 kilómetros al norte respecto al centro geográfico del planeta. Esta asimetría insólita provoca que el escudo magnético sea mucho más débil en el hemisferio sur, dejando esa mitad del globo desprotegida y expuesta de lleno al castigo del viento solar.

De haber tenido atmósfera, Mercurio sería un lugar extraterrestre espectacular para observar auroras boreales.

Durante el primer sobrevuelo de la sonda BepiColombo en 2021, sin embargo, los instrumentos revelaron un fenómeno insólito: los electrones de la magnetosfera caen precipitados directamente contra las rocas de la superficie, emitiendo rayos X. No son auroras que brillen en el cielo, sino emisiones que emergen directamente del suelo.

Este hallazgo, respaldado por investigaciones publicadas en la revista científica Nature Communications, demuestra cómo la interacción magnética genera estos fenómenos aurorales de rayos X.

Se espera que la misión BepiColombo revolucione nuestro entendimiento sobre Mercurio, y que desentrañe misterios clave como el origen de su campo magnético, su inusual densidad interna y la composición geológica de su superficie.

Aunque la nave entrará en órbita de mercurio el próximo 21 de noviembre, el envío constante de resultados comenzarán formalmente el 6 de abril de 2027. Seguiremos sus pasos.

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Javier Armentia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Cómo evitar las micotoxinas en los alimentos que comemos: lo que dice la ciencia

Cereales y verduras suelen tener micotoxinas, aunque no deberían llegar a nuestra mesa si sobrepasan los límites establecidos por los el sistema de control sanitario. Sarah Chai/Pexels, CC BY

Las micotoxinas son compuestos tóxicos producidos de forma natural por diversas especies de hongos. Podemos encontrarlas en alimentos tan cotidianos como el pan, la pasta, el café, el cacao, los frutos secos o algunas especias.

Aunque nos exponemos a ellas de forma habitual, los sistemas de control alimentario en Europa mantienen sus niveles bajos y seguros. Pero ¿qué podemos hacer en casa? ¿Sirve de algo cocinar los alimentos? ¿Los productos ecológicos tienen más micotoxinas? ¿Hay alimentos que conviene evitar? La evidencia científica ofrece respuestas que, a menudo, contradicen la intuición.

Difíciles de eliminar por completo

Aspergillus, uno de los géneros de hongos micotoxigénicos más relevantes. Se observan al microscopio las hifas, que son los filamentos que componen el moho, y los cuerpos fructíferos, que parecen flores, donde se forman las esporas para la reproducción. Igor Siwanowicz/Howard Hughes Medical Institute

Las micotoxinas pueden crecer sobre los cultivos antes de la cosecha o durante el almacenamiento. Aparecen, sobre todo, en productos de origen vegetal: cereales, pan, pasta, arroz, maíz, frutos secos, café, cacao, especias, frutas desecadas o cacahuetes. También pueden estar en zumos y bebidas alcohólicas. Y es prácticamente imposible evitarlas totalmente.

En España y en el resto de la Unión Europea, existe un sistema de protección que combina el autocontrol de la industria alimentaria con inspecciones oficiales y sistemas de alerta rápida para retirar los lotes que superan los límites legales. Gracias a ello, la inmensa mayoría de los alimentos comercializados cumplen la normativa.

Eso sí, los estudios muestran que la mayoría de la población española presenta rastros de distintas micotoxinas o de sus metabolitos en la orina. Aunque no debemos confundir presencia con riesgo. En la gran mayoría de los casos, los niveles se encuentran muy por debajo de las dosis preocupantes.


Leer más: Nuevo estudio: muchas mujeres podrían vivir con toxinas de hongos procedentes de alimentos


¿Los alimentos ecológicos tienen más micotoxinas?

Podría pensarse que la menor utilización de fungicidas favorecería la presencia de hongos en los cultivos ecológicos. Pero los estudios no muestran diferencias consistentes entre alimentos ecológicos y convencionales. En algunos trabajos, se detectan concentraciones superiores en productos ecológicos, sobre todo, en zumos y bebidas y, en otros, ocurre lo contrario.

También se han visto leves diferencias entre alimentos integrales o refinados, y de producción artesanal o industrial. Pero no son consistentes ni relevantes, ya que todos los alimentos deben cumplir la normativa, independientemente del tipo de procesado.

¿Sirve cocinar para eliminarlas?

En general, no. Las micotoxinas son moléculas sorprendentemente resistentes al calor. Hornear pan, cocinar pasta o recalentar alimentos en el microondas apenas modifica su presencia.

Algunos procesos industriales más agresivos, como la extrusión o tratamientos alcalinos, sí consiguen reducir algunas micotoxinas. Sin embargo, esa desaparición no siempre equivale a una detoxificación real. En algunos casos, lo que ocurre es que se transforman en otros compuestos cuya toxicidad aún se está investigando.

Lo que sí podemos hacer en casa

Aunque no podamos detectar las micotoxinas a simple vista en casa, sí podemos evitar que los hongos crezcan en nuestros alimentos.

La primera medida consiste en conservar los productos de despensa en lugares frescos y secos. La humedad favorece el desarrollo de los mohos y aumenta la probabilidad de que estos produzcan nuevas toxinas durante el almacenamiento doméstico.

Por otro lado, si un alimento presenta moho visible, lo recomendable es desecharlo. Cortar la parte afectada no suele ser suficiente en alimentos blandos como pan, fruta o mermeladas.

También es recomendable adquirir siempre los alimentos a través de comercios fiables, donde los controles de calidad son sistemáticos.


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¿Conviene dejar de comer ciertos alimentos?

Algunos estudios detectan que personas con dietas pobres en frutas y verduras presentan menos biomarcadores de micotoxinas. Pero esos mismos patrones dietéticos se asocian a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad o cáncer. En conjunto, la evidencia indica que mantener una dieta variada y rica en vegetales es mucho más beneficioso para la salud que intentar evitar por completo los alimentos que pueden contener trazas de micotoxinas.

De modo que la mejor estrategia sigue siendo una dieta variada y equilibrada. Así, evitaremos exponernos en exceso a una sola fuente posible de contaminación. Además, el consumo de verduras puede protegernos de los efectos tóxicos de estos compuestos.

En el caso de los niños pequeños, que comen más en relación a su peso, el riesgo es mayor si se les expone prematuramente a alimentos como el pan, las galletas o la pasta. Por eso, los límites legales de micotoxinas para los alimentos infantiles son más restrictivos.

Algo parecido ocurre con el cacao. Un estudio reciente, realizado en España, detectó aflatoxinas en este alimento con relativa frecuencia, especialmente en el cacao en polvo. Los autores concluyeron que, en niños con un consumo elevado, la exposición podría justificar un seguimiento más estrecho y apoyar futuras medidas regulatorias.

La prevención empieza mucho antes de llegar a nuestra cocina

Las decisiones que más reducen la exposición a micotoxinas no se toman en casa, sino en el campo y a lo largo de toda la cadena alimentaria. La gestión agrícola, las condiciones de almacenamiento, los controles analíticos y la legislación constituyen las principales barreras frente a estos contaminantes.

Como consumidores, nuestro papel es más sencillo: conservar correctamente los alimentos, desechar aquellos con moho visible, comprar en establecimientos de confianza y mantener una dieta variada. Perseguir una exposición nula no solo es imposible, sino que podría llevarnos a abandonar alimentos cuyo beneficio para la salud es mayor que el riesgo que representan estas sustancias cuando se mantienen dentro de los límites establecidos.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Cáncer infantil: una excepción a las reglas

fizkes/Shutterstock

Cuando una familia recibe la noticia de que su hijo tiene cáncer, una de las primeras preguntas que suele hacerse es: ¿cómo es posible si es un niño?

Lo primero que conviene saber es que no hay culpables. Y lo segundo, que la causa de lo que ha pasado es, en muchos casos, una incógnita. En ese momento, además de la atención sanitaria, el apoyo que procuran a las familias asociaciones como ASPANOA o Cáncer infantil resulta fundamental.

Con sus propias reglas biológicas

Aunque compartan la palabra “cáncer”, los tumores infantiles no pueden considerarse una versión adelantada de los de los adultos. Su origen biológico, los tejidos que afectan y su evolución clínica son diferentes, lo que obliga a estudiarlos y tratarlos como enfermedades con identidad propia.

Mientras que en los adultos predominan los cánceres de pulmón, colon, mama, próstata o estómago, en la infancia los más frecuentes son las leucemias, los tumores cerebrales, los linfomas o los neuroblastomas. Se trata de patologías diferentes que afectan a tejidos distintos y que siguen reglas biológicas propias.

Distribución porcentual de los principales tipos de cáncer infantil. Fuente: Fundación Villavecchia.

Además, el pronóstico suele ser mejor que en muchos tumores de adultos. Aproximadamente ocho de cada diez niños diagnosticados con cáncer sobrevivirán a la enfermedad. En la población adulta, considerando todos los tipos de cáncer en conjunto, la supervivencia ronda el 50 %.

Todo ello nos obliga a entender el cáncer infantil como una entidad independiente. Y es ahí donde surge la primera pregunta: ¿por qué aparece?

No influyen los hábitos

En los adultos sabemos que el tabaco, el alcohol, la obesidad, determinadas infecciones o la exposición prolongada a sustancias tóxicas desempeñan un papel fundamental en la aparición de muchos tumores. Se estima que cerca de un 40 % de los casos en adultos suele ser la consecuencia de décadas de contacto con factores de riesgo.

Pero en los niños la situación es muy diferente, ya que rara vez los cánceres infantiles están relacionados con hábitos o factores ambientales acumulados durante años. A día de hoy sabemos que alrededor de un 5-10 % de los diagnósticos pueden atribuirse a síndromes hereditarios que predisponen a sufrirlos, pero esto deja sin explicar la mayoría de los casos. Tampoco parece fácil atribuirlos simplemente a la “mala suerte”.

Cada vez existen más evidencias de que muchos tienen su origen en alteraciones genéticas y cromosómicas que aparecen durante las primeras etapas del desarrollo –e incluso antes del nacimiento en algunas ocasiones– y que pueden permanecer silenciosas durante años antes de dar lugar a la enfermedad.

Todas estas diferencias tienen consecuencias directas en la práctica clínica, condicionando el diagnóstico, las estrategias terapéuticas y la evolución de los pacientes.

Diferencias con los adultos

Un niño no es un adulto pequeño. Su sistema inmunitario está madurando, sus órganos están desarrollándose y los tejidos donde aparece el tumor son muy distintos a lo que esperaríamos en una persona adulta.

La leucemia mieloide aguda es un buen ejemplo. Históricamente, los modelos más utilizados para estudiarla han sido pacientes de edad avanzada, pero la médula ósea de un niño poco tiene que ver con la de una persona de 70 años. Mientras que en el adulto envejecido la médula pierde progresivamente actividad hematopoyética (formación y desarrollo de células sanguíneas) y se infiltra por el tejido adiposo, en los niños constituye un órgano extraordinariamente activo, diseñado para sostener el crecimiento y con una alta mineralización.

Cada vez hay más evidencias de que ese microambiente condiciona cómo se comportan las células tumorales y cómo responden a los tratamientos los pacientes pediátricos. Algunas células leucémicas pueden encontrar refugio en nichos específicos de la médula ósea, escapar temporalmente a la acción de los fármacos y convertirse más tarde en el origen de una recaída, momento en que la tasa de supervivencia baja rápidamente.

Otra diferencia añadida es que los síntomas del cáncer infantil suelen ser poco específicos y pueden confundirse. Mientras que muchas personas asocian el cáncer en adultos con la aparición de un bulto o una pérdida de peso repentina, en los niños las señales de alarma pueden ser mucho más sutiles. Fiebre persistente, cansancio excesivo, infecciones recurrentes, hematomas frecuentes o dolores óseos son algunas de las manifestaciones que pueden activar las alarmas.

Cuando la supervivencia no es el único objetivo

Además, cuando pensamos en los tratamientos contra el cáncer solemos asumir que el objetivo principal es lograr la supervivencia de la persona afectada. Sin embargo, si el paciente es un niño, el objetivo no se reduce solo a la supervivencia, sino a reducir al máximo los efectos asociados tanto a la enfermedad como a los tratamientos utilizados.

Muchos de las opciones terapéuticas actuales, como la quimioterapia o la radioterapia, pueden producir efectos secundarios importantes. En un paciente adulto, estas secuelas pueden tener un impacto diferente debido al momento vital en el que aparece la enfermedad. En cambio, cuando la terapia se administra durante la infancia, es inevitable preguntarse qué consecuencias tendrá décadas después: ¿afectará al crecimiento?, ¿condicionará la función cardíaca o endocrina?, ¿podrá limitar la fertilidad o la posibilidad de tener hijos en el futuro?, ¿influirá en la calidad de vida cuando el paciente alcance la edad adulta?…

Muchos grupos de investigación trabajamos para conocer y comprender esas diferencias, con el objetivo de desarrollar tratamientos cada vez más precisos y personalizados que permitan a los pacientes no solo superar la enfermedad, sino desarrollar una vida plena y completa. Porque vivir no debería limitarse a sobrevivir.

The Conversation

Lydia Begoña Horndler Gil recibe financiación para su investigación por parte de ASPANOA, la asociación que atiende a los niños con cáncer en Aragón.

Cómo enseñar reanimación cardiopulmonar en la escuela de manera eficaz

Matej Kastelic/Shutterstock

Un adolescente que se desploma durante un partido, una madre que se desvanece en una celebración familiar o un abuelo que se derrumba en el parque mientras juega con su nieta… Son situaciones poco frecuentes, pero cuando ocurren hay algo que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte: la actuación de quienes están presentes en los primeros minutos.

En España, más de 30 000 personas sufren cada año una parada cardiaca fuera del hospital. En estos casos, reconocer la emergencia, llamar al 112 e iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

No hay duda de que los niños pueden aprender estas habilidades, y de hecho la mayoría de los currículos educativos los incluyen, como hemos comprobado en una investigación reciente. Pero el reto es cómo enseñar la RCP para que los conocimientos adquiridos se traduzcan en confianza, disposición a actuar y capacidad de respuesta cuando alguien necesita ayuda.

La escuela, el lugar con mayor potencial

Desde hace años, la Organización Mundial de la Salud y el Consejo Europeo de Resucitación impulsan iniciativas como Kids Save Lives, que promueven la enseñanza de la reanimación cardiopulmonar en la escuela desde edades tempranas. La razón es sencilla: ningún otro lugar tiene la capacidad de llegar a toda una generación.

Las campañas dirigidas a adultos son necesarias, pero suelen ser voluntarias y alcanzan a un número limitado de personas. La escuela ofrece algo diferente. Todos los niños pasan por ella y se encuentran en una etapa ideal para aprender habilidades que pueden acompañarlos durante toda la vida.

No se trata de formar sanitarios. Se trata de formar ciudadanos capaces de ayudar.


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¿Son demasiado pequeños para aprender?

Algunas personas dudan de si aprender estos mecanismos de reanimación puede ser algo demasiado complejo o les traslada demasiada responsabilidad a los niños. La respuesta es no.

Tan pronto como desde los 6 años, los escolares pueden aprender a reconocer una emergencia, pedir ayuda, comenzar con las compresiones e incluso utilizar un desfibrilador. Aunque los más pequeños no siempre tienen la fuerza necesaria para realizar compresiones de alta calidad, sí pueden aprender los pasos esenciales para poner en marcha la cadena de supervivencia.

Además, la escuela no solo transmite conocimientos. También ayuda a desarrollar actitudes, valores y comportamientos. Igual que enseñamos educación vial o hábitos saludables, podemos enseñar a actuar ante una emergencia.


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De la teoría a la práctica: actuar cuando llega el momento

En la enseñanza de la reanimación cardiopulmonar no basta con transmitir conocimientos: hay que conseguir que los estudiantes se impliquen, practiquen y, sobre todo, se sientan capaces de actuar cuando se enfrenten a una emergencia real.


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Uno de los principales obstáculos para intervenir ante una parada cardiaca no es la falta de información, sino el miedo a hacerlo mal. Miedo a equivocarse, a hacer daño o a no saber reaccionar bajo presión.

Por eso, el verdadero desafío consiste en encontrar metodologías que permitan aprender mejor, recordar durante más tiempo y aumentar la confianza para intervenir cuando sea necesario.

Las metodologías activas pueden desempeñar un papel importante en este proceso. Estrategias como las simulaciones, los retos o la gamificación convierten al alumnado en protagonista de su aprendizaje. En lugar de limitarse a escuchar, los estudiantes toman decisiones, resuelven problemas y practican en situaciones que se parecen a las que podrían encontrar en la vida real.


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Ventajas de la ‘gamificación’

La gamificación utiliza elementos propios de los juegos, como misiones, desafíos o historias, para aumentar la participación del alumnado. Esto no significa convertir la RCP en un juego ni restar importancia a la gravedad de una emergencia.

Un estudio reciente con estudiantes de secundaria españoles comparó ambos enfoques y encontró que, aunque las habilidades técnicas resultaron similares entre grupos, quienes habían aprendido jugando mostraron más confianza, mayor intención de actuar ante una emergencia real y menos desmotivación que quienes recibieron una clase tradicional.

El verdadero reto ya no es si los niños pueden aprender RCP, sino cómo enseñarles de una forma que aumente esa confianza y esa disposición a actuar cuando alguien necesite ayuda. Porque en una emergencia no basta con saber qué hacer. Hay que atreverse a hacerlo.

Y quizá la mejor forma de conseguirlo empiece jugando en las aulas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Aunque no llegue a formar Gobierno, el partido ultraderechista AfD sacude el tablero de la política alemana

El partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) ha causado conmoción en toda Alemania –y en el mundo entero– al arrasar a la oposición en unas elecciones regionales celebradas este fin de semana. Pero ¿será realmente capaz este partido de gobernar?

En unas elecciones que registraron una participación récord, la AfD obtuvo más del 44 % de los votos en el estado oriental de Sajonia-Anhalt. Esto supone más del doble del resultado en las elecciones regionales de 2021.

Sin embargo, como es habitual en la política alemana, la AfD no ha alcanzado la mayoría absoluta y necesitaría formar una coalición con otro partido para gobernar, aunque por un margen muy estrecho.

Tradicionalmente, los principales partidos políticos alemanes, tanto de izquierda como de derecha, se han comprometido a mantener un “cortafuegos” o “cordón sanitario” entre la AfD y el Gobierno. Esto significa que ninguno de ellos formaría una coalición con el partido de extrema derecha.

No obstante, el resultado ha amenazado con dar un vuelco a la política alemana, que desde la Segunda Guerra Mundial había logrado impedir que un partido de extrema derecha volviera al poder.

La AfD ha obtenido más votos que cualquier otro partido en Sajonia-Anhalt en más de diez años. Se trata de la misma formación que el organismo gubernamental encargado de salvaguardar la democracia alemana ha calificado oficialmente de partido de extrema derecha debido a sus “numerosas declaraciones antimusulmanas, racistas y antisemitas”.

La preocupación ahora es qué presagia esta elección regional para futuros éxitos de la ultraderecha.

¿Por qué le ha ido tan bien a la AfD?

Los analistas políticos llevan mucho tiempo tratando de presentar a la AfD como un fenómeno de Alemania Oriental (y siguen haciéndolo). Pero esto es solo una parte de la historia.

En las últimas elecciones federales de 2025, la AfD fue el segundo partido más votado en muchas circunscripciones alemanas. Y en casi todas las encuestas nacionales de este año, se ha situado en cabeza como la formación política más popular del país.

Incluso una coalición de los partidos históricamente más fuertes de Alemania –la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el Partido Socialdemócrata (SPD) y los Verdes– tendría dificultades, según las encuestas actuales, para formar un Gobierno federal en la actualidad.

Es revelador que este giro hacia la extrema derecha en Sajonia-Anhalt se haya producido a expensas de la CDU, que lidera el actual Gobierno federal alemán bajo el mandato del canciller Friedrich Merz. Como dejó claro una encuesta a pie de urna realizada tras las elecciones, el 88 % de los votantes del estado consideraba que, si el Gobierno de Merz hubiera aplicado mejores políticas, la AfD no tendría tanta fuerza en el estado.

Por su parte, Merz ha cometido el error de intentar llevar a un partido de centro-derecha que gozaba de gran popularidad bajo el liderazgo de Angela Merkel mucho más hacia la derecha, en un intento por ganarse a los votantes descontentos. Sin embargo, en lugar de apaciguar a los votantes desilusionados de la AfD, Merz simplemente ha incorporado los argumentos de la extrema derecha a la corriente principal, lo que ha llevado a algunos votantes conservadores a apoyar a la AfD.

A pesar de la clara postura antimigratoria de la AfD, estas elecciones no fueron meramente un referéndum sobre la inmigración, como algunos querrían presentarlas.

De hecho, solo el 16 % de los votantes en las encuestas a pie de urna afirmó que era su principal preocupación. La economía y la educación ocupaban los primeros puestos en la lista, y a la inmigración le seguían de cerca la falta de infraestructuras y servicios básicos y la falta de oportunidades laborales.

Los votantes de Sajonia-Anhalt sentían que su calidad de vida se estaba deteriorando y culpaban no solo a los migrantes, sino también a los políticos del establishment y a aquellos a quienes denominan colectivamente die Bonzen —los “peces gordos” que se han enriquecido durante la crisis del coste de la vida—.

¿Es posible una coalición?

El único partido que podría formar una coalición con la AfD sería el partido minoritario Alianza Sahra Wagenknecht (BSW). El BSW es una formación fundada por un antiguo miembro de Die Linke (La Izquierda), aparentemente un partido socialista democrático.

Sin embargo, desde que abandonaron La Izquierda, los integrantes del BSW han relegado casi por completo sus anteriores convicciones socialistas democráticas y se han vuelto cada vez más nacionalistas.

De hecho, se han desplazado tanto hacia la derecha que, tras las elecciones de Sajonia-Anhalt, el BSW planteó inmediatamente la posibilidad de una coalición con la AfD, haciendo hincapié en sus “puntos en común”.

Por su parte, la AfD se mantiene firme en su negativa a aceptar cualquier gobierno de coalición. En su lugar, amenaza con obligar al estado de Sajonia-Anhalt a convocar nuevas elecciones en un intento por conseguir una mayoría absoluta.

Esto no es del todo descabellado, ahora que el partido está a un paso de lograrlo: bastaría con que un partido menor, como el BSW, quedara por debajo del umbral electoral del 5 % necesario para obtener un escaño en el Parlamento regional para que la AfD consiguiera la mayoría absoluta.

¿Un resultado exclusivamente alemán?

Aunque las oscuras sombras del pasado nazi siguen marcando la percepción exterior del comportamiento de los votantes en Alemania, su giro hacia la derecha no se produce en el vacío. La desilusión con la democracia liberal está creciendo en otros lugares de Europa y más allá.

En Italia, la ya de por sí derechista primera ministra, Giorgia Meloni, se encuentra actualmente bajo la presión de partidos aún más extremistas. Reform UK, contrario a la inmigración, sigue obteniendo buenos resultados en las encuestas en el Reino Unido. Y la eterna amenaza para la democracia liberal en Francia, Marine Le Pen, es la favorita para las elecciones presidenciales del año que viene.

Las condiciones que han permitido el auge de la AfD en Alemania no son, por tanto, en absoluto únicas. Se está produciendo a escala mundial una erosión más profunda de las normas democráticas que está permitiendo que las formas más extremas de nacionalismo ultraderechista se conviertan en opciones elegibles.

Queda por ver qué podría significar esto para cuestiones de importancia mundial como la unidad de la Unión Europea, la guerra en Ucrania y el futuro de la OTAN en Europa.

The Conversation

Matt Fitzpatrick recibe financiación del Australian Research Council.

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