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Y usted, ¿qué se lleva a casa al terminar su jornada de trabajo?

Branislav Nenin/Shutterstock

Cada tarde, millones de personas regresan a casa después de trabajar. Algunas llegan con energía para salir a pasear, hacer deporte o jugar con sus hijos. Otras, sólo desean tumbarse en el sofá y que nadie les hable.

¿Qué ha ocurrido durante esas ocho horas?

La explicación habitual suele ser sencilla: “Ha sido un día duro”. Pero la ciencia lleva tiempo sugiriendo que ocurre algo más profundo.

Las empresas no solo producen bienes y servicios. También generan experiencias. Y esas experiencias influyen en cómo pensamos, cómo nos relacionamos, cómo afrontamos los problemas y cómo responde nuestro organismo ante todo ello.

Mucho más que un sueldo

Al principio existía una creencia generalizada de que el compromiso de un empleado dependía principalmente del salario.

La psicología organizacional ha demostrado que, una vez cubiertas las necesidades económicas básicas, otros factores adquieren una importancia decisiva: sentirse respetado, disponer de autonomía, confiar en los compañeros, recibir reconocimiento y percibir que el propio trabajo tiene sentido.

Por eso dos personas con el mismo sueldo pueden vivir experiencias laborales completamente distintas. Una termina la jornada satisfecha y la otra cuenta los minutos para marcharse.

La diferencia muchas veces no está en el trabajo que realizan, sino en la organización para la que trabajan.

Las empresas también nos transforman

Ninguna organización deja a sus profesionales exactamente igual que cuando llegaron. Después de meses o años compartiendo una misma cultura, las personas cambian. Algunas ganan confianza para expresar sus ideas, asumen nuevos retos y desarrollan relaciones de colaboración que potencian su crecimiento. Otras, por el contrario, dejan de participar en las reuniones, evitan asumir riesgos y acaban limitándose a cumplir lo imprescindible. La experiencia laboral contribuye a moldear su identidad profesional.

Muchas veces es el contexto el que marca la diferencia.

Las investigaciones en el área de psicología organizacional muestran que la forma en que una organización lidera, reconoce el trabajo, gestiona los errores o resuelve los conflictos influye directamente sobre la motivación, el compromiso, el aprendizaje y el bienestar de quienes la integran.

La cultura organizativa no es un concepto abstracto: se manifiesta cada día en miles de pequeñas interacciones que terminan moldeando la experiencia de trabajar en un lugar.

La huella invisible, y no tanto, de las organizaciones

Cuando hablamos del impacto de una empresa solemos fijarnos en indicadores como la rentabilidad, la productividad, la innovación o la cuota de mercado. Todos ellos son esenciales para conocer la salud de una organización.

Sin embargo, existe otro conjunto de indicadores que también habla de su desempeño y que no ocupa el mismo lugar en los informes de gestión.

La investigación ha estudiado por separado fenómenos como el compromiso (engagement), el desgaste profesional (burnout), la seguridad psicológica, la identificación organizacional o el bienestar laboral. Todos ellos responden, en realidad a una misma pregunta: ¿qué efecto produce una organización en las personas que trabajan en ella?

La respuesta deja una huella que, en ocasiones, resulta muy visible. Cuestiones como el absentismo, la rotación no deseada, las bajas por motivos de salud mental, el burnout o la dificultad para atraer y fidelizar talento constituyen, en realidad, una radiografía bastante precisa del tipo de organización que una empresa ha construido.

A veces la diferencia tiene nombre propio

Existe, además, un matiz que suele pasar desapercibido. Cuando preguntamos a alguien por qué disfruta de su trabajo o por qué decidió permanecer en una empresa, la respuesta no siempre hace referencia a la organización. Muchas veces tiene nombre y apellidos.

Aunque solemos hablar de las organizaciones como si fueran entidades abstractas, la experiencia laboral muchas veces se construye a través de personas concretas. Hay personas que consiguen que la experiencia laboral sea mejor para quienes trabajan a su alrededor. Un responsable que inspira confianza, una compañera que siempre ayuda o un mentor que acompaña en los momentos difíciles pueden hacer que un empleado se sienta vinculado a su trabajo, incluso cuando no desarrolla un fuerte compromiso con la organización conjunta.

Lo que ocurre en nuestro cerebro cuando vamos a trabajar

Nuestro cerebro evalúa constantemente el entorno en el que nos encontramos. Sin que apenas seamos conscientes, interpreta señales de confianza, reconocimiento, incertidumbre o amenaza y adapta nuestras respuestas psicológicas y fisiológicas a esas condiciones.

En las organizaciones se producen experiencias que aumentan o disminuyen la probabilidad de que se activen determinados sistemas biológicos, relacionados con el estrés, la motivación, la cooperación o la recompensa. En otras palabras, el cerebro responde menos al organigrama de la empresa que a la forma en que vivimos nuestro día a día dentro de ella.

Cuando predominan la confianza, el apoyo mutuo y el reconocimiento, resulta más fácil colaborar, aprender y comprometerse con los objetivos comunes. Por el contrario, cuando el miedo, la incertidumbre o el control excesivo forman parte de la rutina, el organismo permanece en un estado de alerta que termina afectando al bienestar, la creatividad y la capacidad para tomar buenas decisiones.

No es casualidad que las organizaciones más innovadoras del mundo dediquen grandes esfuerzos a construir culturas donde las personas se sienten seguras para preguntar, discrepar o reconocer un error. La profesora Amy Edmondson, de la Harvard Business School, denominó a este fenómeno seguridad psicológica y demostró que constituye uno de los mejores predictores del aprendizaje colectivo y del rendimiento de los equipos.

Del mismo modo, las investigaciones del neuroeconomista Paul Zak muestran que la confianza no es únicamente un valor ético, sino también un activo organizativo capaz de mejorar la cooperación, el compromiso y los resultados.

Una nueva forma de medir en las empresas

Es posible que haya llegado el momento de incorporar una nueva pregunta cuando evaluamos una organización. Una pregunta que no esté relacionada con cuánto factura, cuánto crece o cuánto innova nuestra organización, sino qué tipo de personas ayuda a construir.

Quizá la verdadera medida del éxito de una organización no sea únicamente lo que consigue, sino lo que deja. Porque todas las empresas producen resultados. Las mejores, además, producen personas que salen de ellas siendo mejores de lo que entraron.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Luz ultravioleta, una alternativa a los fertilizantes para obtener frutos más nutritivos

Cultivo de fresa en invernadero experimental con lámparas de luz UV. Beatriz Ramos, Universidad San Pablo CEU

Cuando pensamos en aumentar la producción agrícola, solemos imaginar fertilizantes, riego o nuevas variedades vegetales. Sin embargo, una herramienta mucho menos conocida está despertando un enorme interés entre los investigadores de todo el mundo: la luz ultravioleta (UV). Utilizada de forma controlada y en dosis muy bajas, esta radiación puede estimular el crecimiento de las plantas, mejorar la calidad de los frutos y aumentar su resistencia frente a enfermedades. Todo ello sin añadir productos químicos al cultivo.

Aunque la radiación ultravioleta suele asociarse a efectos negativos, como las quemaduras solares en la piel, las plantas llevan millones de años conviviendo con ella. De hecho, han desarrollado mecanismos sofisticados para percibirla y responder a su presencia.

La clave está en la dosis: mientras una exposición excesiva provoca daños celulares, pequeñas cantidades actúan como una señal que activa mecanismos de defensa y adaptación. Este fenómeno se conoce como hormesis, es decir, una respuesta beneficiosa ante un estrés leve.

Cómo perciben las plantas la luz UV

Las plantas disponen de receptores capaces de detectar determinadas longitudes de onda de la radiación ultravioleta. Cuando reciben una dosis moderada de UV, interpretan la señal como una posible amenaza ambiental y comienzan a prepararse para futuros episodios de estrés. Lo hacen produciendo compuestos antioxidantes, modificando su metabolismo e incluso activando genes relacionados con la defensa frente a patógenos.

Como consecuencia, las plantas incrementan la síntesis de sustancias protectoras como flavonoides, antocianinas y otros compuestos fenólicos. Estos metabolitos no solo ayudan a la planta a soportar mejor condiciones adversas, sino que además poseen interés nutricional para el consumidor, ya que muchos de ellos actúan como antioxidantes.

Efectos positivos demostrados en numerosos cultivos

Nuestros estudios en tomates ofrecen resultados especialmente llamativos. Con estas investigaciones hemos demostrado que breves exposiciones semanales a radiación UV-B y UV-C antes de la floración aumentan el crecimiento de las plantas, adelantan la aparición de flores y reducen la incidencia de enfermedades bacterianas. Además, los frutos obtenidos presentan mayores concentraciones de licopeno, carotenoides y compuestos fenólicos, mejorando su valor nutricional.

Sin embargo, el potencial de esta tecnología va mucho más allá del tomate.

En fresas, la aplicación de luz UV-C durante el cultivo ha mostrado capacidad para reducir enfermedades fúngicas y mejorar la calidad de los frutos durante la conservación.

En lechugas, la radiación UV se ha asociado con incrementos en la calidad nutricional y en la producción de compuestos antioxidantes, además de mejorar el rendimiento bajo condiciones de cultivo controlado.

En uvas, tratamientos UV antes de la cosecha permiten mantener elevadas concentraciones de estilbenos, compuestos relacionados con la defensa vegetal y con propiedades saludables para las personas.

También se han descrito efectos positivos en pepinos, albahacas y arroz, entre otras especies hortícolas. En ellas, dosis moderadas de radiación favorecen la acumulación de metabolitos beneficiosos y fortalecen la tolerancia frente a diferentes tipos de estrés ambiental.

¿Puede competir con los fertilizantes?

La luz UV no reemplaza completamente a los fertilizantes, ya que estos aportan nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo o potasio. Sin embargo, sí puede convertirse en una herramienta complementaria capaz de reducir parcialmente la dependencia de insumos químicos.

La diferencia fundamental es que los fertilizantes aportan recursos externos a la planta, mientras que la radiación UV estimula mecanismos internos que mejoran la eficiencia fisiológica. En otras palabras, la planta aprovecha mejor sus propios recursos.

Esta estrategia presenta varias ventajas:

  • No deja residuos químicos en el cultivo.

  • Reduce el impacto ambiental asociado a la fabricación y uso de fertilizantes.

  • Puede aumentar simultáneamente la productividad y la resistencia frente a enfermedades.

  • Mejora la calidad nutricional de los alimentos.

  • Disminuye la necesidad de algunos tratamientos fitosanitarios.

Todo ello resulta especialmente relevante si se considera que la producción y utilización de fertilizantes sintéticos genera una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la agricultura.


Leer más: Menos fertilizantes y más legumbres: estrategias para reducir las emisiones de la agricultura y la ganadería


¿Cómo se aplica en la práctica?

La tecnología es relativamente sencilla. Se utilizan lámparas LED capaces de emitir radiación UV-B o UV-C de manera controlada, con exposiciones muy breves y espaciadas.

En nuestros estudios realizados con tomates, por ejemplo, los mejores resultados se obtuvieron mediante irradiaciones de apenas tres minutos una vez por semana durante la fase previa a la floración. Exposiciones más largas no mejoraban los resultados e incluso podían provocar efectos negativos.

Este aspecto es crucial: la eficacia depende de emplear dosis cuidadosamente ajustadas. La misma radiación que estimula el metabolismo vegetal en bajas cantidades puede convertirse en un factor dañino cuando se aplica en exceso.

Normalmente los tratamientos se realizan durante la noche, cuando no existe interferencia con la radiación solar y resulta más sencillo controlar la exposición.

¿Es viable a gran escala?

La respuesta es cada vez más positiva. La aparición de sistemas LED específicos para agricultura está reduciendo los costes energéticos y permitiendo una aplicación precisa de la radiación UV. Además, los invernaderos modernos ya incorporan un elevado nivel de automatización, lo que facilita integrar estas lámparas en los programas de manejo habituales.

Los cultivos protegidos en invernadero, como los de tomates, pimientos, pepinos, fresas o lechugas, son candidatos para adoptar esta tecnología. Ya se ha probado también en cultivos a cielo abierto mediante aplicaciones con tractores portadores de las lámparas. Con estos sistemas resulta sencillo controlar los pulsos de radiación.

Aún quedan desafíos por resolver. No todas las especies responden igual y cada cultivo requiere determinar la dosis, frecuencia y momento de aplicación más adecuados. También es necesario evaluar los costes económicos frente a los beneficios obtenidos en condiciones reales de producción.

Una nueva herramienta para la agricultura sostenible

Durante décadas, la agricultura ha dependido principalmente de fertilizantes y productos fitosanitarios para incrementar la producción. La luz ultravioleta plantea un enfoque diferente: estimular las capacidades naturales de la planta para que crezca mejor, produzca más y se defienda por sí misma.

Los resultados obtenidos hasta ahora muestran que pequeñas dosis de radiación UV pueden aumentar la floración, mejorar el rendimiento, reforzar la resistencia frente a patógenos y enriquecer el contenido de antioxidantes en los frutos. Más que una sustituta de los fertilizantes, esta tecnología emerge como una herramienta complementaria que podría ayudar a producir más alimentos con menos insumos y menor impacto ambiental. En un contexto de cambio climático y creciente demanda alimentaria, esa combinación resulta especialmente prometedora.

The Conversation

Los resultados obtenidos son fruto de una colaboración entre el grupo de investigación “Biotecnología de la Interacción Planta-Microbioma (https://www.biotecnologia-vegetal-microbioma-ceu.es/) de la Universidad San Pablo CEU y RZERO Infection Prevention and Control S.L.U (https://rzeroprevention.com/), que ha combinado el rigor científico con la innovación empresarial para generar conocimiento de alto valor e impacto aplicado.

Los resultados obtenidos son fruto de una colaboración entrevel grupo de investigación “Biotecnología de la Interacción Planta-Microbioma (https://www.biotecnologia-vegetal-microbioma-ceu.es/) de la Universidad San Pablo CEU y RZERO Infection Prevention and Control S.L.U (https://rzeroprevention.com/) que ha combinado el rigor científico con la innovación empresarial para generar conocimiento de alto valor e impacto aplicado.

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