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Vistiendo de amor a sus hermanos

Una sensación así, por supuesto, es lo que suele pasar a cada uno cuando se nos va alguno de nuestros grandes referentes, pero en este caso la subjetividad parece generalizada: en la tarde del miércoles la consternación y el pesar por su muerte se manifestaban por doquier: vecinos, choferes de taxi, personas opulentas, personas de muy bajos ingresos, viejos y jóvenes, músicos y oyentes, más músicos (virtualmente todas las grandes figuras del rock argentino), redes sociales, la televisión y la radio, el presidente y la vicepresidenta, duelo nacional y funeral de Estado, Peñarol, la AUF, una llamada gigantesca en la calle Isla de Flores. ACÁ CERCA Y HACE TIEMPO Rada nació en el barrio Palermo, el 16 de julio de 1943 (referencias generacionales: cinco meses después que George, el más joven de...

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Cómo resumir casi 80 años de creatividad en 8 minutos

Desde niño Rada tuvo una llamativa capacidad para disfrutar, asimilar y apropiarse de una enorme variedad de géneros musicales. Como el gran imitador que era, no se limitó a copiar al imitado, sino que logró desentrañar los aspectos esenciales de los estilos musicales que estaba intentado emular. Tango, folclore argentino y uruguayo, músicas brasileñas, del Caribe, de España y de Italia, y un largo etcétera. Y por supuesto, candombe y murga.

Pero Rada no se quedó en la imitación. En su faceta como compositor se destaca su enorme capacidad para elaborar ese complejo caudal de influencias creando un estilo y un sello propio. Entre 1966 y 1968, junto con Eduardo Mateo y la barra de El Kinto, tiene una participación fundamental en nada menos que la creación de un nuevo territorio dentro de la música popular uruguaya. Una original fusión de tradiciones afroestadounidenses como el blues, el jazzy el rock (también el beat y la psicodelia en aquella época) con tradiciones afrouruguayas como el candombe y otros ritmos latinoamericanos. Seguiría profundizando en esa veta con Totem, Opa, su trayectoria en Argentina y a lo largo de toda su carrera solista.

Otra peculiaridad única de su actividad como compositor es que la pudo desarrollar sin tener educación musical formal ni tocar instrumentos armónicos. Rada compone desde su conocimiento y su intuición, con la cabeza, el corazón y el alma. ¿Cómo lo trasmite? Simplemente se lo canta a su parceiro de turno, desde el entrañable Manolo Guardia hasta los más jóvenes de estos días. Toca el ritmo y les canta la melodía, las armonías y también los arreglos.

Vaya forma de crear una obra integrada por casi 400 canciones grabadas en algo así como 54 discos editados (y no estoy incluyendo sus centenares de participaciones como invitado en discos de otros artistas). La mera cantidad no es un indicador de relevancia, pero, si escuchamos lo que hay adentro, ¡madre querida!

* * *

Rada es un vocalista extraordinario, dotado de una afinación perfecta y de un amplio rango de frecuencias. Esta es una apreciación fría si no hablamos, además, de su forma de interpretar, su expresividad, su feeling y su swing, características con las que logra conmover los sentimientos más íntimos de los escuchas. Pero otro aspecto que siempre lo caracterizó es la utilización de su voz para generar diversos sonidos: ya fuese de animales o de la naturaleza en general.
A sus notables scats y malabarismos vocales, agrega conjuntos de fonemas como un instrumento más y todos los instrumentos que toca con la voz.

No faltan las inclusiones permanentes de expresiones, palabras e incluso frases completas aparentemente «ajenas» o «externas» a la canción, que de algún modo le quitan solemnidad y la dotan de un aura más vivencial. Como aquel (entre cientos) «Vamo arriba muchachos», a los pocos minutos de comenzar el tema «Montevideo» junto con Opa.

Rada es un estupendo percusionista, frontman, showman y humorista. En primer lugar, está el amor por su familia y amigos, y el segundo lo ocupa la música. Desde la punta de sus pies hasta su última mota, Rada irradia música, vive música. Y lo mismo con el humor que también forma parte indisociable de muchas de sus canciones.

* * *

Transcribo algo que escribió el musicólogo Coriún Aharonián a mediados de los noventa: «Conscientemente o no, Rada hace un difícil doble juego en sus letras (cosa que también aparece en sus músicas), en un vehículo en apariencia muy simple (y qué difícil que es escribir simple, caramba), maneja contenidos ricos dichos en forma muy concentrada, referencias a la memoria, a símbolos, a lo onírico. Y vueltas de tuerca. Eso sí, son letras-letras. Como las más populares de Rubén Lena. Son textos que adquieren plenamente su sentido (su gracia, su ternura, su denuncia, su dramatismo, su gesto todo), solo cuando están cantados. ¿Cómo hace este hombre para derrochar tanto refinamiento, tanta ternura, tanta creatividad, y al mismo tiempo poner cara de “aquí no pasa nada”?».

Yo agrego que alcanza momentos tremendamente expresivos, en los que logra pasar de una ternura conmovedora a un estallido desgarrador. Y eso lo amalgama de forma espléndida con la música. Un ejemplo maravilloso es «Chinga Chilinga», o también «La Rada», en la que dice: «Barcos de muchas banderas alegran mis días/ allá en la rada de mi ciudad./ Gente que espera su gente llenos de alegría/ y otros que lloran porque se van.// Después el pito del barco sonando desgarra mil vidas/ y muchos padres y madres preguntan/ sin poderse explicar, ni siquiera entender// ¿Por qué se van? ¿Adónde van? ¿Volverán?// De ver los barcos partir muero todos los días/ allá en la rada de mi ciudad».

Todo esto y mucho más decanta en otro aspecto relevante: la profunda admiración que le tienen sus colegas (más allá del público). Todas sus bandas de acompañamiento han estado integradas por músicos excepcionales, algunos de ellos grandes popes del jazz. Y la mayoría afirma que los mejores momentos de sus vidas en cuanto a gozadera y en lo musical se dieron cuando tocaron con Rada. Superídolo, no solo en Uruguay, sino en Argentina y en varios países. Este reconocimiento también llegó a partir de varios premios, en particular el Grammy Latino a la Excelencia Musical que se le otorgó en 2011.

* * *

Hemos hablado de muchos estilos y de mezclas y fusiones entre ellos. Pero quiero recalcar que el Negro es el embajador más importante del candombe que ha tenido nuestro país.

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Por último, quiero mencionar su modestia. Cuando trabajé en su biografía, él no quería hablar de sí mismo. Pero disfrutaba muchísimo hablando, con mucha propiedad y placer, de centenares de músicos y artistas que él había admirado y de los que se había nutrido. Seguramente, esa modestia se deba a que nunca se olvidó de sus raíces. De aquellos orígenes en un hogar muy pobre desde el punto de vista económico, pero con un entrañable amor de parte de su mamá –que tanto luchó para que pudieran salir adelante–. Durante su vida también tuvo un periplo de muchas adversidades, racismo incluido, que pudo ir superando con una resiliencia llamativa.

Te agradecemos enormemente, querido Negro Rada, por habernos alegrado la vida durante tantas décadas con tus canciones, tu música y tu forma de ser.

«Ir contra la cultura es como intentar controlar el viento»

El filme El agente secreto del brasileño Kleber Mendonça Filho obtuvo en 2025 un enorme reconocimiento internacional: dos premios en Cannes, el Globo de Oro, y cuatro nominaciones al Oscar. Sin embargo, sus jóvenes seguidores peruanos no le pedían autógrafos porque fuera famoso, sino por apego o culto. Le planteaban sus preguntas como si fuera un viejo sabio, aunque Kleber tiene 57 años. Para el principal crítico peruano de cine, Ricardo Bedoya, el juego de géneros propio del cine de explotación «crea un puente de comunicación entre Mendonça Filho y un público joven, para hablar del autoritarismo, la memoria, la dictadura».

El aclamado director –y también programador de una sala de cine– recibió el sábado pasado el homenaje del 30.º Festival Internacional de Cine de Lima a su trayectoria: el certamen incluyó una retrospectiva de cuatro de sus filmes y una clase maestra en la que Bedoya abrió el diálogo.

El agente secreto es un thriller ambientado en Recife, en 1977, sobre un investigador que desarrolla tecnología en una universidad pública durante la dictadura y choca con los intereses de un empresario violento y de extrema derecha. En su intento por reunirse con su hijo, cambia de nombre y recibe ayuda de sus suegros y de otros amenazados por diversas causas. Pese al miedo y la persecución, la mayoría de los personajes disfruta lo que hay: el paisaje, el sol, el carnaval, el cine, la risa ante las mentiras de la prensa. «La película trabaja pequeños asuntos: el fumar, los encuentros, la sensualidad. Las cosas cotidianas tienen una corporalidad muy vital en la película, y es en realidad eso a lo que busca enfrentar la represión y las violencias política y empresarial», comenta Bedoya a Brecha.

¿Cómo ha logrado Mendonça Filho una audiencia tan joven? Bedoya responde que ese público conoce perfectamente las claves de los géneros del misterio, del cine fantástico o el de la violencia extrema. El director brasileño trabajó más de una década como crítico, viendo filmes de los años setenta y ochenta. «Es un cinéfilo y se ha alimentado de formas y técnicas propias de películas de Hollywood –personajes medio paranoicos, amenazas inciertas, el sentimiento del propio fracaso, caso de las de Alan J. Pakula o Brian de Palma–, eso y el cine italiano», detalla Bedoya, autor del libro El cine latinoamericano del siglo XXI.

Además, destaca el olfato de Mendonça Filho para «hacer un cine de autor, con elementos de género, y a la vez un cine popular, porque en dos de sus películas trabaja con estrellas del cine y la televisión brasileños: Sonia Braga en Aquarius y Wagner Moura en El agente secreto.

LA ACOGIDA EN PERÚ

Su primera película de ficción, Sonidos vecinos (O Som ao Redor) de 2012, fue exhibida al año siguiente en el 17.º Festival de Cine de Lima y ganó el premio de la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (Apreci) en la categoría ópera prima. En 2025, ese mismo gremio calificó a El agente secreto como el mejor estreno internacional, y le entregaron el premio al final de la clase maestra, poco antes de la clausura del festival.

«Esta continuidad nos permite identificar temas de lucha compartida que resuenan en nuestra propia realidad, como la defensa de la memoria histórica y personal frente a la voracidad capitalista y el olvido sistémico que afecta a nuestros países», dijo Luis Vélez en un pasaje del discurso en nombre de Apreci. Entre los asistentes a la clase maestra, varios jóvenes cinéfilos llevaban afiches o DVD para pedir un autógrafo. Muchos salieron del auditorio emocionados al ver la firma y la sencillez del cineasta.

Perú vive desde 2024 un embate contra la cultura debido al régimen autoritario que gobierna desde diciembre de 2022. Un proyecto de ley presentado en 2023 y aprobado en 2025 redujo los fondos para el cine y puso restricciones respecto a la temática; además, la nueva administración del Lugar de la Memoria –un museo sobre el conflicto armado interno 1980-2000– niega la responsabilidad de las fuerzas del orden en los crímenes contra civiles. El ministro de Justicia del gobierno de Keiko Fujimori, un político de extrema derecha, ha propuesto esta semana que su sector gestione dicho museo en vez del Ministerio de Cultura. Por ello, el público y la prensa peruana consultaron a Mendonça Filho sobre la importancia de los fondos estatales. «Una sociedad sana tiene el apoyo de la propia sociedad para la salud, la educación, la cultura. Tengo mucho orgullo de ser brasileño porque la Constitución considera el apoyo a la cultura, y la extrema derecha tiene una tendencia a ignorar o disminuir aspectos que son mínimos de la vida en sociedad: atacan a la cultura. El agente secreto fue hecha con apoyo federal, y Brasil es un país como Canadá, donde muchas películas requieren dinero para distribución. Creo mucho en el cine como instrumento de educación», contestó.

Mendonça Filho cuenta que los premios no gustaron a un sector de su país: «La extrema derecha tiene un deseo muy perverso: ver a una película brasileña fracasar. Una parte del público estaba muy orgullosa con El agente secreto, pero a cada nueva victoria había ataques muy locos contra la película. Es un comportamiento raro ir contra la cultura, porque es muy poderosa: es como intentar controlar el viento», contó a Brecha.

El director de Retratos fantasmas recordó que en los años del gobierno de Jair Bolsonaro el apoyo a la producción de cine brasileño fue interrumpido. «Como programador de una sala de cine puedo decir que ahora hay una programación muy grande, de 130 largometrajes por año, y que tenemos mucho apoyo. Hay una lucha para encontrar espacio para nuestras películas, pero en Francia pasa lo mismo. Me da un placer mórbido pensar que para la industria El agente secreto es una película autoral con cifras de cine industrial [comercial], y eso causa confusión en la cabeza a esta gente de la industria. Muchas películas industriales tuvieron cifras 20 veces menores que la película de dos horas y 40 minutos y con una pierna asesina: me gusta mucho confundir al sistema», relató en su clase maestra.

La pierna asesina fue un elemento de animación que usó de forma satírica para aludir a la represión dictatorial contra parejas homosexuales que se besaban en los parques.

El cineasta ya está preparando su próximo largometraje: estará ambientado en la década del 30 del siglo pasado y es producto del trabajo de archivo que hizo para el filme que ganó el Globo de Oro en 2025 (así como este surgió, a su vez, del proceso de documentación para Relatos fantasmas).

Al agradecer el premio del 30.º Festival Internacional de Cine de Lima, Mendonça Filho dedicó la distinción a los cineastas jóvenes. «El cine es una manera muy fuerte de quebrar la narrativa oficial, y el mundo es un lugar siniestro hoy: en la política, en Estados Unidos, en Europa, en América Latina. Es un gran momento para hacer películas no solo porque es una manera de quebrar la narrativa, sino también porque tenemos los medios y la tecnología de nuestra parte.»

El otro de uno mismo: Laura y Glória

Pierre Bourdieu decía que existe un poder creador en el acto de nombrar. En la antigua cultura egipcia, memorizar determinadas palabras, los hekau opalabras-fuerza, garantizaba que el alma llegara hasta Osiris. En la tradición cristiana, saber el nombre del demonio te da el poder de exorcizarlo. «Nuestros nombres,/ esas cosas hechas de palabras», escribió João Cabral de Melo Neto; «palabras:/ palacios vacíos,/ ciudad adormilada», dirá Ida Vitale, ambos en defensa de la palabra y de su materialidad, afirmando su potencia de sentido y de expectación, ante nuestra actitud completiva. A pesar de toda su mística y su función innegable, un nombre es un objeto verbal. Más allá de eso, sabemos –aunque por salud o comodidad lo ignoremos– que nuestros nombres no son nuestros. Son, en general, elecci...

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Cuando todo parece jodido

Esta obra de teatro1 trasciende el mero hecho artístico del encuentro entre un actor y su público. Se trata de un texto en formato unipersonal que fue escrito por Diego Soto Díaz (realizador audiovisual, director de televisión y teatro) mientras transitaba su propio tratamiento contra el cáncer. Diego falleció en octubre de 2025, y sus amigos y allegados se propusieron llevar la obra a escena: para recordarlo y cumplir con la meta de Soto, y para dar lugar al intercambio sobre una enfermedad que les toca a tantos y aun así continúa siendo tabú. En este camino Cecilia Fuentes, su pareja (productora general), su amigo del liceo, Gustavo Bouzas (que dirige esta pieza, y es reconocido como director de Rescatate), su hermano Nico Soto Díaz (en la dirección audiovisual y el diseño sonoro) y el a...

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Sigue girando

Justamente podría llegar a ser una oportunidad el desarrollo inmobiliario para exigirle al desarrollador el poner en valor el humedal [de Carrasco] –declaraba hace diez días Oscar Caputi (TV Ciudad, 18-VIII-26).1

—¿No es tarea del Estado eso? ¿No sería tarea del Estado controlar y fortalecer el humedal? –repreguntaba la periodista Pilar Teijeiro.

—Sí, no, no, ni que hablar.Lo que pasa es que cuando se desarrolla una inversión de este tipo siempre puede ser una oportunidad para mejorar con aportes de capital privado la conservación y la puesta en valor de ese humedal –insistía el viceministro.

* * *

No se trata de una declaración sorprendente en boca de un gobernante frenteamplista ni una rara avis en la concepción del desarrollo y del urbanismo en los ciclos progresistas: el Estado podría reducir su peso en este tipo de cosas y el «privado», a fuerza de millones, sería el indicado para venir a restaurar las décadas de abandono de un área pública –un bien natural común– y recibir a cambio una recategorización de un suelo rural deprimido con la que multiplicará sus millones. Pero quizás puede ser más llamativo que el interlocutor esta vez haya sido el número dos del Ministerio de Ambiente (MA), un hombre de perfil bajo, quien, además, dio un paso más en comparación con Edgardo Ortuño, el titular del ministerio. Caputi, que está en funciones desde julio de 2025, no se limitó a decir que la situación de los bañados de Carrasco será analizada por un grupo de trabajo técnico: el funcionario directamente puso en el centro de la escena al «privado». Como se recordará, este tema dio un salto hacia las primeras planas cuando se conoció que el humedal fue excluido del listado de los 37 que fueron declarados de importancia ambiental, en un decreto aprobado por el gobierno, en octubre de 2025 (véase «El descarte», Brecha, 10-VII-26). El retiro de las 937 hectáreas protegidas se produjo en las mismas fechas en las que ingresó a consideración de la Intendencia de Montevideo la propuesta de un ambicioso desarrollo privado de residencias de alta gama. La desconfianza y el malestar –que se propagaron incluso hacia la interna del Frente Amplio– crecieron a tal magnitud que obligaron al MA a reincorporar este humedal metropolitano en el decreto.

Sin embargo, la referida opinión de Caputi cobra otra dimensión a partir de información muy relevante que el viceministro no colocó en la escena pública: sus vínculos con Eduardo Costantini, el desarrollador de ese proyecto de urbanización en el norte de Carrasco.

El empresario de 79 años de edad, uno de los más ricos de Argentina, es un viejo conocido por estas tierras. Allá por 2008 logró hacerse –mediante su firma Consultatio SA– de 240 hectáreas próximas a la laguna Garzón, una zona de gran relevancia ecosistémica, que fueron recategorizadas a su imagen y semejanza. En esas tierras privilegiadas de Rocha estableció el exclusivísimo barrio privado Las Garzas. Fue de nuevo una oportunidad para los oficialismos de turno: con el beneplácito del entonces intendente socialista Artigas Barrios y el ministro de Transporte, Víctor Rossi, Costantini puso su óbolo para solventar el 80 por ciento del costo del puente circular de la laguna Garzón (unos 3 millones de dólares).

Pero el nombre del potentado resurgió en los últimos meses, cuando se supo que está detrás del proyecto que pretende instalar una urbanización de 3 mil viviendas de alto poder adquisitivo en las inmediaciones de uno de los humedales más grandes del Uruguay y uno de los pocos metropolitanos que sobrevive en un territorio presionado por una voraz mancha urbana y la antropización de los recursos naturales. Las comparaciones con otra opus de Costantini, el barrio privado bonaerense Nordelta –famoso en los reels a partir de la irrupción en sus jardines de los rústicos y territoriales carpinchos–, no tardaron en aparecer. Pero entre el desembarco de Costantini en el codiciado tramo limítrofe entre Maldonado y Rocha y la probable conquista de una de las zonas naturales más valiosas de la capital uruguaya pasaron cosas.

EL PADRE, EL HIJO Y EL HERMANO

En 2021, Caputi, de profesión ingeniero agrónomo, 2fue el responsable del estudio de impacto ambiental nada menos que de la mansión que Costantini construyó en las cercanías del faro de José Ignacio –en el padrón 27–, a escasos metros de la costa atlántica. Allí hay unas codiciadas 40 manzanas que ostentarían el valor por metro cuadrado más caro del país. La residencia del empresario de 1.647 metros cuadrados, que insumió una inversión de 5.600.000 dólares, posee un subsuelo para albergar cuatro autos, una cava y un spa junto a una piscina exterior. El emplazamiento que se hunde entre las rocas incluye una segunda casa «auxiliar» de dos dormitorios. En los documentos del proyecto, prometía mimetizarse con el entorno: «azoteas verdes» con «réplicas del suelo natural», rocas intocadas –algo llamativo ya que de por sí el emplazamiento está en una punta rocosa– y el trasplante de la vegetación nativa afectada a los propios techos.

El estudio ambiental del proyecto, que obtuvo la categoría B (impactos ambientales moderados), fue realizado por Enviro Consultores, la empresa en la que el subsecretario trabajó hasta el mes anterior al de su asunción en el MA. En su cuenta de LinkedIn declara haber sido «consultor senior» desde 2009.

Sin embargo, la tarea de Caputi hace cinco años no se limitó a firmar y supervisar los estudios técnicos sobre la mansión en la que Costantini iba a residir en la temporada veraniega con su cuarta y joven esposa, la modelo Elina Fernández. El subsecretario fue uno de los tres apoderados del empresario para representarlo no solo ante las distintas direcciones del MA, sino también para desempeñar variados cometidos relacionados con el proyecto: «Inscribir empresas u obras; fijar sueldos fictos patronales, otorgar y suscribir peticiones o declaraciones juradas, notificarse de resoluciones y consentirlas […] y realizar todo tipo de trámite administrativo conveniente a los intereses del mandante». El nombre del actual viceministro aparece en una carta poder labrada por escribano en Punta del Este, el 5 de abril de 2021, que cuenta al pie con la expansiva rúbrica de Costantini. El documento, al que accedió Brecha, está inserto en el expediente del proyecto de construcción elevado al MA (2021/14000/004380). Quiere decir que la función de Caputi no fue la de un mero técnico contratado, sino la de un apoderado, una persona de confianza para realizar gestiones a nombre del empresario.

Los otros dos apoderados de Costantini fueron el director de Enviro, el ingeniero agrimensor Daniel Sztern Goldhar, y Tomás Torres. Sztern es conocido en la administración pública. Fue director nacional de Ambiente en el período de Jorge Batlle,
como parte del equipo del ministro blanco Carlos Cat. Al cabo de un año y medio pasó a ser el gerente de Medio Ambiente de OSE. Sztern fue también consultor de intendentes nacionalistas, como el coloniense Walter Zimmer y especialmente de Enrique Antía, que avaló la mayoría de los emprendimientos asesorados por Enviro en José Ignacio y otras zonas vírgenes de la costa de Maldonado.

Captura de la carta poder que declara a Oscar Caputi como uno de los tres apoderados de Eduardo Costantini para el proyecto de construcción de su mansión en José Ignacio. Fuente: Expediente oficial frente al Ministerio de Ambiente

Caputi, apodado el Tero, viene de otra extracción política. Pertenece al sector frenteamplista Asamblea Uruguay (AU) y es desde 1984 funcionario de la Intendencia de Montevideo (IM). Pasó por varios puestos en la comuna: director de Viveros (cargo que pertenece a Áreas Verdes, su servicio de origen), director de Limpieza (2016-2017), director de la Unidad de Coordinación Metropolitana (2017-2020) y director de la Unidad Administradora del Mirador Panorámico (2020-2025). En su trayecto puede advertirse un vínculo muy cercano con Jaime Igorra, también del sector AU, a quien asesoró cuando fue subsecretario de Vivienda (2005-2008) y presidente de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones (2009-2010).

La puerta giratoria que condujo a Caputi a la subsecretaría de Ambiente se abrió por efecto del conocido acuerdo entre el presidente Yamandú Orsi y el intendente montevideano Mario Bergara. El economista logró llevarse al palacio de ladrillos a Leonardo Herou, el viceministro de Ambiente designado originalmente, para realizar el nuevo plan de limpieza de la capital y, en su lugar, llegó al MA el ingeniero agrónomo, que integra uno de los sectores del espacio Seregnistas. Como se sabe, la IM es un organismo que tendrá un rol central en el futuro del proyecto de los bañados de Carrasco, al igual que el MA.

Pero al adentrarse en los numerosos expedientes en los que actuó la consultora Enviro se descubre que el vínculo privado del subsecretario de Ambiente con la familia Costantini no se limita a episodios aislados. En 2023, Caputi fue el técnico responsable del estudio de impacto de una de las residencias del barrio privado que Rodolfo, hermano de Eduardo y, entre otras cosas, propietario de Frigorífico Rioplatense, construyó en el balneario San Vicente de Maldonado. Una de las mansiones de La Bonita by Rodolfo Costantini está hoy en venta por casi 5 millones de dólares, promocionada como «de alto standing» en la zona «de mayor privilegio de este país, bien establecida, primera línea, a solo pasos del resplandeciente océano».

A la luz de los documentos, Caputi también conoce las virtudes de los páramos más agrestes que se yerguen entre lagunas costeras y se derraman hacia Rocha. En 2012, supo ser el técnico responsable del estudio de impacto ambiental y de la «tramitación» de un pomposo proyecto en las costas rochenses: «Fraccionamiento Las Cárcavas». La urbanización de «chacras marítimas» llevada adelante en nombre de una ignota razón social –Gridock SA– proponía 20 lotes en el llamado, en ese entonces, Paraje Lagunas Costeras, al sur de la ruta 10. La sorpresa aparece cuando las entrevistas de prensa y portales inmobiliarios permiten conocer que ese emprendimiento, emplazado en el balneario Santa Isabel y muy cercano a Las Garzas, fue desarrollado por el hijo homónimo de Eduardo Costantini, Edo. Ese podría haber sido el primer trabajo del viceministro, a través de la consultora Enviro, para la familia. Como nota al pie, el emprendimiento terminó mal: los predios se remataron y hubo denuncias de compradores decepcionados por la falta de exclusividad del barrio (entre ellos, la de una exesposa de Franco Macri). «Habrá mayor cantidad de gente y familias que roten en la ocupación y, en ese sentido, más riesgo de inseguridad y trasiego de personas», se lee en la demanda consignada por Búsqueda (8-II-23).

NOMBRAMIENTO CUESTIONADO

Caputi ya fue objeto de severas resistencias cuando se conoció su designación. Los cuestionamientos provinieron del nutrido grupo de organizaciones que vienen accionando en defensa de la faja costera y los ecosistemas vulnerables en Maldonado y Rocha. El nombre Enviro era muy conocido por los colectivos de vecinos y científicos, ya que aparecía en los expedientes de múltiples fraccionamientos en áreas de gran importancia ambiental. Estos grupos vienen activando desde hace años acciones judiciales en salvaguarda de los ecosistemas.

Uno de los proyectos más polémicos que contó con un estudio de impacto ambiental de Enviro y en el cual el viceministro también fue apoderado fue el de Marina Beach (de Manantial del Sol SA, Coralview LLC y Lokview LLC), presentado al MA en 2022. Esta urbanización, ubicada en la proximidad del balneario Buenos Aires, provocó tanta controversia que terminó llegando a la Justicia y al Parlamento durante el anterior gobierno. En particular, logró considerable cobertura cuando el MA cambió la clasificación del proyecto de la categoría B a la A –la que no implica impactos significativos en el ambiente–. El cambio se produjo a instancias del entonces titular de la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental, Eduardo Andrés (Búsqueda, 3-X-24). Esta es una modificación muy buscada por los empresarios porque no obliga a presentar un estudio de impacto ambiental ni a convocar audiencia pública. Frente a la presión social, el entonces ministro de Ambiente, Adrián Peña, convocó a tal audiencia a pesar del cambio de categoría ambiental.

Pero el apellido Caputi, en su calidad de técnico principal o interviniente en nombre de Enviro, figura en un largo collar de perlas costeras, particularmente de Maldonado. Es el caso del fraccionamiento Mar Azul Villas, otro barrio cerrado de José Ignacio construido en 2018. El viceministro fue el responsable técnico de la consultoría para el proyecto de construcción sobre la faja costera en el lote 36 (a nombre de Gustavo Kogan) y fue técnico interviniente en los proyectos residenciales de Adrián Suar, Nicolás Repetto y Mariana Fabbiani.

Caputi, en verdad, estuvo teniendo estos vínculos comerciales hasta el mes previo al de su asunción, incluso como apoderado frente al MA de una sociedad anónima (Coralgres). Esta firma es la que solicitó la autorización ambiental para edificar la casa Las Rocas, otra impresionante construcción de casi 700 metros cuadrados en una de las pocas manzanas libres del casco del faro de José Ignacio a 45 metros de la ribera costera. Escasos datos existen sobre quiénes están detrás de esta sociedad anónima.

Estos expedientes son solo algunos de los que están en conocimiento de la organización Red Unión de la Costa, que en julio del año pasado emitió un comunicado en el que objetaba la designación de Caputi: «Nuestro descontento se basa en el conocimiento certero de que dicha persona trabaja en una de las consultoras ambientales que tienen más solicitudes de autorizaciones ambientales frente al MA. Consideramos que esta situación configura un potencial conflicto de intereses, ya que su trabajo en la consultora podría influir en su función pública, comprometiendo una actuación imparcial y objetiva en la toma de decisiones que le compete». En esa comunicación, detallaron otros proyectos asesorados por Enviro que aguardaban permiso ambiental: el barrio privado El Milagro, impulsado por el grupo La Tahona en Salto, la urbanización Reserva del Mar, en la zona del arroyo El Potrero, y una más en Guazuvirá.

TODO VUELVE

La historia cobra a esta altura la misma fisonomía circular del puente de la laguna Garzón. Casi que una metáfora urbana de esa puerta giratoria que decide el derrotero de las valiosas cuencas que se extienden desde Montevideo hasta Rocha: los mismos apellidos, los mismos conceptos y ahora la figura de este ingeniero agrónomo que está en la cúspide política del ministerio que tendrá que pronunciarse sobre inversiones multimillonarias de alto impacto ambiental, presentadas por el mismo inversor para el que trabajó.

A estudio de este joven y cascoteado ministerio está el destino final de los bañados de Carrasco. Y también el del proyecto de un aeropuerto especializado en vuelos privados que se quiere construir cerca de Las Garzas con el impulso del intendente de Rocha, Alejo Umpiérrez, y el Ministerio de Defensa Nacional: ese que se insertaría en el corredor biológico que une dos lagunas comprendidas en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas y en la reserva de biósfera de Bañados del Este. Dos proyectos sobre los que existen numerosas voces académicas que advierten acerca de sus consecuencias ambientales y sociales, que podrían resumirse en degradación y gentrificación. Los técnicos del MA, bajo la presión de autoridades nacionales y departamentales, deberán lidiar con la realidad de que el actual subsecretario trabajó para Eduardo Costantini, el desarrollador del barrio privado en el humedal metropolitano y, seguramente, uno de los mayores interesados en que el aeropuerto rochense de Corporación América se instale próximo al primer beach house que inauguró en 2013. Caputi no se ha excusado de opinar sobre las potencialidades de un proyecto capaz de «poner en valor» un humedal que ya está degradado, tiene asentamientos en sus cercanías y del que se retira turba. Los argumentos son similares a los que figuran en muchos de los documentos en los que contribuyó a relativizar los impactos ambientales de las urbanizaciones: después de todo se construirán en áreas ya «antropizadas» porque ya están loteadas, o ya hay muchas casas construidas, o carecen de cordón dunar por culpa de viejas plantaciones de acacias. Y si no están degradadas, después de todo, «no tienen actividades productivas relevantes». El círculo se cierra y merece conocerse.

1. Se intentó obtener la palabra del subsecretario, pero no se tuvo respuesta del área de comunicación del MA.

2. En una versión anterior del texto se escribió erróneamente que era ingeniero agrimensor. Las disculpas del caso.

Implicancias

Hay un artículo de una ley –la 19.823– que contiene el denominado Código de Ética de la Función Pública que parece estar en desuso. Es el decimocuarto, que impide al funcionario «intervenir en las decisiones que recaigan en asuntos en que haya participado privadamente como técnico» y lo obliga «a poner en conocimiento de su superior jerárquico su implicancia en dichos asuntos y los antecedentes correspondientes para que este adopte la resolución que corresponda». A modo de muestra: en Canadá, la recusación no solo es obligatoria sino pública (el funcionario debe apartarse de toda discusión y describir suficientemente el conflicto) y, en Francia, un organismo especializado investiga las implicancias. Los estándares de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) –con un enfoque preventivo– configuran el conflicto de interés más allá de que el jerarca haya intervenido o no en el asunto en cuestión («conflicto real») y alcanzan el conflicto potencial o aparente (duda razonable sobre la imparcialidad).

Espejados

La experiencia de cotejar las visiones de los políticos en función de si forman parte de los oficialismos o de las oposiciones suele ser ilustrativa. El actual intendente de Rocha, Alejo Umpiérrez, es hoy un férreo defensor del proyectado aeropuerto cercano al barrio privado Las Garzas: «Tenemos que lograr un desarrollo sostenible, pero no en el marco de los prohibicionismos que, en definitiva, terminan perjudicando a los habitantes de un departamento». Sin embargo, cuando era opositor del intendente frenteamplista Artigas Barrios, Umpiérrez parecía un ecologista: «Cuando esté lista la urbanización, Las Garzas va a tener una población superior en la temporada estival a las de San Luis, Cebollatí, 18 de Julio, Velázquez, y una superficie similar a la ciudad de Lascano, en un escenario que es reserva de biósfera mundial, lo cual es preocupante», decía en noviembre de 2008. El entonces edil de la lista 71 promovió llamados a sala al intendente y llegó a hablar de corrupción, al referirse a que un primer proyecto presentado por Consultatio, la empresa de Costantini, había recibido de la entonces Dirección Nacional de Medio Ambiente una categoría ambiental más exigente –la B– para terminar «a velocidad de rayo» en la categoría A, que estableció la inexistencia de impactos significativos de la urbanización: «Se barrió con la ordenanza departamental y también la nacional, facilitando ganancias que podrían superar los 70 millones de dólares en favor de un empresario privado», recoge una crónica de El País.

Un río de gasolina

En Paysandú se proyecta una planta capaz de convertir agua del río Uruguay, electricidad y residuos forestales en combustibles sintéticos destinados al mercado internacional. Sobre el papel, la cadena parece sencilla: del agua se obtiene hidrógeno; de la biomasa y otros procesos industriales, dióxido de carbono; ambos se combinan para producir e-metanol y, a partir de este, gasolina sintética. En la práctica, detrás de esa secuencia hay una infraestructura de dimensiones inéditas para nuestro país. La planta tendría cuatro líneas de producción y, según las previsiones de HIF, generaría unas 635 mil toneladas de e-metanol y 227 mil toneladas de e-gasolina al año. Para llegar a esos volúmenes deberá resolver el abastecimiento de agua, energía y biomasa, instalar sistemas para capturar dióxid...

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Cada cual atiende su juego

Que la garantía de EuroCommerce Ltd. presentada por el astillero Francisco Cardama SA para viabilizar el negocio de la construcción de dos buques offshore patrol vessel (OPV) era trucha ya nadie –o casi nadie– lo desconoce (véase «Todos hablan del fraude», Brecha, 7-VIII-26). Sin embargo, existen diferencias sobre el impacto de ese documento apócrifo en el millonario negocio. Mientras que el gobierno entiende que la garantía de fiel cumplimiento era un elemento central –sin garantía no existía contrato–, la coalición republicana aduce que era algo subsidiario, sin relevancia. Los informes finales de la comisión investigadora por la compra de las OPV representan dos formas de entender lo que pasó en el intrincado proceso Cardama, con cada bando intentando traer agua para su molino. El Frent...

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La libertad de informarse y de pensar, esa imprudencia

Más de 500 personas llenaron este miércoles y jueves la sala del Cine Universitario para ver el documental La gran Palestina. La película también fue exhibida en la sede del sindicato de los funcionarios de la Universidad de la República (Udelar) y están en marcha planes para proyectarla en varias localidades del interior y repetir su exhibición en Montevideo. Cientos de personas respondieron así al intento de censura que a mediados de mes movilizó a la B’nai B’rith y a varios legisladores, que se beneficiaron para ello del silencio de otras bancadas y fuerzas políticas, del respaldo mediático y de la embajada de Israel.

Los espectadores pudieron comprobar por sí mismos si el documental era la «propaganda terrorista» que prometieron políticos y periodistas que, sin embargo, no lo habían visto. Los legisladores Felipe Schipani, Gerardo Sotelo, Gabriel Gurméndez, Rodrigo Blás, Sebastián da Silva y Graciela Bianchi fueron invitados a la proyección y a participar de un debate posterior. «La proyección de esta película prevista en la Facultad de Información y Comunicación de la Udelar fue suspendida luego de los cuestionamientos públicos formulados por usted y otros legisladores. Por ese motivo, queremos hacerle llegar esta invitación a asistir a esta nueva proyección y, posteriormente, a participar de la mesa de debate e intercambio con el público», rezaba la invitación. «Tratándose de una controversia que involucra cuestiones particularmente sensibles –la libertad de expresión, la exhibición cinematográfica, la representación audiovisual de la guerra y la situación del pueblo palestino–, resulta especialmente importante que quienes se pronunciaron públicamente sobre la película tengan la oportunidad de verla y debatir sobre ella a partir de su contenido efectivo. La actividad propone precisamente un espacio abierto de reflexión y discusión […]. La invitación es, por tanto, a ver la película y participar del intercambio, aun y especialmente cuando su valoración sobre la obra o sobre los acontecimientos que aborda sea diferente de la de quienes organizamos la actividad.» Ninguno de los legisladores respondió al convite.

El evento se hizo por una iniciativa de Brecha a la que se sumaron el Cine Universitario del Uruguay, la Coordinación por Palestina, Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, Judíos y Judías Uruguayas contra el Genocidio, la Secretaría de Derechos Humanos del PIT-CNT, la Asociación de Docentes de la Universidad de la República, la Agremiación Federal de Funcionarios de la Universidad de la República, Espacios Libres de Apartheid – BDS Uruguay, Mundo Afro, el Servicio Paz y Justicia, Cotidiano Mujer, Artistas por Palestina, Red de Ollas al Sur, Frente Estudiantil Diana Maidanik, la Unión de Trabajadores del Hospital de Clínicas, la Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino – Uruguay, la Articulación Uruguay Líbano Al Watani, el Colectivo Fogones de la Memoria, la Asociación Civil Ágora, la comunidad charrúa Clan Choñik, la Hermandad Pro Derechos, la Asociación de Trabajadores de la Seguridad Social, el Sindicato Único Gastronómico y Hotelero del Uruguay y la Agrupación de Cultivadores de Cannabis del Uruguay.

Al finalizar la proyección, hubo una breve intervención a cargo de María Landi, Gregory Randall, Florencia Salgueiro y Ana María Araújo. El panel recordó las obligaciones de Uruguay en materia de derecho internacional ante los crímenes cometidos en Gaza, las formas en que los uruguayos podemos poner fin a los lazos de complicidad de nuestras instituciones con los criminales y genocidas y la importancia de escuchar la voz de los protagonistas de la masacre.

Desde el semanario queremos agradecer a todos los participantes. Y también a aquellos que, con su particular concepción de las libertades democráticas y la autonomía universitaria, en la estridencia o en el silencio, azuzaron el interés del público en conocer por sí mismo este aporte tan relevante para entender uno de los mayores acontecimientos de nuestra época.

A babor

En las últimas semanas, por los círculos de base del Frente Amplio (FA) –grupos de WhatsApp, cadenas de mails, canales de difusión de comités de base–, comenzó a circular una carta dirigida al gobierno bajo la consigna de «recuperar la senda frenteamplista», en la que se aborda «el descontento de la militancia» con la gestión encabezada por Yamandú Orsi.

Aunque el texto no contiene firmas, según pudo saber Brecha, fue elaborado como síntesis de los intercambios y discusiones de un grupo extenso de militantes en torno a diversas acciones del gobierno y a algunos de los episodios de mayor trascendencia política de este primer año y medio de gestión de Orsi. En ese sentido, se diferencia de otras iniciativas que han surgido desde las bases partidarias, como la convocatoria «Frenteamplistas: tenemos que hablar», que en octubre del año pasado llamó a los votantes de la coalición de izquierdas a trabajar «por un FA con el corazón a la izquierda» y que tenía caras visibles como el escritor Enrique Ortega Salinas.

Estas iniciativas se enmarcan en la lógica de autocrítica que tomó impulso particularmente tras la derrota en las elecciones de 2019, y que ha dado lugar a iniciativas como El FA te Escucha, en la que dirigentes frenteamplistas recorren el interior del país para obtener un diagnóstico de primera mano de la ciudadanía. Bajo esa tesitura también se reactivó la Agrupación Nacional de Gobierno, ámbito que nuclea a autoridades, legisladores oficialistas y dirigentes de la orgánica partidaria, que se reunió a principios de agosto y comenzará a hacerlo cada mes, con el fin de, en palabras del presidente del FA, Fernando Pereira, coordinar una «estrategia común» para mejorar los «problemas de gestión política» de la administración. El tema estará sobre la mesa en el próximo congreso ordinario que mantendrá la coalición de izquierdas en octubre, como consta en su documento base, un texto aprobado por unanimidad en el Plenario Nacional, que habla de una «enorme carencia anímica» entre la militancia y de «malestar y desorientación».

MANIFIESTO

«En el trabajo, en el club, en la reunión familiar, en las redes sociales, en el grupo de WhatsApp, en la puerta de la escuela, o donde sea, los frenteamplistas rebatimos uno por uno los argumentos de la derecha, de los centros mundiales de poder, o de quien sea que se oponga a los intereses populares», sostiene la carta, pero advierte que, aunque «es muy doloroso decirlo, el gobierno se ha pasado de la raya al punto de que la mayoría de los frenteamplistas no defendemos sus decisiones». En el texto se enfatiza que esto «no se resuelve cambiando a los asesores de comunicación: el problema es político». Por ello, llaman a una «solución» que se base en «respetar los principios que hacen del FA una fuerza transformadora, profundamente de izquierda» y, a continuación, presentan un listado de cinco puntos.

«Estamos realmente atónitos ante la cantidad de veces que el lunes se dice una cosa, el martes se explica la del lunes y el jueves se anuncia que es distinto a lo del martes. La consigna es fácil: si no lo pueden decir, si no se puede contar sin tergiversarlo, entonces no hay que hacerlo», se expresa en el primero de los puntos, titulado «No aclaren que oscurece».

En el segundo, «No vender el rico patrimonio al bajo precio de la necesidad», se rechaza el «supuesto pragmatismo» del gobierno, en el que «vale todo, porque si no se van las inversiones». El texto reivindica los «resultados económicos de valor histórico» de las tres gestiones anteriores del FA y reclama, en esa línea, una economía «al servicio de la política, y no al revés».

El tercer principio de la carta se denomina «Que paguen más los que tienen más», y rechaza la tesitura del discurso del gobierno sobre el sistema tributario, y la reiteración de la promesa de «no subir los impuestos». «En el FA, desde sus orígenes hasta hoy, sabemos que los impuestos son la única forma de redistribución de la riqueza postsalario en un sistema capitalista. Siempre estuvimos en contra de la consigna liberal y libertaria de que no hay que aumentar los impuestos, defendiendo que la política impositiva sea sustento de la justicia social», sentencia el documento.

«Miren primero al país, y después su rédito electoral personal» es el cuarto planteo de la misiva, en la que exhortan a las autoridades a no tomar «decisiones del país» en función de cálculos electorales. «Decidir una obra, un plan, una política por cómo va a afectar a quien toma la decisión en la próxima elección es una infamia, una muestra de egoísmo político que no queremos en el FA», subrayan en duros términos, aunque sin alusiones personales.

Por último, la carta plantea: «Los recursos prioritarios para lo prioritario». Allí el cuestionamiento es a la forma en la que el Ejecutivo encara sus prioridades políticas, y pone como ejemplo la pobreza infantil. «Si un tema es prioridad, [si] es lo políticamente más importante, debe ser lo primero a lo que se le asignan recursos», y no recibir «los que sobran […]. El presupuesto nacional es de 21.000 millones de dólares. Asignemos a la pobreza infantil lo que se necesita, y luego distribuyamos el resto.»

En el texto se plantea que el Poder Ejecutivo «debería implementar» un programa como el Plan de Atención Nacional a la Emergencia Social lanzado en 2005, y también «un gabinete de alto nivel, instituciones, programas, obras y todo lo que sea necesario para eliminar la pobreza infantil en diez años».

GESTIONAR EL PODER

En diálogo con Brecha, el exdirector de la Agesic (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento) Daniel Mordecki reconoció que formó parte del grupo que elaboró el documento y explicó que la decisión de no firmarlo responde a evitar personalizar en figuras o sectores las críticas que puedan hacérsele al gobierno. En esa línea, remarcó que quienes formaron parte de estos intercambios están lejos de querer conformar una agrupación política, y que la publicación de la carta buscó ser una «operación política colectiva» desde las bases del partido, para dialogar con las autoridades sobre el «descontento» de la militancia de izquierda. «No es un problema de comunicación, es un problema político; no es que la gente no se entera, se entera y no está de acuerdo», subrayó.

Consultado sobre qué conversaciones primaron a la hora de llegar a este pedido a las autoridades, Mordecki indicó que, en general, «hay una idea muy fuerte de que el gobierno no toma ninguna decisión que pueda afectar a los poderosos». Esta premisa, según relató, ha quedado clara en áreas muy distintas de la gestión. Por ejemplo, en la negativa a abrir la discusión a eventuales nuevos gravámenes al capital o la riqueza –el impuesto al 1 por ciento más rico del país, planteado por el PIT-CNT– o en la marcha atrás a la creación de un organismo público de gestión de las AFAP (administradoras de fondos de ahorro previsional). «El gobierno no es el poder, pero la política debe gestionar el poder, y cuando gobernás, o alterás las relaciones de poder, o no», apuntó.

En el plano de las relaciones internacionales, el análisis va en el mismo sentido: se juzga que Uruguay está tomando una posición en su política exterior reducida a una «justificación económica», principalmente orientada a una subordinación a Estados Unidos, «porque, si no, no hay inversión». En esa línea, mencionó la molestia de la militancia por la visita de Orsi al portaaviones estadounidense, o la respuesta del mandatario al ser consultado sobre su opinión ante los ataques estadounidenses a embarcaciones en el Caribe: «Mientras no haya agresión… Lo preocupante es cuando […] se recurre a armamento atómico». Esto dicta, a su vez, el posicionamiento de Uruguay frente a la guerra en Oriente Medio, analizó Mordecki, dada la cercanía de Israel a la de Estados Unidos. «El tema genocidio es un tema que arde», sostuvo Mordecki.

Lo conveniente del derecho internacional

La semana pasada en el programa de streaming Al weso, la subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi, dijo respecto de la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (CPI) contra el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad: «Uruguay está obligado por sus compromisos ante la Corte Penal Internacional a ejercer y actuar sobre esa orden de captura internacional».

La necesidad de arrestar a Netanyahu si llegase a venir es una no-pregunta: no hay alternativas. Los 125 Estados miembros del Estatuto de Roma, que regula la CPI, están obligados a hacerlo. Existen países europeos que han decidido incumplir sus obligaciones con la corte, como Francia y, notablemente, Alemania, uno de los mayores cómplices del genocidio en la actualidad, siempre sumisos a su enclave occidental en Oriente Próximo. En la misma situación están distintos países con gobiernos adictos a Donald Trump, como la Argentina de Javier Milei. ¿Qué ganaría Uruguay sumándose a este grupo, que difícilmente despierta el respeto internacional?

Sin embargo, Yamandú Orsi, al ser consultado en rueda de prensa sobre las declaraciones de Csukasi, dijo: «Hablar de lo que no existe [refiriéndose a una eventual visita de Netanyahu] está de más», sugiriendo que la subsecretaria debería haber evadido, tal vez, responder a la consulta. El presidente redobló, agregando: «Uno en política exterior tiene que combinar lo deseable con lo conveniente».

La respuesta de Orsi deja entrever una reflexión que va mucho más allá del caso concreto de la orden de arresto de la CPI contra Netanyahu: habla sobre la importancia de los principios en la política exterior uruguaya, que también vienen siendo desafiados por la discusión sobre la recepción de deportados cubanos en nuestro país, entre otras iniciativas impulsadas por el gobierno de Trump. ¿Debería Uruguay mantener su compromiso histórico con las instituciones multilaterales y el derecho internacional o conviene ignorarlo en ciertos contextos? ¿Hay situaciones internacionales en las que la mejor manera de proteger los intereses uruguayos es ceder ante los deseos de países más poderosos que el nuestro?

El apoyo a las normas internacionales ha sido en Uruguay un consenso interpartidario hasta ahora, y eso tiene sentido: un país pequeño que nunca va a poder defenderse por la fuerza florece en contextos donde los conflictos se resuelven negociando en espacios institucionales y no por la voluntad del más fuerte. Velar porque existan instituciones que regulen el comportamiento de los países y den un marco claro para sus relaciones no es solamente una idea «deseable», sino «conveniente»: no solo para nuestro país, sino para todos los socios más débiles en el sistema internacional.

Por otro lado, la reputación de Uruguay como un país que respeta las normas es una fortaleza de nuestra política exterior. La alternativa es ser un país que se vende al mejor postor, al vil precio de la necesidad, que cede ante la presión de los poderosos. Y seamos claros: este contexto de presiones no es novedoso. Uruguay siempre estuvo en la mira de las potencias, buscando márgenes de maniobra entre gigantes. Las políticas imperialistas, obviamente, no se inventaron en el siglo XXI, y el que diga que ahora son más extraordinarias que antes está olvidándose, para empezar, de la Guerra Fría entera.

Las declaraciones de Orsi podrían haberse parecido más a las de Fernando Pereira, que dijo: «Lo cierto es que, si a mí me preguntan, yo digo que hay que cumplir con el derecho internacional». En el mismo sentido, Mario Lubetkin expresó: «Porque nosotros aplicamos dentro de la CPI y vamos a seguir aplicando. Si se pierden las referencias, ¿qué tipo de mundo vamos a tener? Si se dispersa todo en voluntades locales sin parámetros legales, ¿cómo vamos a gestionar la política internacional?» (La Diaria, 22-VIII-26). Incluso el ministro de Economía, Gabriel Oddone, planteó en un comité de base esta semana que «el único manual» en política internacional «es que los principios y la ética son lo que no se negocia» (La Diaria, 25-VIII-26).

Entonces, el presidente no solo no le llama genocidio al genocidio, ni busca que Uruguay revise sus contratos estatales, por ejemplo, de videovigilancia con Israel, ni propone que pausemos nuestros vínculos comerciales con ese país ni emite ningún gesto diplomático que deje claro que Uruguay no es cómplice de las atrocidades que está sufriendo Palestina, sino que también rompe con una tradición que está basada en las características inamovibles de Uruguay como país pequeño, pone en duda lo que hasta ahora era una de las únicas líneas en política exterior que todos los partidos políticos uruguayos defendían, como nuestro compromiso irrestricto con el derecho internacional, de una manera que no está respaldada por su partido ni por su equipo de gobierno.

Además de preguntarnos a qué o a quién responden las declaraciones de Orsi, poco más queda que seguir exigiendo: si nuestra política exterior no puede darnos orgullo, por lo menos que no dé vergüenza.

El Nardone de Pedro

Al trabajo y adelante! es a la biografía de Benito Nardone lo que la Historia de los Tupamaros de Eleuterio Fernández Huidobro a la historia propiamente dicha de esa organización. Y la afirmación no pretende disminuir el valor de ninguna de esas obras. Solo ayuda a recordar que el pasado puede recorrerse –también– en búsqueda de cimientos para un proyecto político; cimientos todavía sanos, capaces de sostener su proyección. Es probable que este sea un ejercicio indispensable para cualquiera que se tome en serio algún programa. Leyéndolo, hay oportunidades de entender mejor qué se persigue y por qué. Sobre Nardone también existe una historia propiamente dicha. Está cumpliendo 45 años Benito Nardone. El ruralismo hacia el poder (1945-1958), de Raúl Jacob, un texto obligatorio para conocer el...

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Grietas al descubierto

«Si están leyendo esta carta es porque ha llegado el momento de despedirme […]. Cuando piensen en mí, no imaginen mis últimos meses de enfermedad. Prefiero que me recuerden caminando con ustedes, contándoles historias, haciéndolas reír o esperándolas a la salida del colegio. Allí está el verdadero yo.»

La nota la escribió Eduardo para sus hijas y nietas, poco antes de fallecer. Murió con 81 años, a raíz de un cáncer de pulmón. Su familia autorizó a difundir estas líneas.

—En los últimos meses ya no podía hacer algunas actividades y presentía que su muerte estaba próxima. Sus síntomas físicos estaban controlados y el acompañamiento espiritual fue fundamental para el cierre de su vida. En cuidados paliativos, la carta legado (con pedidos, consejos o palabras de agradecimiento a quienes permanecen) es una de las intervenciones de dignidad más valiosas –explica David Santos, el médico que acompañó a Eduardo en la última etapa de su enfermedad.

Muchas veces, los pacientes encargan al personal de salud guardar y entregar sus cartas.

—Algunos escriben, otros pintan o hacen gestos materiales. Atendí a una señora que le encantaba el jardín y antes de morir pidió que le cuidaran las plantas. También hay quienes quieren que sus cenizas sean arrojadas en determinado lugar. A veces no parece importante, pero para las personas son formas de trascender –cuenta Fernando Elhordoy, presidente de la Sociedad Uruguaya de Medicina y Cuidados Paliativos (SUMCP).

Meses atrás, la prensa difundió el caso de la primera paciente que recibió la eutanasia legal en Uruguay. Elhordoy fue uno de los paliativistas que la atendió previamente. Fueron años de acompañamiento por parte del equipo, que terminó forjando un vínculo cariñoso con la mujer y la ayudó a escribir su legado, a recorrer la propia biografía. «La señora escribió todo lo que pudo hacer en la vida. Y valoró que su pasaje por este mundo fue importante», recuerda el médico.

La atención a la dimensión espiritual de los pacientes y sus familias, junto con los aspectos físicos, psicológicos y sociales, está contemplada en el decreto que reglamenta la ley de cuidados paliativos (20.179), especialidad dedicada a atender el sufrimiento y mejorar la calidad de vida de personas con enfermedades amenazantes.

Desde la medicina paliativa se explica que, en general, el dolor físico se puede aliviar casi en su totalidad, pero el padecimiento espiritual tiene sus peculiaridades.

—El sufrimiento espiritual no es un problema que haya que resolver, sino una experiencia que hay que acompañar. Habitualmente, si uno no indaga, la persona no lo expresa por sí misma –afirma la doctora Laura Ramos, especializada en cuidados paliativos.

Como en el caso del cáncer y la depresión, la medicina paliativa utiliza herramientas para diagnosticar el sufrimiento espiritual y sus causas. Hay escalas que miden, a partir de cuestionarios, elementos como conexión, sentido existencial, introspección, confianza y aceptación.

Ramos explica que las distintas dimensiones humanas están relacionadas. Por ejemplo, «un paciente puede tener un dolor físico intenso que le provoca un gran impacto emocional, se siente una carga para su familia y su deseo es dejar de vivir», ilustra.

Según la ley del derecho universal a los cuidados paliativos, un equipo de especialistas debería estar integrado, mínimamente, por médicos, enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales. Pero, en los hechos, la cobertura no alcanza a todo el país y los equipos, a veces, son más reducidos que lo que establece el papel.

—Quienes nos dedicamos a la parte espiritual de los pacientes hemos ido aprendiendo en distintos seminarios o hemos viajado al exterior a formarnos. En un país tan laico como el nuestro, el mundo de la espiritualidad se ve alejado de la práctica clínica, y hay escasa formación –sostiene Santos.

«No tengo grandes riquezas para dejarles», finalizaba Eduardo su carta de despedida. «Mi mayor herencia son los valores que intenté enseñarles […]. Gracias por haber llenado mi vida de sentido. No me voy con miedo. Me voy con el corazón lleno. Con todo mi amor, Papá y Abuelo.»

* * *

Ante la proximidad de la propia muerte, no resulta extraño que eclosione la espiritualidad. Pero ¿qué es? No es sencillo ponerse de acuerdo, ni siquiera desde las ciencias sociales. El doctor en Filosofía, Miguel Pastorino, sostiene que toda espiritualidad es una forma de la dimensión religiosa y viceversa (En Perspectiva 6-I-25). Otros investigadores defienden el concepto de espiritualidad secular y separan los tantos, como la antropóloga y magíster en Estudios Migratorios, Anabella Loy.

—La religión, en términos generales, es un sistema de creencias o dogmas de un grupo en relación con lo divino. Da lugar a prácticas, genera una ética y distingue lo sagrado de lo profano. Responde una serie de preguntas que han motivado gran parte de los mitos de la humanidad de todos los tiempos: qué somos, de dónde venimos, cuál es nuestro lugar en el mundo y qué hay después de la muerte. La espiritualidad, en cambio, se vive internamente, como experiencia personal de la sacralidad y la trascendencia.

Para Loy, la espiritualidad tiene que ver con «la búsqueda de propósito vital y la conciencia de que somos parte de algo más grande que nosotros». La antropóloga entiende que el concepto está ligado al misterio –«a lo que no podemos captar o excede nuestra composición material»– y afirma que refiere a una búsqueda –«de la felicidad, lo inefable, lo milagroso»– común a casi todas las culturas. Las respuestas que habitualmente se encuentran, agrega, están ligadas a figuras divinas, pero también a la ancestralidad y a la naturaleza.

«No está muy claro qué es la espiritualidad», responde a su turno Juan Scuro, doctor en Antropología y profesor de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. Según entiende, tiene mucho que ver con la religión, pero también puede haber espiritualidad sin religión. «En las espiritualidades eclécticas o desinstitucionalizadas, las personas combinan elementos que provienen de distintas raíces religiosas, incluso contradictorias. Se las llama religiosidades a la carta», explica.

Y el menú de prácticas y creencias es interminable: yoga, mindfulness, astrología, lectura de tarot, registros akáshicos, neochamanismo, piedras sanadoras, rituales con uso de alucinógenos, meditación, círculos de mujeres y un largo etcétera que, en tiempos posmodernos, se venden como un producto más de consumo.

A estas expresiones de espiritualidad laica, Loy suma la adhesión incondicional a un dogma ideológico: «En cierto modo, producen devociones y sistemas de conducta moral similares a los de un credo. Son religiones seculares con sus propios profetas, mitos de origen, sacralidad del líder, pretensión de crear hombres nuevos y un reino feliz al final de los tiempos», afirma.

A Scuro, desde una perspectiva antropológica, no le interesa tanto qué es la espiritualidad en un sentido sustancial, sino qué cosas produce:

—La espiritualidad le da sentido a la vida y es un recurso para encontrar bienestar, conexión con otros, con la naturaleza o con energías o entidades no humanas.

En el aspecto individual y subjetivo está muy ligada a la salud mental. Después hay una dimensión política y epistemológica: cómo la espiritualidad, o lo que se supone que es, viene a interpelar, por ejemplo, los modelos biomédicos clásicos –añade el antropólogo.

Hace algunos meses, el presidente Yamandú Orsi dijo: «Uruguay es un país superlaico, pero nos fuimos de mambo». El anuncio reciente de la visita del papa León XIV reanimó la discusión al respecto. De acuerdo con el mandatario, por estos lares se ha subestimado y despreciado la espiritualidad. «En el tema adicciones», apuntó en esa oportunidad, «trabaja mejor la Iglesia que el Estado».

«Es evidente que las instituciones religiosas pueden tener cierta eficacia en el abordaje de las adicciones», comenta al respecto Scuro, que investigó los hogares Beraca, entre otros centros espirituales. «En cuidados paliativos y padecimientos como la depresión, la ansiedad o la desmoralización, también hay evidencia que muestra que la espiritualidad es un factor de salud», asegura.

A las pruebas se remite el antropólogo, que señala una paradoja:

—Cuando hay categorías tan prometedoras, es necesaria una perspectiva crítica sobre cómo se producen. Así como la espiritualidad puede ser un factor de salud, también puede incidir de manera negativa y provocar, por ejemplo, violencia, adoctrinamiento o pérdida de libertades. Es un terreno absolutamente flexible. Ahí está el potencial, y también el peligro.

* * *

—¿Qué pasa si alguien que querés te dice en la mitad de la cena que, cuando fallezca, quiere que tiren sus cenizas en el puerto? Seguramente respondas: «¿Cómo vas a decir eso?» o «no hablemos de eso ahora». No digo que estemos hablando de muerte las 24 horas, pero a veces la persona quiere expresar algo y no la dejamos –advierte Elhordoy.

Decir alivia. Pero es duro para quien escucha. «Nosotros trabajamos con las familias en la necesidad de conversar», afirma el médico. En este sentido, destaca que los niños pequeños no conciben el concepto de muerte, de pérdida total. «Muchas veces los padres no quieren decirle al niño que el abuelo falleció o está en el hospital, pero el niño queda más impactado porque el abuelo se fue, no lo saludó y no lo vio nunca más», cuenta.

* * *

El peso de la tradición laica es ineludible en estas latitudes. En Uruguay, el proceso de secularización –característico del mundo moderno– fue radical y propició la marginación de la dimensión espiritual y religiosa de la salud. Para Scuro, la famosa discusión de 1906 entre los intelectuales José Enrique Rodó y Pedro Díaz sobre el retiro de los crucifijos de los hospitales públicos fue paradigmática. «Rodó, que era liberal como Díaz, se opuso a la medida porque entendía que algunas personas podían encontrar en los símbolos religiosos algún tipo de ayuda espiritual», afirma.

Según el último informe de opinión pública Latinobarómetro, de 2024, Uruguay continúa siendo, por lejos, el país menos religioso del continente. Ese año, el 52 por ciento de los compatriotas expresó no tener religión alguna.

—Uruguay es, efectivamente, un país laico –dice Loy–. El Estado no promueve ninguna religión. Pero ¿eso significa que todos aquellos que no se identifican con una religión institucionalizada no creen en nada espiritual o trascendente? Quienes se proclaman independientes de credos posiblemente se identifiquen con espiritualidades diversas y, fundamentalmente, adhieran a creencias new age. Sospecho que, si se indagara con seriedad, nos llevaríamos una sorpresa.

—En Uruguay, si algo huele a religioso o espiritual, es vedado rápidamente –asegura por su parte Scuro–. Se trata a la religión como una cuestión estrictamente privada que no debe interferir en ningún aspecto. De manera irónica, se produce una especie de religión civil, en la que se termina rindiendo culto a lo público y estatal en detrimento de otra dimensión que pueda aportar eventuales respuestas a nuestras necesidades humanas. Por eso toda la polvareda que levantaron las declaraciones del presidente.

Para el investigador, la exclusión, desde la modernidad, de la dimensión espiritual del campo de la salud ha dejado al descubierto huecos o limitaciones, que se han acentuado en las últimas décadas. «Es necesario corroer un poco ese modelo, en el sentido de mostrar las grietas», afirma.

Eutanasia y cuidados paliativos

Luego de un largo debate, a fines del año pasado se aprobó la ley de eutanasia. La norma establece que, a quien la solicite, se le deben ofrecer tratamientos paliativos de manera expresa. Sin embargo, desde la SUMCP se ha insistido en que la eutanasia y los cuidados paliativos «no son antagónicos, pero tampoco son complementarios».

«Los cuidados paliativos se adaptan a lo que el paciente necesita, es un proceso que lleva tiempo y conocimiento, por eso la derivación debe ser precoz. La eutanasia es un procedimiento con plazos específicos (alrededor de 11 días desde que se solicita). ¿Cómo se hace para hablar en una consulta genérica todo lo que estamos conversando para esta nota?», pregunta Elhordoy, presidente de SUMCP.

Antes se derivaba al tratamiento paliativo solo a los pacientes con los que no se sabía qué más hacer. En la actualidad, se atiende a personas que no necesariamente van a fallecer enseguida. Por eso, los tratamientos han sido, en promedio, cada vez más largos.

«Tengo muchas anécdotas de personas que han pedido no vivir y, después de que trabajamos con ellas, no quieren morir. En mi experiencia, la gente no se quiere morir, lo que no quiere es sufrir o hacer sufrir al resto», finaliza el médico.

Tendencias letales

Durante los últimos 15 años, nuestro país duplicó sus tasas de homicidios, aumentó dramáticamente su población carcelaria, transformó el crimen organizado en referencia central y procesó algunas reformas institucionales más o menos importantes en el ámbito de la Policía, el proceso penal y el sistema penitenciario. En políticas de seguridad, el primer ciclo progresista (2005-2020) se fue diluyendo en un «realismo de derecha». Luego, el gobierno conservador (2020-2025) fue virando sobre el final hacia posturas del llamado enfoque dual, perspectiva que parece interpretarse mejor en la actual administración progresista (2025-2030), que navega entre la incertidumbre discursiva y la apuesta salvadora a la lógica de los operativos policiales.

El panorama en Uruguay tiene cada vez más puntos de contacto con las realidades latinoamericanas. Las experiencias progresistas han enfrentado los mismos retos y han terminado enredadas en sus propias vacilaciones. Lo que nos distingue, por ahora, es que los proyectos más represivos y conservadores no se han encarnado con la virulencia simbólica y material que vemos en la gran mayoría del continente. A pesar de los vaivenes políticos, lo que se aprecia en la región es que las dinámicas de la violencia y la criminalidad están cambiando profundamente a la sociedad y a la propia política. El sueño de ejecutar una política de Estado se vuelve cada vez más ficcional, pues la propia política se ha transformado en una instancia dependiente y subordinada a las problemáticas de la violencia y el delito. Ya no puede enfrentar o controlar estos asuntos, sino que apenas logra sostenerse con ellos: la inseguridad sirve como foco hipervisible y urgente para solventar carencias a nivel redistributivo y estructural, los aparatos coactivos del Estado se reconfiguran sobre una infinidad de presiones corporativas, y los liderazgos y las competencias se sostienen con base en una interpretación continua de las demandas de seguridad y severidad. Las fórmulas se repiten y el margen de acción se reduce porque la política ya no puede conducir. El malestar ciudadano ante la acción o la omisión es el golpe de gracia para una racionalidad política que solo le queda apegarse al libreto de la radicalidad represiva. Este es el panorama que tenemos configurado en el continente bajo la tutela doctrinaria de la seguridad nacional de Donald Trump.

Volvamos al caso uruguayo y desentrañemos algunas tendencias que aparecen aquí y que pueden ser útiles para pensar contextos más generales. A pesar de su formulación básica, queremos esbozar nueve líneas que merecen, así lo creemos, discutirse a fondo.

1. Desde adentro y afuera, Uruguay ha sido visto como una excepcionalidad en
América Latina, también en materia de violencia y criminalidad. La cooperación internacional siempre ha entendido que nuestro país podía ser un laboratorio para soluciones promisorias. Pues bien, en ese terreno no hay nada novedoso para mostrar. A lo largo de décadas no hay un solo buque insignia que permita asociar a nuestro país con reducciones de la criminalidad y las percepciones de inseguridad. El actual Plan Nacional de Seguridad Pública opera sobre esa expectativa y tiene el desafío de constituir el primer antecedente que marque un cambio de tendencia.

2. En los últimos tiempos, asistimos a procesos que se entrecruzan. Por un lado, la seguridad ha permitido una repolitización conservadora y punitiva, con agendas, movilizaciones y conversaciones sociales intensas. Por el otro, las gestiones progresistas han despolitizado el proyecto al limitarlo a los resultados de la gestión, tal vez con algunos momentos de excepción (unas pocas iniciativas del primer gobierno del Frente Amplio, las movilizaciones contra las reformas constitucionales y contra la Ley de Urgente Consideración).

3. Lo que se ha consolidado es un Estado represivo más robusto. No importa si es más eficiente o eficaz, si actúa con base en principios de articulación o no, si presenta carencias materiales o institucionales. El punto es que tenemos un Estado represivo más fuerte que hace dos décadas atrás. Cada coyuntura pauta la necesidad de incrementar las inversiones en algún espacio de ese aparato.

4. El llamado enfoque dual cumple una función política inestimable: estimula una justificación cultural que concilia los impulsos punitivos con los proyectos tecnocráticos. Ambos pueden hacer cortocircuito, pero también pueden tener convergencia. En ese escenario, la política se transforma en un mero árbitro incapaz de definir fines e instrumentos alternativos.

5. Si durante mucho tiempo la idea de prevención operaba como freno y moderación del impulso represivo del delito, hoy el concepto ha quedado superado por la expansión de las diversas formas de vigilancia. Ya no se piensa la prevención como anticipación o como identificación y mitigación de factores de riesgo, sino como una estrategia capilar de controles tecnológicos que colonizan por completo nuestro mundo de la vida.

6. El crimen organizado se ha transformado en una referencia narrativa dominante. Definido como un peligro interno y externo, su sola enunciación política invita al combate o a la «guerra frontal». Cuanta más centralidad adquiere más selectivo se vuelve, pues no hay manera de sacar el foco en las dinámicas violentas de los barrios más vulnerables. A nivel global, la noción ha ido mutando hacia la de narcoterrorismo, como forma de asociar ese fenómeno con protestas, movilizaciones sociales y disidencias. La idea de terrorismo como ordenador del debate político todavía no tiene un uso intensivo en Uruguay, aunque ya hay señales de que eso también habrá de cambiar.

7. La consecuencia de todo lo anterior es la profunda desmovilización, la carencia de participación activa, la negación de las realidades comunitarias y territoriales como elementos políticos fundamentales, la limitación de saberes y la instrumentalización de los diálogos como instancias permanentes y deliberativas. A diferencia de otros países en que los movimientos sociales han sido perseguidos y severamente reprimidos, en nuestro país las debilidades de la sociedad civil y del campo académico obedecen a efectos de cercanía y neutralización por parte de un progresismo institucionalizado.

8. Uruguay sigue presentando altos niveles de victimización, ya sea en muertes violentas, en delitos contra la propiedad o en delitos por violencia de género. Hay una base de sufrimiento constante y cotidiano que viene transformando la vida de las personas y sus equilibrios emocionales. Además, es muy posible que esas denuncias de delitos contra la propiedad que vienen descendiendo en los últimos años respondan a nuevas modalidades criminales
que escapan por completo a la rutina de los registros estadísticos.

9. Las víctimas del delito y la violencia se han vuelto figuras preponderantes en los últimos tiempos. Sin embargo, producto tal vez de la normalización social del delito, y de los nuevos énfasis en la criminalidad organizada, las víctimas vuelven a quedar relegadas y eventualmente algunas de ellas pierden el carácter de «pureza». Una victimización grave concentrada en los territorios más vulnerables permite que las vidas que se pierden importen cada vez menos. Con la excepción de los «niños baleados», hay un volumen cotidiano de sufrimiento que queda sepultado por una densa capa de indiferencia moral. Las violencias del propio Estado se asumen como un daño colateral o como un mal necesario. La selectividad política en la gestión de las sensibilidades sociales es un rasgo de época que ya tiene su lugar instalado en nuestro país.

Es probable que estas tendencias reflejen otras más profundas a nivel societal y económico. A su vez, alguien puede interpretarlas como muy negativas, y que sobrevaloran las fuerzas ajenas y subvaloran las propias. Habrá quien hable de sesgos ideológicos y de falta de evidencias empíricas para sostener semejantes afirmaciones. No faltarán voces que señalen que estas miradas pierden de vista las gramáticas de resistencia, repliegue o reconfiguración que son también parte del escenario actual. No hay problemas con esas observaciones críticas, siempre y cuando pudiéramos acordar sobre la necesidad de pensar desde otros lugares y asumir procesos colectivos cada vez más desafiantes. Hay que elaborar nuevos guiones que reescriban por completo cada una de las líneas –pocas o muchas, acertadas o no– que hemos escrito hasta ahora.

Cambio de frente

El viernes se decidió en el directorio renovar al equipo [de la Dirección de Salud Mental] apostando al abordaje comunitario y al primer nivel», dijo el presidente de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), Álvaro Danza, en una conferencia de prensa que dio en Nueva Helvecia, el 19 de agosto. Posteriormente, un comunicado oficial publicado en la página de ASSE anunciaba que los cambios responden a que la institución pone «el foco en la comunidad». Tal como confirmó Brecha, la cúpula entera del área de salud mental de ASSE –que atiende a casi un millón y medio de uruguayos– recibió la noticia de su destitución algunos días antes. Las profesionales desvinculadas fueron Gabriela López Mesa (psiquiatra y psicóloga), encargada del área, y cuatro de sus adjuntas: Mariana D...

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Esa trama

Una seguidilla de disparos dejó a Nadia Beller al borde de la muerte, el lunes 17 de agosto en Bolivia. Después de una intervención quirúrgica que le salvó la vida, la abogada quedó internada en una clínica de Santa Cruz de la Sierra. «Estoy segura de que fue Fernando Cerimedo quien envió a los asesinos. Y temo que venga aquí a terminar lo que empezó», dijo desde su cama de hospital a los canales de televisión argentinos Crónica TV y C5N. Beller afirma estar embarazada de cuatro meses y teme por su vida y la de su futuro hijo concebido con Cerimedo. La mujer de 33 años sabe mucho sobre los negocios del operador en Bolivia, Argentina y en otros países de la región. «El presidente Rodrigo Paz no gobierna Bolivia. Gobierna Cerimedo», dijo, una declaración confirmada por el vicepresidente...

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«Los revolucionarios no hacen revoluciones, los reformistas no reforman y la extrema derecha crece»

El fin de semana pasado tuvo lugar en Montevideo el tercer Congreso Panamericano, una instancia que desde 2024 reúne a legisladores de partidos del continente que se definen como de izquierda o progresistas. Llegaron a Uruguay dirigentes políticos de 15 países, incluidos dos expresidentes, el chileno Gabriel Boric y el colombiano Ernesto Samper. Yamandú Orsi lo inauguró el viernes. Pablo Stefanoni no estuvo en el congreso propiamente dicho, pero presentó aquí el nuevo número de la revista de la que es jefe de redacción, Nueva Sociedad. Publicada desde 1972 en forma bimestral, la revista acaba de renovar diseño en un número dedicado a intentar definir «dónde está la izquierda». En el transcurso de una charla, el jueves pasado en la Huella de Seregni, en la que compartió mesa con Boric y la senadora frenteamplista Constanza Moreira, el argentino lanzó una fórmula ingeniosa: si de auscultar a la izquierda se trata, dijo, en lo que puede haber consenso es en que «ni la izquierda revolucionaria está haciendo revoluciones ni la izquierda reformista está haciendo reforma alguna». A Brecha le agregó: «Y, mientras, las extremas derechas crecen».

(En el conversatorio montevideano del jueves hubo curiosidades: un Boric que había recuperado los aires casi juveniles y rebeldones de las movilizaciones estudiantiles chilenas de fines de la década pasada y dejado en un placar el empaque que lo distinguió durante su presidencia se sintió autorizado para convocar a las huestes progresistas a abandonar el «fanatismo por la moderación». «Al final, no lleva a ninguna parte», agregó, sin que presentara sus dichos como una autocrítica. Sonó raro, pero levantó ovaciones de una asistencia que, en buena parte, estaba constituida por participantes del congreso progre. Hubo también ovaciones para Constanza Moreira cuando convocó a no olvidarse del «pequeño Uruguay» que en este sur lejano «resiste». Cuesta hacerse una idea de esa resistencia. Era un público cautivo.)

Pero es en el reverso de las parálisis de las izquierdas que se ha especializado últimamente Stefanoni. Primero, con ¿La rebeldía se volvió de derecha?, un libro publicado en 2021 que ya ha agotado varias ediciones, y luego, en mayo pasado, con Un fantasma recorre el mundo: cómo funciona la máquina de guerra reaccionaria (y qué podemos hacer para enfrentarla),ambos editados por Siglo XXI, el historiador y periodista se ha adentrado en el estudio del auge de las derechas extremas en todo el mundo. Se trata de un fenómeno que, dice, «por supuesto, no se puede explicar sin ver qué hicieron o qué no hicieron las izquierdas para que ese crecimiento tuviera lugar». Esas fuerzas, en muchos casos, se instalaron en los territorios –tanto físicos como simbólicos o discursivos– dejados libres o abandonados por el progresismo.

AQUELLOS PAYASOS

Cuando Stefanoni comenzó a escribir ¿La rebeldía…?, en época de pandemia, varios de los personajes que luego encarnaron lo que algunos han llamado ola parda eran mayoritariamente considerados poco menos que unos burdos histriones que no tenían posibilidad alguna de consolidarse. Sus partidos, y otros de cuño similar, aunque estaban en franco crecimiento, distaban grandemente de su saludable estado actual. «Algunos se preguntaban si no estaba exagerando. Yo mismo lo hice. Javier Milei todavía no había despuntado en Argentina. Alguien como el oscuro pensador del reseteo de las democracias Curtis Yarvin no era más que un excéntrico marginal. Hoy los dos son exitosos. Este segundo libro puede ser leído, en ese sentido, como una continuación del primero, ahora con muchos de estos tipos, que tal vez no hayan dejado, en cierta manera, de ser payasos, instalados en el poder y confluyendo en los hechos a pesar de todas las diferencias que los separan.» Lo más significativo que ocurrió entre 2021 y 2026, dice Stefanoni a Brecha, es que en amplias zonas del mundo occidental estas fuerzas han desplazado a las de la derecha tradicional. Les han pasado por arriba y las han subordinado: «Ahora forman parte del escenario político institucional de una forma desconocida desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ya no son una anomalía del sistema: lo integran. Verlas como una moda pasajera sería un error, porque aun cuando se las saque del poder o no lo hayan alcanzado tienen un peso considerable, como sucede en Brasil con el bolsonarismo o en Francia con Marine Le Pen. Han corrido los límites de la política de manera durable».

Cuando enuncia que hay «un fantasma que recorre el mundo» para hablar de esta «neorreacción», el argentino dice hacerlo, en parte, para dar cuenta de la fuerza actual del fenómeno y, en parte, para traer a colación aquella famosa frase inicial del Manifiesto comunista. «La extrema derecha de la que hablamos, toda ella, de Donald Trump a Javier Milei, de Jair Bolsonaro a Abelardo de la Espriella, de Vox o Isabel Díaz Ayuso a José Antonio Kast, de Giorgia Meloni a Marine Le Pen, y también tecnooligarcas como Peter Thiel o Elon Musk o pensadores como Curtis Yarvin confrontan con un comunismo fantasmagórico, como si hoy estuviéramos en la época de la Guerra Fría.»

LA INUNDACIÓN

Stefanoni piensa que hay, en efecto, una «máquina de guerra» ideológica de estas extremas derechas. «Disponen de fundaciones, medios de comunicación, instituciones; influencers las propagan, tecnomagnates las financian, pero no es que haya un titiritero detrás manejando piolines o un malo apretando botones o una estructura central. Capaz que es hasta peor: hay en acción una especie de ecosistema que se reproduce un poco por todos lados, un ecosistema descentralizado», gracias, en gran parte, a internet y las redes sociales. Es en ese espacio virtual, en el que «las emociones priman», que se concreta aquello a lo que se refirió Steve Bannon, el operador político de Trump: «Inundar la zona de mierda», generalizando la xenofobia, el racismo, las fake news, el antifeminismo («no ya tanto el odio al gay o la lesbiana, pues hay gays y lesbianas en las dirigencias de estos grupos», dice Stefanoni). «No es que tengan un proyecto político demasiado articulado. Son muy distintos entre sí. Basta constatar, por ejemplo, que en el Parlamento Europeo no hay un solo grupo de extrema derecha, sino tres. Unos son más estatistas; otros, más puramente neoliberales; algunos quieren codearse con la derecha tradicional; otros la rechazan. Pero han logrado transmitir esa sensación de que funcionan como una aplanadora coordinada.»

Estados Unidos –la administración de Trump, muy especialmente– actúa, sin embargo, en los hechos como la encarnación imperial de la maquinaria de guerra ideológica de esta galaxia para gran parte de sus actores –los latinoamericanos sin excepción, algunos de los europeos–, pero es Israel quien realmente los unifica. A todos, inclusive a aquellos grupos que, apenas unos años atrás, destacaban por un antisemitismo sin fisuras y que hoy aparecen como los campeones de la defensa de un estado «blanquizado», al que ven como «la verdadera retaguardia de Occidente» frente a musulmanes y migrantes. «Sin mirar a Israel no se puede entender a las nuevas extremas derechas», apunta Stefanoni.

ISRAEL COMO PARADIGMA

El capítulo dedicado a Israel («Israel über alles: ¿qué significa el hipersionismo de las derechas?») ocupa alrededor de un tercio de Un fantasma recorre el mundo. Es de los más largos del libro. «Sin embargo, en la mayoría de las entrevistas que me han hecho en estas semanas, es sobre el que menos me han preguntado», dice Stefanoni a Brecha. ¿A qué obedece? «Y, bueno, es un tema que la derecha evita y que divide profundamente al progresismo. Hay un problema en muchos de los sectores progresistas a la hora de definir como genocidio lo que está sucediendo en Palestina.
En Alemania se llega a extremos: la enorme mayoría de los partidos, incluidos la socialdemocracia y los verdes, están completamente alineados con Israel, y en el país se han ido construyendo dispositivos para cancelar, censurar, reprimir y marginar a las disidencias, aunque provengan de movimientos judíos antisionistas que rechazan que Israel los represente. Es sorprendente ver a funcionarios del Estado alemán –nada menos que el Estado alemán– castigar por antisemitas a judíos que protestan por atrocidades que se cometen en su nombre.» Alternativa por Alemania, el gran partido ascendente de la ultraderecha, aislado –aunque cada vez menos: la realpolitik obliga a alianzas– por el resto del sistema político por tener en su interior a sectores francamente neonazis, participa, sin embargo, del consenso construido en torno a la defensa de Israel.

Stefanoni está al tanto de los devaneos del gobierno uruguayo respecto a Israel, los palestinos y un genocidio que no se quiere nombrar. «No lo entiendo», admite. «¿Hay intereses de por medio, miedo? ¿Qué sucede?»

En las derechas duras, la adhesión a Israel es, ante todo, ideológica. «Para el nacional-conservadurismo global la patria de Benjamin Netanyahu representa hoy un modelo de soberanía étnica y también un laboratorio de seguridad. La ven como vanguardia y como reaseguro. El lugar del enemigo, que décadas atrás ocupaban los judíos como elemento de disolución de la civilización occidental, ahora lo ocupan el migrante, el musulmán, el palestino y quienes los defienden, que, por lo general, se ubican en la izquierda, aunque la izquierda, el progresismo, a menudo, se retraigan.»

El apoyo a Israel les sirve, además, a estas fuerzas, para lavarse la cara de su antiguo antisemitismo. «Las extremas derechas son, actualmente, parte central de un paradójico dispositivo macartista que usan para castigar, en nombre del antiantisemitismo, por supuesto, a los palestinos, pero también a todo un universo resistente que incluye a judíos que rechazan el sionismo.»

¿DÓNDE ESTÁ EL FASCISMO?

Stefanoni no se ubica entre quienes atribuyen a los movimientos de la nueva derecha el carácter de fascistas: «Los investigadores que más han trabajado sobre el fascismo son los más firmes en negarles a estos movimientos ese carácter, a pesar de que tienen elementos que los emparentan y es tentador hacerlo porque simplifica las cosas y las lleva al terreno de lo conocido». Hay muchas diferencias con lo que sucedía en los años treinta del siglo pasado, dice. «Aquellos eran movimientos de masas,
por lo general armados, y tenían un proyecto de transformación social, en el sentido de que querían construir una suerte de hombre nuevo fascista. Nada de eso se ve ahora.»

Pero en el gobierno y en la sociedad en que Stefanoni sí ve características fascistizantes es en Israel. «La derecha israelí es supremacista, defiende y practica la limpieza étnica, defiende y practica el exterminio, el genocidio, de una población entera. Lo hace, además, con desparpajo, de manera planificada y hasta científica. Hay allí una forma de Estado de apartheid, con una legislación para una parte de la población discriminada y a exterminar, y otra para otra parte de la población, la privilegiada, la elegida. Es curioso que un país que se construyó sobre la memoria del Holocausto proceda así, pero eso solo añade perversión a la cosa: que las víctimas de ayer se conviertan en los victimarios de hoy. Los palestinos se han vuelto las víctimas de las víctimas, a las que se deshumaniza y animaliza de la misma forma que los regímenes nazis y fascistas deshumanizaban y animalizaban a los judíos. Cuando uno ve todo lo que se hace en Gaza o en los territorios ocupados, llama la atención que haya gente progresista que todavía hable de Israel como de la única democracia de Oriente Medio. Da para pensar dónde se ponen los límites. A la hora de definir campos ahí hay uno.»

FRONTERAS

«Socialistas sin complejos» se titula la adenda que cierra Un fantasma recorre el mundo. En ella Stefanoni abunda sobre la desolación ideológica que rodea a las izquierdas y los progresismos. Es más profunda aún que en los momentos posteriores al desplome del socialismo real, cuando surgían, por allá y por acá, movimientos antiglobalización, los «foros sociales mundiales» convocaban gente y movimientos, el belicismo encontraba límites en la movilización de las sociedades, se expandían los «indignados». Hoy, «el autonomismo desapareció, el populismo de izquierda se agotó y la derecha parece más “leninista” que la izquierda», apunta, aludiendo a declaraciones de Steve Bannon definiéndose como «leninista» o reivindicando a Antonio Gramsci, multicitado hoy «no como el referente del comunismo italiano», sino como «inspirador de teorías más o menos laxas sobre la hegemonía». «Los tradicionales espacios de sociabilidad de la cultura de izquierda –comités, locales culturales o sindicales, publicaciones– han desaparecido o están en retirada. Desde ellos, socialistas, comunistas o anarquistas proyectaban en décadas anteriores nuevas maneras de ver el mundo, cuando era la clase la que forjaba la identidad. Pero la clase ya no es lo que era.
¿Cuáles son hoy esos lugares? ¿Dónde están? ¿En las redes?», se pregunta durante la entrevista con Brecha. «No tengo idea cómo hacer hoy para reconstruir comunidad. Los que lo están haciendo con éxito son los evangélicos, pero bueno.»

En ese contexto, en el que hasta «la rebeldía se volvió de derecha», Stefanoni consigna que la izquierda y el progresismo se mueven entre la nostalgia y un presentismo dominado por la voluntad de no hacer olas y la resignación. El nostalgeo, piensa, lleva a algunos a insistir con consignas vaciadas de sentido y a otros a añorar instituciones propias de «un mundo basado en reglas» en momentos en que el orden liberal de posguerra estalla por todas sus costuras. Los presentistas se refugian, a su vez, en un wokismo bienpensante («¿Es simplemente [el wokismo] la izquierda posible en el marco de un liberalismo en ruinas, pero que se resiste a desaparecer?», se interroga el autor en su adenda).

Para salir del brete, Stefanoni propone, por un lado, volver a algunas definiciones identitarias olvidadas: la socialista, por ejemplo. El problema vuelve a ser qué meter dentro. «Socialismo democrático», dice el argentino. Y destaca su atracción por los socialistas democráticos estadounidenses que tienen como referente al joven alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. «Mamdani demostró que pueden conjugarse cierto wokismo y cierta identidad de clase», le dijo a Brecha. En el libro escribe: «El discurso de Mamdani hizo énfasis en cuestiones sociales como las desigualdades urbanas (y el acceso a la vivienda) sin dejar de lado su apoyo a la causa palestina; realizó una fuerte campaña territorial puerta a puerta y al mismo tiempo tuvo un enorme éxito en TikTok; recibió el apoyo de sectores acomodados de la ciudad y también de votantes de origen inmigrante de clase trabajadora, y, no menos importante, desplegó una campaña extremadamente moderna y profesionalizada –de un grado tal que el asesor electoral Lucas Malaspina habló de manera irónica de una “startup comunista”–, pero combinada con una enorme cantidad de jóvenes voluntarios». ¿Es transponible la experiencia Mamdani a otros contextos? Stefanoni duda. Cuando ubica a Boric como «un Mamdani chileno», la duda puede transmutarse en alarma. El argentino dijo también a Brecha: «En todo caso, si la izquierda no se ancla en las necesidades vitales de los de abajo y no canaliza sus miedos, ansiedades y malestares, muy lejos no va a ir y cualquier discusión carecerá de sentido». Parecería claro que así es, pero, cuando uno ve cómo los progresismos han generalmente canalizado miedos, ansiedades y malestares de los sectores populares, el no future vuelve por sus fueros.

Plan orquestado

Cuando se analiza a los gobiernos de derecha que han ganado las últimas elecciones en América Latina y el Caribe con programas de ajuste y plataformas liberales con pilares como la seguridad, el orden y el crecimiento económico, a costa de aumentar las penas y la tasa de prisionización, perseguir y expulsar a migrantes y achicar el Estado –desempleando a miles de personas– bajo la excusa de cuidar el gasto público, poco se dice sobre cómo las consecuencias de estas políticas represivas y anti-Estado derivan en políticas antiderechos y caen directamente sobre organizaciones sociales, LGBTQI+ y feministas. En un evento paralelo a la reciente Sexta Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) c...

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Lo que no calcularon, nuestra animalización

En medio de esta caótica situación que vivimos, en la que la supervivencia prima, y la resiliencia, la inventiva y una resignada forma de aceptar lo inevitable predominan, poco a poco adquirimos propiedades que jamás imaginamos. Quienes nos cercan hasta el límite, nos imponen restricciones cruelísimas y nos obligan a un permanente estado de vigilia que mina nuestro sistema nervioso central, o sea, todo nuestro cuerpo, no calcularon la naturaleza intrínseca del pueblo cubano: la empecinada fuerza de inventar, de salir a flote, de transformar mecanismos, cosas, hasta entonces incalculables. Esta categoría de resistencia no aparece en ningún manual. Es algo que hemos ido adquiriendo a lo largo de muchos años de carencias y sus consiguientes alternativas. No voy a comparar un período con otro,...

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Miseria del periodismo en el genocidio palestino

Los soldados israelíes han orinado en las cunas, han defecado en las ollas, han quemado libros, han destrozado fotos de boda que colgaban de la pared de la casa de recién casados, se han hecho selfies contoneándose con la ropa interior de la novia, que habían robado de los cajones, por encima del uniforme de camuflaje, han grabado un video para enviárselo a su novia, han grabado un video para aumentar el número de seguidores, pero no se puede decir que sea un genocidio y, en cualquier caso, «Harry y Meghan, junto con sus hijos Archie y Lilibet, se han reunido con el rey Carlos III en Highgrove, la residencia privada del soberano en los Cotswolds».

Los soldados israelíes hicieron que unos perros destrozaran a un joven discapacitado y lo dejaron morir desangrado, mientras se llevaban a rastras a la madre que les suplicaba que lo ayudaran, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, «Belén conduce la lancha a motor en toples, con una mano sujeta el timón y con la otra se cubre».

Los soldados israelíes han marcado puntos jugando al tiro al blanco. Un día había que disparar a niños en la cabeza, otro día en los testículos, otro día en la rótula, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Massimo Recalcati analiza psicológicamente a Michele Mari, que ha ganado el premio Strega (y ninguno de los dos dice que sea un genocidio).

El gobierno israelí bloquea la salida de Gaza y la entrada a los periodistas, a los médicos e incluso a las galletas y la mermelada, porque son demasiado calóricas para las mujeres y los niños, mientras que el 77 por ciento de la población sufre graves niveles de inseguridad alimentaria y, por ello, la mortalidad infantil se ha duplicado, pero no se puede decir que sea un genocidio, y, de todos modos, Dua Lipa se ha casado en Sicilia con 150 cannoli y un helado de sandía con flores de jazmín cristalizadas, recolectadas a las cinco de la mañana.

Han disparado contra personas hambrientas que hacían cola en los puntos de distribución de alimentos, matando a 2 mil de ellas; han destruido la red de abastecimiento de agua, obligando a los supervivientes a sobrevivir con 6 litros por persona, cuando, según la Organización Mundial de la Salud, para garantizar la higiene se necesitan entre 50 y 100. Pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, «Taylor Swift y Travis Kelce presentan a su nuevo perrito, aunque han decidido mantener la discreción sobre los detalles más íntimos». (No sé, TGcom24 los llama así).

Han acribillado a balazos el coche en el que una familia intentaba ponerse a salvo; han acribillado a balazos la ambulancia que se dirigía a rescatar a la niña, única superviviente en el habitáculo bajo los cuerpos ensangrentados de sus tíos, acribillaron el habitáculo para matar a la niña superviviente. Pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Prada propone unas zapatillas de rafia en tonos beige adornadas con el icónico logotipo triangular y acabados en piel.

Han atacado 36 de los 36 hospitales en funcionamiento; han dejado morir a los recién nacidos en las incubadoras tras cortar la corriente; han asesinado a más de 1.500 médicos y enfermeros; han detenido a decenas de ellos sin juicio ni acusación formal, y los han hacinado en cárceles donde los presos son sistemáticamente torturados y violados con objetos punzantes introducidos en el ano hasta lesionarles los órganos internos, en las cárceles donde hay más de 300 niños detenidos por terrorismo en virtud de la ley que considera terrorista al niño que lanza una piedra contra el tanque que está ocupando su pueblo. Pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Tarantino deja la dirección y vuelve a actuar junto a Kylie Minogue.

Han detenido las ambulancias, han hecho bajar a los paramédicos desarmados, los han asesinado uno tras otro, los han enterrado a los 15 junto con sus ambulancias bajo la arena, pero no se puede decir que sea un genocidio y, en cualquier caso, Sinner alivia los calambres con zumo de pepinillos.

Han arrasado ciudades enteras, colegios, iglesias, mezquitas, campos de fútbol y cafeterías a orillas del mar; han ocupado militarmente casi el 70 por ciento de la Franja; han destruido todas las universidades; han obligado al 90 por ciento de la población a vivir en tiendas de campaña, han incendiado las tiendas, han asesinado a más de 72 mil personas –21 mil de ellas, niños–. Pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, este verano puede realzar sus pestañas con postizos desechables para resaltar la mirada sin apelmazarlas.

Han disparado a los pescadores por pescar, a los periodistas por ejercer su profesión, matando a cientos de ellos en ejecuciones selectivas, pero no se puede decir que sea un genocidio y, en cualquier caso, es el año del caballo de fuego en el calendario del horóscopo chino, y los asuntos prácticos, en particular los relacionados con el hogar y la familia, generan tensiones, pero solo si es usted Libra.

Han hecho sobrevolar en plena noche los campamentos de desplazados con drones que emitían llantos de bebés y ladridos de perros para que la gente, aterrorizada, saliera al exterior y entonces atacarla, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, sale el nuevo sencillo de Beyoncé.

Han bombardeado sin piedad Líbano, ocupado el sur del país, arrasado pueblos, obligado a huir a un millón de personas, matado desde el 7 de octubre a más de mil palestinos en Cisjordania, donde no hay Hamás, detenido, en Cisjordania, a uno de cada cuatro palestinos a lo largo de su vida y, también allí, han arrasado pueblos, degollado ovejas, talado olivos, agredido a monjas, disparado a sacerdotes y amenazado con armas a carabineros italianos y a diputados estadounidenses, además de torturar y secuestrar a activistas internacionales, a eurodiputados, a médicos y a periodistas de todo el mundo; además, han instaurado un sistema de apartheid y presentado planes de limpieza étnica mediante videos generados con IA en los que, en lugar de las casas de los palestinos, aparecen complejos turísticos de lujo y casinos, y Trump y Netanyahu paseando por el paseo marítimo. Pero no se puede decir que sea un genocidio, ni siquiera se pueden interrumpir las relaciones militares, comerciales y estratégicas con Israel, ni tampoco se puede dejar de vender armas a Israel, y solo se puede sancionar 20 –o, mejor dicho, 21– veces a Putin por haber invadido Ucrania, pero cero veces a Israel, que ha invadido Palestina, Líbano, Siria, ha bombardeado seis Estados soberanos con las armas de Trump, quien sanciona a los jueces internacionales, a la ONU y a cualquiera que tenga el valor de decir genocidio y de denunciar el apartheid. Y, en cualquier caso, Giorgia Meloni, que no dice genocidio, no reconoce a Palestina, no sanciona a Israel y aumenta el gasto militar tal y como le pide Trump, viste de Cucinelli –que detesta el verde y adora los colores pastel y no dice genocidio–; Giorgia Meloni, que promete mano dura contra los migrantes irregulares y contra los antifa, pero no mueve un dedo contra los asesinos israelíes y estadounidenses, acude a la peluquería de Mara Carfagna y Elisabetta Gregoraci para hacerse un long bob rubio miel con balayage.

Y hay dos cosas que estudiarán las generaciones futuras: cómo fue posible el genocidio en Gaza y cómo fue posible que los periodistas habláramos principalmente de otras cosas. «Se nota que todos aspiraban al Premio Strega.»

(Publicado originariamente como «Quando c’era il genocidio ma i giornalisti parlavano di Belen» en Il Fatto Quotidiano. Brecha lo tomó del blog de Rafael Poch.)

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